helena estaba embarazada de seis meses y dos días. su gestación estaba siendo complicada, primero con las náuseas matutinas y los mareos, luego la hinchazón de las manos y los tobillos y en el último mes, al ver que no remitían las molestias, su médico le recomendó descanso y le dio la baja laboral.
andaba por casa desanimada y aburrida de no hacer nada y de pensar en el bebé las veinticuatro horas del día, así que julián pensó que sería una buena idea adelantar un mes sus vacaciones y marcharse al pueblo ahora que ella todavía podía viajar. a helena le encantó la idea y aunque no pudo colaborar demasiado con los preparativos de las maletas, su humor cambió radicalmente y dejó de sentirse tan fatigada.
el pueblo era pequeño y todavía no había demasiados veraneantes en esa época, lo cual era una ventaja para la pareja que quería aprovechar el mes que tenía por delante para dormir y descansar antes del nacimiento de su hijo. llegaron a última hora de la tarde, después de un viaje largo en el que ella tuvo que ir al baño seis veces y en el que él no protestó en ningún momento. sabía que helena no solía quejarse por gusto y que lo estaba pasando mal.
se hospedaron en un apartamento que ella había encontrado por internet. era pequeño pero acogedor y bien amueblado, con una habitación de matrimonio en la que apenas cabía la cama doble, un baño todavía más minúsculo, un salón luminoso y un balcón que daba a una placeta poco concurrida.
nada más llegar helena dijo que necesitaba una ducha y echarse un rato antes de cenar. julián aprovechó para abrir las ventanas, airear el piso, salir al balcón y sentarse en una de las sillas de plástico para contemplar las vistas del pueblo y de un trozo de playa, que estirando un poco el cuello, podía divisar. enseguida se fijó en ella. era difícil no fijarse. sería de la misma edad que su mujer, tal vez un poco más joven y sin duda alguna estaba en el tramo final. sentada en uno de los bancos de la plaza, con las piernas un poco separadas y un abanico en su mano, la mujer parecía estar esperando a alguien ya que de vez en cuando levantaba la cabeza y miraba a su alrededor. pero este alguien no aparecía y pasados unos minutos julián concluyó que sólo estaba tomando el fresco. helena le asustó cuando por sorpresa y calladamente puso su mano fría en su hombro.
-¿estás mejor? – preguntó él acariciando su mano.
-sí, mucho mejor. pensaba que no llegaríamos nunca. - dijo a modo de disculpa
-vaya, parece que no soy la única, ¿eh? – también ella se había dado cuenta de la prominente tripa de la mujer.
-no, aunque a ella le falta menos que a nosotros.
-todo llegará. no te impacientes. voy a echarme un rato.
-de acuerdo. ¿qué te apetece cenar?
al final decidió no despertarla. acurrucada en un rincón de la cama y oyéndola respirar pausadamente, decidió cerrar la puerta del dormitorio con cuidado y dejarla dormir. se preparó un bocadillo y lo comió en el balcón, observando el trajín de los vecinos y de los primeros turistas que, quemados por el sol y oliendo a crema solar, arrastraban las toallas y las palas hacia sus casas.
pasaron una semana tranquilos. se levantaban tarde, desayunaban a la una, paseaban por la playa, comían en cualquier restaurante que sirviera un menú decente, dormían la siesta y por la tarde leían en el balcón hasta que alguno de los dos sugería un helado o un paseo. también se acostumbraron a la compañía lejana de la otra mujer, que cada tarde se sentaba en el mismo banco de la placeta y permanecía allí con la única compañía de su abanico.
-¿por qué vendrá siempre sola? – preguntó helena al sexto día.
-su marido estará trabajando.
-¿y no tendrá amigas o una madre? ¿no se aburre?
-tal vez le apetezca estar sola. tal vez este par de horas sea el único momento que tenga para escapar de ellas.
-mmm… sí, quizá, pero es extraño.
-¿qué tiene de extraño?
-bueno, no sé… uno puede tener ganas de estar solo un rato, ¿pero cada día? ¿todas las tardes? ¿con este calor que empieza a ser insoportable? además, ¡va a parir de un momento a otro!
-¿y qué? ¿por ese motivo debe quedarse en casa, al lado del coche con las llaves puestas y el canastillo en la mano?
-déjalo, no me entiendes.
-no, no te entiendo, helena.
dejaron de hablar de ella hasta que, al día siguiente, la volvieron a ver.
-ahí está de nuevo. hoy no tiene buena cara. habrá pasado mala noche.
julián levantó la cabeza de su libro y observó a la mujer durante un rato. le pareció que tenía el mismo aspecto que el día anterior: cansado, serio, triste pero esta vez no quiso contradecir a su mujer. no quería otra discusión estúpida por un tema que le era completamente indiferente.
-así voy a estar yo dentro de poco: gorda y agotada. y a punto de tener nuestro primer hijo.
notó el temor de helena en sus palabras.
-todo va a ir bien, ya lo verás.
-¿cómo lo sabes? también puede no ir bien, que el niño esté enfermo o que sea una mala madre o que no sepa hacer nada o yo qué sé, cualquier cosa.
cada vez eran más frecuentes los comentarios de helena que denotaban ese nerviosismo típico de las madres primerizas. julián intentaba calmarla, aunque algunas veces sólo conseguía acentuar más sus dudas y su inquietud. en esos casos la abrazaba y dejaba que su esposa se tranquilizara entre sus brazos, en silencio.
-creo que voy a echarme un rato.
helena besó a su marido y él acarició su cintura ancha.
en realidad helena tenía razón. las cosas podían torcerse en cualquier momento, pero prefería mantener una actitud optimista. faltaban sólo tres meses, en la última ecografía todo estaba correcto y julián no era de los que disfrutaba barajando fatalidades. aunque por algún motivo, mirando a la mujer de la placeta, allí sentada con su enorme tripa, mirando al suelo, sí percibió que había algo de fatídico en ella. algo que no sabría explicar y que sin embargo notaba cada vez que aparecía y pesadamente se sentaba en el banco y extendía su abanico.
dejó pasar diez minutos. el tiempo necesario para que helena se durmiera. después se levantó, cogió las llaves y el libro y bajó los escalones de dos en dos.
de cerca parecía más joven. tenía los ojos claros y la cara delgada y pecosa. se sentó a pocos metros, pero ella siguió mirando al suelo y no se inmutó a pesar de ser los dos únicos que estaban en la plaza a esas horas. julián hubiera querido hablar con ella. preguntarle de cuánto estaba, cómo se encontraba, si tenía los mismos temores que su mujer o si ya había pasado por todo esto anteriormente, pero prefirió no asustarla con esas preguntas, quizá demasiado indiscretas para una completa desconocida. tal vez, pensó, lo haría al día siguiente, cuando ella se hubiera acostumbrado a ese nuevo acompañante que de vez en cuando la miraba con curiosidad y preocupación. abrió su libro y dejó pasar otra tarde tranquila.
el día siguiente amaneció nublado. helena agradeció la tregua climática y la brisa fresca. al salir a dar su paseo matutino observaron los nubarrones negruzcos y amenazantes en el horizonte y que se acercaban poco a poco. apresuraron el paso de vuelta, aunque al final ese día no llovió. por la tarde no vieron a la mujer de la plaza. ni al siguiente. helena sacó el tema al cuarto día.
-¿crees que habrá tenido ya a su hijo?
-seguramente. le faltaba muy poco…
helena sonrió y apoyada en la barandilla del balcón, masajeó su tripa unos minutos.
empezó a encontrarse mal después de cenar. había notado molestias y por ese motivo apenas había comido por la noche, aunque a julián sólo le comentó que no tenía mucha hambre. tampoco quiso molestarlo cuando dos horas después seguía dando vueltas en la cama, pero con las primeras contracciones se asustó. sudaba de frío y de calor y notaba que las piernas adormecidas, como si la sangre no corriera por ellas. le despertó cuando no pudo reprimir un grito de dolor durante una de las contracciones. julián se vistió deprisa, ayudó a su mujer a bajar las escaleras y llegaron al hospital después de un viaje que a los dos les pareció interminable y angustioso. las palabras de julián para atenuar la congoja de ella no ayudaron en absoluto y helena lloraba y tiritaba sin entender qué estaba sucediendo.
las enfermeras se la llevaron en volandas cuando las puertas correderas se abrieron y vieron su palidez y su panza. no pudo despedirse de ella, ni asegurarle que las cosas saldrían bien. ahora también él empezaba a dudarlo. esperó minutos que le parecieron horas y horas que parecieron años. paseó por los pasillos vacíos y fríos de ese hospital desconocido, con médicos que no estaban al tanto del historial de helena, se sentó en las sillas de plástico incómodas y quemadas con marcas de cigarrillos y preguntó a cada una de las personas que vestían con el uniforme del hospital, fueran o no médicos. al final recurrió a hacer promesas a un dios con el que nunca había tenido mucho trato, suplicándole que se quedara todo en un simple susto y sólo cuando, cinco horas después, le comunicaron que su esposa y el niño estaban bien, rompió a llorar como un niño pequeño.
los médicos le informaron que estaba durmiendo y que en un par de horas podría entrar a verla. decidió tomarse un café en el bar del hospital. sólo cuando se sentó en una de las mesas, notó el cansancio y el sueño de la noche anterior, aunque se sentía afortunado y en deuda con el mundo.
-¿ha sido niño o niña? – preguntó la camarera que le traía el desayuno.
él sonrió.
-todavía no lo sabemos.
-ah, discúlpame. a estas horas sólo vienen los que acaban de ser padres.
-a nosotros nos faltan todavía tres meses.
-tres meses no son nada, aprovéchate que después se acabó lo bueno, nada de cenas románticas, ni vacaciones, ni coche nuevo. te lo digo yo que llevo tres, como tres soles, eso sí. el mayor ya va por los veinte y parece que fue ayer.
julián miró a la mujer, ya mayor, con el delantal manchado y el rostro soñoliento, pero alegre. al salir dejó un par de monedas de propina y compró flores para helena.
la reconoció enseguida. recordaba bien su cara, sus ojos claros y sus pecas, aunque su mirada triste y vacía era todavía más exagerada que cuando la había observado desde el balcón del apartamento. no le estremeció su tripa poco abultada, ni sus pasos desorientados, ni su cara demacrada, ni su canastillo intacto que sostenía sin apenas fuerza. no fue nada de eso. fue esa turbadora soledad a la que creía se había acostumbrado y que sin embargo, en ese pasillo de hospital, una resplandeciente mañana de principios de verano, no supo justificar de ninguna forma. a paso lento y vacilante, como si se resistiera a salir del edificio, como si allí dentro hubiese algo la atara más que ahí fuera, se dirigía hacia la salida y por un momento quiso acompañarla en el último tramo, sujetarle la puerta y asegurarle que todo iba a salir bien, que tendría otras oportunidades. pero tampoco esta vez se atrevió y acabó perdiéndola de vista cuando las puertas se cerraron detrás de ella.
tres meses después nació la primera hija de julián y helena. pesó dos kilos y ochocientos gramos.
17 mayo 2012
08 mayo 2012
porno, así, en general
llevo unos cuantos días, sin apenas interrupciones, viendo porno. ale, dicho queda. háganse una idea precisa de lo que soy, ay. a modo de justificación diré que solamente ha sido para escribir esta entrada, queriéndome saber informada de primera mano, aunque qué coño, sí, también lo miraba antes, sin texto en el blog de por medio.
no trataré aquí los efectos terapéuticos del porno, porque admitámoslo, haberlos haylos y ya nos gustaría que otras terapias de desahogo lúdico-ocioso funcionaran igual (o la mitad) de bien. de lo que yo quisiera hablar es de esos pequeños detalles que por mucho que me empeñe no comprendo y sin embargo parecen repetirse una y otra vez en todos los vídeos que he revisado, bajado, guardado y clasificado por categoría en la carpeta de "gatitos y nubes y cupcakes". mañana la borro, lo prometo. y empiezo el régimen. y aprendo inglés.
no trataré aquí los efectos terapéuticos del porno, porque admitámoslo, haberlos haylos y ya nos gustaría que otras terapias de desahogo lúdico-ocioso funcionaran igual (o la mitad) de bien. de lo que yo quisiera hablar es de esos pequeños detalles que por mucho que me empeñe no comprendo y sin embargo parecen repetirse una y otra vez en todos los vídeos que he revisado, bajado, guardado y clasificado por categoría en la carpeta de "gatitos y nubes y cupcakes". mañana la borro, lo prometo. y empiezo el régimen. y aprendo inglés.
- uñas - ¿por qué todas las actrices porno llevan uñas de diez centímetros? entiendo y acepto fetichismo-clichés tales como tacones, vestiditos de enfermera, látigos, pechos descomunales, bla bla bla, pero ¿uñas largas? ¿de verdad? ¿sí? ¿pone? es que no sólo me parecen un elemento poco atractivo, sino que incluso las podría englobar dentro del saco de arma blanca y cada vez que veo a una muchacha hacerle un trabajillo a un muchacho con semejante uñas no puedo evitar sufrir. sufrir por él y su preciado miembro que le da de comer en el caso que a ella, en un momento de pasión, se le escape la mano, con sus cinco uñas de diez centímetros, y acabe desgarrando algo que no estaba en el guión. afortunadamente, son gente profesional y a ellas nunca se les escapa nada de las manos. aunque esto no quita para que yo piense que trabajarían mejor y más cómodas, con menos longitud. que ya bastante tienen con los modelitos, los tacones, el maquillaje (siempre perfecto, incluso cuando terminan), la interpretación, el equipo de detrás (de un poco más atrás, quiero decir) y al muchacho que deben mantener erguido como para preocuparse, además, de sus zarpas.
- viva japón – yo adoro a los japoneses. es un pais que siempre me ha fascinado, por su sentido del orden, de la responsabilidad, de las tradiciones, sus baños automatizados, las melenas lacias y brillantes, su tren bala, su piel perfecta, los estilismos extra-ultra-hiper modernos. pero con el porno, lo siento chicos, no. esas caras angelicales, aniñadas, lampiñas e inocentes. esos cuerpecillos frágiles, pueriles, andróginos. ay, no, no, no. yo veo a un japonés rodeado de japonesitas en una cama redonda y con un espejo en el techo y cinco vibradores y un caniche y tres esposas y dos máscaras y cinco cuerdas y sólo quiero abrazarlos a todos, ponerles el pijama y prepararles un chocolate caliente y hablar de gatitos y nubes y cupcakes. es que lo siento así y no puedo evitar pensar de otra forma. y luego, para añadir más guasa al asunto, está lo de los píxeles, censurando lo único que podría subirle a una la moral y la líbido. y así no hay quien pueda, señores realizadores de porno japonés, ¡hombre ya!. dedíquense a lo suyo (a las muñecas hinchables, a las revistas, a las máquinas expendedoras de braguitas usadas, a cualquier otra ramificación insólita y perversa de connotaciones sexuales que sólo ustedes puedan pensar y fabricar, pero al porno de toda la vida, al clásico y tradicional, no). y puestos a pedir, quiten ya los píxeles, que seguro que peores cosas hemos visto en cualquier playa un domingo por la tarde y aquí seguimos, indemnes.
- como puedes ver un poco más abajo soy actor porno, nena – ¿quién cojones hace los castings para elegir a los artistas porno? ¿qué criterio utilizan aparte de que la tenga grande? ¿utilizan otro más o este es definitivo y suficiente? ¡es que no hay ni uno! y les puedo asegurar que he buscado, pero nada, imposible. conclusión: la belleza está reñida con las proporciones. o se pasan de sesiones en el gimnasio, o se pasan con el bótox, o les sobran kilos, o necesitan unas cuantas sesiones de láser, o deberían haber parado en la decimosexta. ni uno, oigan. y mi duda es, ¿tan difícil es encontrar a alguien que aparte de tener un buen instrumento de trabajo sea bello físicamente? ¿tan precario está el mercado? no sé, pónganme un vincent gallo, un christian göran, un don draper y aunque no lleguen al tamaño estándard, ya me ocuparé yo de agrandársela en mi imaginación y vivir feliz en la ignorancia. además, con la de técnicas, iluminaciones, planos y demás trucos que existen hoy para retocar, remodelar, agrandar y magnificar, no veo por qué no se podría corregir este asunto. que a fin de cuentas, tampoco estamos hablando de que el muchacho, a parte de tenerla dura durante horas, pueda recitar a homero de memoria en el rodaje (y yo tampoco puedo, ni la tengo dura). así que sí, que exijo más adonis, joder, y que si debemos resignarnos a su belleza exterior, al menos que la tenga hermosa y grande. y lo otro, también.
- amateur – el porno amateur es como el lado humano del porno. el porno cercano, el porno amigo. el porno de decir: “ay mira, mi paco y yo lo hacemos igual” y esto está muy bien porque a veces ante tantas rubias tetudas y tantos maromos super dotados y tantas posturas tántricas y tantos gemidos prolongados y tanto multi orgasmos y tanta profesionalidad en general, uno podría sentirse un poco acongojado e inseguro. a mí no me sale, yo no la tengo así, yo no sé, yo no sirvo para esto, mi mari no me hace estas cosas. nada de eso, fuera traumas y manías. el porno amateur es la prueba definitiva de que cualquiera puede ser una porno-star casera, un mito doméstico, una leyenda entre su comunidad de vecinos. llegar a la cima nunca había sido tan fácil como ahora. cuelgue su propio video, con los detalles más íntimos de su alcoba, como ese edredón comprado en el carrefour hace quince años o la enternecedora foto de su hija vestida de comunión en la mesita de noche, y haga feliz a cualquier otra pareja, que, más retraída y apocada, admira e imita sus trucos y su buen savoir-faire. pero por el amor de nuestro señor, quítese los calcetines antes de darle on a la cámara. ya sé que es un detalle sin importancia y que cuando uno está en medio de la faena estas minucias son una gilipollez, pero desde fuera, como mera espectadora, le restan puntos a la grabación. como cuando ella se queda mirando a cámara entre vuelta y vuelta y se ruboriza al recordar que su gesta será retransmitida a lo largo y ancho del mundo entero. ¿no me digan que no es maravilloso el alcance de la red?
podría seguir; está el tema de la menospreciada escenografía (vale, vale, ya sé que uno no ve porno con la intención de recopilar ideas para redecorar su comedor), los preliminares (¿preliminares? ¿dónde? ¿para qué? ¿quién los necesita? !aquí se viene con los preliminares ya puestos!), la banda sonora (siempre desacompasada con la acción y eclipsando los gemidos), la falta de trama narrativa, los primeros planos interminables (sólo equiparables a las películas asiáticas de una vaca cruzando la estepa mongola durante horas), los finales (ay, los finales, yo siempre esperando que él le declare amor eterno, se arrodille (no, no, !para eso no!) y saque el anillo (anillo, dije anillo), pero nada: eyaculación y cada uno a su casa sin ni tan siquiera intercambiarse los números de teléfono). pero no quisiera yo estigmatizarles con mis dramas acerca del porno. el mundo ya es suficientemente triste como para añadir más dolor y sufrimiento. dejemos que este campo artístico continúe proporcionándonos momentos únicos de placer, fantasía y alivios y christian göran, si estás leyendo esto, llámame que seguro que nos llevamos bien.
02 mayo 2012
enfermedades letales: la menstruación
quién soy yo, eh caballeros, para instruirles en cómo comportarse ante una fémina que se encuentra bajo la influencia del periodo. tengo por seguro que ya habrán soportado una o varias experiencias de este tipo y si están leyendo esto es que no sólo la soportaron, sino que además sobrevivieron a ella. mis más sinceras felicitaciones. para los que se estrenan en estos temas o quieran aprender algo más sobre este fascinante capítulo o las que hayan sufrido alguno o todos los traumas descritos a continuación, quedan invitados a seguir leyendo y ante todo, guardar la calma. todo parece complicado al principio, como cuando montaron en bici por primera vez o tuvieron que freír un huevo, pero verán como en realidad es fácil y tiene su lógica. lógica de mujer, claro:
vamos a empezar con algo básico: la mujer es un ser complicado ya de por sí, por naturaleza, está en los genes y no hay excepción. desconfíen de las que digan que no, de las que prodigan que no se complican la vida y que lo blanco, blanco y lo negro, negro. error. falso. engaño. se la están colando. lo son igualmente, pero todavía no han asimilado su propia complejidad. si a esa maravillosa criatura de la naturaleza que enamora y desquicia a partes iguales, le sumamos los efectos mensuales de la regla, tenemos como resultado a un ser con todavía más poderes para enloquecer al más cuerdo, al más racional, al más sosegado.
obviando las causas fisiológicas que son terriblemente tediosas y pueden encontrarse fácilmente en la wikipedia, la mujer tiene, a grandes rasgos, dos o tres reacciones frecuentes en esos días, lo cual facilita mucho las cosas a la hora de manejar las circunstancias y sortear riesgos innecesarios. tenemos, por ejemplo, al divertidísimo: yo-sólo-quiero-cortar-cabezas.
los episodios de mala hostia temporal son algo común de lo que no deben preocuparse en absoluto. ni cuando ella le está echando la bronca más descomunal que hayan tenido nunca por haber dejado el vaso en el sitio equivocado, o porque se ha sentado usted muy cerca de ella, o muy lejos, o muy encorvado, o en su silla, o en otra, o porque simple y llanamente su respiración le produce unas irrefrenables ganas de matar. no se lo tome como algo personal. no es usted, de verdad. son las hormonas revoloteando y ese intenso dolor en el bajo vientre que es como un ensayo de parto natural, pero sin el retoño al final, ni los abrazos, ni las flores, ni los bombones. ni los pañales sucios, ni los mocos, ni la matrícula de la universidad, ni la paga mensual para la cocaína. lo mejor en estos casos, como ya habrán adivinado, es mantenerse alejado, pero no mucho porque si no será usted tildado de insensible. aunque si está muy cerca será un pesado controlador. esa medida justa, joder. esa misma que cualquier mujer sería capaz de precisar en cuando usted, hombre amable, la traspase. tener a mano la medicación, puede ayudar un poco. anímenla, con sutileza y buenas palabras, a que se la tome lo antes posible, un par de semanas antes, si es necesario, para evitar que su propia cabeza salga rodando escalera abajo debido a un hachazo limpio y veloz.
obviando las causas fisiológicas que son terriblemente tediosas y pueden encontrarse fácilmente en la wikipedia, la mujer tiene, a grandes rasgos, dos o tres reacciones frecuentes en esos días, lo cual facilita mucho las cosas a la hora de manejar las circunstancias y sortear riesgos innecesarios. tenemos, por ejemplo, al divertidísimo: yo-sólo-quiero-cortar-cabezas.
los episodios de mala hostia temporal son algo común de lo que no deben preocuparse en absoluto. ni cuando ella le está echando la bronca más descomunal que hayan tenido nunca por haber dejado el vaso en el sitio equivocado, o porque se ha sentado usted muy cerca de ella, o muy lejos, o muy encorvado, o en su silla, o en otra, o porque simple y llanamente su respiración le produce unas irrefrenables ganas de matar. no se lo tome como algo personal. no es usted, de verdad. son las hormonas revoloteando y ese intenso dolor en el bajo vientre que es como un ensayo de parto natural, pero sin el retoño al final, ni los abrazos, ni las flores, ni los bombones. ni los pañales sucios, ni los mocos, ni la matrícula de la universidad, ni la paga mensual para la cocaína. lo mejor en estos casos, como ya habrán adivinado, es mantenerse alejado, pero no mucho porque si no será usted tildado de insensible. aunque si está muy cerca será un pesado controlador. esa medida justa, joder. esa misma que cualquier mujer sería capaz de precisar en cuando usted, hombre amable, la traspase. tener a mano la medicación, puede ayudar un poco. anímenla, con sutileza y buenas palabras, a que se la tome lo antes posible, un par de semanas antes, si es necesario, para evitar que su propia cabeza salga rodando escalera abajo debido a un hachazo limpio y veloz.
también tenemos el interesante: yo-sólo-quiero-llorar-por-los-rincones.
es otra característica común que puede aparecer en cualquier momento y sin aviso previo: un anuncio en televisión con cachorritos, unos vaqueros que no entran, un comentario tipo “he quedado con mis amigos para ver el futbol”, un grano, las puntas secas, quedarse sin chocolate, una fecha olvidada, un día de lluvia, un día de sol, un día de viento, un día a secas. en fin, que los motivos, en realidad son lo de menos. la mujer tiene ganas de llorar y punto y de nuevo no es usted la causa, aunque también podría ser que sí. eso dependerá del criterio de ella en ese momento. y aquí me temo que no hay pauta que valga porque para esto es criterio femenino y lo digo yo y no se hable más. sin embargo en este caso tal vez sea más probable resolver el problema de modo coherente. quiero decir, ante amenaza de perder la cabeza o lloro desconsolado, mejor lloro, ¿no?. que la mujer llora por un cachorrito, pues se le compra uno hasta que se canse de él y deba ser usted quien lo acabe paseando todas las noches. que llora porque es usted un egoísta que quiere salir con sus amigos, pues se queda en casa amargado y listo. que no tiene chocolate, le compra un palé. que llueve, tres semanas de vacaciones en la ribera maya. y así hasta que consiga cubrir sus necesidades básicas.
es otra característica común que puede aparecer en cualquier momento y sin aviso previo: un anuncio en televisión con cachorritos, unos vaqueros que no entran, un comentario tipo “he quedado con mis amigos para ver el futbol”, un grano, las puntas secas, quedarse sin chocolate, una fecha olvidada, un día de lluvia, un día de sol, un día de viento, un día a secas. en fin, que los motivos, en realidad son lo de menos. la mujer tiene ganas de llorar y punto y de nuevo no es usted la causa, aunque también podría ser que sí. eso dependerá del criterio de ella en ese momento. y aquí me temo que no hay pauta que valga porque para esto es criterio femenino y lo digo yo y no se hable más. sin embargo en este caso tal vez sea más probable resolver el problema de modo coherente. quiero decir, ante amenaza de perder la cabeza o lloro desconsolado, mejor lloro, ¿no?. que la mujer llora por un cachorrito, pues se le compra uno hasta que se canse de él y deba ser usted quien lo acabe paseando todas las noches. que llora porque es usted un egoísta que quiere salir con sus amigos, pues se queda en casa amargado y listo. que no tiene chocolate, le compra un palé. que llueve, tres semanas de vacaciones en la ribera maya. y así hasta que consiga cubrir sus necesidades básicas.
sigamos.
el yo-sólo-quiero-comerme-el-mundo-y-quien-dice-el-mundo-dice-cualquier-otra-cosa.
la mujer goza en esos días de una energía cósmico-hormonal que podría agotar al más hiperactivo. digamos que sintoniza con todo y con todos, como si se hubiera metido un chute de popper de efectos prolongados. se apunta a un curso de cerámica, de cocina japonesa, a una secta, planifica un trekking al himalaya para las próximas vacaciones, se corta el pelo, se lo tiñe, se arrepiente, empieza a hacer deporte, no sufre de dolores de cabeza sospechosos, le acompaña a ver el futbol con los amigos y termina bailando encima de la barra independientemente del resultado del partido. es casi tan perfecta como el hombre, pero sin el pelo en la espalda, ni esa peculiar manía de rascarse los huevos en público, ni hablar durante horas de temas aburridos, ni alardear de cualquier chorrada ni ay, perdón, que me alejo del tema. aprovéchense de esos días y no me sean delicados con eso de "es que yo no puedo con la sangre...". anímenla a que haga todo lo que desea, apóyenla en sus decisiones por muy descabelladas que parezcan y recuerden que en un plazo de tres o cuatro días ella volverá a la normalidad y a sus jaquecas.
la mujer goza en esos días de una energía cósmico-hormonal que podría agotar al más hiperactivo. digamos que sintoniza con todo y con todos, como si se hubiera metido un chute de popper de efectos prolongados. se apunta a un curso de cerámica, de cocina japonesa, a una secta, planifica un trekking al himalaya para las próximas vacaciones, se corta el pelo, se lo tiñe, se arrepiente, empieza a hacer deporte, no sufre de dolores de cabeza sospechosos, le acompaña a ver el futbol con los amigos y termina bailando encima de la barra independientemente del resultado del partido. es casi tan perfecta como el hombre, pero sin el pelo en la espalda, ni esa peculiar manía de rascarse los huevos en público, ni hablar durante horas de temas aburridos, ni alardear de cualquier chorrada ni ay, perdón, que me alejo del tema. aprovéchense de esos días y no me sean delicados con eso de "es que yo no puedo con la sangre...". anímenla a que haga todo lo que desea, apóyenla en sus decisiones por muy descabelladas que parezcan y recuerden que en un plazo de tres o cuatro días ella volverá a la normalidad y a sus jaquecas.
y hasta aquí, dramas y caballeros, el tema de hoy. a pesar del título, que es unicamente para despistar y captar lectores, recuerden que la menstruación es algo natural, bello y agradable. un regalo. una maravillosa y evidente señal de salud, fortaleza y fertilidad y debe tratarse como tal. no se desanimen, lectores varones, si en esta vida les tocó ser hombre y tener que lidiar con esas cosas típicas de hombres, como um… sí algo habrá, seguro. en la próxima les puede tocar reencarnarse en fémina y comprobar cómo de sabia es la puta madre naturaleza y la puta madre que la parió.
(para ovi y esas conclusiones femeninas a las que llegamos)
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