le despiertan a las ocho de la mañana, pero la mayoría de días hace ya horas que está despierto. se queda quieto en la cama, esperando que alguien vaya a buscarle. algunas veces tardan un poco más y en esos casos, no puede aguantar y se mea encima.
la habitación es pequeña y sencilla, pero está limpia y ordenada. en un rincón está la cama, estrecha y corta, al lado una mesilla con algunas fotos de él cuando era joven, un sofá azul con un cinturón para atarle cuando se pone nervioso y un televisor colgado de la pared, permanentemente encendido y demasiado moderno comparado con el resto del mobiliario.
la ventana da a la calle, pero las cortinas están siempre corridas. dice que le molesta la luz del sol, aunque su vista cansada apenas le permite ver más allá de los dos metros de modo que sólo escucha sonidos. a veces los puede asociar a un coche que pasa o a un niño que llora. otras, cuando su mente se queda parada, no los relaciona con nada.
a menudo pregunta a las chicas de bata blanca cuando podrá volver a su casa y ellas, siempre muy animadas, contestan que no se preocupe, que allí esta mucho mejor. que allí le cocinan, le limpian y no tiene que preocuparse por nada. él, todavía sin entender, insiste en saber si está en un hospital pero las chicas se ríen, le acarician las mejillas y no responden.
algunas veces tiene visita. ellos dicen que son sus hijos, pero él está seguro de no haber tenido nunca hijos. al principio se sentía incómodo con esa gente que ocupaba su habitación, le miraban con tristeza y le preguntaban estupideces como qué había cenado. no se acordaba. al final se ha acostumbrado y también a ellos les pregunta dónde está y cuando podrá volver a casa.
-¿pero no ves que aquí te cuidan muy bien? estás en una residencia. ya te lo dije la semana pasada – responden.
-¿en una residencia? ¿de un hospital?
-no, no estás en ningún hospital, papá.
-¡ah! – contesta turbado pero aliviado – y tu padre, ¿cómo se encuentra? es muy buen vecino, ¿sabes? algún día tengo que pasar y saludarle.
-sí, es una buena idea. seguro que se alegrará de verte.
después se queda en silencio un rato, agotado y mirando esa pared blanca que parece haberse convertido en su inamovible y único punto de referencia.
cuando vuelva a casa, debe acordarse de contarle a su vecino el detalle que ha tenido su hijo, un buen chico, sin duda. se pregunta si quizá mañana, podrá marcharse ya.
08 octubre 2010
06 octubre 2010
maldita ley de murphy
hace falta ser cafre para que a algún cerebro pesimista con tendencias suicidas se le ocurra concebir una ley (una ley!!) que afirme sin el menor tipo de duda que si algo tiene que salir mal, saldrá mal.
no dice esto ya mucho (todo, tal vez) del cómo somos los humanos? seres fatalistas y resignados, esperando (deseando, casi) que la tostada se caiga por el lado de la mantequilla para así podernos quejar a pleno pulmón de nuestra obvia mala suerte. la culpa, siempre, de los demás, llamémosla suerte, llamémosla madre/tiempo/cucaracha…
oh! ley de murphy, me aburres!
reclamo al parlamento una derogativa a este funesto principio. ya mismo! pongan otra cosa, no será por nuevas leyes a prescribir.
ahí van un par de iluminaciones que se me han ocurrido esta mañana mientras limpiaba la mantequilla pegada al suelo:
- ley del sí: si algo tiene que salir, saldrá en función de las ganas, esfuerzo, intención, bla bla bla de uno mismo. las fuerzas del universo, las órbitas de los astros, las intuiciones y la predestinación no son explicaciones suficientemente válidas para nosotros, cuerpos de evolución darwiniana y mentes científico-racionales.
- ley del tal vez: se permite confiar en los sextos sentidos. sólo para casos esporádicos, en entes que se clasifican como “sensibles” y en situaciones con más de una posible solución satisfactoria.
- ley del no: si algo no tiene que salir, abandonen, no se frustren y vayan a por otra cosa. la pérdida de tiempo, por ley, sólo está permitida las madrugadas de los jueves y algún sábado ocasional.
- ley del hagan lo que les de la santa gana: ya sabemos por dónde va, no?
no dice esto ya mucho (todo, tal vez) del cómo somos los humanos? seres fatalistas y resignados, esperando (deseando, casi) que la tostada se caiga por el lado de la mantequilla para así podernos quejar a pleno pulmón de nuestra obvia mala suerte. la culpa, siempre, de los demás, llamémosla suerte, llamémosla madre/tiempo/cucaracha…
oh! ley de murphy, me aburres!
reclamo al parlamento una derogativa a este funesto principio. ya mismo! pongan otra cosa, no será por nuevas leyes a prescribir.
ahí van un par de iluminaciones que se me han ocurrido esta mañana mientras limpiaba la mantequilla pegada al suelo:
- ley del sí: si algo tiene que salir, saldrá en función de las ganas, esfuerzo, intención, bla bla bla de uno mismo. las fuerzas del universo, las órbitas de los astros, las intuiciones y la predestinación no son explicaciones suficientemente válidas para nosotros, cuerpos de evolución darwiniana y mentes científico-racionales.
- ley del tal vez: se permite confiar en los sextos sentidos. sólo para casos esporádicos, en entes que se clasifican como “sensibles” y en situaciones con más de una posible solución satisfactoria.
- ley del no: si algo no tiene que salir, abandonen, no se frustren y vayan a por otra cosa. la pérdida de tiempo, por ley, sólo está permitida las madrugadas de los jueves y algún sábado ocasional.
- ley del hagan lo que les de la santa gana: ya sabemos por dónde va, no?
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