es una pena que la mayoría de veces aprovechemos los cinco minutos de publicidad (que en realidad son veinte porque los medidores temporales publicitarios son ligeramente distintos a los medidores temporales comunes) para levantarnos a visitar la cocina o el baño, ignorando de esta forma los siempre bienvenidos consejos de los productos que aparecen en la pantalla, acompañados de melodías que tararearemos inconscientemente durante días y frases memorables que formarán parte de nuestras conversaciones cotidianas. es una pena porque, aunque parezca lo contrario, un anuncio es una pequeña obra de arte (fruto de muchos estudios de mercado por la calle que entorpecen el paso y muchas encuestas por teléfono que truncan miles de plácidas siestas) que puede convertir un producto en algo imprescindible en la vida de cualquiera de nosotros. y es que por mucho que nos opongamos y creamos estar al margen de influencias tan obvias, ¿quién no ha sucumbido alguna vez a ese artículo porque creímos que sí, que lavaba más blanco que el resto, borraba los signos de envejecimiento de forma inmediata o reducía dos tallas en dos minutos? ahá, me lo temía.
pues por este motivo merecen especial atención y un caso clínico:
ya les diré yo a qué huelen las nubes
si yo fuera hombre, viendo los anuncios de compresas y/o tampones, repletos de bellas y jóvenes mujeres sonrientes, felices, brincando y bailando por las calles de una ciudad en la que todo el mundo parece encantado de haberse conocido, sentiría unas irrefrenables ganas de pedirle a mi médico un cambio de sexo. no voy repetirme de nuevo con el tema de la menstruación (vean http://hiliaescribe.blogspot.com.es/2012/05/enfermedades-letales-la-menstruacion.html en caso de curiosidad o mucho tedio), porque el tema que nos ocupa hoy es otro, pero sólo un dato informativo para los publicistas que durante meses planean las campañas para estos productos: tener la regla es una puta mierda. basta ya de usar tonos pastel, coreografías facilonas y bragas transparentes con puntillas. todo el mundo sabe, o a estas alturas debería ya saberlo, que las bragas de la regla son otras, mucho menos sofisticadas, que la única coreografía durante “esos” días es la de estar tumbada en un sofá y que los colores pastel son para los bollitos de repostería industrial que se ingieren en cantidades indecentes porque claro, alguien tiene que escuchar los dictámenes de las hormonas.
dicho esto, tampoco entiendo muy bien la necesidad de anunciar compresas y/o tampones. quiero decir, ya sabemos qué hay que usar en “esos” días y tampoco es que haya una gran diferencia entre una marca y otra, ¿no? a ver, que una compresa es una compresa y un tampón es un tampón. que el producto no da más de sí, que si se tratara de un coche, de una crema de belleza, incluso de unas croquetas caseras, pues les diría bien, adelante, lo acepto: evolucionemos e inventemos, hagámoslo diferente. una croqueta en forma de corazón con sabor a madalena ideal para los desayunos y los enamorados, claro por qué no. pero es que un tampón es complicado de hacer diferente, por no decir, arriesgado. nadie quiere un tampón en otra forma que no sea la de un tampón. así que con todas las limitaciones que ofrecía el producto, llegaron las excentricidades de cada marca. y de verdad que no quisiera imaginarme con qué tipo de mentes brillantes cuenta cada casa, porque claro, luego sale lo que sale:
-necesitamos algo nuevo. algo diferente. algo revolucionario.
-umm… pues no sé... tenemos compresas finas, absorbentes, de día, de noche, de media tarde, con alas, sin alas, maxi, súper, extra, ultra, sensitive, con envoltorio individual rosa, con envoltorio individual rosa fucsia, sin envoltorio, con dispositi...
-¿me está usted diciendo que ya está todo inventado?
-eso parece, señor, aunque se me acaba de ocurrir una idea. no sé, puede que le parezca ridícula, pero…
(se hace un silencio en la sala. los ejecutivos más veteranos de la compañía, escépticos y recelosos, ya no creen en ninguna nueva idea, temen que el mercado de las compresas y/o tampones esté estancado y algunos sospesan la idea de pasarse al negocio de las croquetas para enamorados, pero el joven no se acobarda, mira a todos y cada una de los rostros hieráticos que le rodean y se aclara la voz).
-hable, por favor – le anima el que aún alberga alguna esperanza.
-bueno… ahí va… ¿qué les parecería una compresa negra?
-¿!negra?!
(el joven sonríe tímidamente. los ejecutivos escépticos y recelosos susurran, bisbisean y murmuran algo incomprensible).
les pondría aquí una foto del artilugio, porque sí, porque al final los ejecutivos escépticos y recelosos apostaron por tirarse a la piscina y dejar ideas tan descabelladas como las croquetas para enamorados para los verdaderos suicidas creativos, pero confío en su imaginación. y bueno, ahora podemos afirmar orgullosos que el mercado cuenta ya con compresas negras y, sinceramente, no veo el momento en el que aparezcan los estampados floreados, los animal print y los topos y rayas.
¿y tú me lo preguntas?
hay que ver lo que han evolucionado los anuncios de coches en los últimos años. aún recuerdo cuando, no hace demasiado tiempo, lo normal era acordarse más de la rubia con el pelo cardado, en bikini rojo y echada encima del capó, que del coche que se pretendía vender. fíjense ahora, en cambio. lírica (otro tipo de lírica, claro) pura. que si “¿te gusta conducir?”, que si “be water my friend”, que si “todo lo que hacemos nos conduce a ti”.
no sé ustedes, yo últimamente he dejado de leer poesía para ver más anuncios de coches y me pregunto si en realidad los verdaderos poetas, los que imaginamos en una oscura buhardilla de parís, pasando frío y hambre y escribiendo a la luz de las velas, no están en realidad en una agencia de publicidad, rompiéndose los sesos con livianas palabras y etéreas frases para dejar al público con esa sensación de vacío por no tener ese, justo ese, coche en su garaje. aunque bueno, luego estos efectos de síndrome de stendhal se desvanecen ipso facto cuando por encima de la imagen de una preciosa puesta de sol anaranjada y un coche alejándose por una carretera infinita aparece el precio, siempre “desde” por si cuela. y así, de esta forma tan abrupta y rotunda, la sensación de vacío se convierte más bien en sensación de vértigo. por eso yo soy de la opinión que es siempre mejor obviar los números y quedarse con las letras.
realismo mágico francés
con un poco de imaginación, o incluso sin ella, uno podría llegar a pensar que al comprar un perfume, compra algo más que un perfume. que adquiere, por ejemplo, un coche deportivo, una mansión gigante en la campiña francesa, cuatro rubias, tres pelirrojas, dos morenas, una albina, un velero, un collar de diamantes que siempre termina rompiéndose, pero da igual, el jardinero, musculado y sudoroso, una piscina de leche de burra, pero sobre todo, más que todos estos bienes materiales, se obtiene éxito, confianza, reconocimiento y poder. sí, unas pocas gotas de ese frasquito tan exquisitamente bien diseñado, pueden convertirle a cualquiera en todo lo que había soñado, aunque delante del espejo siga viéndose un poco fondón y cada día más calvo. lo cual es algo que entiendo perfectamente porque es bien fácil reconocerse en los muchachos/as que aparecen en las pantallas. nada como hacer uso de gente normal y corriente haciendo cosas de gente normal y corriente para sentirse menos desgraciado y más seguro de sí mismo. y eso, apreciados lectores, sí que lo tienen los anuncios de perfume: ser conscientes de la realidad y ajustarse a ella y es que para dejar volar la imaginación ya existe la publicidad de entidades bancarias y productos para perder peso.
un apunte más: si, en los tiempos que corren, están ustedes disfrutando de un auge en su carrera profesional, un auge que les proporcione algo de popularidad, ni que sea temporal, asegúrense de lanzar al mercado un perfume. uno no llega a la cima hasta que no ha creado su propia fragancia. que tenga un aroma distinguido o pestilente es algo secundario a lo que nadie reparará. lo importante es que se comercialice, lleve un nombre afrancesado y se pronuncie acompañado de una caída de párpados nada forzada.
somos lo que comemos (también en festivos. especialmente en festivos)
sea cual sea el producto que se anuncia, lo esencial en un spot publicitario de alimentación es una familia de cuatro (niño con cara de sorprendido de pelo oscuro, niña marisabidilla pelirroja, padre asintiendo rubio y madre demasiado joven para tener dos hijos y morena. así ningún espectador avispado puede sospechar que no se trate de una familia real) alrededor de una mesa. se aceptan también, a modo de extra y ya para los últimos segundos del anuncio, la aparición estelar de los abuelos, sobreexcitados y casi de la misma edad de la madre, y/o los amigos de los niños que siempre, siempre, se mueren de envidia. sana, eso sí.
para los productos menos saludables, son preferibles los adolescentes: ellos practicando skate, y ellas también, porque para eso estamos en una sociedad igualitaria, aunque sus pantaloncitos sean cada vez más cortos y ajustados.
el mensaje final, tampoco es que difiera mucho, se publicite un donut o una ensalada: coma y será usted feliz, lo cual para qué engañarnos, también es cierto, sea un donut o una ensalada. los de la ensalada se pueden permitir el lujo de hacer hincapié en lo de comer sano, saludable y vivir más años, algo que, tal y como están las cosas, no sé si es más una ventaja o un inconveniente. los de los donuts, por el contrario, pueden añadir una capa extra de chocolate y otra de nata y otra de caramelo y otra más de chocolate, porque puestos a morir, que sea a lo grande.
podríamos adentrarnos en el mundo de la cerveza (¿quién no ha sentido nunca la imperiosa necesidad de aporrear una pandereta en la noche de san juan mientras se toma una cerveza fresquita a orillas del mediterráneo?), la ropa interior (nada como empezar el día esperando el autobús de las siete, debajo de una marquesina, con la imagen de algún actor/deportista y el obligatorio retoque de photoshop para enfatizar su mirada) y los coleccionables de septiembre (septiembre, el mes donde aprender inglés, aprender el lenguaje de los abanicos, aprender a pintar figurillas de porcelana de campesinas provenzales del siglo XVII, aprender a identificar la energía de los minerales del desierto de gobi, es posible. y siempre, siempre, en sólo dos semanas), pero me da la sensación que están deseando cinco minutos de publicidad para levantarse y cambiar de blog.
17 septiembre 2013
11 septiembre 2013
Mejor no digo nada.
Sería inútil. Ya ha pasado.
Fue una chispa, un instante. Aconteció.
Yo acontecí en ese instante.
Puede que usted también lo hiciera.
Suele ocurrir con los poemas:
terminan condensándose las formas
en nuestros ojos como el vaho
sobre un cristal helado;
las formas, con su herida.
Pues quien construye el texto
elige el tono, el escenario,
dispone perspectivas, inventa personajes,
propone sus encuentros, dicta los impulsos,
pero la herida no, la herida nos precede,
no inventamos la herida, venimos
a ella y la reconocemos.
Matar a Platón, C. Maillard
Sería inútil. Ya ha pasado.
Fue una chispa, un instante. Aconteció.
Yo acontecí en ese instante.
Puede que usted también lo hiciera.
Suele ocurrir con los poemas:
terminan condensándose las formas
en nuestros ojos como el vaho
sobre un cristal helado;
las formas, con su herida.
Pues quien construye el texto
elige el tono, el escenario,
dispone perspectivas, inventa personajes,
propone sus encuentros, dicta los impulsos,
pero la herida no, la herida nos precede,
no inventamos la herida, venimos
a ella y la reconocemos.
Matar a Platón, C. Maillard
05 septiembre 2013
la primera vez fue una tormenta de verano.
una comparación típica y facilona, sí,
pero así fue;
nubarrones negruzcos que avanzaron más rápidos
que sus propios pasos
truenos que silenciaron sus razones
gotas que en segundos
empaparon sus ropas estivales
sus pieles curtidas de agosto
sus cabellos salados de mar
su tiempo ilimitado.
los huesos, los huesos permanecieron intactos
y cálidos.
el sol salió poco después
y con la misma rapidez, se secaron
rieron
se abrazaron
un mal entendido
una estupidez.
el recuerdo, casi agradable, de la hierba húmeda a sus pies.
esa fue la primera vez.
la segunda fue más rumiada, menos abrupta
el viento otoñal empujaba el fin de un verano
ya tibio
no bastó con desnudarse y esperar que la ropa se secara
tampoco bastó un abrazo
temblaron de frío y desconcierto
se sintieron frágiles, decepcionados
temerosos de mirarse
y continuar con quejas y críticas.
quebrarse.
en silencio, con la cabeza gacha
los hombros caídos
y el decreciente eco de una sarta de insultos.
una manta vieja abrigó sus cuerpos calados
debajo, una improvisada reconciliación
encima, una lluvia fina
impalpable
invisible
incesante.
perdieron la cuenta.
con cubos anchos bajo las grietas
se habituaron al sonido de un goteo
premonitorio
y cuando el líquido turbio rebosaba los márgenes
lo vaciaban, resignados, por un desagüe
infecto. taponado.
en ese intervalo, en esa espera,
en ese tiempo escueto y tenso
se creían ligeros, liberados.
dispuestos a comenzar, otra vez,
mil veces,
de cero.
y otra gotera. mil goteras.
se cansaron.
se cansaron de verter el pasado
de parchear derrames
de saltar charcos
de retirar fango y evitar granizo.
se cansaron.
naufragaron.
ahora, a la deriva
aferrados a restos y añicos
entumecidos, sin voluntad,
se dejan llevar y se hunden
poco a poco. juntos.
una comparación típica y facilona, sí,
pero así fue;
nubarrones negruzcos que avanzaron más rápidos
que sus propios pasos
truenos que silenciaron sus razones
gotas que en segundos
empaparon sus ropas estivales
sus pieles curtidas de agosto
sus cabellos salados de mar
su tiempo ilimitado.
los huesos, los huesos permanecieron intactos
y cálidos.
el sol salió poco después
y con la misma rapidez, se secaron
rieron
se abrazaron
un mal entendido
una estupidez.
el recuerdo, casi agradable, de la hierba húmeda a sus pies.
esa fue la primera vez.
la segunda fue más rumiada, menos abrupta
el viento otoñal empujaba el fin de un verano
ya tibio
no bastó con desnudarse y esperar que la ropa se secara
tampoco bastó un abrazo
temblaron de frío y desconcierto
se sintieron frágiles, decepcionados
temerosos de mirarse
y continuar con quejas y críticas.
quebrarse.
en silencio, con la cabeza gacha
los hombros caídos
y el decreciente eco de una sarta de insultos.
una manta vieja abrigó sus cuerpos calados
debajo, una improvisada reconciliación
encima, una lluvia fina
impalpable
invisible
incesante.
perdieron la cuenta.
con cubos anchos bajo las grietas
se habituaron al sonido de un goteo
premonitorio
y cuando el líquido turbio rebosaba los márgenes
lo vaciaban, resignados, por un desagüe
infecto. taponado.
en ese intervalo, en esa espera,
en ese tiempo escueto y tenso
se creían ligeros, liberados.
dispuestos a comenzar, otra vez,
mil veces,
de cero.
y otra gotera. mil goteras.
se cansaron.
se cansaron de verter el pasado
de parchear derrames
de saltar charcos
de retirar fango y evitar granizo.
se cansaron.
naufragaron.
ahora, a la deriva
aferrados a restos y añicos
entumecidos, sin voluntad,
se dejan llevar y se hunden
poco a poco. juntos.
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