Cuando desaparece la sexualidad, lo que aparece es el cuerpo del otro, con su presencia vagamente hostil; los ruidos, los movimientos, los olores; y la presencia misma de ese cuerpo que ya no podemos tocar, ni santificar mediante el contacto, se convierte poco a poco en algo incómodo; desgraciadamente, nada de esto es nuevo. La desaparición de la ternura sigue siempre de cerca a la del erotismo. No hay relación depurada, unión superior de las almas ni nada por el estilo que se le parezca, ni que pueda recordarla de forma alusiva. Cuando el amor físico desaparece, todo desaparece; una irritación taciturna, sin profundidad, viene a llenar la suceción de los días. Y yo me hacía bien pocas ilusiones sobre el amor físico. Juventud, belleza, fuerza; los criterios del amor físico son exactamente los mismos que los del nazismo.
La posibilidad de una isla, M. Houellebecq
16 julio 2011
15 julio 2011
rendida ante la no evidencia del foam
ah, el verano... menos frío, más luz, menos gripes, más sofocones, menos capas de ropa, más evidencia de la carne, y... más desconcertante confusión.
el otro día entro en el despacho de mi colega ester (que en realidad se llama rocío pero la llamaremos ester, sin h) para desahogarme y contarle mis penas laborales, que son muchas y muy gordas, y al verme, entorna los ojos, pone cara de escandalizada y terriblemente molesta, y suelta:
- ala tía, pero !cómo vas así!
sí, llevaba un buen cabreo, cierto, pero no pensé que fuera tan obvio. en realidad, siempre se me ha dado bien disimular y de todas formas, ester es de este tipo de personas a las que puedes ir con las venas abiertas en canal y probablemente no se daría cuenta hasta que un chorretón de sangre manchara su vestido dos tallas menos de mercadillo de extrarradio. y que conste que la aprecio.
así que suelta la frase y me doy cuenta de que en realidad no está mirándome a los ojos, sino a las tetas. joder... nunca hubiera imaginado que estuviera interesada en las féminas. de hecho, ya me cuesta imaginarla follando, así en general, porque ester es de este tipo de especímenes que una no se imagina follando. no sé, es difícil de expresar. vamos, que le pegan las veladas románticas a la luz de la luna, los paseos en carroza, los ositos de peluche, el rosa pálido, sergio dalma, el malibú con piña, pero follar, lo que se dice follar, no.
volviendo al tema, me miro las tetas y no veo nada especialmente diferente: dos, más o menos del mismo tamaño y más o menos en el mismo lugar de siempre.
- ¿así cómo? - pregunto con la intención de clarificar algo.
- tía, !así... !!que se te marcan los pezones!
- !ah! - contesto un poco turbada al tiempo que me cubro mis pecaminosos pezones con las manos y me averguenzo de haber nacido no con uno, sino con dos.
- ¿no llevas sujetador?
su estado de shock va in crescendo y yo empiezo a tener la misma sensación de cuando mi madre me pillaba llegando a casa borracha en la etapa de adolescente pseudo-rebelde y me mandaba a la habitación sin ver los dibujos animados.
- um... sí.
- ¿sí? pues está claro que no llevan foam, tía.
- no, no me gusta. los postizos no me van.
- ya tía, pero es que esto de que se te noten los pezones queda muy mal. de hecho, queda fatal. anda que no estarán contentos los tíos de tu departamento.
¡oh, cabrona! buen golpe bajo, pero totalmente innecesario. preparo las municiones y replico.
-mira ester, a los tíos de mi departamento no les interesan mis pezones porque ya les entretienes tú con tu culazo y esto de ponerse espumilla en las tetas sí que es una cutrada y una total falta de sinceridad hacia el género humano.
- bueno como quieras, tía. yo sólo digo que se te marcan. allá tú y tus intenciones.
las dos nos quedamos calladas y decido que es mejor dejarlo aquí antes de entrar en una espiral de verdades hirientes típica de mujeres enzarzadas en una conversación intelectual de esta índole.
vuelvo a mi mesa sin haberme desahogado, laboralmente hablando, y pensando que mis indecentes pezones seguro que han sido objeto de deseo, cotilleo, críticas y observaciones por parte de toda la empresa y del mundo en general.
durante el resto de día, me paseo por la oficina sujetando una carpeta (a partir de ahora carpeta-cubre-pezones) y no me aparto de ella ni aunque me fuera en ello la vida. si es que soy una susceptible, lo sé. lo peor de todo es que no me quito las palabras de ester de la cabeza y a las seis, cuando termino con el paripé en la oficina, corro a buscar unos sujetadores cubre-pezones. sé que estoy traicionando mi cuerpo y mis creencias, pero sin embargo, busco, rebusco y comparo. la misión podría parecer fácil, pero no lo es en absoluto. hay que nacer muy mujer para saber elegir y acertar. en el mundo del sostén no hay término medio: o foam de 5 cm. de grosor o papelillo de fumar. y así el tema se reduce a dos simples opciones: o me someto a la magnitud del foam, en todos sus sentidos y expansiones, o continuo exhibiendo anatomía gratuitamente.
a la mañana siguiente soy una mezcla de conejita de playboy (salvando las distancias, claro) y caballero medieval con armadura. la etiqueta asegura que es una 85b, pero yo me noto una 120c como mínimo, casi no me veo los pies y… !me pesan una barbaridad!. dudo de si seré capaz de soportar semejante peso todo el día, tal y como hacen el resto de hembras que decidieron no quemar sus sujetadores en los tiempos en los que estaba bien visto practicar tan excelsa acción. en cualquier caso salgo a la calle y con cierta decepción compruebo que nadie me aplaude. tampoco me insultan. tampoco en el trabajo oigo ningún comentario. no en mi cara por lo menos, aunque no es necesario viendo como los adormilados ojillos se desvían con una maravillosa rapidez hacia mis nuevas 120c. cuando más tarde bajo a la segunda planta, compruebo que los ojos de otros departamentos tampoco pueden evitar reajustarse a las nuevas medidas. me siento mal. soy una absoluta estafa y el resto del día recurro a la misma carpeta-cubre-pezones de ayer y me paseo por la oficina afligida, cabizbaja e indecisa. ¿pezones sí o pezones no?
a veces me gustaría que la vida fuera más fácil y que ciertas etiquetas de buen decoro y saber estar vinieran ya programadas en un micro chip que nos introdujeran al nacer. en algunos casos el aprendizaje puede ser tan agotador... supongo que lo importante de todo esto es que al final ester y yo limamos asperezas y volvimos a ser amigas. ella creo que folló un día y también descubrí que era más de bisbal que de sergio dalma.
el otro día entro en el despacho de mi colega ester (que en realidad se llama rocío pero la llamaremos ester, sin h) para desahogarme y contarle mis penas laborales, que son muchas y muy gordas, y al verme, entorna los ojos, pone cara de escandalizada y terriblemente molesta, y suelta:
- ala tía, pero !cómo vas así!
sí, llevaba un buen cabreo, cierto, pero no pensé que fuera tan obvio. en realidad, siempre se me ha dado bien disimular y de todas formas, ester es de este tipo de personas a las que puedes ir con las venas abiertas en canal y probablemente no se daría cuenta hasta que un chorretón de sangre manchara su vestido dos tallas menos de mercadillo de extrarradio. y que conste que la aprecio.
así que suelta la frase y me doy cuenta de que en realidad no está mirándome a los ojos, sino a las tetas. joder... nunca hubiera imaginado que estuviera interesada en las féminas. de hecho, ya me cuesta imaginarla follando, así en general, porque ester es de este tipo de especímenes que una no se imagina follando. no sé, es difícil de expresar. vamos, que le pegan las veladas románticas a la luz de la luna, los paseos en carroza, los ositos de peluche, el rosa pálido, sergio dalma, el malibú con piña, pero follar, lo que se dice follar, no.
volviendo al tema, me miro las tetas y no veo nada especialmente diferente: dos, más o menos del mismo tamaño y más o menos en el mismo lugar de siempre.
- ¿así cómo? - pregunto con la intención de clarificar algo.
- tía, !así... !!que se te marcan los pezones!
- !ah! - contesto un poco turbada al tiempo que me cubro mis pecaminosos pezones con las manos y me averguenzo de haber nacido no con uno, sino con dos.
- ¿no llevas sujetador?
su estado de shock va in crescendo y yo empiezo a tener la misma sensación de cuando mi madre me pillaba llegando a casa borracha en la etapa de adolescente pseudo-rebelde y me mandaba a la habitación sin ver los dibujos animados.
- um... sí.
- ¿sí? pues está claro que no llevan foam, tía.
- no, no me gusta. los postizos no me van.
- ya tía, pero es que esto de que se te noten los pezones queda muy mal. de hecho, queda fatal. anda que no estarán contentos los tíos de tu departamento.
¡oh, cabrona! buen golpe bajo, pero totalmente innecesario. preparo las municiones y replico.
-mira ester, a los tíos de mi departamento no les interesan mis pezones porque ya les entretienes tú con tu culazo y esto de ponerse espumilla en las tetas sí que es una cutrada y una total falta de sinceridad hacia el género humano.
- bueno como quieras, tía. yo sólo digo que se te marcan. allá tú y tus intenciones.
las dos nos quedamos calladas y decido que es mejor dejarlo aquí antes de entrar en una espiral de verdades hirientes típica de mujeres enzarzadas en una conversación intelectual de esta índole.
vuelvo a mi mesa sin haberme desahogado, laboralmente hablando, y pensando que mis indecentes pezones seguro que han sido objeto de deseo, cotilleo, críticas y observaciones por parte de toda la empresa y del mundo en general.
durante el resto de día, me paseo por la oficina sujetando una carpeta (a partir de ahora carpeta-cubre-pezones) y no me aparto de ella ni aunque me fuera en ello la vida. si es que soy una susceptible, lo sé. lo peor de todo es que no me quito las palabras de ester de la cabeza y a las seis, cuando termino con el paripé en la oficina, corro a buscar unos sujetadores cubre-pezones. sé que estoy traicionando mi cuerpo y mis creencias, pero sin embargo, busco, rebusco y comparo. la misión podría parecer fácil, pero no lo es en absoluto. hay que nacer muy mujer para saber elegir y acertar. en el mundo del sostén no hay término medio: o foam de 5 cm. de grosor o papelillo de fumar. y así el tema se reduce a dos simples opciones: o me someto a la magnitud del foam, en todos sus sentidos y expansiones, o continuo exhibiendo anatomía gratuitamente.
a la mañana siguiente soy una mezcla de conejita de playboy (salvando las distancias, claro) y caballero medieval con armadura. la etiqueta asegura que es una 85b, pero yo me noto una 120c como mínimo, casi no me veo los pies y… !me pesan una barbaridad!. dudo de si seré capaz de soportar semejante peso todo el día, tal y como hacen el resto de hembras que decidieron no quemar sus sujetadores en los tiempos en los que estaba bien visto practicar tan excelsa acción. en cualquier caso salgo a la calle y con cierta decepción compruebo que nadie me aplaude. tampoco me insultan. tampoco en el trabajo oigo ningún comentario. no en mi cara por lo menos, aunque no es necesario viendo como los adormilados ojillos se desvían con una maravillosa rapidez hacia mis nuevas 120c. cuando más tarde bajo a la segunda planta, compruebo que los ojos de otros departamentos tampoco pueden evitar reajustarse a las nuevas medidas. me siento mal. soy una absoluta estafa y el resto del día recurro a la misma carpeta-cubre-pezones de ayer y me paseo por la oficina afligida, cabizbaja e indecisa. ¿pezones sí o pezones no?
a veces me gustaría que la vida fuera más fácil y que ciertas etiquetas de buen decoro y saber estar vinieran ya programadas en un micro chip que nos introdujeran al nacer. en algunos casos el aprendizaje puede ser tan agotador... supongo que lo importante de todo esto es que al final ester y yo limamos asperezas y volvimos a ser amigas. ella creo que folló un día y también descubrí que era más de bisbal que de sergio dalma.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
