Esta noche ha habido baile. El comedor estaba decorado con banderolas de colores vivos. Una gran mesa adornada con flores reunía a los enfermos agrupados lo mejor posible en parejas, según las afinidades exteriores. Hemos bailado hasta las tantas de la noche. Me he divertido. He tenido la sensación de que recordaba una pizca de mi locura, mi fantasía, de otro tiempo. Me he contemplado actuar; preveía las consecuencias posibles de esa vida normal... pero jugaba. !Quién sabe! !Tal vez hubiera una tregua con la enfermedad! De vez en cuando debe de descansar, seguro, tener domingos y días de fiesta... Esos días, ha de ser posible vivir como en otro tiempo. Mañana reanudaremos la vida severa del enfermo: habrá que luchar. Pero esta noche está bien reír con ganas, mientras se esfuma con asombro el miedo a sentir estallar el pulmón; está bien beber un champán que inflama las mejillas; hay un poco de congestión, pero no pensemos en ello: esta noche no puede haber hemoptisis. !Y qué bien sienta bailar! Podemos permanecer de pie, levantarnos, sentarnos con vivacidad. El cuerpo recupera, con un gozo casi religioso, la curvatura ágil para apoyarse en su pareja, el abandono inteligente que abraza los movimientos del otro cuerpo y los sigue, fiel como una sombra y tan ligero como ella. Cuando el cuerpo se mueve con un ritmo, otra vida se eleva; el mundo se transforma para tomar como centro ese punto preciso, en el medio del pecho, en el que parecen converger los ritmos sonoros de los instrumentos y las oscilaciones ágiles de los tobillos.
Bailar es el ritmo de la vida más afortunado; bailar, cuando creíamos no poder hacerlo más, una victoria lograda.
Ligeramente embriagada por ese ritmo, junto a mi pareja de una noche, que mañana habrá olvidado esta velada, he subido despacio hasta mi puerta y nos hemos separado con un beso y sin decirnos nada.
Déjame, M. Sauvageot
13 junio 2012
09 junio 2012
si kerouac levantara la cabeza
al señor villasuso le gusta conducir. siente una tranquilidad difícil de describir cuando se pone al volante y deja la mente en blanco, sólo atento a la carretera. le gustan especialmente los viajes largos en los que
-¿es que no vas a frenar? ¿quieres que nos matemos?
reconoce que tal vez ahora, a sus sesenta y tres años, se cansa más rápido y que a veces se despista en trayectos que ha hecho miles de veces, pero aún así esa sensación de libertad y
-por el amor de dios, ¡en qué estás pensando! ¿es que no ves que hay un stop?
el señor villasuso se asusta, pisa el freno de golpe y al comprobar que no hay peligro inminente, se tranquiliza y continua a menos velocidad.
-¿y ahora qué te pasa? a ese ritmo no llegamos ni mañana.
acelera de nuevo y respira hondo. su mujer, al lado, atenta y en tensión, pone los ojos en blanco y suspira. en realidad no tienen ninguna prisa. nadie les espera en su segunda residencia, un pequeño apartamento en la costa que compraron a muy buen precio hace ya años y que les sirve para desconectar los fines de semana. quizá el sábado por la noche salgan al cine. hay una película que estrenaron la semana pasada, con ese actor tan famoso, cómo se llama, intenta recordar él, aunque también podrían invitar a los vecinos del sexto que hace tiempo que no ven y
-¿esa curva la vas a hacer en cuarta? el señor villasuso disminuye a tercera. pone el aire acondicionado. empieza a hacer calor y el hombre del tiempo ha pronosticado un fin de semana soleado y temperaturas casi de verano. estaría bien, piensa, tomar el primer baño de la temporada, ahora que todavía no hay mucha gente en la playa y el agua está limpia. aunque por otro lado,
-¿ahora tienes calor? no ves que pillarás un resfriado.
el señor y la señora villasuso se casaron hace casi cuarenta años. se conocieron en la panadería donde él trabajaba y donde ella iba a comprar el desayuno de sus hermanos los domingos por la mañana. comenzaron a salir a los pocos días de conocerse y celebraron su boda un año más tarde. tuvieron dos hijos que nunca dieron muchos problemas y que ya les han hecho abuelos y, a su particular manera, todavía se quieren. hoy sin embargo parece que
-¿ahora no me hablas? ¿se puede saber qué te pasa? ¿por qué no me cuentas nada? ¿te encuentras bien? ahí hay un ceda al paso.
el señor villasuso conduce unos metros más, callado, poniendo mucha atención a la vía. al ver una zona para estacionar, al lado de la carretera, aminora la marcha y detiene el coche.
-¿qué haces ahora? ¿por qué has parado? ¿qué sucede?
el señor villasuso abre su puerta, baja del coche y a paso lento se dirige hacia la puerta de su mujer. la abre y amablemente informa:
-cariño, prefiero que conduzcas tú.
-¿yo? ¡qué mosca te ha picado ahora!
-es mejor que conduzcas tú. – repite con la misma amabilidad.
-es por lo que te he dicho, ¿verdad? no se te puede decir nada, cada día estás más raro.
sin embargo al ver que él se mantiene en sus trece, la señora villasuso se traslada al asiento del conductor y cierra la puerta con una intensidad proporcional a su enfado. farfulla algo en voz baja y espera a que el señor villasuso entre en el coche para continuar el viaje.
arranca deprisa y se incorpora a la carretera sin apenas mirar. conduce rápido, pero el señor villasuso se cuida mucho de hacer cualquier observación. de sobra sabe que no es el momento y que, así, en silencio, se está mucho mejor. algunas veces también olvida señalizar con el intermitente y al acercarse a la rotonda, el señor villasuso espera que su mujer se haya dado cuenta del coche que, un poco despistado, está dando la vuelta por segunda vez. ella, pero, no se da cuenta. de hecho la señora villasuso confiaba con que el coche de delante seguiría la marcha, pero contra todo pronóstico, se ha parado de repente y, sin tiempo de frenar ni escuchar la voz de su marido pronunciando su nombre en alto, le golpean por detrás. aunque ha sido un choque de poca importancia, la señora villasuso empalidece y mira a su marido en busca de ayuda. él se cerciona de que ninguno de los dos se ha hecho daño y a continuación sale del coche. examina la parte delantera y pasa la mano por encima de la carrocería abultada. después examina la del otro vehículo, un modelo viejo, destartalado y abollado en otras zonas, del que también sale el conductor.
-lo siento mucho. ha sido culpa nuestra, ¿se encuentra usted bien? – pregunta el señor villasuso.
el otro conductor, un chico joven, despeinado, con la camisa sudada y con cara de estar agotado, le asegura que todos están bien. el señor villasuso mira dentro del coche accidentado y ve a una chica todavía más joven y a dos pequeños lloriqueando en el asiento de detrás. el chico parece nervioso, con prisas para marcharse y no deja de mirar a su alrededor.
-¿está seguro? – insiste él.
-sí, sí. no estaba atento. - balbucea el chico.
quisiera preguntar si tiene los papeles para hacer el parte, pero de repente teme que la inquietud del hombre se deba precisamente a que dichos papeles no existen. espera unos segundos, deseando que sea el otro quien pregunte, pero el otro permanece en silencio, mirando intermitentemente al suelo y a su coche y al suelo otra vez.
-bueno… yo sólo tengo un rasguño de nada – afirma finalmente, esperando que sepa aprovechar la vía de escape que le ofrece.
al regresar a su coche el señor villasuso ve que su esposa ha vuelto al asiento del copiloto. en silencio se ajusta el cinturón de seguridad, gira la llave, revisa por el retrovisor y arranca.
el sol está poniéndose y el cielo ofrece un bonito espectáculo de tonalidades amarillentas, violáceas, rojizas y anaranjadas.
a señora villasuso observa por el rabillo del ojo a su marido y después de dudar unos instantes, con voz suave, pregunta si se nota mucho el golpe en el coche. él responde que no y avanzan unos metros más. falta poco para llegar a casa.
el señor villasuso intenta recordar. diría que la semana pasada dejó un par de cervezas en la nevera. espera que así sea porque le apetece tomarse una en cuanto llegue, tranquilo, en su terraza, regando las plantas y
-no irás a adelantar a ese camión, ¿no? – inquiere ella en su tono de voz habitual.
reconoce que tal vez ahora, a sus sesenta y tres años, se cansa más rápido y que a veces se despista en trayectos que ha hecho miles de veces, pero aún así esa sensación de libertad y
-por el amor de dios, ¡en qué estás pensando! ¿es que no ves que hay un stop?
el señor villasuso se asusta, pisa el freno de golpe y al comprobar que no hay peligro inminente, se tranquiliza y continua a menos velocidad.
-¿y ahora qué te pasa? a ese ritmo no llegamos ni mañana.
acelera de nuevo y respira hondo. su mujer, al lado, atenta y en tensión, pone los ojos en blanco y suspira. en realidad no tienen ninguna prisa. nadie les espera en su segunda residencia, un pequeño apartamento en la costa que compraron a muy buen precio hace ya años y que les sirve para desconectar los fines de semana. quizá el sábado por la noche salgan al cine. hay una película que estrenaron la semana pasada, con ese actor tan famoso, cómo se llama, intenta recordar él, aunque también podrían invitar a los vecinos del sexto que hace tiempo que no ven y
-¿esa curva la vas a hacer en cuarta? el señor villasuso disminuye a tercera. pone el aire acondicionado. empieza a hacer calor y el hombre del tiempo ha pronosticado un fin de semana soleado y temperaturas casi de verano. estaría bien, piensa, tomar el primer baño de la temporada, ahora que todavía no hay mucha gente en la playa y el agua está limpia. aunque por otro lado,
-¿ahora tienes calor? no ves que pillarás un resfriado.
el señor y la señora villasuso se casaron hace casi cuarenta años. se conocieron en la panadería donde él trabajaba y donde ella iba a comprar el desayuno de sus hermanos los domingos por la mañana. comenzaron a salir a los pocos días de conocerse y celebraron su boda un año más tarde. tuvieron dos hijos que nunca dieron muchos problemas y que ya les han hecho abuelos y, a su particular manera, todavía se quieren. hoy sin embargo parece que
-¿ahora no me hablas? ¿se puede saber qué te pasa? ¿por qué no me cuentas nada? ¿te encuentras bien? ahí hay un ceda al paso.
el señor villasuso conduce unos metros más, callado, poniendo mucha atención a la vía. al ver una zona para estacionar, al lado de la carretera, aminora la marcha y detiene el coche.
-¿qué haces ahora? ¿por qué has parado? ¿qué sucede?
el señor villasuso abre su puerta, baja del coche y a paso lento se dirige hacia la puerta de su mujer. la abre y amablemente informa:
-cariño, prefiero que conduzcas tú.
-¿yo? ¡qué mosca te ha picado ahora!
-es mejor que conduzcas tú. – repite con la misma amabilidad.
-es por lo que te he dicho, ¿verdad? no se te puede decir nada, cada día estás más raro.
sin embargo al ver que él se mantiene en sus trece, la señora villasuso se traslada al asiento del conductor y cierra la puerta con una intensidad proporcional a su enfado. farfulla algo en voz baja y espera a que el señor villasuso entre en el coche para continuar el viaje.
arranca deprisa y se incorpora a la carretera sin apenas mirar. conduce rápido, pero el señor villasuso se cuida mucho de hacer cualquier observación. de sobra sabe que no es el momento y que, así, en silencio, se está mucho mejor. algunas veces también olvida señalizar con el intermitente y al acercarse a la rotonda, el señor villasuso espera que su mujer se haya dado cuenta del coche que, un poco despistado, está dando la vuelta por segunda vez. ella, pero, no se da cuenta. de hecho la señora villasuso confiaba con que el coche de delante seguiría la marcha, pero contra todo pronóstico, se ha parado de repente y, sin tiempo de frenar ni escuchar la voz de su marido pronunciando su nombre en alto, le golpean por detrás. aunque ha sido un choque de poca importancia, la señora villasuso empalidece y mira a su marido en busca de ayuda. él se cerciona de que ninguno de los dos se ha hecho daño y a continuación sale del coche. examina la parte delantera y pasa la mano por encima de la carrocería abultada. después examina la del otro vehículo, un modelo viejo, destartalado y abollado en otras zonas, del que también sale el conductor.
-lo siento mucho. ha sido culpa nuestra, ¿se encuentra usted bien? – pregunta el señor villasuso.
el otro conductor, un chico joven, despeinado, con la camisa sudada y con cara de estar agotado, le asegura que todos están bien. el señor villasuso mira dentro del coche accidentado y ve a una chica todavía más joven y a dos pequeños lloriqueando en el asiento de detrás. el chico parece nervioso, con prisas para marcharse y no deja de mirar a su alrededor.
-¿está seguro? – insiste él.
-sí, sí. no estaba atento. - balbucea el chico.
quisiera preguntar si tiene los papeles para hacer el parte, pero de repente teme que la inquietud del hombre se deba precisamente a que dichos papeles no existen. espera unos segundos, deseando que sea el otro quien pregunte, pero el otro permanece en silencio, mirando intermitentemente al suelo y a su coche y al suelo otra vez.
-bueno… yo sólo tengo un rasguño de nada – afirma finalmente, esperando que sepa aprovechar la vía de escape que le ofrece.
al regresar a su coche el señor villasuso ve que su esposa ha vuelto al asiento del copiloto. en silencio se ajusta el cinturón de seguridad, gira la llave, revisa por el retrovisor y arranca.
el sol está poniéndose y el cielo ofrece un bonito espectáculo de tonalidades amarillentas, violáceas, rojizas y anaranjadas.
a señora villasuso observa por el rabillo del ojo a su marido y después de dudar unos instantes, con voz suave, pregunta si se nota mucho el golpe en el coche. él responde que no y avanzan unos metros más. falta poco para llegar a casa.
el señor villasuso intenta recordar. diría que la semana pasada dejó un par de cervezas en la nevera. espera que así sea porque le apetece tomarse una en cuanto llegue, tranquilo, en su terraza, regando las plantas y
-no irás a adelantar a ese camión, ¿no? – inquiere ella en su tono de voz habitual.
03 junio 2012
de: para:
de: t.koshagov@jptinternational.com
para: n.thorne@jptinternational.com
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coo:
asunto: ei
asunto: ei
¿has llegado tarde hoy? no te he visto en la entrada.
de: n.thorne@jptinternational.com
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asunto: re:ei
sí, he llegado media hora tarde. había un tráfico terrible. un camión ha volcado y hemos estado más de veinte minutos parados, pero bueno, ya estoy aquí, por fin. ¿no funciona el aire acondicionado hoy? !hace un calor aquí arriba que es imposible trabajar!
y tú, qué ¿cómo estás? ¿mucho trabajo?
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se ha estropeado. me lo ha dicho la recepcionista nada más entrar, pero creo que ya han llamado para que vengan a arreglarlo.
mucho trabajo pero creo que podré escaparme un rato. tengo ganas de verte y repetir lo de ayer. ¿qué me dices?
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jajaja, tom, cómo eres. ¿así que te gustó?
mi jefe está hoy de viaje y estoy esperando que me envíe unos presupuestos que liquidó ayer. tocapelotas como él solo. es que no puede dejarme tranquila ni un solo día. en cuanto termine, bajo.
mi jefe está hoy de viaje y estoy esperando que me envíe unos presupuestos que liquidó ayer. tocapelotas como él solo. es que no puede dejarme tranquila ni un solo día. en cuanto termine, bajo.
de: t.koshagov@jptinternational.com
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claro que me gustó. ¿a ti no? todavía tengo tus bragas en el cajón.
aquí arriba el mío ha venido ya cruzado. no habrá follado hoy. avísame cuando estés libre, ¿ok?
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ok, te aviso.
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buenos días nena, adivina qué.
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¿tom te ha llamado?
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mejor aún. quiere quedar. ¡otra vez! le gustó lo de ayer. ja.
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asunto: re: adivinanza
¡oh! ¿cuándo?
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asunto: re: adivinanza
dentro de un rato. estoy esperando que mi jefe me envíe un par de cosas y luego ya soy libre durante el resto del día.
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asunto: re: adivinanza
qué suerte tienes. pues parece que se está colgando, ¿no?
sabes el traje que me compré para la boda de mi hermana, ayer me lo probé y resulta que ahora me va pequeño. hoy empiezo régimen.
de: n.thorne@jptinternational.com
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asunto: re: adivinanza
¿tú crees? bueno, ya son cuatro días seguidos, sin contar los millones de emails de estos últimos meses. algo le gustaré, ¿no?
qué faena con lo del traje, cariño. ¿cuándo se casa? si quieres te paso una dieta que hice el verano pasado. no pasé nada de hambre y perdí casi seis kilos, pero luego con el estrés del trabajo los gané. debería empezar de nuevo.
de: s.sholckom@jptinternational.com
para: n.thorne@jptinternational.com
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asunto: re: adivinanza
!pero si tú estás estupenda! pásamela, a ver si me funciona a mí.
y sí, no lo dudes, le gustas. ¿te has fijado en cómo ha venido hoy?
y sí, no lo dudes, le gustas. ¿te has fijado en cómo ha venido hoy?
de: m.barrimore@jptinternational.com
para: n.thorne@jptinternational.com
cc:
coo:
asunto: cotizaciones y presupuestos – reunión rgocomany.ltd
naomi,
adjunto documentos con los presupuestos de la reunión de ayer con los de rgo company. haga un resumen y páselos a vicepresidencia esta mañana sin falta. llegaré a la oficina a las cuatro. coordine una reunión con ventas a las cuatro y media. dígale a rose o’brian de comunicación que también venga.
necesito un regalo de cumpleaños para mi hijo, el pequeño, y reserve mesa en el mexicano para esta noche, para cuatro.
necesito un regalo de cumpleaños para mi hijo, el pequeño, y reserve mesa en el mexicano para esta noche, para cuatro.
avíseme cuando esté todo ok.
de: n.thorne@jptinternational.com
para: m.barrimore@jptinternational.com
cc:
coo:
asunto: re: cotizaciones y presupuestos – reunión rgocomany.ltd
señor barrimore,
acabo de llamar a rose y me dicen que está de baja. en su lugar vendrá pat reyes, aunque llegará un poco más tarde porque está de visita con unos clientes.
para su hijo he pensado unas entradas para ver a los knicks, quedan unas pocas disponibles todavía.
que tenga un buen vuelo.
de: m.barrimore@jptinternational.com
para: n.thorne@jptinternational.com
cc:
coo:
asunto: re: cotizaciones y presupuestos – reunión rgocomany.ltd
naomi,
¿pat reyes? ¿quién es pat reyes? ¿tampoco está josh?
ok a las entradas de los knicks. asegúrese de que los asientos están cerca de la pista y compre cuatro.
de: n.thorne@jptinternational.com
para: m.barrimore@jptinternational.com
cc:
coo:
asunto: re: cotizaciones y presupuestos – reunión rgocomany.ltd
señor barrimore,
pat reyes es la ayudante de rose, hace dos años que trabaja en la compañía. josh confirma que vendrá él mismo.
de: t.koshagov@jptinternational.com
para: n.thorne@jptinternational.com
cc:
coo:
asunto: re: ei
oye, ¿cómo lo tienes para bajar ahora? entro en una reunión en veinte minutos y no sé a qué hora nos dejarán ir.
de: n.thorpe@jptinternational.com
para: t.koshagov@jptinternational.com
cc:
coo:
asunto: re: ei
se me está complicando la mañana. ¿ahora? pero rápido, ¿de acuerdo? ¿en los baños de la menos uno?
de: t.koshagov@jptinternational.com
para: n.thorne@jptinternational.com
cc:
coo:
asunto: re: ei
en cinco minutos estoy allí.
de: n.thorne@jptinternational.com
para: s.sholckom@jptinternational.com
cc:
coo:
asunto: re: adivinanza
nena, voy a bajar ahora. luego te cuento y te paso lo de la dieta.
de: s.sholckom@jptinternational.com
para: n.thorne@jptinternational.com
cc:
coo:
asunto: re: adivinanza
pásalo bien y tened cuidado. ¡y quiero detalles!
de: m.barrimore@jptinternational.com
para: n.thorne@jptinternational.com
cc:
coo:
asunto: re: cotizaciones y presupuestos – reunión rgocomany.ltd
naomi,
acaban de retrasar mi vuelo. cancele la reunión y pospóngala para mañana a las nueve de la mañana. cancele también el restaurante mexicano y avíse a mi mujer del retraso. llego a las diez, que no pase a recogerme. envíe al chófer de la empresa. confirme entradas compradas.
he hablado con vicepresidencia. no han recibido los presupuestos todavía. envíelos ya. es urgente.
de: s.sholckom@jptinternational.com
para: n.thorne@jptinternational.com
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coo:
asunto: re: adivinanza
¿dónde estás? menuda sesión, ¿no?
de: s.sholckom@jptinternational.com
para: n.thorne@jptinternational.com
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coo:
asunto: re: adivinanza
¿hola? tu jefe ha estado llamando…
de: m.barrimore@jptinternational.com
para: n.thorne@jptinternational.com
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coo:
asunto: re: cotizaciones y presupuestos – reunión rgocomany.ltd
naomi,
llevo quince minutos llamándola. llámeme, es urgente.
de: t.koshagov@jptinternational.com
para: n.thorne@jptinternational.com
cc:
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asunto: ei
asunto: ei
he llegado a la mesa todo sudado, ha sido fantástico. ¿te ha gustado a ti?
de: n.thorne@jptinternational.com
para: m.barrimore@jptinternational.com
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coo:
asunto: re: cotizaciones y presupuestos – reunión rgocomany.ltd
¿ha llamado barrimore? pero qué pesado es ese tío, que se espabile un rato, por favor, !que ya no puede una ni levantar el culo de la silla ni un solo momento!
sabes qué me ha dicho tom… que le gustaría probar en el sofá de barrimore. jaja. mañana nos quedamos hasta tarde y lo estrenamos. que se joda. y bueno, si te cuento lo que me ha hecho en los baños, te mueres. ¡ese hombre es increíble!
de: n.thorne@jptinternational.com
para: s.sholckom@jptinternational.com
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asunto: adivinanza
¿qué si me ha gustado? ¿a ti qué te parece? creo que nos han escuchado hasta los de la quinta planta.
hoy necesito que me devuelvas las bragas.
-hola naomi, soy jane, la recepcionista.
-hola jane, dime.
-tengo al señor barrimore al teléfono. pregunta por ti.
-oh, pásalo, claro.
-¿naomi?
-señor barrimore, disculpe, hemos tenido un fallo en la red y…
-hola naomi, soy jane, la recepcionista.
-hola jane, dime.
-tengo al señor barrimore al teléfono. pregunta por ti.
-oh, pásalo, claro.
-¿naomi?
-señor barrimore, disculpe, hemos tenido un fallo en la red y…
-ya, sí… verá, acabo de recibir un email suyo un tanto extraño que necesito que me explique, si puede ser.
de: s.sholckom@jptinternational.com
para: n.thorne@jptinternational.com
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tranquila, que no os hemos oído. ¿vas sin bragas? oh, vaya. creo que se te están cruzando los emails, cielo…
¿has hablado ya con tu jefe? nena, estaba nervioso.
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