apreciados señores,
desde hace ya unos meses que cada día (bueno no) de lunes a viernes, nos vemos a las ocho, ocho y diez, según vayamos tarde o temprano y aunque no hayamos hablado nunca, les he cogido cariño. verles cada mañana, sentados en fila en el bordillo de la acera, esperando a que les pasen a recoger, comentando las noticias, o el fin de semana, o simplemente bostezando y aspirando el primer cigarrillo del día, hace que mis inicios de día sean menos insípidos.
primero eran dos o tres, pero imagino que su empresa ha ido creciendo (en tiempos de crisis, me pregunto a qué se dedican exactamente) y ahora ya son… seis? siete? por cierto… de dónde ha salido el último? sí, el chico joven, el que menos disimula. sí, sí, me he dado cuenta! o qué se pensaban? que yo no miro? pues claro que lo hago! pero tienen que entenderme, son seis contra uno e intimidan un poco. especialmente en esos días en los que una preferiría pasar desapercibida. aseguro que son pocos, pero haberlos haylos y me molestan más a mí que a ustedes. prometo trabajar este problema mío de auto estima balanceante.
la cuestión es que hoy me han decepcionado y de aquí el motivo de esta carta.
nos hemos visto a unos veinte metros de distancia, cuando cruzo y tiro por gran vía para arriba a coger el autobús. hasta aquí, nada nuevo. para mí es más fácil, lo reconozco: al venir a su encuentro no debo voltear cabezas, ni torcer cuellos, ni desviar miradas, ni hacer gestos extraños. aunque tampoco creo que este tema les preocupe mucho. a estas alturas, ¿para qué fingir?
así que hemos empezado el ritual matutino: se giran, murmuran, se avisan entre ustedes (hay qué ver lo majetes que son, de verdad. ¿trabajarán para alguna oenegé?), me da la risa floja, consigo controlarla, me pongo seria, hago como que miro algo fascinante que capta toda mi atención en la otra punta de la calle, me concentro para que la sensación de sentirme minuciosamente examinada disminuya y paso por delante del grupo como un auténtico florero primaveral! y justo en ese preciso instante, otro florero pasa entre ustedes y yo. y no sé si serán imaginaciones mías o la perjudicial tendencia que tenemos a mal pensar, pero es que me ha dado la sensación que en ese preciso instante ha habido una sobre exposición de crisantemos.
así que señores de por las mañanas, si a partir de ahora esta es la relación que vamos a mantener ustedes y yo, si a partir de ahora va a haber dos floreros en la misma franja horaria, voy a verme en la obligación de cambiar de ruta y buscarme nuevos jarrones.
atentamente,
29 octubre 2010
27 octubre 2010
caso clínico: angustia vital y tremendismos varios
el mundo está lleno de peligros. en esto estamos de acuerdo: que si bombas, ataques suicidas, atentados terroristas, violencia de género, accidentes de tráfico, catástrofes naturales, etc. pero para los pacientes que sufren de angustia vital y tremendismos varios (at/tv, para abreviar) esta afirmación se queda corta. cortísima. es como decir que pillarse unas vacaciones a irak puede acarrear algunos inconvenientes insignificantes o que saltar a la vía, cuando faltan veinte segundos para que aparezca el tren, no es una idea brillante. a no ser que uno tenga unas tremendas ganas de desaparecer indefinidamente.
los aquejados de at/tv no conciben la vida sin peligro, desgracias, tragedias, amenazas, enfermedades, dramas o plagas. de hecho, la vida es esto: una fatalidad detrás de otra, acechando a una desvalida víctima que ha venido a esta vida a sufrir. vamos, como una versión moderna de los antiguos griegos, siempre a la merced de sus juguetones dioses y siempre perdiendo todas las batallas porqué eran sólo esto: indefensos títeres, desgraciados y mortales.
la angustia vital, como el resto enfermedades, tiene distintos niveles de padecimiento. hay quienes, a pesar de temer siempre lo peor, siguen haciendo su vida con más o menos normalidad. salen de casa por la mañana y miran la carretera tres o cuatro veces antes de cruzar. en el trabajo no se exponen a peligros innecesarios como grapadoras, máquinas de café o jefes cabreados y al llegar a casa por la noche, comen bocadillos fríos para no encender el gas y provocar una explosión. los que padecen este transtorno de forma más grave, no salen de casa bajo ningún concepto y acaban sus días muertos de inanición pero agradecidos por no haber sido violentamente apaleados por el ku kux klan, aún perteneciendo a la raza aria.
ni que decir tiene que las terapias y el apoyo familiar pueden ser una ayuda incomesurable, pero no nos engañemos, las penalidades siguen allí. y es que los at/tv siempre tienen amigos, conocidos, amigos de amigos, vecinos o primos lejanos a los que les ha pasado algo terrible. es inexplicable cómo un enfermo de este tipo puede tener tantos allegados que, en un malogrado día u otro, fueron víctimas de una fatal adversidad. y claro, ante tal evidencia se hace más complicado convencerlo de que la vida es bella. o llevadera, por lo menos.
hay personas con más propensión que otras para contraer tal dolencia; e aquí los tres grupos con más números: los nacidos en los meses de diciembre y enero (también conocidos como capricornio en los círculos astrológicos), los que poseen una imaginación peculiarmente tortuosa y sobretodo, las madres.
éstas últimas son, sin lugar a dudas, las reinas de la angustia vital y los tremendismos varios. no hay más que hacer la prueba: díganle a cualquier madre del mundo que su hijo va a salir esa noche. en primer lugar su cara experimentará un cambio de expresión conocido como “no-aprobación” e inmediatamente una serie de preguntas-trampa acosarán al pobre vástago que sólo quería ir al cine. no hay respuesta válida. todas serán erróneas y causa de máxima preocupación. y es que la susodicha madre ya ha visualizado esa noche y sabe qué sucederá exactamente: nada bueno. y pensarán que es lógico que una madre se preocupe por sus hijos. bien cierto. pero una cosa es la preocupación dentro de los límites aceptables y otra bien distinta, la preocupación sin sentido basada en hechos no-reales.
sí, las entradas se pueden agotar, puede incluso que la película sea mala, que los espectadores salgan mosqueados de la sala y que a raíz de ésto, estalle la tercera guerra mundial (esa misma en la que sólo sobrevivirán las cucarachas y los tremendistas previsores), pero ya lidiaremos con todo ello cuando ocurra realmente.
así que madres del mundo y angustiados en general…
los aquejados de at/tv no conciben la vida sin peligro, desgracias, tragedias, amenazas, enfermedades, dramas o plagas. de hecho, la vida es esto: una fatalidad detrás de otra, acechando a una desvalida víctima que ha venido a esta vida a sufrir. vamos, como una versión moderna de los antiguos griegos, siempre a la merced de sus juguetones dioses y siempre perdiendo todas las batallas porqué eran sólo esto: indefensos títeres, desgraciados y mortales.
la angustia vital, como el resto enfermedades, tiene distintos niveles de padecimiento. hay quienes, a pesar de temer siempre lo peor, siguen haciendo su vida con más o menos normalidad. salen de casa por la mañana y miran la carretera tres o cuatro veces antes de cruzar. en el trabajo no se exponen a peligros innecesarios como grapadoras, máquinas de café o jefes cabreados y al llegar a casa por la noche, comen bocadillos fríos para no encender el gas y provocar una explosión. los que padecen este transtorno de forma más grave, no salen de casa bajo ningún concepto y acaban sus días muertos de inanición pero agradecidos por no haber sido violentamente apaleados por el ku kux klan, aún perteneciendo a la raza aria.
ni que decir tiene que las terapias y el apoyo familiar pueden ser una ayuda incomesurable, pero no nos engañemos, las penalidades siguen allí. y es que los at/tv siempre tienen amigos, conocidos, amigos de amigos, vecinos o primos lejanos a los que les ha pasado algo terrible. es inexplicable cómo un enfermo de este tipo puede tener tantos allegados que, en un malogrado día u otro, fueron víctimas de una fatal adversidad. y claro, ante tal evidencia se hace más complicado convencerlo de que la vida es bella. o llevadera, por lo menos.
hay personas con más propensión que otras para contraer tal dolencia; e aquí los tres grupos con más números: los nacidos en los meses de diciembre y enero (también conocidos como capricornio en los círculos astrológicos), los que poseen una imaginación peculiarmente tortuosa y sobretodo, las madres.
éstas últimas son, sin lugar a dudas, las reinas de la angustia vital y los tremendismos varios. no hay más que hacer la prueba: díganle a cualquier madre del mundo que su hijo va a salir esa noche. en primer lugar su cara experimentará un cambio de expresión conocido como “no-aprobación” e inmediatamente una serie de preguntas-trampa acosarán al pobre vástago que sólo quería ir al cine. no hay respuesta válida. todas serán erróneas y causa de máxima preocupación. y es que la susodicha madre ya ha visualizado esa noche y sabe qué sucederá exactamente: nada bueno. y pensarán que es lógico que una madre se preocupe por sus hijos. bien cierto. pero una cosa es la preocupación dentro de los límites aceptables y otra bien distinta, la preocupación sin sentido basada en hechos no-reales.
sí, las entradas se pueden agotar, puede incluso que la película sea mala, que los espectadores salgan mosqueados de la sala y que a raíz de ésto, estalle la tercera guerra mundial (esa misma en la que sólo sobrevivirán las cucarachas y los tremendistas previsores), pero ya lidiaremos con todo ello cuando ocurra realmente.
así que madres del mundo y angustiados en general…
21 octubre 2010
bellezas
la he visto de lejos, en los interminables túneles que unen línea 3 con línea 5 y he pensado: de dónde ha salido ésta? pero entre la multitud que se reúne de 6 a 7 de la tarde para retarse con empujones diplomáticos, miradas poco conciliadoras y carreras de corta distancia, le he perdido la pista y no he podido reparar en ella tal y como hubiera deseado. casi mejor. este tipo de personas (de bellezas, en realidad) me desconcentran de los habituales monólogos que organizo conmigo misma.
llega el metro y entro en el vagón junto a un grupo de diez o doce. veinte, quizás y... tachán! allí está. a dos centímetros de mi. compartiendo la misma barra para que no nos caigamos una encima de la otra, lo cual consideraría como una señal evidente. sé que incluso observándola de reojo, con mi no convincente disimulo, va a darse cuenta, pero no puedo evitarlo. primero le echó un par de miradas fugaces, como quien, levantando un poco la cabeza, está buscando a un amigo en la lejanía o un poco de oxígeno renovado en un vagón donde hay de todo menos oxígeno. ni renovado, ni sin renovar. después, la contemplo sin disimulos, buscándole defectos y no encontrando ninguno.
la primera idea que me viene a la cabeza es cogerla en brazos para que no se ensucie, ni se canse y llevarla a mi casa. la pondría encima de la estantería y la admiraría día y noche, como si fuera un botticelli. y le taparía la boca. por si le da por hablar y la fastidia.
llega el metro y entro en el vagón junto a un grupo de diez o doce. veinte, quizás y... tachán! allí está. a dos centímetros de mi. compartiendo la misma barra para que no nos caigamos una encima de la otra, lo cual consideraría como una señal evidente. sé que incluso observándola de reojo, con mi no convincente disimulo, va a darse cuenta, pero no puedo evitarlo. primero le echó un par de miradas fugaces, como quien, levantando un poco la cabeza, está buscando a un amigo en la lejanía o un poco de oxígeno renovado en un vagón donde hay de todo menos oxígeno. ni renovado, ni sin renovar. después, la contemplo sin disimulos, buscándole defectos y no encontrando ninguno.
la primera idea que me viene a la cabeza es cogerla en brazos para que no se ensucie, ni se canse y llevarla a mi casa. la pondría encima de la estantería y la admiraría día y noche, como si fuera un botticelli. y le taparía la boca. por si le da por hablar y la fastidia.
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