04 febrero 2012



When I grow up, I want to be a forester
Run through the moss on high heels
That’s what I’ll do, throwing out a boomerang
Waiting for it to come back to me

(dos añitos de blog. mil gracias a todos)

30 enero 2012

caso clínico: los ex

hace unos días me encontré a un ex por la calle. hacía más de tres años que no sabíamos nada el uno del otro. no es que termináramos mal, o sí, no lo sé muy bien, bueno... estas cosas son complicadas… la cuestión es que mi primera reacción al verle, a unos cuantos metros de distancia, fue cruzar la calle y hacerme la sueca, pero oh sorpresa, vi que él había pensado lo mismo y que también estaba cruzando la calle, así que redirigí mis pasos para continuar en la misma acera y oh, él también. en fin, que parecía que ni tres años después conseguíamos ponernos de acuerdo en temas importantes, y al final tuvimos que pararnos (en la misma acera), saludarnos y hacer como que nos importaba saber cómo nos iban las cosas. mentimos estupendamente bien e incluso propusimos de quedar y vernos con más calma algún otro día.
de camino a casa me dio por pensar en los ex, así en general, y a la única conclusión a la que logré llegar es que hay tantos tipos de ex como personas en el mundo. ya sé que no es una deducción demasiado reveladora, pero ei, gracias a mi entretenida experiencia en desventuras sentimentales y medias naranjas que se convierten en limones pochos, conseguí hacer la siguiente clasificación:

-el ex triunfador: habéis sobrevivido a seis años de relación y durante todo este tiempo no has parado de animarle y darle la confianza que necesitaba para que siguiera con su proyecto (la publicación de un libro, correr una marathon, un ascenso, lo que sea). ese mismo proyecto que a él le hacía tanta ilusión y del que tú, algunas veces, dudabas un poco. aun así, nunca se lo dijiste y estabas a las duras y a las maduras. han sido años bonitos, pero también duros y a veces te sentías más madre que pareja y al final, un poco agobiada, aburrida y hasta los cojones, una noche sales, te emborrachas y terminas liándote con uno de sus amigos mientras él seguía trabajando en casa. todo muy accidentalmente, claro está. pero luego sucede de nuevo, con otro amigo o con un desconocido y ya no es tan accidental y te da por pensar que tal vez algo falla y que es el momento de poner punto y final a la relación, pero claro… pobrecillo… si le dejas ahora, se derrumba y además, está en la fase final de su proyecto y no es el momento… y hablas con tus amigas y unas dicen que lo dejes y otras que confieses tus pecados y otras que te cortes un poco las puntas que están secas y abiertas y tú no sabes qué hacer y sigues dudando durante unos meses más. cuando le ves concentrado, trabajando te da penita, pero por la noche, acordándote del desconocido te das penita a ti misma y en un arranque de sinceridad, se lo cuentas todo y él, muy racional, te da veinticuatro horas para que hagas las maletas y te largues de casa. pasa un tiempo prudencial en el que aprovechas para intimar con el amigo o el desconocido, que casualmente, tiene otro proyecto en fase inicial y cuando crees que estás viviendo un maldito déjà-vu, te enteras que el otro, el primero, terminó su proyecto (sin tu apoyo incondicional), se mudó a un luminoso loft en manhattan (que podrías haber decorado si te hubieras portado bien), su trabajo es mundialmente reconocido y se asegura de contárselo a tus amigas cuando las ve para que ellas te informen con todo lujo de detalles y tú te sientas un poco más derrotada. parecerá que es un poco malvado, pero ah, el mundo de los ex es así.

-el ex al que le rompiste el corazón: era una historia que no tenía ni que haber empezado, pero te pilló con la guardia baja y entre una cosa y la otra, terminásteis más o menos juntos. su creciente ilusión era proporcional a tu creciente hartazgo y esta vez sin consultar a las amigas y antes de que empezara el futbol un domingo por la tarde, te excusaste con explicaciones tópicas, que aunque enumeraste con suma delicadeza y buena voluntad, él no se tomó bien. al marcharse rompió un bonito jarrón para dramatizar la escena y además esa noche perdió su equipo, pero tú te sentiste aliviada, feliz y dormiste en el centro de la cama. un par de años después, os encontrasteis en un centro comercial un sábado por la tarde. tú ibas a por vodka porque la noche prometía, y él, con su señora, la parejita y un carrito del carrefour lleno de madalenas pack ahorro. había engordado, se estaba quedando calvo y mientras te presentaba a sus nenes revoltosos y ella te examinaba minuciosamente, él te imploraba con la mirada una cita a escondidas, por los viejos tiempos. dos horas después de haberos despedido tú seguías sin acordarte de cómo se llamaba y él sigue manteniendo la esperanza de que un día le llamarás y podréis ver el futbol juntos.

-el ex que desaparece: independientemente de si acabó bien, mal o regular, ese hombre desapareció de tu vida y nunca más has sabido de él; ni por la calle, ni un email, ni una llamada, ni una postal desde mongolia, ni una suegra metomentodo deseosa de ponerte al día. es el ex que dejó de existir, hasta que un día, en un libro, en un concierto, en un avión, algo hace que lo recuerdes y te preguntes qué habrá sido de él, sonrías rememorando alguna anécdota divertida, e inmediatamente después vuelvas a hacer lo que estabas haciendo, sin respuesta ni necesidad de saber, y le olvides de nuevo hasta dentro de seis o siete meses (años) después. es el ex que está pero que no está. el que, como casi todo en la vida, durante un tiempo pareció definitivo y luego se transformó en pasajero, en humo, en nada. lo mismo que tú para él. y está bien así.

-el ex que no sabe que es ex: quizá es que tú no te explicaste bien; la comunicación a veces es difícil. o quizá es que él no quiere entender; la comprensión a veces es imposible. la cuestión es que aunque los encuentros se han distanciado y tú ya no le llamas, ni haces el menor esfuerzo para saber de él, él sigue comportándose como la pareja oficial y te invita a cenas románticas, al cine, te envía flores cuando es tu cumpleaños y se preocupa por tus amigos y familiares. y a ver, molestar tampoco molesta, y a nadie le amargan unas flores (a no ser que se sea alérgica). el problema es que algunas veces olvida su condición de ex y monta unos pollos tremendos por haber encontrado un condón en la basura. y no es que rebuscara en ella, no, no, no. él ya no hace estas cosas. de la misma forma que tampoco revisa el móvil, ni te llama un sábado a las tres de la madrugada para saber por dónde andas y si quieres ir a su casa.

-el ex que te rompió el corazón: a buenas horas te agregó a su facebook, twitter y demás variantes, el muy hijo de perra, porque no sólo estás pendiente de sus estados, sus fotos y sus comentarios, dos años después de que dijera adiós, sino que además así no hay forma de olvidarle. con la excusa de que quedásteis como amigos y que de vez en cuando da señales de vida, borrarle supondría una derrota que no estás preparada para admitir así que pasas los días comparándote con todas las chicas con las que aparece acompañado en las fotos de sus fiestas y, bajo tu criterio y tu autoestima por los suelos, todas son más guapas, más listas, más interesantes, más jóvenes y más tetudas que tú. no hay nada que hacer: siempre pierdes. tus amigas se deshacen en elogios para animarte un poco y afirman que tu pelo nunca había estado tan brillante y que tienes las puntas super sanas, pero tú sigues pensando que la rubia esa que salía en las últimas fotos que subió hace un par de días, agarrada a su cuello y medio desnuda no tiene pinta de ser su prima de albacete, por mucho que ellas aseguren lo contrario. aun así, como decía mi abuela, una sabia mujer que siempre se mantuvo alejada de los ordenadores, los móviles, los microondas y los herejes que no iban a misa los domingos: poco a poco, hija, que de todo se sale y ahora mismo te preparo unas croquetas caseras que te vas a chupar los dedos.


24 enero 2012

autónomos

primero empezamos con cantidades pequeñas, dos o tres libras, cuatro algún día. si no había mucho trabajo, que era lo habitual de lunes a jueves, nos turnábamos y salíamos a media mañana para comprarnos un café y una chocolatina y volvíamos a la caja a por dos o tres libras más, pensando en la merienda. era muy fácil y sabíamos que las cámaras todavía no estaban conectadas a ninguna red central. un ticket para el visitante, que pagaba encantado para ver cuadros que un niño de dos años hubiera pintado igual de bien, y un par de monedas para nuestros bolsillos, que para eso trabajábamos hasta las diez de la noche y pasábamos horas aislados en la tercera planta. nadie quería ir a la tercera planta. lo mejor era la primera donde al menos podías hablar con la gente y responder amablemente a la pregunta estrella:
-¿dónde están los baños, querida? 
-al fondo a la derecha. 
-¿cómo dices? 
-al fondo a la derecha. 
-¿perdona? tú no eres de aquí, ¿no? 
-no, no soy de aquí. 
-ah, lo he notado por tu acento. ¿de dónde eres, querida? 
y así cada día que abría la boca. 
un día vino kate moss. era tarde ya. estábamos a punto de cerrar y apareció ella, divina, estilosa y fumando. ningún guardia de seguridad la reprendió porque el humo que echaba kate moss no era perjudicial para los óleos de rothko. aunque chris casi se desmaya al verla, a mí no me pareció nada del otro mundo; creo que era esa época en la que había dejado las drogas y se le había puesto culo, pero yo no me atreví a decir nada porque no quería parecer una criticona. por suerte no me preguntó dónde estaban los baños y al final sólo cerramos dos horas más tarde. fue una suerte que prefiriera las vistas del restaurante de la quinta planta y no las obras de la galería porque de ser así hubiéramos terminado bastante más tarde. gracias kate, eres un sol.

la cuestión es que cuando descubrimos que vendiendo tickets en la tercera nos podíamos sacar un sobresueldo, chris y yo no dudamos en ofrecernos como voluntarios para pasar los días allí. vicky, la supervisora, una mujer con bastante mala leche a pesar de su voz dulce y pausada, estaba encantada con nosotros no sólo por nuestra plena disponibilidad, sino porque al final de la jornada, cuando tocaba recoger los nuevos carnets de socios, organizar los días libres, preparar las sillas para las conferencias del día siguiente y mil tareas más, nuestras cajas cuadraban a la perfección. nunca un céntimo de más, ni de menos. era sólo cuestión de tiempo llegar a la conclusión de que tres libras no daban para mucho y comenzamos con los billetes; diez y veinte. una entrada para el cliente, dos billetes para nosotros. cambiamos las chocolatinas del desayuno por menús de mediodía y un par de cervezas en el pub y luego repetíamos la acción de sanear la caja por la tarde, una, dos, doce veces. alguna noche habíamos salido con doscientas libras extras, que comparado con los grandes profesionales del robo no era mucho y eso nos ayudaba a creer que nuestros pequeños hurtos carecían de importancia. al fin y al cabo, la galería contaba con ayudas y donaciones millonarias de acaudalados mecenas, que, de haberlo sabido, se habrían burlado de nuestras rapiñas insignificantes. en esa época chris se apuntó a un curso de interpretación y yo aproveché para comprarme una cámara de fotos que con mi mensualidad y el desorbitado alquiler de la habitación donde vivía, hubiera sido imposible de adquirir. amábamos el arte, los visitantes, la tercera planta y nuestro sobresueldo, pero una noche en la que habíamos cerrado con seiscientas setenta y nueve libras extras, sucedió algo inesperado. 
vicky nos esperaba en su despacho, haciendo tamborilear sus dedos rechonchos y sobre alimentados de fish and chips con vinagre en el apoyabrazos de su silla. saludamos como siempre, volcamos el dinero en la mesa y antes de comenzar a contarlo, nos pidió que nos sentáramos un momento. aunque chris parecía tranquilo, yo me inquieté. notaba el bulto de los billetes en mi bolsillo y cuando intenté aplastarlo con la mano para disimular, vi un trozo de un papel de veinte libras que se asomaba. comencé a sudar. 
-¿cómo os ha ido el día hoy, chicos? – preguntó ella. 
-vicky, yo estoy reventado. – contestó chris, mucho más proclive a despistar al enemigo con quejas, observaciones y comentarios superficiales. – hoy ha venido un grupo de americanos imposibles, uno de ellos me ha dicho de quedar esta noche, imagínate. menudo morro, aunque no estaba nada mal el muchacho. no sé, quizá me lo peinse. también se ha montado una cola impresionante, todos pagando con american express y luego cabreados cuando les decía que sólo aceptábamos visa o mastercard. eso deberíamos arreglarlo con un cartelito, por ejemplo, así me ahorraba todo el rollo de explicarlo una vez y otra y otra. más tarde nos hemos quedado sin cambio tres veces, el de seguridad es un incompetente que se queda dormido en las salas, la calefacción no ha funcionado en todo el día y yo creo que voy a pillar una gripe. ella está bien. 
vicky me miró. 
-¿tú estás bien? 
-sí. – acerté a pronunciar. 
había conseguido dibujar una media sonrisa en su cara y eso me tranquilizó un poco. 
-¿y cuánto os habéis sacado, chicos? 
-umm… - chris cogió la hoja de cuentas que habíamos rellenado unos minutos antes minuciosamente – tres mil noventa y seis libras con cuarenta céntimos.
-no chris, vosotros. ¿cuánto os habéis sacado vosotros? 
-¿a qué te refieres? 
era inútil. ella lo sabía, yo lo sabía y chris lo sabía. dar vueltas mareando la perdiz no tenía demasiado sentido. le dije la cantidad exacta y chris me lanzó una mirada con la que podría haberme matado allí mismo. vicky estuvo pensando unos instantes que se hicieron eternos y luego, sin apartar la vista de los billetes de encima de la mesa, sentenció:
-no está mal, muchachos. esto es lo que vamos a hacer a partir de mañana: la mitad para mí, la otra para vosotros. 
-¿qué? 
-chris, no te hagas el ofendido. ya no corresponde. nos vemos mañana, chicos. 
salimos del despacho derrotados. no sólo nos habían pillado, sino que además ahora debíamos compartir beneficios con una jefa corrupta que a partir del día siguiente tendría todavía más poderes sobre nosotros. nuestro pequeño negocio autónomo se había ido al garete y nos sentíamos desgraciados, prostituidos, desvalijados. 
chris propuso ir al pub y yo, que seguía temblando de frío y de terror, pensé que era la mejor idea que había escuchado en años. 
-no voy a trabajar para esa maldita zorra – resolvió él al tercer whisky – me niego. a la mierda. que se consiga a otro para sus trapicheos, yo paso. 
le sonreí, fascinada. en realidad, al tercer whisky la vida era maravillosa y todavía nos quedaban seiscientas noventa y nueve libras para terminar la noche.
no volvimos al trabajo ni al día siguiente, ni al posterior. vicky nos llamó una veintena de veces, pero después imagino que se cansó porque el teléfono dejó de sonar. una semana después chris encontró trabajo en un mcdonalds de charing cross y yo en un starbucks de marble arch a dos minutos de hyde park. nos pagaban una mierda, no lidiábamos con famosos y mi acento pasaba desapercibido entre los demás hispanos y nigerianos, pero cuando nos veíamos por la noche, malolientes y agotados, chris me obsequiaba con patatas fritas frías y yo con frapuccinos de caramelo que habíamos obtenido sin aprobación ni consentimiento.