no, espera. tal vez tampoco ocurriera textualmente así. quizá después del beso en la nuca, me rodeó con sus brazos fuertes, repasó los lunares de mi espalda con su lengua húmeda, mordisqueó mis nalgas y pronunció mi nombre al deslizar su mano fría entre mis muslos. sí, fue así. ahora lo recuerdo bien. estoy segura. olí su ropa. olía distinto. no era su perfume. tampoco el mío. esperé. horas. días. semanas. estás loca, dijo finalmente, estás completamente loca. buenas noches, respondí con voz adormilada cuando consiguió despertarme con las yemas de sus dedos sobre mi piel. él no contestó y se concentró en el lento y serpenteante camino hasta mi sexo. separé las piernas. cerré los ojos. respiré hondo. noté un cosquilleo familiar. apreté los puños. gemí. sólo un poco. comencé a buscar más pistas. supongo que me obsesioné. notas, números, citas, descuidos. todo me valía y todo me daba la misma respuesta. obvia, certera y enfermiza. creo que esa fue la primera vez que le noté muy cerca. más cerca. más próximo. más adentro. tal vez hubo más caricias que arañazos, más tiempo que arrebato, más amor que... puede, sí. ya no te quiere. hay alguien más. más afortunada, más interesante, más deseable. cómo no haberme dado cuenta antes. esto no tiene ningún sentido, repitió mil veces. hubieran podido ser diez mil. no me convenció, claro. reposamos agotados, satisfechos, entrelazados, sabiendo que algo habíamos hecho diferente. sin buscarlo ni ser conscientes. estas cosas pasan. algunas veces solamente, pero pasan. nos dormimos con el ruido del tráfico y las sirenas de las ambulancias, ajenos al resto del mundo, a la luz pálida del amanecer, al calor sofocante del mes de agosto, a los recelos, a las sospechas. a todo lo que no fuera nosotros dos. me voy a ir, vivir así es insoportable y no lo aguanto más. podría traer mis cosas, quedarme unos días, sólo por probar. sí, eso dijo. y yo temblé y asentí. dio un portazo brusco. los vecinos se quejaron del estruendo de la noche anterior. abrí la puerta. los vecinos preguntaron por el nuevo inquilino a la mañana siguiente. rompí sus cosas con rencor y rabia. hice un hueco en los cajones, ilusionada y dichosa. tiró sus llaves encima de la mesa y resbalaron al suelo provocando un sonido metálico y hueco. observé los dientes oxidados y pensé que ya no habría que hacer otra copia. compramos macetas con flores de colores brillantes para las ventanas. dijo que lo había jodido todo. a veces sonreíamos sin motivo. no hubo más de él. ni de nosotros. las flores continúan en la ventana, alegrando la vista de quien las quiera ver.
de todo esto hace un año. sí, ahora me acuerdo bien. así fue exactamente cómo sucedió todo. un año, ya. un año entero. un año sin mucho. no, tampoco. un año de nada.


