-vamos a jugar.
-oh sí, sí, ¿a qué?
-escucha. las reglas son las siguientes: partimos del mismo punto. éste, por ejemplo, ya nos va bien pero tú tiras para la derecha y yo para la izquierda. o al revés, a mi me da bastante igual. cada uno anda en línea recta, aunque después, cuando lleves unos metros recorridos, puedes variar la ruta y hacer eses, o círculos, o lo que te dé la gana, y si algún día volvemos a coincidir, termina el juego.
-¿y quién gana?
-gana quien primero olvide que estábamos jugando.
18 febrero 2011
17 febrero 2011
hay libros que no deberían leerse en la consulta del dentista, que no deberían leerse para pasar el rato, ni para llevarse de vacaciones en agosto y permitir que se rebocen de arena y crema bronceadora.
hay libros que deberían ser leídos con los ojos bien cerrados, asimilando el significado de todos los verbos, adjetivos, artículos y comas, sin ruido, ni movimiento, ni música de fondo, ni casi respiración.
hay libros y luego está todo lo demás.
Un día, ya entrada en años, en el vestíbulo de un edificio público, un hombre se me acercó. Se dio a conocer y me dijo: "La conozco desde siempre. Todo el mundo dice que de joven era usted hermosa, me he acercado para decirle que en mi opinión la considero más hermosa ahora que en su juventud, su rostro de muchacha me gustaba mucho menos que el de ahora, devastado."
El amante, M. Duras
hay libros que deberían ser leídos con los ojos bien cerrados, asimilando el significado de todos los verbos, adjetivos, artículos y comas, sin ruido, ni movimiento, ni música de fondo, ni casi respiración.
hay libros y luego está todo lo demás.
Un día, ya entrada en años, en el vestíbulo de un edificio público, un hombre se me acercó. Se dio a conocer y me dijo: "La conozco desde siempre. Todo el mundo dice que de joven era usted hermosa, me he acercado para decirle que en mi opinión la considero más hermosa ahora que en su juventud, su rostro de muchacha me gustaba mucho menos que el de ahora, devastado."
El amante, M. Duras
16 febrero 2011
empezó a hacer listas cuando notó que su memoria comenzaba a fallar. no lo acusó a la edad, sino más bien al milllón de temas e ideas que solían bailarle en la mente y tan pronto llegaban como desaparecían. primero empezó con libros que debía leer y músicos a los que debía escuchar. las recomendaciones de sus amigos y los descubrimientos personales se acumulaban en trozos de papeles arrugados y esparcidos por su caótico comedor hasta que compró un pequeño cuadernillo de tapa dura y anotó allí su lista de pendientes. la alargaba a menudo y por falta de tiempo, tachaba a los leídos y escuchados no tan a menudo como hubiera deseado. viendo que el cuadernillo se había convertido en una buena herramienta para su intermitente capacidad para recordar, compró un segundo. “hacer”, escribió en su primera página: leer un poco de filosofía existencialista, visitar más a menudo a su madre, aprender a cocinar, estudiar francés, dejar de fumar, escribir una novela. en esta ocasión ni alargó, ni tachó.
barajó la posibilidad de un tercer cuadernillo. a este lo llamaría “errores” pero por temor y prudencia, decidió que sería suficiente tenerlos sólo en la cabeza y si algún día su memoria abandonaba definitivamente, lo consideraría como una bendición.
barajó la posibilidad de un tercer cuadernillo. a este lo llamaría “errores” pero por temor y prudencia, decidió que sería suficiente tenerlos sólo en la cabeza y si algún día su memoria abandonaba definitivamente, lo consideraría como una bendición.
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