alkas camina un par de pasos por delante de m y de mí. hace un frío de la hostia pero estamos tan nerviosas que apenas lo notamos. en otras circunstancias aprovecharíamos para quejarnos, pero hoy, no. de vez en cuando él se gira para comprobar que le seguimos, aunque con nuestros gritos y risas no sería necesario que lo hiciera. deja que hablemos descontroladamente en español, sin saber si hablamos de él y de cómo le sientan esos pantalones nuevos que estrena hoy. creo que tampoco le importa en absoluto entendernos o no. a él sólo le preocupa llegar pronto y por eso, de vez, en cuando interrumpe nuestro parloteo y vocifera un “hurry up you two. its fucking freezing.” mientras una serpenteante columna de vaho se escapa de su boca. él también está inquieto. yo creo que es por nosotras: no está acostumbrado a lidiar con chicas y menos si no las entiende cuando hablan. aunque imagino que esto no siempre es problema de idioma.
alkas es un tipo extraño. habla poco y cuando lo hace suele ser en monosílabos y onomatopeyas que susurra en voz baja. apenas sonríe, apenas come y sospecho que apenas folla. tampoco pienso que nada de esto le preocupe demasiado. no es un tipo que se preocupe, en general.
nació en delhi pero su familia se mudó a londres cuando él tenía un año, así que tiene de indio lo que yo de griega. se pasa el día callejeando y fumando marihuana mientras sus padres creen que está en la universidad sacándose la carrera de derecho para que cuando ellos sean mayores, él pueda mantenerles. es lo que se estila por sus lejanas y olvidadas tierras, pero alkas ni sabe por dónde cae india, así que sus padres lo tienen jodido y realmente espero que tengan algún otro hijo con el que asegurar su incierto futuro.
los viernes le compra el material a un colega suyo de kilburn apodado “el negro” y se le pierde la pista hasta el lunes o el martes, día en el que vuelve a su casa con los ojos como platos y las neuronas fritas. después duerme hasta el jueves por la noche y el viernes vuelta a empezar. a veces me pregunto cómo puede aguantar su cuerpo enclenque este ritmo de vida, pero a día de hoy, nunca ha enfermado, aparte, claro, de algún resfriado mal curado.
hacemos un trío peculiar: un indio-británico-antisocial-anoréxico con dos-almas-perdidas-sobreexcitadas e irresponsables, deambulando por king's cross a las dos de la mañana, a diez grados bajo cero con un par de latas de cerveza en la mano, farfullando y deseando que no termine la noche. las idas son cojonudas, pero las vueltas, a las siete y media, en manga corta y con los oídos sordos, gloriosas.
la cola, como siempre, es espectacular. cualquier diría que la entrada es gratis o barata: veinte libras y sin consumición, pero nosotros, que ya somos habituales y sabemos cómo acaramelarnos al de seguridad, nos metemos en la corta. delante nuestro, inglesitas al límite de la congelación absoluta, con sus pieles translúcidas, sus vestidos de verano y sus tacones imposibles. nos encantan, sobre todo cuando pierden toda su dignidad y buenas formas, a eso de las tres de la mañana y se arrastran por los pasillos suplicando un poco de agua, o un abrazo, o un taxi hasta su casa.
m es la que suele hablar. a mí no me entienden por mi acento cerrado y a alkas es mejor mantenerlo alejado del público en general.
-hi guys, we're on the list. - dice con su perfecto acento de oxford.
-which list? – contesta el tipo de la puerta, abrigado hasta las orejas y con muy pocas intenciones de sonreír. lógico, no le pagan por esto.
-lisa's list. – dice ella con soltura.
-m plus two?
-that's us.
el tipo tacha nuestros nombres, nos mira y mueve la cabeza en señal de aprobación.
-enjoy the night.
-im sure we will.
pasamos como si fuéramos los tres putos reyes de oriente, pero en la cola de registro no hay vips y nos cachean a gusto, aunque no tanto como para encontrar lo que escondemos en lugares tan obvios como los calcetines y los sujetadores. nos dejan pasar y respiramos tranquilos. nunca nos han pillado, pero siempre tememos que algún día lo hagan y nos jodan los noches de los viernes.
alkas, que sigue por delante, nos espera en la puerta y cuando por fin llegamos nosotras, nos sujeta las puertas del peor antro de king's cross para que pasemos primero.
la música, a más decibelios de los legalmente permitidos, el calor humano y la peste a humo, nos dan la bienvenida y nosotros, que ya conocemos el ritual, nos dirigimos al baño, donde de momento sigue habiendo papel higiénico y esto siempre es un punto a favor, especialmente para m y sus puntuales ganas de cagar, debido a la excitación. alkas nos acompaña hasta dentro, asegurándose de que no le vea ninguno de seguridad, rebusca en su bolsillo y saca una bolsita arrugada y transparente con unas diez o doce pastillas. nos miramos con impaciencia, nos da una a cada una, sonríe y suelta:
-you girls, behave.
y sale del baño disparado antes de que alguna fémina le pegue bronca por entrar en lugar sagrado.
hemos aprendido a tomarlas sin líquido y aunque cueste un poco más de tragar, lo importante es que hagan efecto: rápido y eterno, a poder ser. una pena que los fabricantes no puedan disimular ese desagradable sabor amargo por el de fresa ácida o hierbabuena, como los chicles vamos, pero sin el subidón ni el globazo.
-anda sal, que me estoy cagando. – dice m una vez hemos tomado las píldoras.
-yo no lo entiendo, de verdad. no ha llegado tiempo a llegarte al estómago y ya te cagas.
-joder, no son las pastillas, son los nervios.
-¿nervios? cualquier diría que es tu primera vez.
-cada vez es un como una primera vez. nueva experiencia, nuevo viaje.
-ommmmmm - me cachondeo yo, juntando las manos y cerrando los ojos como si estuviera en una clase de yoga.
-¿quieres salir ya y discutimos este fascinante tema más tarde?
las inglesitas también han llegado al baño. la mayoría se están empolvando la nariz, literalmente. se ríen, gritan, se critican, se morrean, se empujan y se llaman bitch las unas a las otras. son adorables. yo sonrío también, no porque note los efectos sino porque siempre me ha gustado observarlas y ver sus rituales delante del espejo.
-menuda panda de focas, joder - grita m cuando sale del baño.
-algún día, alguna de ellas te va a entender y te partirá la cara.
-you fucking bitch – responde bien alto para que se den todas por aludidas.
salimos bien desahogadas, en casi todos los sentidos. ni rastro de alkas, como de costumbre.
-¿para dónde tiras tú? - le pregunto a m.
-voy a ojear la sala de abajo.
-bien, yo voy a saludar a ariel.
-¿nos vemos a las cinco en la sala de lisa?
-allí estaré. si necesitas algo, ya sabes, me das una perdida y aparezco, como la virgen.
es lo maravilloso de ir con m y alkas: entramos juntos y la mayoría de veces salimos juntos, pero durante las siete horas que permanecemos dentro del antro, cada uno se larga al mundo que le venga en gana y sólo recurrimos a uno u otro cuando nos hemos quedado sin agua o necesitamos tomar otra pastilla.
ariel pincha en la sala grande, que a estas horas ya está completamente descontrolada. no le gusta que suban a la cabina mientras trabaja, pero algunas tenemos bula. dos chicos más parecen tenerla también, lo cual me extraña porqué normalmente los privilegios sólo los otorga al público femenino y si tienen una buena delantera.
-boluda, - saluda, con su acento argentino que no ha perdido a pesar de los años que lleva en londres
-¿nunca descansas?
-ya sabes que si no te veo al menos una vez a la semana, mi vida deja de tener sentido.
-cómo me gustaría creerte.
mira, te presento a un par de amigos de manchester que han venido a verme.
no me entero de los nombres, ni de lo que dicen a continuación porqué entre la música y el griterío es difícil mantener una conversación, pero me quedo con la cara de uno de ellos. bueno, y el cuerpo. lleva una camiseta con el número 78 y cuando le pregunto si tiene algún significado especial, contesta que es el número de veces que piensa comerme la boca esa noche. buena respuesta, oh yes, that's the attitude, baby. nos reímos y me dice si he venido con alguien. imagino que se refiere a alguien de sexo masculino, a una pareja celosa que tal vez se interponga en sus planes. le digo que no, que estoy con unos amigos y contesta que perfecto, que le gusta oir esto. ariel me aparta un momento, besa mi frente, ya sudada aunque todavía no haya pisado la pista y me lleva a un rincón de la mesa donde tiene los platos. a un lado hay un par de rayas cortadas, largas y gruesas, esperándome.
-aliméntate linda, que te estás quedando en los huesos.
me agacho un poco y esnifo primero con un nasal y luego con el otro. noto la picazón en el tabique y en la garganta y después un agradable cosquilleo bajando por el cuello.
-joder, ariel. ¿de dónde has sacado esta mierda?
-yo siempre tengo lo mejor para mis amigos, ya lo sabes.
-te quiero.
-lo sé. vete a divertir. y cuidado con mi amigo.
-no te preocupes, nos portaremos bien.
-preferiría que no.
-entonces, nos portaremos terriblemente mal.
me despido de ariel y mientras bajo las escaleras hasta la pista, empiezo a tener la sensación de que mis pies no tocan el suelo. mi corazón bombea con escandalosa fuerza y tengo la imperiosa necesidad de agitarme y desprender energía, sudor o lo que sea. con algunos empujones de más, cruzo la sala y llego hasta donde está uno de los altavoces que escupe ruido y ritmos repetitivos. un par de inglesitas rubias y culonas se contonean sin ninguna gracia encima de él. es una pena que nadie las enseñe a bailar bien, pienso. subo con un poco de dificultad porque mis brazos se han convertido ya en dos inútiles extremidades, sin capacidad para sostener ningún peso, y me sitúo en medio de las dos. intuyo que no les gusta mi presencia, por sus caras serias y su actitud altiva, pero no me podría importar menos. desde arriba veo manos en alto, mandíbulas desencajadas, auténticos abrazos químicos, al chico de la camiseta del 78 que me mira expectante, a alkas entrando en trance y a m que se aproxima, levitando casi, con una sonrisa extensa, franca y radiante.
no podría tener mejor panorámica.
21 diciembre 2010
16 diciembre 2010
déjà vu
no sé muy bien cómo se nos ocurrió la idea. bueno, en realidad fue idea mía y josé me acompañó porqué se lo pedí. el pobre es tan bueno, que nunca dice que no.
la encontré vía internet y me gustó su foto y su anuncio. aseguraba discreción, seriedad y unas tarifas que me podía permitir. llamé al número y contestó una voz femenina, suave y tranquila.
- gabinete de la señorita nun, ¿dígame?
- hola. quisiera pedir una cita.
- de acuerdo. mañana o tarde?
- tarde mejor.
- veamos… ¿viernes a las siete?
- perfecto.
- ¿y qué quiere consultar exactamente?
me quedé en blanco. no esperaba resumir todas mis dudas y frustraciones en diez segundos, por teléfono y a una total desconocida.
- umm… pues bueno, supongo que cómo me irá en el futuro.
- ¿a un año vista, va bien?
- sí, esto estaría muy bien.
- pues viernes a las siete. la sesión es de cuarenta minutos y son ochenta euros.
pensé que tenía que ser buena porqué era lo siguiente que quería preguntarle.
esperé justo a la noche anterior a la visita para contárselo a josé. se puso hecho una furia: que si esto era una pérdida de tiempo y de dinero, que no debería creer en estas cosas, que se aprovecharían de mí y de mi buena voluntad. después le di un masaje en los pies y se calmó.
llegamos a la consulta diez mintuos antes. la señorita nun, que en realidad era una abreviación de anunciación y tenía más de señora que de señorita, nos recibió sonriente. era una mujer pequeña y delgada, de pelo negro, liso y exageradamente largo que vestía de púrpura de la cabeza a los pies. el piso olía a incienso y estaba iluminado con velas. mientras josé se quedaba en la salita de espera, nosotras entramos a su consulta. previsiblemente a lo que mi imaginación había pronosticado, había más velas, más incienso, cartas del tarot y libros de astrología. faltaba la bola de cristal que no vi por ningún lado.
nos sentamos alrededor de una pequeña mesa redonda y sin ni tan siquiera avisar, puso su mano en mi frente. así permanecimos unos segundos: ella con los ojos cerrados y yo nerviosa, sintiendo el sudor frío de su palma.
- lo primero que debes saber – susurró – es que estás en cinta.
después de cuarenta minutos exactos salí de la habitación. josé seguía donde le había dejado, jugueteando con su llavero de madera.
- tienes mala cara. ¿qué ha pasado? – preguntó.
- me ha dicho que estoy preñada.
- ¿qué? ¿embarazada?
- eso ha dicho.
- pero esto es imposible, ¿no? porqué tú y yo nunca hemos... a no ser que tú hayas...
- ¿dudas de mí?
- ¡no! !claro que no dudo de ti, mi amor! pero a ver cómo explicas esto…
- podría haberse equivocado.
- ¡ay jesús! la que vas a liar, maría.
la encontré vía internet y me gustó su foto y su anuncio. aseguraba discreción, seriedad y unas tarifas que me podía permitir. llamé al número y contestó una voz femenina, suave y tranquila.
- gabinete de la señorita nun, ¿dígame?
- hola. quisiera pedir una cita.
- de acuerdo. mañana o tarde?
- tarde mejor.
- veamos… ¿viernes a las siete?
- perfecto.
- ¿y qué quiere consultar exactamente?
me quedé en blanco. no esperaba resumir todas mis dudas y frustraciones en diez segundos, por teléfono y a una total desconocida.
- umm… pues bueno, supongo que cómo me irá en el futuro.
- ¿a un año vista, va bien?
- sí, esto estaría muy bien.
- pues viernes a las siete. la sesión es de cuarenta minutos y son ochenta euros.
pensé que tenía que ser buena porqué era lo siguiente que quería preguntarle.
esperé justo a la noche anterior a la visita para contárselo a josé. se puso hecho una furia: que si esto era una pérdida de tiempo y de dinero, que no debería creer en estas cosas, que se aprovecharían de mí y de mi buena voluntad. después le di un masaje en los pies y se calmó.
llegamos a la consulta diez mintuos antes. la señorita nun, que en realidad era una abreviación de anunciación y tenía más de señora que de señorita, nos recibió sonriente. era una mujer pequeña y delgada, de pelo negro, liso y exageradamente largo que vestía de púrpura de la cabeza a los pies. el piso olía a incienso y estaba iluminado con velas. mientras josé se quedaba en la salita de espera, nosotras entramos a su consulta. previsiblemente a lo que mi imaginación había pronosticado, había más velas, más incienso, cartas del tarot y libros de astrología. faltaba la bola de cristal que no vi por ningún lado.
nos sentamos alrededor de una pequeña mesa redonda y sin ni tan siquiera avisar, puso su mano en mi frente. así permanecimos unos segundos: ella con los ojos cerrados y yo nerviosa, sintiendo el sudor frío de su palma.
- lo primero que debes saber – susurró – es que estás en cinta.
después de cuarenta minutos exactos salí de la habitación. josé seguía donde le había dejado, jugueteando con su llavero de madera.
- tienes mala cara. ¿qué ha pasado? – preguntó.
- me ha dicho que estoy preñada.
- ¿qué? ¿embarazada?
- eso ha dicho.
- pero esto es imposible, ¿no? porqué tú y yo nunca hemos... a no ser que tú hayas...
- ¿dudas de mí?
- ¡no! !claro que no dudo de ti, mi amor! pero a ver cómo explicas esto…
- podría haberse equivocado.
- ¡ay jesús! la que vas a liar, maría.
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