15 julio 2012

En otra conversación, Diane y Mitchell hablaron de los monstruos, y Diane hizo referencia a la definición de Mitchell de la "distinción de clases entre los monstruos" que figuraba en su retrato maestro de lady Olga, la mujer barbuda, donde decía: "Los monstruos natos son la aristocracia del mundo del espectáculo de pacotilla, como las mujeres barbudas, los siameses, los idiotas, las obesas, los contrahechos, los enanos, los gigantes, los esqueletos vivientes, los hombres con cuyos cráneos pueden partirse rocas.
"Entre los monstruos hechos a sí mismos se cuentan los tatuados que consiguen trabajo en los espectáculos de pacotilla, los criminales reformados, viejas estrellas de cine y atletas jubilados, com Jack Johnson."
En sus posteriores conversaciones, Diane volvía sobre el tema de las distinciones entre monstruos, y puede suponerse que fue Mitchell quien inspiró algunos de los más célebres comentarios de Diane sobre monstruos, como: "La mayoría de la gente vive con el temor de tener una experiencia traumática. Los monstruos nacen con traumas, y pasan la prueba de la vida. Son aristócratas."
Mitchell prosigue: "Insté a Diane a que no romantizara a los monstruos. Le advertí que pueden ser tan aburridos y corrientes como la gente llamada "normal". Le conté que lo que había encontrado interesante en Olga, la mujer barbuda, era que quería ser estenógrafa y que cultivaba geranios en el alféizar de su ventana, y que el luchador de 200 kilos que entrevisté una vez, lloraba a moco tendido porque añoraba su Ucrania natal." 

Diane Arbus, P. Bosworth                                    
(foto de diane arbus)

09 julio 2012

una oportunidad

esta mañana me he topado con una oportunidad. bueno, en realidad se ha topado ella conmigo porque yo iba atareado, pensando en mis cosas y leyendo un whatsapp de un amigo que se acaba de comprar un coche y quería quedar para enseñármelo y ha sido ella quien me ha llamado. “eh, chico”, ha dicho. la primera vez no la he escuchado. como digo, estaba en la parra y no esperaba encontrarme con nadie, pero ha insistido y la segunda vez ha conseguido que me parara y me girara. me ha costado reconocerla. no era una de esas oportunidades que se reconocen a la primera. no. era más bien de esas ambiguas, que no sabes muy bien por dónde te van a salir o qué te van a pedir a cambio. en realidad he estado a punto de seguir mi camino y no complicarme la vida, pero ella parecía decidida a ocuparse de mí y de hecho, se me ha plantado delante, obstaculizando el paso y no he tenido más remedio que pararme y saludar. 
-ah, hola. ¿qué tal? 
-te he llamado dos veces. 
-¿sí? vaya, qué torpe. no te he oído, estaba aquí con un amigo hablando de coches y... en fin. ¿qué tal? 
-¿qué tal? ¿cómo que qué tal? ¿sabes quién soy yo? 
por su tono intuí que era de esas típicas oportunidades que se creen que te van a cambiar la vida, de esas que llevas toda la vida esperando desde que eras un crío, de esas con las que sueñas despierto a todas horas y por las que darías un brazo o una pierna, de esas con las que fantaseas antes de irte a dormir y luego sueñas con ella toda la noche y te despiertas ilusionado por la mañana pensando que es posible. 
-eres una oportunidad, ¿no? 
-exacto, una oportunidad. ¿les hablas así a todas? 
-no, vaya, lo siento mucho. no quería ser grosero. es que no tengo demasiado tiempo. he quedado en media hora y ya voy tarde. 
-espera, espera, espera. creo que no estás comprendiendo la magnitud de los hechos, chaval. 
iba a contestarle algo menos amable, porque si hay algo que no soporto es la mala educación, sea de quien sea, pero ella se ha avanzado antes de que pudiera abrir la boca. 
-deja que te explique algo que quizá no te hayas parado a pensar todavía: de todos los continentes, de toda la cantidad de países, de todas las ciudades, de todos los pueblos recónditos, de todos los humanos que hay en este planeta, he decidido escogerte a ti. a ti. millones pagarían lo que fuera para que ahora mismo me presentara en sus casas, en sus chabolas o en sus palacios y me convirtiera en su oportunidad, en ese giro inesperado de los acontecimientos, en ese cambio de fortuna, en ese día que marcará un antes y un después, y tú, sin embargo, pegado a tu móvil, hablando de coches, te haces el sordo y me dices que tienes prisa. perdona, pero creo que me he perdido algo. 
su tono de voz había ido en aumento y algunas personas que pasaban cerca nos miraban con curiosidad. le he pedido que bajara un poco la voz, pero ella se ha enfadado todavía más. 
-¿qué baje la voz? está claro que eres imbécil – ha sentenciado. 
me he cabreado. había sido educado. me había parado a pesar de tener el tiempo justo y estaba escuchando su exposición pacientemente, pero ese insulto me ha parecido del todo innecesario, y más teniendo en cuenta que no he sido yo quien la ha llamado. - no hace falta que me hables así, sabes. entiendo tu punto de vista, comprendo incluso tu importancia para muchos seres humanos, pero no hace falta que vayas por ahí tratando así a los demás. no es necesario. -es verdad, perdona. me he puesto nerviosa, pero es que debes entenderme… cuando me aparezco a las personas no suelo obtener esta reacción. es más bien todo lo contrario: la gente llora, se emociona, balbucea cosas inteligibles, me abraza, grita, abre botellas de champán. no esperaba esta apatía tuya, la verdad. 
-bueno, y tú debes comprender que no todos queremos oportunidades tocándonos las narices. a algunos ya nos van bien las cosas sin oportunidades. nos hemos acostumbrado a vivir sin cambios, ni sobresaltos y estamos felices así. además… 
-¿además? 
-bueno… 
-sí, sí. continúa. no me dejes así ahora. 
-bueno, no quiero ofenderte, pero… estamos hablando de una oportunidad. -¿qué quieres decir? 
-pues que no le veo la gracia. a ver, ¿una oportunidad para qué? 
-bueno, no sé… - ha dicho pensativa – esto me lo tendrías que decir tú. se supone que eres tú quien tiene un sueño sin cumplir. todos lo tienen. 
-pues ahí está la cosa: ahora mismo no se me ocurre nada. ¿podrías conseguirme un coche nuevo? ¿que me toque la lotería? ¿diez años menos? ¿resucitar a mi abuelo? 
-no soy un puto genio de la lámpara. 
-a eso exactamente me refería. -esto es increíble, de verdad. a ver… déjame que piense yo. ¿no te gustaría ser futbolista? porque sí podría hacer que mañana conocieras a un famoso entrenador de un famoso club que… 
-tengo treinta y ocho años. -ah, no… en ese caso… ¿escritor? ¿qué tal convertirte en escritor? hay un agente literario que vive por aquí cerca… 
-¿noches en vela delante de una pantalla esperando la inspiración? ¿tardes encerrado en el corte inglés firmando libros? ¿lidiar con otros escritores que se creen dios? ni de coña. 
-¿encontrar a tu media naranja? 
-me separé hace dos años y me va mejor así. 
-ya… ¿descubrir que eres padre? 
-¿qué?! 
-¿sentir la imperiosa necesidad de dejarlo todo y marcharte a la india a encontrar tu verdadero yo? 
-esto tiene que ser una broma. 
parecía que se le habían agotado todos los recursos. 
-creo que es mejor que lo dejemos. – dictaminé. 
estaba realmente frustrada y ya no se atrevía ni a mirarme a la cara. 
-vaya… esto es realmente embarazoso. lo siento. por primera vez en la vida debo admitir que hay alguien que no me necesitas para nada. 
-bueno no te lo tomes de esta forma. míralo por el lado positivo: casi mejor así, sin mucho que esperar de nada ni nadie. sin sueños. se vive más tranquilo, más relajado, más feliz, de verdad. 
la he visto marcharse alicaída y mascullando algo contra los humanos y sus falsos sueños de mierda. los que se cruzaban con ella la miraban de reojo, con cierto recelo, y discretamente se apartaban, dejándole la vía libre. por suerte yo sólo he llegado cinco minutos tarde a mi cita. 

01 julio 2012

¿sabes cuándo me acuerdo de ti? nunca. 

al levantarme por la mañana no uso la taza que dejaste olvidada en un rincón del armario de la cocina, ni camino con cuidado para no despertarte, ni cierro la puerta de casa sabiendo que al llegar por la noche habrá una nota diciendo que llegas tarde, o que te has despertado pensando en mí, o que deseas que haya pasado un buen día. 

no abro el correo por si has cambiado de idea, ni marco tu número y no guardo fotos nuestras en la cartera. no escojo los platos que tú elegirías, ni bebo el vino que te gustaba, ni me pongo el vestido verde, ni deambulo por las mismas calles, ni me asomo al balcón cuando escucho una voz grave, ni hablo de ti. ni tan siquiera te menciono. y todavía me resulta paradójico que algunos desconozcan que durante un tiempo fuiste y exististe. 

jamás pienso qué estarás haciendo, con quién pasarás los fines de semana y si todavía te acuerdas un poco de mí. no releo los libros que me recomendaste, ni se me ocurre poner esa canción con la que me despertaste el día de mi cumpleaños, justo antes de que planeáramos nuestras primeras vacaciones juntos. 

no te pienso ni los lunes, ni los jueves, ni los viernes, ni cuando sigo despierta a las tres de la mañana y doy vueltas en la cama y me levanto para beber agua y me siento en el mismo suelo que tú solías pisar descalzo. y cuando por fin me duermo, agotada y ojerosa, no te sueño, ni te huelo, ni te respiro, ni te culpo, ni te veo en otros que no son tú.

tampoco recuerdo las decepciones ni la rabia e ignoro el motivo de esa cicatriz alargada en la rodilla derecha de cuando me caí una noche, borracha y desorientada, mientras tú, muy alejado, en otro capítulo, con otras tramas y con otros personajes, conseguías nadar hacia la orilla de un lago calmado y plácido.

ni tampoco me acuerdo de ti ahora. por eso mi mano nerviosa no sujeta este lápiz afilado, ni estas letras invisibles dibujan formas desconocidas en un folio vacío, ni tiene especial significado que me detenga en cada palabra para ahogar el llanto. de ningún modo escribiría sobre ti, ni mucho menos perdería el tiempo esperando algo que no deseo. no. ahora ya camino sola, a mi ritmo, anestesiada, sanada, entre las siniestras sombras, las flores mustias, los consumidos cirios. entre los que se creen vivos y sin embargo nos sabemos muertos.