23 octubre 2018

lo que no cura el amor lo remediarán las estadísticas

mi madre –con buena intención, supongo- me repetía a menudo que viajara por todo el mundo antes de casarme
que conociera a muchos antes de ponerme seria
ponerme seria, decía para evitar algunas palabras que a ella
sesenta y dos años, alta, bien plantada, cintura estrecha, pelo lacio
sombra siempre
le seguían resultando dolorosas
marido
era una de ellas
abandono, otra, más tardía.
pronosticaba, por mis pocas palabras y tendencia al desánimo, una elección desacertada
un futuro opaco
un esposo atolondrado o
mucho peor
demasiado listo.
de querer ser madre, decía, mejor compra un cactus 
adopta un perro, de salir bien lo del cactus
mide antes tus posibilidades y cuídate de hacer planes para toda la vida. viaja a un lugar más remoto aún, si sigues en el empeño.
y para terminar, por si todo aquello no era suficiente, por si todo eso no me disuadía y no me hacía encoger en el sofá raído del lado de la ventana
sentenciaba: el amor, hija mía, dura tres años.
desde entonces, cría tonta, leo y calculo:
uno de cada diez matrimonios se rompe al final del verano
dos tercios de la población engaña a su pareja
en menos de una década el número de divorciados superará al de solteros
tres años dura el amor. tres.
así que viajo y estoy a salvo
así que cuido de trece cactus que apenas piden nada
así que paseo a plutón por la mañana
él, trota tras su pelota. yo, sigo contando
uno de cada cuatro varones admite
y observo al muchacho sentado en el banco, la mirada velada, el temblor de su mano pálida
dos de cada cinco mujeres nunca
y pienso en mi madre sombra, sentada en el sofá raído, esperando la visita de un cadáver
mil de cada mil se arrepienten
pero permanecerán callados
uno de cada uno volvería
pero contará lo contrario
y yo, indemne, aparte, respirando el mismo aire helado de los desconsolados
de los que juraron antes de saberse amados
de quienes viven perdidos en su propia escafandra 
y yo, la excepción torcida de las hijas sabias,
miro mapas de tierras extrañas, siempre prudente, siempre al margen.
y eso hago: llego y me marcho
llego y me marcho
porque tres años
dura
y tres años, muchas de muchísimas veces, es demasiado.

  

*datos totalmente inventados.

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