27 octubre 2020

sasa gyoker
Si hay que aclarar tantas cosas,
si hay que matizarlo todo,
si hay que explicarte los mundos,
las flores, los raíles de mi universo

como si no tuvieras neocórtex,

como si fueras una piedra
o un muro o dos iris de pescado,

si hay que hablar con palabras

en vez de con mordiscos o vistazos,

si hay que ir con miramientos

en vez de ir, plácidamente, de la mano
por la avenida de los cojines...

Para mí va a ser quimérico, imposible,

ser feliz y dormir tranquilamente
apoyada en la perpendicularidad de tu cuello;
para mí va a ser una locura, un fracaso,
intentar pasear de tu mano sin odiarnos.

Porque si no eres capaz de intuirme,

de sospechar mis visos, mis tornasoles,
de aceptar que soy yo, así,
la que te quiere y, un día, despierta
y deja de hacerlo, y dice que quién sabe

si es definitivo (que quién sabe si un día cualquiera

de un año que puede ser cualquiera si es lejano
os encontraréis en una calle japonesa y os coméis,
sabe bien y volvéis a enamoraros);

si no eres capaz de arriesgarte a rasgarte entero

con el advenimiento de la ruptura, del desamor
(a más riesgo, en fin, más beneficio, casi siempre),

si no eres capaz de entender, a la primera, con todo
tu cuerpo
que deseo
amarte totalmente con todo el cuerpo, por los siglos
de los siglos, pero que, sin embargo, no puedo 
no,
   no puedo,
                ni parcialmente si sólo con los dedos
o la boca...
                Entonces será mejor
que te vayas, que no vuelvas,
que te busques una falda convencional
-plisada, estable-
que te haga la comida.
                                Yo no cocino.

Puedo ofrecerte

el amor indestructible que dura unos meses.
Puedo ofrecerte el amor verdadero y, luego, desaparecer,
irme a otro
(en pos de un buen augurio...)
hacia mí.

Puedo ofrecerte todo, por un instante: el último

Pero si no eres capaz de entender el significado justo
de "por un instante", "por un momento", "temporalmente",
"una vida", "Historia", "los últimos meses",
será mejor que estrujes el pomo de la puerta
y te marches: será mejor que te evapores.

Yo, pobre mujer sin ancla, pobre mujer de nadie,

mujer que rompe todo, esquemas, corazones, planes,
mujer que no cree en nada, mujer que busca hombre
que acepte el riesgo
                           y lo sortee
                                         y la cace, 
me quedaré aquí, resignada,
sabiendo que vendrán otros como tú,
con pretensiones
de eternidad y de vejez, que ser irán, como tú,
más tarde o más temprano, espantados,

huyendo despavoridos al haber contemplado

mi rostro, mi sinceridad, mi inconsolable pena
al exponerles, como ahora te expongo a ti, amor
indestructible y verdadero, estas condiciones,
esta letra pequeña,
estas miserias mías, estos moldes
de lo que, contra mi voluntad, nunca me salgo:

espantados antes mi conferencia de palabras,

                                                                advertencias
(una vez se han agotado las mordeduras, 
                                                           las miradas)
que, bajo mi triste punto de vista, son trámite
    imprescindible
para iniciar correctamente una historia de amor. 


Aviso miserable, Berta García Faet

03 octubre 2020

Detuvo el motor, se aflojó, largó un aire retenido demasiado tiempo. Bueno, ¿qué querés hacer? Me esperaba cualquier cosa menos una pregunta. Pensé que el resultado era positivo o negativo, que me diría cuánto tiempo me quedaba, en semanas, en días. Pensé que lloraría. Pero una pregunta, no. ¿Qué decís? Pero no pude decir nada, pobre. E hizo una pausa en la que toda mi vida fue un silbido agudo. El bosque eran árboles como tigres alzados. No voy a poder olvidar, dijo, y por primera vez fue solemne. Silencio, más ahogado que el anterior. Un zumbido agarrado a mis oídos cayó con la velocidad de un pájaro muerto. No se podría hacer nada después de esa mirada, qué me toca agregar ahora. Cuando vio que no iba a dar batalla, dijo, prendiendo un pucho, además, ellos están esperando un hijo. Bueno, dos, porque son mellicitos. Y, aunque intentamos ponernos serios, nos tentamos de risa, no sé de qué, la palabra mellicitos. ¿Y si tenemos uno nosotros? ¿Otro hijo?, preguntó ahogado en una tos. Y volvimos a estallar de risa. Un hijo más, nosotros. Ahí estuvimos los dos por última vez riendo a risotadas como un matrimonio feliz. Bajé sin abrir la puerta, era un modelo práctico para separarse. Él dio media vuelta y me vio perderme entre matorrales. El primer momento fue puro dolor. Ese tipo de dolor que no se comparte ni con uno mismo. Estuve de luto mucho tiempo, pero en un momento tuve, como la viuda cuando pone la llave en la puerta de su casa, por primera vez, como cuando cena sin hablar, por primera vez, como la viuda se acuesta sola, por primera vez, una tristeza excitante, salvaje.

                                              Matate, amor, Ariana Harwicz

26 agosto 2020

una noche demasiado larga

neil krug
me dices que estoy equivocada y yo me callo
porque estoy acostumbrada a estar equivocada
y a callarme. aunque no lo esté.
pero, lo admito, la noche está yendo bien:
eres simpático, atento. me haces reír
también tú pareces cómodo: te rascas la barbilla cuando dudas, me miras las tetas creyendo que no me doy cuenta y propones de ir a mi casa.
digo que sí y paseamos hacia el metro rozándonos (cuidadosa y estudiadamente) los brazos, demasiado pálidos para la época.
me cuentas sobre un viaje a méxico y me preguntas si conozco el país. 
no, contesto. pero sé, recuerdo, 
que prefieres la carne al punto, la nieve a la playa, que tienes una hermana mayor y lees a houellebecq.
me indicas para que entre primero y buscas dos asientos apartados donde sentarnos. sonríes.
estamos nerviosos, también borrachos.
queremos vernos desnudos, queremos gustarnos
queremos que dure
fuego 
un exceso que nos calme.

el viaje se hace largo
entran parejas enamoradas
entran hombres cabizbajos 
entra una chica pálida que llora mientras su amiga, descalza, acaricia su pelo lacio 
entran señoras maquilladas, silenciosas, que nadie sabe donde han estado.
salimos nosotros, cogidos de la mano
salimos nosotros, apresurados
salimos nosotros, química, llamas y palabrería barata.

el zumbido de la madrugada, las voces de los vecinos que llegan hasta la calle, las basuras abiertas, el hedor de otro agosto maduro, ilimitado. 
me cuentas de la vez que montaste una banda, de la vez que rescataste un gato subido a un árbol, del coche que vas a comprarte, de la ex que te llama cada fin de semana.
y tú qué, me preguntas
ya hemos llegado.
entonces me besas. en el portal. tu lengua sabe a menta y tequila. no sé qué hacer con las manos. subimos a pie los tres pisos. nos tanteamos en cada rellano. encuentro las llaves a tientas. 
espera, te digo.
abro la puerta y pasas.
así que aquí vives tú, murmuras.
examinas la casa: lees los títulos de los libros en voz alta, desapruebas alguno, escudriñas las fotos, los muebles, acaricias la hoja del helecho junto a la ventana, te sientas en el sofá con los brazos extendidos, la camisa desabrochada y pides un poco de agua.

en el baño me miro al espejo
en la cama esperas desnudo
en el baño me refresco la cara, la nuca. sonrío. bueno, aquí estamos
en la cama me tumbo a tu lado y noto tu mano en mis nalgas, la falda subida, la urgencia, los dedos que avanzan, la prisa, el ritmo que marcas sin escucharme. te corres en tres minutos. tres. minutos. 
tres.
la hostia, murmuras, jadeante, victorioso, echándote a un lado
¿tienes una toalla?
¿en serio? me pregunto en el baño
¿en serio? repito en voz alta.
y me miro al espejo y me dedico un tiempo
apoyada en la pila, humedezco mi dedo y pienso en uno y en otro y palpo despacio y arqueo la espalda y silencio un gemido amplio, glorioso. triunfante.

y cojo la puta toalla.

sonríes y me das las gracias
sonrío y respondo de nada
sonrío y espero un gesto, un acuerdo tácito, un final apremiante y, sin embargo, lejos de esto, te quedas dormido, enroscado a mi cuerpo tieso y sudado.
la hostia, susurro
entonces te das la vuelta y te cubres con la sábana blanca y yo pienso en nosotros: dos turistas, dos extraños, dos almas desajustadas. un inicio tan precario, una noche demasiado larga. tres minutos. tres. un desenlace sin drama. un ronquido. otro. un desatino. de tantos.