mi madre –con buena intención,
supongo- me repetía a menudo que viajara por todo el mundo antes de casarme
que conociera a muchos antes de
ponerme seria
ponerme seria, decía para evitar
algunas palabras que a ella
sesenta y dos años, alta, bien
plantada, cintura estrecha, pelo lacio
sombra siempre
le seguían resultando dolorosas
marido
era una de ellas
abandono, otra, más tardía.
pronosticaba, por mis pocas palabras
y tendencia al desánimo, una elección desacertada
un futuro opaco
un esposo atolondrado o
mucho peor
demasiado listo.
de querer ser madre, decía, mejor
compra un cactus
adopta un perro, de salir bien lo
del cactus
mide antes tus posibilidades y
cuídate de hacer planes para toda la vida. viaja a un lugar más remoto aún, si
sigues en el empeño.
y para terminar, por si todo
aquello no era suficiente, por si todo eso no me disuadía y no me hacía encoger
en el sofá raído del lado de la ventana
sentenciaba: el amor, hija mía,
dura tres años.
desde entonces, cría tonta, leo y
calculo:
uno de cada diez matrimonios se
rompe al final del verano
dos tercios de la población
engaña a su pareja
en menos de una década el número
de divorciados superará al de solteros
tres años dura el amor. tres.
así que viajo y estoy a salvo
así que cuido de trece cactus que
apenas piden nada
así que paseo a plutón por la
mañana
él, trota tras su pelota. yo, sigo
contando
uno de cada cuatro varones admite
y observo al muchacho sentado en
el banco, la mirada velada, el temblor de su mano pálida
dos de cada cinco mujeres nunca
y pienso en mi
madre sombra, sentada en el sofá raído, esperando la visita de un cadáver
mil de cada mil
se arrepienten
pero
permanecerán callados
uno de cada uno
volvería
pero contará lo
contrario
y yo, indemne, aparte, respirando el mismo aire helado de
los desconsolados
de los que juraron antes de
saberse amados
de quienes viven
perdidos en su propia escafandra
y yo, la excepción torcida de las
hijas sabias,
miro mapas de tierras extrañas,
siempre prudente, siempre al margen.
y eso hago: llego y me marcho
llego y me marcho
porque tres años
dura
y tres años, muchas de muchísimas veces, es demasiado.
*datos
totalmente inventados.


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