érase una vez una bella princesa de cabellos de oro y pálida tez que vivía en un hermoso palacio de un lejano país donde los unicornios trotaban grácilmente por las floreadas praderas.
todas las noches, bajo la luz tenue de la plateada luna, la princesa de cabellos de oro y pálida tez se retiraba a su lúgubre torre y dormía sola, en su gran cama vacía, abrazada a la almohada; y dormía de putísima madre.
26 febrero 2012
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Qué suerte...
ResponderEliminarEs que solo es como mejor se duerme. Si lo que queires es dormir, claro. Buena revisión de la cuentología tradicional, ja,ja
ResponderEliminarMe encanta esa princesa, quiero que me enseñe a vivir
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