Un poeta muerto ya no puede escribir. De ahí la importancia de seguir vivo.
Este razonamiento tan simple, os resultará a veces difícil de mantener. En particular durante los periodos de prolongada esterelidad creativa. Ese manteneros con vida os parecerá, en tal caso, dolorosamente inútil: de todas formas, ya no podréis escribir...
A eso, una única respuesta: en el fondo, no lo podéis saber. Y si os hacéis un examen honesto, tendréis que darme la razón. Casos más extraños se han visto.
Si ya no podéis escribir, puede que sea el preludio de un cambio de forma. O de un cambio de tema. O de las dos cosas. O puede que sea, efectivamente, el preludio de la muerte de vuestra creatividad. Pero no podéis saberlo. No conoceréis nunca con exactitud esa parte de vosotros mismos que os empuja a escribir. Sólo podréis conocerla bajo formas aproximativas y contradictorias. ¿Egoísmo o devoción? ¿Crueldad o compasión? Todo podría sostenerse. Prueba de que, finalmente, no sabéis nada; así que no os comportéis como si lo supieseis. Ante vuestra ignorancia, ante esa parte misteriosa de vosotros mismos, permaneced honestos y humildes.
No es sólo que los poetas que llegan a viejos produzcan, en conjunto, más, es que la vejez es sede de particulares procesos físicos y mentales que serían una lástima perderse.
Por lo demás, sobrevivir es difícil en extremo. Se podría pensar en adoptar una estrategia a lo Pessoa: encontrar un trabajito, no publicar nada, esperar apaciblemente la propia muerte.
En la práctica, nos encontraremos con dificultades importantes: sensación de perder el tiempo, de estar fuera de lugar, de no ser estimados en lo que valemos... pronto, todo eso se volverá insostenible. Será difícil evitar el alcohol. En resumidas cuentas, al final de ese camino se encuentran la amargura y al acritud, seguidas rápidamente por la apatía y la completa esterilidad creativa.
Por lo tanto esta solución tiene sus inconvenientes, pero, por lo general, es la única. No hay que olvidar a los psiquiatras, que disponen de la facultad de firmar bajas laborales. Por el contrario, habrá que descartar la estancia prolongada en un hospital psiquiátrico: demasiado destructiva. No se utilizará más que como último recurso, como alternativa a la mendicidad.
Los mecanismos de la solidaridad social (subsidio de desempleo, etc.) deben utilizarse en su totalidad, así como el apoyo económico por parte de amigos más acomodados. No desarrolléis demasiada culpabilidad a ese respecto. El poeta es un parásito sagrado.
El poeta es un parásito sagrado. A semejanza de los escarabajos del antiguo Egipto, puede prosperar sobre el cuerpo de las sociedades ricas y en descomposición. Pero también hay lugar para él en el seno de las sociedades fuertes y frugales.
No tenéis que pelear. Pelean los boxeadores, no los poetas. Pero, en cualquier caso, sí que hay que publicar un poco; es la condición necesaria para que pueda tener lugar el reconocimiento póstumo. Si no publicáis un mínimo (siquiera algunos textos en una revista de segunda categoría), pasaréis desapercibidos en la posteridad; tan desapercibidos como en vida. Aunque seáis el más perfecto de los genios, tendréis que dejar algún rastro, y confiar en que los arqueólogos literarios exhumen el resto.
Puede salir mal; sale mal a menudo. Deberéis repetiros al menos una vez al día que lo importante es hacer lo que se pueda. Estudiar la biografía de vuestros poetas favoritos os podría ser útil, debería permitiros evitar determinados errores.
Meteos en la cabeza que, por lo general, no hay ninguna buena solución para el problema de la superviviencia material, pero las hay muy malas.
La cuestión del sitio donde vivir, en general no se os planteará: id a donde podáis. Tratad simplemente de evitar tener vecinos demasiado ruidosos, capaces ellos solos de provocar una muerte intelectual definitiva.
Una pequeña injerencia en el mundo profesional puede aportar ciertos conocimientos acerca del funcionamiento de la sociedad, eventualmente utilizables en una obra posterior. Pero un periodo de vagabundaje, en el que uno se sumerja en la marginalidad, aportará otros saberes. Lo ideal es alternar.
Otras realidades de la vida, como una vida sexual armoniosa, el matrimonio, o el hecho de tener hijos, son a la vez beneficiosas y fecundas. Pero casi imposibles de lograr. En el plano artístico, son terrenos prácticamente desconocidos.
Por lo general, iréis dando bandazos entre la amargura y la angustia. En ambos casos, el alcohol os ayudará. Lo esencial es obtener aquellos momentos de remisión que os permitan realizar vuestra obra. Serán breves; esforzaos para asiros a ellos.
No temáis a la felicidad: no existe.
Poesía, M. (ilustrísisimo) Houellebecq
27 enero 2013
18 enero 2013
deshechos
durante mucho tiempo fuimos deshechos.
nos alimentábamos de crítica y pena
bebíamos demasiado
fumábamos hierbas podridas
dormíamos en colchones manchados de tragedias pasadas
que intentábamos dejar atrás.
buscábamos en la basura y sólo encontrábamos
basura
disfrazada de mentiras, miserias,
hedor y óxido.
de laberintos minados,
de mujeres de risa fácil
que abracé tibiamente
después de noches obscenas,
o de hombres suplicantes
que rogaban con la mirada
desvestirla con premura
y que ella había aprendido a rehuir.
vagabundeábamos por el mundo
con el feliz convencimiento
de no creer en nada
de no esperar a nadie
de no.
yo había olvidado escribir
ella había olvidado sentir.
nos encontramos.
durante unos días, unos meses,
un tiempo impreciso
hubo mañanas soleadas, sábanas arrugadas y húmedas
hubo yemas, dedos, manos, temblores
hubo palabras
hubo música
hubo silencios tácitos
hubo
hambre.
volvimos a creer, a esperar
a descubrir. a descubrirnos
temerosos primero, ávidos después.
y aceptamos atrevidos y exultantes
las confusas reglas de una partida
de la que sólo habíamos oído hablar.
fuimos valientes.
a nosotros no iban a derrotarnos.
fuimos insensatos.
fuimos.
desde hace unos días he vuelto a escribir.
relleno las horas de trazos ilegibles,
ideas vacuas y tramas delirantes
que releo por la mañana
rectifico por la tarde
y termino borrando
siempre.
salpico las hojas en blanco
de furia, rabia y fracaso.
todo es cuestión de tiempo.
la cura.
las letras.
la muerte.
todo.
tarde o temprano saldrá, me digo.
dejaré de romper y negar. lo sé.
de ella…
de ella, nada.
ella ocurrió y terminó.
algunos aseguran que en ese tiempo impreciso
ella también sintió.
sí, aseguran, repiten,
e intentan convencerme,
como a un niño crédulo y dócil,
sin saber que su consuelo
aviva más aún mi demencia.
ella sintió, reiteran.
yo escribo.
nos alimentábamos de crítica y pena
bebíamos demasiado
fumábamos hierbas podridas
dormíamos en colchones manchados de tragedias pasadas
que intentábamos dejar atrás.
buscábamos en la basura y sólo encontrábamos
basura
disfrazada de mentiras, miserias,
hedor y óxido.
de laberintos minados,
de mujeres de risa fácil
que abracé tibiamente
después de noches obscenas,
o de hombres suplicantes
que rogaban con la mirada
desvestirla con premura
y que ella había aprendido a rehuir.
vagabundeábamos por el mundo
con el feliz convencimiento
de no creer en nada
de no esperar a nadie
de no.
yo había olvidado escribir
ella había olvidado sentir.
nos encontramos.
durante unos días, unos meses,
un tiempo impreciso
hubo mañanas soleadas, sábanas arrugadas y húmedas
hubo yemas, dedos, manos, temblores
hubo palabras
hubo música
hubo silencios tácitos
hubo
hambre.
volvimos a creer, a esperar
a descubrir. a descubrirnos
temerosos primero, ávidos después.
y aceptamos atrevidos y exultantes
las confusas reglas de una partida
de la que sólo habíamos oído hablar.
fuimos valientes.
a nosotros no iban a derrotarnos.
fuimos insensatos.
fuimos.
desde hace unos días he vuelto a escribir.
relleno las horas de trazos ilegibles,
ideas vacuas y tramas delirantes
que releo por la mañana
rectifico por la tarde
y termino borrando
siempre.
salpico las hojas en blanco
de furia, rabia y fracaso.
todo es cuestión de tiempo.
la cura.
las letras.
la muerte.
todo.
tarde o temprano saldrá, me digo.
dejaré de romper y negar. lo sé.
de ella…
de ella, nada.
ella ocurrió y terminó.
algunos aseguran que en ese tiempo impreciso
ella también sintió.
sí, aseguran, repiten,
e intentan convencerme,
como a un niño crédulo y dócil,
sin saber que su consuelo
aviva más aún mi demencia.
ella sintió, reiteran.
yo escribo.
12 enero 2013
caso clínico: la primera cita
siempre he sido de la opinión que los humanos somos seres muy complicados. de las mujeres esto ya se sabía, viene de serie en los genes y hay que asumirlo cuanto antes para evitar sorpresas, pero creo que los hombres tampoco se quedan cortos. quizás en algunos temas las cosas son más de blanco o negro, sin términos medios. se me ocurre por ejemplo el fútbol: te gusta un equipo, otro, o prefieres leer mientras el mundo se detiene durante los noventa (noventa, ¿no?) minutos que dura el partido. no hay muchas más opciones, ni muchas dobles interpretaciones que aportar. con la religión pasa más o menos lo mismo: o se es ortodoxo o se es mormón o se decapita a los que no creen. fácil. bien. pero claro, no todo iba a ser así de sencillo. alguien muy lúcido y con mucho sentido del humor inventó las primeras citas previo paso a otra gran broma de la vida (el enamoramiento), y ahí nos jodió a todos. hombres y mujeres. y ojo, que yo soy muy partidaria de lo uno y de lo otro porque estoy convencida de que si el mundo sigue girando es gracias a la religión y al fútbol. así que sí, hoy hablaremos de las primeras citas: qué hacer, qué no decir, cómo proceder a preguntas trampas, cuándo huir y no sólo esto, a modo de bonus extra, me aventuraré a dar las dos versiones de la historia, masculina y femenina, a pesar de desconocer absolutamente las dos.
antes que nada debemos comprender que la presión de una primera cita nos agilipolla a todos bastante. es lógico y normal. debemos impresionar a esa persona que nos gusta y al mismo tiempo vamos a vernos sometidos a una observación minuciosa y exhaustiva en la que un mínimo desliz, un comentario, un gesto o una miga de pan pegada al labio, puede echar a perder toda la tarde de peluquería e interminables horas de máquinas y pesas. hay que evitar que esta presión nos engulla y nos domine. ¿cómo? pues bien simple: drogarse o dejar de idealizar. las drogas son caras y pueden causar adicción, pero funcionan de inmediato. la idealización se cae por su propio peso después de veinticuatro horas. ustedes verán.
una vez nos hemos calmado y tenemos el control de nuestros pensamientos:
¿qué me pongo?
no nos engañemos: la belleza está en el exterior y quien diga lo contrario es que es feo de cojones. el objetivo es causar una buena impresión y para eso hay que mirarse ni que sea un solo segundo delante del espejo. ¿se gustan? ¿quedarían ustedes con ustedes mismos si pudieran desdoblarse? y no estoy hablando de nada especial… a veces no se imaginan lo que puede hacer una duchita rápida o cepillarse los dientes, de verdad. si la respuesta es afirmativa, sí, quedaría conmigo mismo/a sin dudarlo (siendo tan objetivos como les sea posible), adelante. salgan por esa puerta y muéstrenles al mundo lo que son capaces de hacer.
ella: cuidado con los tacones altos, el exceso de maquillaje, la exposición de tetas gratuitamente, esa falda es muy corta, esos pantalones demasiado ceñidos, pareces una cualquiera. entra a casa y vuelve a probar, a no ser que tengas los objetivos de la cita muy claros. en ese caso, me callo y aplaudo.
él: cuidado con los escotes, la depilación de las cejas, las uñas, el afeitado, el color de los calcetines, la coordinación de colores en general, los piercings, el perfume, el aliento, la zona abdominal, la suciedad de los zapatos, el blanqueamiento dental, los tatuajes, el nivel de colesterol, el corte de pelo, el libro que estás leyendo, la música que escuchas habitualmente, la película preferida, la sensibilidad exagerada o nula, las últimas vacaciones, historial laboral, historial sentimental, antecedentes criminales, hábitos alimenticios, adicciones, enfermedades graves y/o leves, estado de la cuenta corriente, planes de futuro y de momento eso es todo.
el encuentro
este es el momento más difícil: nos vemos, nos reconocemos, sonreímos, nos acercamos, nos damos dos besos en la mejilla pero sin rozar mucho, hola, qué tal, bien, y tú, también bien y silencio. silencio. silencio. silencio. qué le digo ahora. silencio. no se me ocurre nada. silencio. joder, algo tengo que decirle. silencio. ¿has llegado bien? sí. silencio. silencio. silencio. silencio. ¿dónde vamos?. a mí me da igual, donde quieras, elige tú. silencio. pues no sé, déjame pensar. silencio. silencio. me va bien cualquier sitio, de verdad. silencio. silencio. ¿aquí te va bien? vale. silencio. ¿esa mesa del rincón? vale. silencio. nos sentamos. sonreímos. silencio. vaya. sí. silencio. llega el camarero y por fin escuchamos más de tres palabras encadenadas "hola, ¿qué os pongo pareja?". nos miramos. rubores, acaloramientos. a mí una coca-cola. para mí una cerveza. silencio. silencio. está bien este sitio. sí. silencio. miro por la ventana. nos miramos de reojo. silencio. silencio.
ella: deja de pensar que estarías mejor en casa.
él: deja de mirarle las tetas, por-el-amor-de-dios.
nudo
lo importante es estar cómodos y encontrar un tema que les interese a los dos. cine, mormones o luteranos, música, lo que sea. seguro que hay alguno, porque en algún momento anterior a esa primera cita sospecharon que algo tendrían en común, y que por algún inexplicable motivo les apetecía saber más de esa persona, así que búsquenlo y dejen que la conversación fluya. el tema de las/los ex queda totalmente prohibido, el móvil debe mantenerse apartado, por muy tediosa que esté siendo la velada, eviten fijarse en otros hombres/mujeres del local que no sean su acompañante y por favor, nada de monólogos intrascendentes. por el contrario es de vital importancia saber leer las señales que el otro nos está enviando mientras fluye lo que tenga que fluir. y es aquí donde empieza la diversión porque en algunos casos las señales son evidentes, pero en otras, están tan escondidas que es muy probable que uno acabe leyendo algo completamente distinto. a ver, por poner un ejemplo facilito: si le pone las tetas en la cara y le pide que se las lama, le gusta. si dice que tiene que ir al baño y no regresa, no quiere volver a verle jamás en la vida.
entremedio hay un millón de posibilidades: que hace una caída de párpados mientras se miran, sí. que tamborilea los dedos encima de la mesa, no. que sugiere ir un día al cine, sí. que dice que mañana tiene que madrugar, no. que hace diez años decidió el nombre que le va a poner a sus hijos y que todos los domingos come con sus padres, huya, querido lector, huya.
ella: sí, llevas bien el pelo. no te preocupes ahora por esto y sí, a tu mejor amiga le encantará saber que él tiene un perrito llamado max.
él: deja de imaginar si se lo traga o no, por-el-amor-de-dios.
sexo
bueno, bueno, bueno… hemos pasado un rato agradable. nos hemos reído, le hemos pedido al camarero una botella de vino que nos hemos bebido sin darnos cuenta y luego nos hemos ido a cenar y oye, pues muy bien. pero… ¿y ahora qué? ¿qué hacer después de la cena y las copas? ¿hay que follar en una primera cita?
ella (versión 1): no. luego no me respetará y creerá que soy muy fácil y que si me he acostado con él a la primera también lo he hecho con todos los demás y pensará que soy una zorra y yo de eso no tengo nada. si quiere algo conmigo y le gusto de verdad, deberá trabajárselo un poco más. quizá un pico. un piquito se lo puedo dar, pero nada más. bueno, y un poco de roce. va, y un morreo. bueno, que igual le apretujo los huevos en un portal oscuro y me dejo manosear un poco y después ya igual le hago una paja en el coche y que si me baja las bragas y me mete la lengua pues también. pero de ahí no pasa. nada más.
ella (versión 2): ah, ¿es que no íbamos a eso?
él: ah, ¿es que no íbamos a eso?
la huida
aunque también puede darse la malograda circunstancia de que a la media hora de cita lleguemos a la conclusión de que no lo soportamos. de que esa persona que parecía hecha a nuestra medida se ha convertido de repente en un traje apolillado y sólo deseemos perderlo de vista cuanto antes. bien. no lo alarguemos más.
hay dos métodos para una huida: directo o indirecto. como bien indica su nombre, en el directo miramos fijamente a los ojos de nuestro acompañante y decimos "perdona, pero esto no funciona y creo que voy a irme". parece fácil, pero créanme, es la manera menos usada porque aun siendo educados y correctos sabemos que podemos herir la autoestima del pobre desdichado/a que ya nos había dedicado un par de caídas de párpado y fantaseaba con un paseo romántico por el centro comercial un sábado por la tarde cualquiera. y claro, como tampoco somos seres despreciables, utilizamos la vía indirecta que es una forma mucho más retorcida y agónica de decir lo mismo pero con evasivas, pretextos y excusas, esperando que el otro sea suficientemente espabilado como para pillar nuestra intención de escaqueo. hagan lo que hagan van a decepcionar a esa personita, así que nada... ánimo y que la vida es muy dura.
ella: no te pongas a llorar mujer, que tampoco hay para tanto. ojo, cuidado con el vaso. no, ¡el vaso no! !puedes hacerle daño! ¡no, espera!
él: exacto, hoy tampoco follas.
tiempo prudencial
han pasado un par de días y desde la primera (y última) cita no se nos va esa sonrisa idiota de la cara. diríamos que hemos pensado en él/ella más de lo habitual, que hemos llamado ya a nuestro mejor amigo para detallarle todo lo que pasó ese maravilloso día. diríamos incluso que nos morimos de ganas de volver a verle/la, pero que no queremos parecer pesados, así que dejamos pasar unos días más, pensando que tal vez, mientras tanto, él/ella nos vaya a contactar. pero no hay llamada. ni email. y pasan los días y comenzamos a dudar. ¿y si no fue tan bien como habíamos imaginado? ¿y si en realidad él/ella se aburrió como una ostra? ¿y si el sexo fue pésimo a pesar de habernos corrido tres veces? y pasan más días. y de nuevo leemos las señales, pero esta vez a la inversa, es decir, en negativo: que si me dijo que le gustaban mis ojos sólo para quedar bien, que si todas son iguales, que sólo me quería por el sexo, que no lo entiendo, que qué hice mal, que por qué siempre me pasan a mí estas cosas, que ya estoy harto/a, etc.
ella: deja pasar cuatro días. cuando está a punto de coger el toro por los cuernos y llamarlo, su mejor amiga le aconseja que no lo haga, que si de verdad le interesa, él llamará. ella se fía de su mejor amiga, que para eso es mejor amiga, así que pasa una semana muerta de pena e incertidumbre, comiendo más chocolate de lo habitual. el día que le salen dos hermosos granos en plena frente se topa con su ex que le asegura que está muy guapa y por si eso no fuera poco, la llama un día después. ¡un día, damas y caballeros, un día!. acaban teniendo tres niñas cuyos nombres son lo que ella había pensado diez años atrás y veranean todos los agostos en un pueblo de albacete de cuyo nombre no quiero acordarme.
él: deja pasar cuatro días. cuando está a punto de coger el toro por los cuernos y llamarla, su perrito max le recuerda que no ha salido a pasear en todo el día meándose en el pasillo. mientras friega el pis, se dice a sí mismo que a la vuelta la llama sin falta. en el parque conoce a una muchacha feúcha pero simpática que también tiene un perro. hablan durante largo rato (de perros, de fútbol y de mormones) y cuando anochece ella le invita a su casa. él la deja al cabo de tres años. el perrito max muere atropellado por una furgoneta que transportaba muebles para el salón de esa chica con la que un día tuvo una primera y última cita y de la que obviamente, no recuerda el nombre.
antes que nada debemos comprender que la presión de una primera cita nos agilipolla a todos bastante. es lógico y normal. debemos impresionar a esa persona que nos gusta y al mismo tiempo vamos a vernos sometidos a una observación minuciosa y exhaustiva en la que un mínimo desliz, un comentario, un gesto o una miga de pan pegada al labio, puede echar a perder toda la tarde de peluquería e interminables horas de máquinas y pesas. hay que evitar que esta presión nos engulla y nos domine. ¿cómo? pues bien simple: drogarse o dejar de idealizar. las drogas son caras y pueden causar adicción, pero funcionan de inmediato. la idealización se cae por su propio peso después de veinticuatro horas. ustedes verán.
una vez nos hemos calmado y tenemos el control de nuestros pensamientos:
¿qué me pongo?
no nos engañemos: la belleza está en el exterior y quien diga lo contrario es que es feo de cojones. el objetivo es causar una buena impresión y para eso hay que mirarse ni que sea un solo segundo delante del espejo. ¿se gustan? ¿quedarían ustedes con ustedes mismos si pudieran desdoblarse? y no estoy hablando de nada especial… a veces no se imaginan lo que puede hacer una duchita rápida o cepillarse los dientes, de verdad. si la respuesta es afirmativa, sí, quedaría conmigo mismo/a sin dudarlo (siendo tan objetivos como les sea posible), adelante. salgan por esa puerta y muéstrenles al mundo lo que son capaces de hacer.
ella: cuidado con los tacones altos, el exceso de maquillaje, la exposición de tetas gratuitamente, esa falda es muy corta, esos pantalones demasiado ceñidos, pareces una cualquiera. entra a casa y vuelve a probar, a no ser que tengas los objetivos de la cita muy claros. en ese caso, me callo y aplaudo.
él: cuidado con los escotes, la depilación de las cejas, las uñas, el afeitado, el color de los calcetines, la coordinación de colores en general, los piercings, el perfume, el aliento, la zona abdominal, la suciedad de los zapatos, el blanqueamiento dental, los tatuajes, el nivel de colesterol, el corte de pelo, el libro que estás leyendo, la música que escuchas habitualmente, la película preferida, la sensibilidad exagerada o nula, las últimas vacaciones, historial laboral, historial sentimental, antecedentes criminales, hábitos alimenticios, adicciones, enfermedades graves y/o leves, estado de la cuenta corriente, planes de futuro y de momento eso es todo.
el encuentro
este es el momento más difícil: nos vemos, nos reconocemos, sonreímos, nos acercamos, nos damos dos besos en la mejilla pero sin rozar mucho, hola, qué tal, bien, y tú, también bien y silencio. silencio. silencio. silencio. qué le digo ahora. silencio. no se me ocurre nada. silencio. joder, algo tengo que decirle. silencio. ¿has llegado bien? sí. silencio. silencio. silencio. silencio. ¿dónde vamos?. a mí me da igual, donde quieras, elige tú. silencio. pues no sé, déjame pensar. silencio. silencio. me va bien cualquier sitio, de verdad. silencio. silencio. ¿aquí te va bien? vale. silencio. ¿esa mesa del rincón? vale. silencio. nos sentamos. sonreímos. silencio. vaya. sí. silencio. llega el camarero y por fin escuchamos más de tres palabras encadenadas "hola, ¿qué os pongo pareja?". nos miramos. rubores, acaloramientos. a mí una coca-cola. para mí una cerveza. silencio. silencio. está bien este sitio. sí. silencio. miro por la ventana. nos miramos de reojo. silencio. silencio.
ella: deja de pensar que estarías mejor en casa.
él: deja de mirarle las tetas, por-el-amor-de-dios.
nudo
lo importante es estar cómodos y encontrar un tema que les interese a los dos. cine, mormones o luteranos, música, lo que sea. seguro que hay alguno, porque en algún momento anterior a esa primera cita sospecharon que algo tendrían en común, y que por algún inexplicable motivo les apetecía saber más de esa persona, así que búsquenlo y dejen que la conversación fluya. el tema de las/los ex queda totalmente prohibido, el móvil debe mantenerse apartado, por muy tediosa que esté siendo la velada, eviten fijarse en otros hombres/mujeres del local que no sean su acompañante y por favor, nada de monólogos intrascendentes. por el contrario es de vital importancia saber leer las señales que el otro nos está enviando mientras fluye lo que tenga que fluir. y es aquí donde empieza la diversión porque en algunos casos las señales son evidentes, pero en otras, están tan escondidas que es muy probable que uno acabe leyendo algo completamente distinto. a ver, por poner un ejemplo facilito: si le pone las tetas en la cara y le pide que se las lama, le gusta. si dice que tiene que ir al baño y no regresa, no quiere volver a verle jamás en la vida.
entremedio hay un millón de posibilidades: que hace una caída de párpados mientras se miran, sí. que tamborilea los dedos encima de la mesa, no. que sugiere ir un día al cine, sí. que dice que mañana tiene que madrugar, no. que hace diez años decidió el nombre que le va a poner a sus hijos y que todos los domingos come con sus padres, huya, querido lector, huya.
ella: sí, llevas bien el pelo. no te preocupes ahora por esto y sí, a tu mejor amiga le encantará saber que él tiene un perrito llamado max.
él: deja de imaginar si se lo traga o no, por-el-amor-de-dios.
sexo
bueno, bueno, bueno… hemos pasado un rato agradable. nos hemos reído, le hemos pedido al camarero una botella de vino que nos hemos bebido sin darnos cuenta y luego nos hemos ido a cenar y oye, pues muy bien. pero… ¿y ahora qué? ¿qué hacer después de la cena y las copas? ¿hay que follar en una primera cita?
ella (versión 1): no. luego no me respetará y creerá que soy muy fácil y que si me he acostado con él a la primera también lo he hecho con todos los demás y pensará que soy una zorra y yo de eso no tengo nada. si quiere algo conmigo y le gusto de verdad, deberá trabajárselo un poco más. quizá un pico. un piquito se lo puedo dar, pero nada más. bueno, y un poco de roce. va, y un morreo. bueno, que igual le apretujo los huevos en un portal oscuro y me dejo manosear un poco y después ya igual le hago una paja en el coche y que si me baja las bragas y me mete la lengua pues también. pero de ahí no pasa. nada más.
ella (versión 2): ah, ¿es que no íbamos a eso?
él: ah, ¿es que no íbamos a eso?
la huida
aunque también puede darse la malograda circunstancia de que a la media hora de cita lleguemos a la conclusión de que no lo soportamos. de que esa persona que parecía hecha a nuestra medida se ha convertido de repente en un traje apolillado y sólo deseemos perderlo de vista cuanto antes. bien. no lo alarguemos más.
hay dos métodos para una huida: directo o indirecto. como bien indica su nombre, en el directo miramos fijamente a los ojos de nuestro acompañante y decimos "perdona, pero esto no funciona y creo que voy a irme". parece fácil, pero créanme, es la manera menos usada porque aun siendo educados y correctos sabemos que podemos herir la autoestima del pobre desdichado/a que ya nos había dedicado un par de caídas de párpado y fantaseaba con un paseo romántico por el centro comercial un sábado por la tarde cualquiera. y claro, como tampoco somos seres despreciables, utilizamos la vía indirecta que es una forma mucho más retorcida y agónica de decir lo mismo pero con evasivas, pretextos y excusas, esperando que el otro sea suficientemente espabilado como para pillar nuestra intención de escaqueo. hagan lo que hagan van a decepcionar a esa personita, así que nada... ánimo y que la vida es muy dura.
ella: no te pongas a llorar mujer, que tampoco hay para tanto. ojo, cuidado con el vaso. no, ¡el vaso no! !puedes hacerle daño! ¡no, espera!
él: exacto, hoy tampoco follas.
tiempo prudencial
han pasado un par de días y desde la primera (y última) cita no se nos va esa sonrisa idiota de la cara. diríamos que hemos pensado en él/ella más de lo habitual, que hemos llamado ya a nuestro mejor amigo para detallarle todo lo que pasó ese maravilloso día. diríamos incluso que nos morimos de ganas de volver a verle/la, pero que no queremos parecer pesados, así que dejamos pasar unos días más, pensando que tal vez, mientras tanto, él/ella nos vaya a contactar. pero no hay llamada. ni email. y pasan los días y comenzamos a dudar. ¿y si no fue tan bien como habíamos imaginado? ¿y si en realidad él/ella se aburrió como una ostra? ¿y si el sexo fue pésimo a pesar de habernos corrido tres veces? y pasan más días. y de nuevo leemos las señales, pero esta vez a la inversa, es decir, en negativo: que si me dijo que le gustaban mis ojos sólo para quedar bien, que si todas son iguales, que sólo me quería por el sexo, que no lo entiendo, que qué hice mal, que por qué siempre me pasan a mí estas cosas, que ya estoy harto/a, etc.
ella: deja pasar cuatro días. cuando está a punto de coger el toro por los cuernos y llamarlo, su mejor amiga le aconseja que no lo haga, que si de verdad le interesa, él llamará. ella se fía de su mejor amiga, que para eso es mejor amiga, así que pasa una semana muerta de pena e incertidumbre, comiendo más chocolate de lo habitual. el día que le salen dos hermosos granos en plena frente se topa con su ex que le asegura que está muy guapa y por si eso no fuera poco, la llama un día después. ¡un día, damas y caballeros, un día!. acaban teniendo tres niñas cuyos nombres son lo que ella había pensado diez años atrás y veranean todos los agostos en un pueblo de albacete de cuyo nombre no quiero acordarme.
él: deja pasar cuatro días. cuando está a punto de coger el toro por los cuernos y llamarla, su perrito max le recuerda que no ha salido a pasear en todo el día meándose en el pasillo. mientras friega el pis, se dice a sí mismo que a la vuelta la llama sin falta. en el parque conoce a una muchacha feúcha pero simpática que también tiene un perro. hablan durante largo rato (de perros, de fútbol y de mormones) y cuando anochece ella le invita a su casa. él la deja al cabo de tres años. el perrito max muere atropellado por una furgoneta que transportaba muebles para el salón de esa chica con la que un día tuvo una primera y última cita y de la que obviamente, no recuerda el nombre.
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