30 diciembre 2011

otra cara

me he levantado con otra cara. ya sé lo que pensarán; que esto no es posible, que estaría soñando todavía cuando me levanté o que ayer me metí en algún lío y me dieron una paliza y al verme en el espejo no reconocí mi propia cara debajo de tanta hinchazón, sangre seca y moratones. pues no, se equivocan. de hecho, ayer me fui a la cama a las nueve y media. no me encontraba muy bien. creo que estoy pillando una gripe porque durante todo el día estuve helada de frío y me dolía muchísimo todo el cuerpo, así que fue llegar a casa, prepararme una sopa, tomarme un ibuprofeno y meterme en la cama. caí redonda y esta mañana, cuando ha sonado el despertador a las siete me sentía mucho mejor. he ido al baño y cuando he encendido la luz y he visto una cara desconocida en el espejo me he dado un susto de muerte. primero he gritado sobresaltada y luego me he acercado a mi nueva imagen reflejada y he tocado mi rostro, asustada, incrédula y maravillada. no podía ser yo, pero era yo y después de estar unos minutos sin comprender nada he llegado a la conclusión de que tenía una nueva cara. sí, tenía dos ojos, ahora verdes y un poco más separados el uno del otro, una nariz más finita, una frente más ancha y unos labios menos gruesos. también tenía un lunar en la mejilla derecha y una pequeña cicatriz en la barbilla. mi piel estaba menos pálida y habían desaparecido las ojeras que suelo tener a esas horas. inmediatamente he bajado la vista hacia el resto del cuerpo. me he quitado el pijama una rapidez inusual a estas horas y he observado con cuidado todos los rincones que alcanzaba mi vista; después de unos minutos de pánico, he llegado a la conclusión de que todo seguía en su mismo sitio y con el mismo aspecto y he respirado un poco más tranquila porque no sé si hubiera sabido asimilar tantos cambios en tan poco tiempo. siendo sincera, no me puedo quejar del cambio. tampoco es que antes tuviera un gran complejo con mi cara, pero sí que es verdad que llevaba ya unos cuantos años con ella y estaba un poco aburrida. ya sabía cuál era mi mejor perfil y cómo disimular esa marca de nacimiento que tenía al lado de la ceja. así que lo he aceptado de buen grado y he advertido que, a pesar de los labios, que prefería los de antes, estoy contenta en general. oh, y estoy encantada con mi nueva cicatriz porque me da un aire de mujer misteriosa y peligrosa, que no se anda con ñoñerías. me hubiera encantado saber cómo me la hice y si dolió mucho, pero ya eran las siete y media y mis obligaciones laborales no permitían que estuviera más tiempo contemplando las nuevas facciones delante del espejo así que he entrado en la ducha, me he vestido con rapidez y he salido a la calle. 

hacía un frío siberiano pero a diferencia de ayer, mis ojos no se han puesto todo llorosos con el viento y me he alegrado todavía más de la transformación. al entrar en el bar donde suelo desayunar y pedir mi café corto de leche, con sacarina, hielo y un poco de anís, el camarero me ha mirado extrañado. había reconocido la orden, a la misma hora de siempre y con el mismo tono de voz, pero no la cara que solía pedirlo. yo tampoco le he dicho nada porque todavía no he decidido cómo voy a proceder con este extraño asunto y a esas horas sólo podía pensar en mi café. mientras lo tomaba y jugueteaba con la cucharilla, pensaba en cuál sería la mejor opción: hacer pública mi alteración o actuar como si nada. tarde o temprano tendría que enfrentarme a gente que estaba acostumbrada a mi cara anterior, de hecho, en menos de media hora, mi jefa me esperaba en la oficina con mil fastidiosas tareas para solucionar y evidentemente, se daría cuenta del cambio y me preguntaría. era lo más lógico y normal y yo tendría que buscar una explicación cuanto antes, pero no había forma de pensar en nada verosímil. al final he confiado con que algo se me ocurriría durante el viaje y me he levantado corriendo para pagar el desayuno y buscar el 73. 
en la parada estábamos los de casi siempre: el adolescente recién levantado, el anciano con cincuenta copias del 20 minutos, el ejecutivo del maletín de cuero con su hija vestida de rosa y un par de japonesas mirando un mapa. nadie ha reparado en mí, excepto el adolescente que no conseguía quitarme el ojo de encima. ¿cuántas veces había yo conseguido llamar la atención a un adolescente con mi antiguo rostro a las ocho de la mañana? ¡ninguna! pero ahora, por fin, mi suerte había cambiado y ahí estaba, flirteando e imaginando si a lo mejor también ese compañero de trabajo con el que hace tiempo que tonteamos en la fotocopiadora se atrevería por fin a pedirme una cita. el adolescente no ha tardado en acercarse, decidido y apremiante. le he mirado con mis preciosos ojos verdes y he sonreído coquetamente. 
-tienes mi cara. – ha dicho furioso. 
-¿perdona? 
-la semana pasada yo tenía esta misma cara. 
-¿pero de qué me estás hablando? 
-lo sabes perfectamente, no te hagas la tonta. 
-te aseguro que no sé de qué me estás hablando. 
-te vi ayer y antes de ayer y la semana pasada. a estas horas sueles tener los párpados hinchados y ojeras, las cejas más pobladas, los dientes más pequeños y la nariz más grande. esta cara no es tuya. 

dios mío. he querido morir, o volver a mi cama y recuperar mi fisonomía habitual que tampoco estaba tan mal. el chico me ha agarrado del brazo y me ha apartado del resto del grupo que esperaba el autobús. 
-maldita ladrona. 
-oye, espera un momento. yo no te he robado nada. 
-¿desde cuándo la tienes? 
-yo… no sé… 
-¿desde cuándo? – ha dicho alzando la voz y apretando con más fuerza de mi brazo. 
la niña vestida de rosa nos ha mirado. 
-desde esta mañana – he confesado, al borde del llanto al ver que los dos sabíamos que esa no era mi cara real – pero te juro que no he hecho nada. yo… no… verás, ayer tenía fiebre y… cuando me he despertado… yo… me he puesto a llorar como una madalena y no he podido terminar la frase. 
-hay que ver lo guapa que estás cuando lloras, ya casi no me acordaba... – ha dicho él, también con los ojos humedecidos. 
me he secado los lagrimones que resbalaban por mis hermosas mejillas y le he mirado. al reparar con más detenimiento en él, me he dado cuenta del porque de su pena. tenía un rostro normal y corriente tirando a feúcho, con las orejas muy grandes y separadas, el pelo grasiento, la nariz aguilucha y acné en toda la frente. 
-de verdad que eras yo? – he preguntado recelosa porque su transformación me parecía más inverosímil que la mía. 
-sí. esta cicatriz en la barbilla que tienes, me la hice a los cuatro años, jugando al escondite con mi hermano. me di con el canto de la mesa de la cocina y me llevaron al hospital. – ha contestado. 
-vaya… ¿te dolió? 
-no me acuerdo. supongo. 
creía que empezaría a sollozar de un momento a otro. tenía los labios apretados y se mordía los carrillos para controlar el lloro. definitivamente, era feo con avaricia y he sentido un poco de pena por el muchacho. 
-y tú, ¿cómo has llegado a esto? – he continuado, sin disimulo alguno. 
-pues igual que tú, de repente, de un día para otro, sin aviso ni nada y ya llevo un mes así. 
luego me he percatado de algo más importante todavía. mi cara era femenina, y sin embargo él era un chico, con su cara y su cuerpo de chico. su transformación había sido absoluta y temí que la mía estaba a medio terminar. he notado que me temblaban las piernas y he mirado de nuevo mi cuerpo, que tapado con la ropa de invierno, no parecía haber sufrido ninguna modificación mayor. él se ha dado cuenta y ha añadió: 
-eso vendrá después, quizá mañana o en un par de días más. 
-¿en serio? 
ha asentido. hubiera querido preguntarle qué me esperaba exactamente, pero he preferido callar y esperar los días que me faltan para completar mi nuevo yo. estaba preocupada y al mismo tiempo me sentía un poco responsable por la suerte del chico, aunque al fin y al cabo yo tampoco tenía la culpa de esta situación. en ese momento ha llegado mi autobús y le he dicho que debía marcharme o llegaría tarde al trabajo. él ha asentido de nuevo con la cabeza gacha y me dicho, a modo de despedida, que alguna vez la cicatriz de mi nueva barbilla enrojecía un poco y que bastaba con aplicar hielo por encima. le he dado las gracias y corrido hacia el 73 que estaba ya arrancando. creo que luego él se ha puesto a llorar. 
 sentada en el asiento, con el calorcillo de la calefacción y con las japonesas delante de mí, he pensado que quizá ahí fuera alguien tiene ahora mis facciones o mi cuerpo. si es así, que sepan que mi perfil más favorecedor es el izquierdo y los ojos me lloran con facilidad cuando hace viento.

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