31 diciembre 2017
una piedra pequeña
mis acciones rebeldes apenas maullan
son pequeñas y nimias
cuando me hablan -si es que esto llega a ocurrir- lo hacen bajito, mirando al suelo, temerosas de hacerse notar, provocar un motivo, deshilachar un fino hilo del que pende una vida llana.
se constriñen cuando me levanto a las siete
-cinco y cuarto, si lo temeroso desplaza a lo real-
niegan cuando salgo diez minutos antes
por si acaso
por un margen más bien inútil
por si faltara o sobrara eso que nunca sobra o falta. nunca.
para no correr, despeinarme, alborotar el plácido ritmo cardíaco
para llegar a tiempo de ver el autobús cerrando sus puertas, el ascensor cerrando sus puertas, el podría ser cerrando sus puertas.
para contar una hora de reloj, media. otra más, de vida. un descafeinado aguado, una manzana saludable para qué, un saludo que se pierde entre órdenes urgentes. una tarea tan lejana a mí,
tanto
que juraría fue inventada sólo para sentir ajenas mis propias manos. por no hablar de la cabeza: amostazada, adormecida. cerrando sus puertas.
mis minúsculas acciones rebeldes se encogen ante el umbral de cualquier posibilidad nueva
tiemblan de rabia cuando pronuncio sí
sabiendo que ahí
cabía un no.
se impacientan ante el titubeo con el que anuncio un nombre escaso, se retuercen incómodas y adustas. me señalan. me culpan. expanden su sombra y pellizcan mi estómago delante un horizonte diáfano donde mis párpados intuyen la vertical que separa, parte en dos y se encarama hasta el cielo.
de vuelta a casa, de noche, acallando el hambre rugiente con ideas que puede que algún día tenga, se burlan de mí. ellas, se burlan de mí y me recuerdan que ahí dentro, nada bulle.
y quizá por eso, sólo quizá, sólo eso, antes de empujar la puerta y recontar las capitulaciones, las migajas, los folios que deberían estar escritos, los abrazos que no nutrieron a ninguno de ellos, los miedos que me mantienen lisiada
pateo una piedra pequeña.
una
piedra
pequeña
que sale volando, viaja veloz, proyecta un camino, choca en la acera, se alza ligera, rueda en el césped, desaparece y ya.
y quizá eso
sólo eso
hoy, esta noche, de vuelta a casa, me sirve.
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Hasta el dolor lo haces fascinante, siento que me guste tanto, algo tan aparentemene jodido.
ResponderEliminarHilia, siempre serás única para mi, deseo que este año sea reparador en general, con eso me conformo, y para
ti, lo mejor de lo mejor.
Un abrazo fuerte.