al final cambié de psicólogo.
al final cambié de psicólogo.
para evitar posibles enamoramientos (véase http://hiliaescribe.blogspot.com/2010/09/mi-psicologo-dice-que.html en caso de duda), esta vez escogí a una mujer: la dra. pascual prieto. desconozco su nombre de pila. le pega patricia, petra o purificación, para no romper con la cacofonía de su nombre. es mona, pero no, no, !no me he enamorado de ella!
tiene que ser realmente buena en su trabajo porque después de la segunda sesión identificó mi problema sin dilación: pienso demasiado, asegura.
uno podría pensar que esto es algo bueno, sin embargo, según ella, no lo es en absoluto. pensar puede llevarte a la desdicha infinita, al psicólogo y a derrochar sesenta euros por sesión. teniendo en cuenta que raramente el problema queda solucionado con una sesión o dos o tres, los números hablan por sí solos. pensar demasiado sale terriblemente caro. pero esto tampoco debo pensarlo.
cuando la dra. pascual prieto me conoció me tranquilizó enseguida y me aseguró que no era la única con semejante problema y que afortunadamente, tenía cura. de hecho, ella dice que todo tiene solución, menos la muerte. es una mujer práctica y lista y luce una bisutería preciosa, así con mucho brillo y mucho oro falso que tintinea cada vez que mueve un músculo de su cuerpo.
para que deje de darle vueltas a la cabeza me pone deberes entre sesión y sesión. en primer lugar me ha prohibido seguir escribiendo. dice que a no ser que escriba tonterías, lo mejor es dedicar este tiempo a mirar la televisión. no vale con cualquier cosa. con el trastorno que padezco, sería capaz de mirar algo que no me conviene, así que me ha facilitado una lista con una serie de programas y cadenas ideales para no pensar. la sigo a rajatabla. a veces noto que incluso mirando ciertos programas empiezo a pensar y me pongo bastante nerviosa. afortunadamente cambio de canal (siempre y cuando esté en la lista, claro) y encuentro alguna cosa que hace que pare de cavilar. es una suerte que no me tenga que preocupar por esto. a veces pienso (aunque no debería) si los señores que hacen televisión, en realidad no hacen televisión sino terapia para los enfermos que tenemos prohibido pensar. si así fuera, !qué gran trabajo realizan también esos profesionales!
a menudo, después de tantas horas viendo la tele, me duele la cabeza. la doctora pascual prieto afirma que esto es buena señal, porque quiere decir que me estoy sanando pero que si el dolor es insoportable, puedo cambiar de actividad y leer, por ejemplo. al igual que en el caso de la tele, la doctora pascual prieto ha detallado lo que puedo y lo que no puedo leer. tengo prohibido entrar en bibliotecas o en librerías, pero en cambio hay muchas revistas de papel brillante y a todo color que sí puedo leer. es curioso que los personajes que salen en los programas que puedo ver, también salgan en las revistas que puedo leer. alguna vez también he soñado con ellos y cuando se lo comenté a la doctora en la última sesión, un poco asustada, aseguró que estaba haciendo grandes avances y que estaba orgullosa de mi progreso.
también puedo leer libros de cocina siempre y cuando las recetas no sean complicadas o bien manuales de instrucción para montar muebles. como siempre he sido una alumna aplicada, me he convertido en una gran cocinera y en una experta montadora de muebles. incluso sé cómo funciona un taladro, cosa que antes ignoraba por completo y además ya me conocen todos los amables dependientes del ikea, que es donde suelo pasar las tardes de sábado. es allí donde compro el material para pasar el resto de semana y evitar los pensamientos.
también puedo tomar drogas y emborracharme. en realidad, según la doctora, este es el estado ideal para no pensar, pero entiende que existen riesgos y efectos colaterales que no son convenientes a largo plazo. dice que si lo hago entre dos y tres veces al mes, estoy en la media y que mi vida no corre ningún peligro. yo, que siempre estuve a favor de una vida sana, de beber dos litros de agua y practicar deporte, ahora me veo trapicheando, yendo de afters y volviendo a casa en un estado deplorable y patético.
la cuestión es que después de un par de meses siguiendo sus instrucciones, hoy he despertado sin ganas de leer, ni mirar la tele, ni montar muebles, ni cocinar, ni fumar heroína. tenía, sin embargo, unas terribles ganas de pensar. de hecho, me apetecía quedarme en la cama y pensar todo el día. sobredosis de pensamientos. supongo que es una adicción como cualquier otra: nunca acabar de morir y tienes que luchar contra ella constantemente.
¿y pensar en qué? preguntaran los que no padecen esta perturbación. tampoco hay tanto para pensar… pues a eso voy. yo solía tener temas para dar y tomar, solía desvariar con cualquier cosa, por nimia que fuera, pero esta mañana no se me ocurría nada con qué empezar. he notado cómo se me aceleraba el pulso y el corazón bombeaba furiosamente. justo como cuando me sube el mdma en medio de la pista de baile, sólo que esta vez no había música de fondo. he empezado a tener temblores y a sudar. !yo era buena en esto! ¡solía salirme sólo, sin pretenderlo!. pero nada, esta vez, no había forma.
me he levantado y sin tan siquiera lavarme la cara, he llamado a la doctora pascual prieto, que muy amablemente ha estado tranquilizándome y aconsejándome qué hacer, hasta que, cuarenta minutos más tarde, he perdido el control y le he chillado:
-!es que así, sin pensar, no soy yo!
ella, sorprendida y muy relajadamente, ha respondido:
-¿y?
he colgado y he pensado. sí. he estado pensado largo y tendido después de colgar el teléfono de malas maneras y sin ni tan siquiera despedirme de ella. después he abierto el libro por la página setenta y siete:
calabacines rellenos con salsa de queso.
modo de preparación: pele los calabacines y póngalos a hervir con un poco de sal.
01 mayo 2011
27 abril 2011
cruces
para mí es evidente que es gay. no es necesario echarle dos vistazos porqué con la mitad del primero es suficiente, pero parece que la señora sentada a mi lado, y enfrente de él, no se ha dado cuenta. y yo sabía que pasaría. ha sido entrar él y desplegar sus plumas ella. plumas, vaya, salió sin querer.
tiene que ser gay porqué pocos hombres se atreven con esa camisa rosa palo y esos zapatos recién estrenados, o milagrosamente bien conservados, de ante color crema. y tiene que ser gay porqué desde que ha llegado, no ha alzado la vista para repasar los escotes de sus transitorias compañeras de viaje; el mío es discreto, tirando a nulo, entiendo que no quiera repasarlo, pero el de la señora de mi lado, es… espectacular. de hecho, incluso a mi me desorienta de esta narración.
así que tenemos a un gay enfrascado en sus tareas, una señora con escote generoso y yo, contemplando la escena y deseando que algo estalle. tres paradas para llegar a mi destino. empezamos.
round 1:
la señora se endereza, estira el cuello y saca pecho. más pecho, quiero decir. tose un poco y se retoca el pelo con disimulo. de reojo se mira en la ventana, diría que se alegra de lo que ve y a continuación dirige una rápida mirada al gay, que mantiene la vista clavada en la pantalla de la blackberry. así pasamos unos aburridos segundos. pensaba que la señora tendría más iniciativa, la verdad, y temo que mi viaje acabe siendo un viaje de lo más predecible. llegamos a la primera parada, se abren las puertas y entra un negro. el gay alza la vista, la señora aprovecha para mirar el paquete del gay y yo aprovecho para mirar, de nuevo, el escote de la señora. ¿he dicho ya que era espectacular? una vez hechas las presentaciones, el negro se sienta al lado del gay, o sea delante de mí, o sea en diagonal a la señora. ¿lo tenemos? ¿sí? sígamos pues.
el negro se queda embobado mirando un punto en el infinito. pienso que no es el momento para estas espiritualidades y que él podría ser lo que necesitábamos para algo de acción. especialmente viendo que el gay, poco a poco, empieza a perder la compostura y su blackberry queda relegada, de repente, a segundo plano. también él levanta la cabeza y mira en la misma dirección que el negro. ante tanto infinito, la señora, mucho más terrenal, alterna el paquete del gay con el paquete del negro, humedece sus labios pintados y no acaba de decidirse. después de pasar un rato en el infinito, el negro descubre que existo y clava su mirada en mi. aquí debo hacer un breve inciso para clarificar que cualquier persona con preferencia sexual a, o b, o z repararía en el negro, así que, que semejante ejemplar se fije en mi, altera mis pulsaciones en cuestión de segundos. sonrío tontamente, bajo la mirada y me rasco la oreja. no necesariamente en este orden. al ver que el negro me mira, despierto la curiosidad del gay que, por primera vez, detiene su mirada en mi, y como no, en tercer lugar y por reacción en cadena, la señora.
se abren las puertas del metro.
round 2:
bajo la atenta mirada de los tres, hago lo que mejor sé hacer: bostezar. acto seguido el gay y la señora desvian sus miradas, no sin antes cruzarlas brevemente, pero el negro la mantiene.
-hay sueño, ¿eh?
si no fuera porque llevo los cascos a todo volumen me hubiera enterado de lo que ha dicho. no sucede cada día que un negro insultantemente atractivo, decida no sólo dirigirme la palabra, sino preguntar sobre mis hábitos narcóticos.
de inmediato, sin tener tiempo para bajar el volumen y pensar una buena respuesta, el gay contesta por mi.
-¿y quien no, a estas horas…?
-sí, madrugar debería estar prohibido.
y la señora, que no está dispuesta a quedarse atrás, añade:
-!y con este calor! – y a continuación, con exasperada y estudiada lentitud, se desprende de un fino jersey dejando todavía más al descubierto, si cabe, esas espléndidas par de razones por las cuales, los cuatro ojos pasan de mi, a ella.
!oh! buen movimiento, sí señora!
de nuevo, se abren las puertas. entra una pareja de modernos y sale una madre con sus dos hijos de caras angelicales y rubios tirabuzones. ninguno de los cinco tiene nada que ver en esta historia, así que los obviamos.
round 3:
aquí se inicia una conversación de lo más interesante: que si mucho calor para esta época del año, que si debería llover un poco, que si el aire acondicionado del metro está demasiado alto y un sinfín de datos que no son dignos de mención. y aunque la primera pregunta iba dirigida a mí, ahora parezco ser invisible. el negro y el gay, que ya no estoy muy segura de que sea gay, estan encantados de haber coincidido con la voluminosa señora que les entretiene y les alegra la vista, el corazón y alguna parte más. subo el volumen y me preparo para salir. justo cuando me levanto, la señora me detiene y me da una tarjeta.
-toma, querida.
si hubiera mirado su cara, habría visto que estaba sonriendo, pero por enésima vez su escote llama más mi atención.
salgo del metro empujada por un grupo de turistas que seguramente no han dormido desde que llegaron a la ciudad hace dos, tres o cien días. luego leo la tarjeta: “dra. lidia bernardino de san josé-mata. cirugía estética.”
la madre que la parió.
tiene que ser gay porqué pocos hombres se atreven con esa camisa rosa palo y esos zapatos recién estrenados, o milagrosamente bien conservados, de ante color crema. y tiene que ser gay porqué desde que ha llegado, no ha alzado la vista para repasar los escotes de sus transitorias compañeras de viaje; el mío es discreto, tirando a nulo, entiendo que no quiera repasarlo, pero el de la señora de mi lado, es… espectacular. de hecho, incluso a mi me desorienta de esta narración.
así que tenemos a un gay enfrascado en sus tareas, una señora con escote generoso y yo, contemplando la escena y deseando que algo estalle. tres paradas para llegar a mi destino. empezamos.
round 1:
la señora se endereza, estira el cuello y saca pecho. más pecho, quiero decir. tose un poco y se retoca el pelo con disimulo. de reojo se mira en la ventana, diría que se alegra de lo que ve y a continuación dirige una rápida mirada al gay, que mantiene la vista clavada en la pantalla de la blackberry. así pasamos unos aburridos segundos. pensaba que la señora tendría más iniciativa, la verdad, y temo que mi viaje acabe siendo un viaje de lo más predecible. llegamos a la primera parada, se abren las puertas y entra un negro. el gay alza la vista, la señora aprovecha para mirar el paquete del gay y yo aprovecho para mirar, de nuevo, el escote de la señora. ¿he dicho ya que era espectacular? una vez hechas las presentaciones, el negro se sienta al lado del gay, o sea delante de mí, o sea en diagonal a la señora. ¿lo tenemos? ¿sí? sígamos pues.
el negro se queda embobado mirando un punto en el infinito. pienso que no es el momento para estas espiritualidades y que él podría ser lo que necesitábamos para algo de acción. especialmente viendo que el gay, poco a poco, empieza a perder la compostura y su blackberry queda relegada, de repente, a segundo plano. también él levanta la cabeza y mira en la misma dirección que el negro. ante tanto infinito, la señora, mucho más terrenal, alterna el paquete del gay con el paquete del negro, humedece sus labios pintados y no acaba de decidirse. después de pasar un rato en el infinito, el negro descubre que existo y clava su mirada en mi. aquí debo hacer un breve inciso para clarificar que cualquier persona con preferencia sexual a, o b, o z repararía en el negro, así que, que semejante ejemplar se fije en mi, altera mis pulsaciones en cuestión de segundos. sonrío tontamente, bajo la mirada y me rasco la oreja. no necesariamente en este orden. al ver que el negro me mira, despierto la curiosidad del gay que, por primera vez, detiene su mirada en mi, y como no, en tercer lugar y por reacción en cadena, la señora.
se abren las puertas del metro.
round 2:
bajo la atenta mirada de los tres, hago lo que mejor sé hacer: bostezar. acto seguido el gay y la señora desvian sus miradas, no sin antes cruzarlas brevemente, pero el negro la mantiene.
-hay sueño, ¿eh?
si no fuera porque llevo los cascos a todo volumen me hubiera enterado de lo que ha dicho. no sucede cada día que un negro insultantemente atractivo, decida no sólo dirigirme la palabra, sino preguntar sobre mis hábitos narcóticos.
de inmediato, sin tener tiempo para bajar el volumen y pensar una buena respuesta, el gay contesta por mi.
-¿y quien no, a estas horas…?
-sí, madrugar debería estar prohibido.
y la señora, que no está dispuesta a quedarse atrás, añade:
-!y con este calor! – y a continuación, con exasperada y estudiada lentitud, se desprende de un fino jersey dejando todavía más al descubierto, si cabe, esas espléndidas par de razones por las cuales, los cuatro ojos pasan de mi, a ella.
!oh! buen movimiento, sí señora!
de nuevo, se abren las puertas. entra una pareja de modernos y sale una madre con sus dos hijos de caras angelicales y rubios tirabuzones. ninguno de los cinco tiene nada que ver en esta historia, así que los obviamos.
round 3:
aquí se inicia una conversación de lo más interesante: que si mucho calor para esta época del año, que si debería llover un poco, que si el aire acondicionado del metro está demasiado alto y un sinfín de datos que no son dignos de mención. y aunque la primera pregunta iba dirigida a mí, ahora parezco ser invisible. el negro y el gay, que ya no estoy muy segura de que sea gay, estan encantados de haber coincidido con la voluminosa señora que les entretiene y les alegra la vista, el corazón y alguna parte más. subo el volumen y me preparo para salir. justo cuando me levanto, la señora me detiene y me da una tarjeta.
-toma, querida.
si hubiera mirado su cara, habría visto que estaba sonriendo, pero por enésima vez su escote llama más mi atención.
salgo del metro empujada por un grupo de turistas que seguramente no han dormido desde que llegaron a la ciudad hace dos, tres o cien días. luego leo la tarjeta: “dra. lidia bernardino de san josé-mata. cirugía estética.”
la madre que la parió.
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