atrapada en mi propio templo
de muros sordos y ventanas tapiadas
escuché tus palabras cordiales
que traduje como amenazas severas
vi tu mirada franca
que revestí de burdo cuento
sentí tus ganas sinceras
que disfracé de ímpetu pasajero.
no quise creerte. no supe creerte
me faltaba tiempo
espacio
aire
no sabía nadar
había olvidado correr.
me asfixiaba.
y con cada paso que tú dabas
hacia un nido templado
yo descendía un peldaño
hacia el más absoluto vacío,
convencida de estar más a salvo
en mi propia nada
que entre tus cálidas manos.
no supe tenerte. no quise tenerte
negaba un nosotros
anulaba, tachaba, cercaba.
con premeditada fijación
escondía mis sombras
mis grietas
mis truenos,
aplacaba tus preguntas
con respuestas inciertas
válidas para uno, huecas para el otro.
silenciaba mis reservas
con penosos disimulos
con lamentables estrategias
con alegres vestidos de fiesta
manchados de esfuerzo y lastre
con sonrisas torcidas
reales para el uno, tóxicas para el otro.
me repetía,
te repetía
que no eras tú quien sobraba
sino yo,
y con mecánica destreza
recurrí a discursos anteriores
gestos efímeros
demoras y ausencias
despedidas breves
y me fui alejando,
sin detenerme, sin dudar,
sin pena ni culpa
ni llantos ni rezos.
sin ti.


Es así como suena el arrepentimiento? Podría hacer este poema mío con facilidad. Me es sencillo verme identificado...
ResponderEliminarInteresante reflexión sobre la mala comunicación entre dos. Lo curioso es que exista ese momento en el que se vean los fallos, los errores. Y que ese momento sea tarde.
ResponderEliminar