(fotos de m. strippoli)
28 noviembre 2012
22 noviembre 2012
algunas veces me miro al espejo
y no te reconozco.
me sonríes, bostezas, haces muecas,
me sacas la lengua
como si nos conociéramos de toda la vida
y supieras todo de mí.
alegre unos días
harta, enferma, esquiva
otros.
en silencio
te devuelto tu imagen
pulcra y nítida
previsible
sin sorpresas, ni sospechas.
te sonrío, bostezo, hago muecas
y al girarte y apagar la luz
regreso a mi forma
invisible
sin haberte preguntado el motivo
de esos ojos apagados de ayer
ni esa sonrisa boba de hoy
ni ese brillo en la tez
ni el carmín nuevo en los labios.
obedezco, imito
y me callo
el deseo de saber
por el resto de tus horas.
con quién hablas
a quién evitas
a cuántos decepcionaste
y a cuántos hiciste reír.
si nos habías imaginado así
si seguimos observando
canturreando
sorprendiéndonos
si tenemos menos miedos
si está valiendo la pena
si los fracasos aún duelen
si el recuerdo de algunas risas
todavía permanece.
si debo temerte cuando niegas con la cabeza
la mirada opaca
las ganas muertas
la fe rota.
y si debo alegrarme cuando me examinas
plena, contenida, serena
y afirmas,
convencida y heroica:
sí,
en esto nos hemos convertido.
18 noviembre 2012
Un día que me encontraba en el campo con un amigo, hablábamos del vértigo; mi amigo no lo conocía.
Le hice varias demostraciones del vértigo sin obtener el más mínimo resultado. Mi amigo no podía apreciar la angustia que se puede sentir viendo a un hombre trabajar en un tejado. A todas las observaciones que le prestentaba, mi amigo se encogía de hombros, lo que no es muy cortés ni muy amable.
De pronto vi un mirlo que acababa de posarse en el extremo de una rama, una rama alta, una rama vieja. La posición del animal era de lo más peligrosa... El viento hacía oscilar la vieja rama, que el pobre bicho apretaba con sus crispadas manitas.
Entonces, volviéndome hacia mi compañero, le dije:
-Mire, ese mirlo me pone la carne de gallina y me da vértigo. Deprisa, traigamos un colchón bajo el árbol, pues si el pájaro pierde el equilibrio, seguro que se rompe la crisma.
¿Saben lo que me respondió mi amigo?
Fríamente,... simplemente: -Es usted un pesimista.
Convencer a la gente no es fácil.
Memorias de un amnésico y otros escritos, E. Satie
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





