31 diciembre 2010

cifras y números

en algún sitio leí que, a estas alturas, cuando se piensa en el año que termina, si uno no siente ganas de llorar (y yo añadiría de reír, ni que sea de uno mismo) es que ha sido un año inútil, perdido, nulo.


 














 
pues eso:
a llorar, a reír,
a por otro.

28 diciembre 2010

deshielo

se detiene en seco al verlos juntos, sonrientes, cogidos de la mano y paseando como si en el mundo no existiera nadie más. el corazón le da un vuelco y su pulso se acelera de forma incontrolada. pensaba que tardaría un poco más de tiempo en encontrar a otro, pero es una chica lista y guapa. parece ser que lo tiene todo.

por suerte diciembre acarrea las primeras nieves y el frío se convertirá en su mejor excusa para no salir de casa y evitar así que la evidencia abofetee su cara una vez y otra. para que el dolor remita y para autoengañarse temporalmente, decide que cuando llegue la primavera, la llamará. quizá le conceda una segunda oportunidad, quizá acaben siendo buenos amigos, como lo fueron durante un tiempo. aunque también es probable que ella no conteste a su llamada. en ese caso, quizá lo mejor sería que no llegara nunca la primavera y el aislamiento fuera infinito.

en marzo sigue haciendo frío, en los picos de las montañas la nieve se resiste a desaparecer, pero él se siente mejor: ha vuelto a entrenar, habla con la gente y a veces se ríe. de vez en cuando cree verla por la calle, pero es sólo su imaginación jugueteando y divirtiéndose. se pregunta qué haría si la viese y siempre obtiene una respuesta distinta.

el mes de mayo lo pasa preparando su primer viaje sólo. se ha vacunado, tiene un nuevo pasaporte y ha alquilado su habitación a un estudiante de erasmus. está asustado y feliz.
pocos días antes de marcharse, recibe la llamada de ella. ver su nombre parpadeante en la pantalla del móvil le trastoca más de lo que hubiera deseado. al principio, la conversación es lenta y forzada. las palabras se eligen con extremada prudencia y los silencios se esquivan a toda costa. después, se torna imposible: ella lloriquea, rememora el pasado con nefasta insistencia y confiesa haberse equivocado.
cuando cuelga el teléfono sigue asustado y feliz. asombrosamente feliz.

27 diciembre 2010

feliz cumpleaños

su madre le contaba a menudo que había nacido un jueves a las seis de la mañana. esa madrugada no hacía mucho frío y llegaron al hospital con rapidez, teniendo en cuenta que el tráfico a esas horas era casi inexistente. el parto fue fácil y breve. el bebé pesó tres kilos exactos, apenas lloró cuando le pegaron para que empezara a respirar, comió con apetito y dos días después del alumbramiento el doctor les mandó para casa. a partir de ese día, toda la familia celebraba su cumpleaños los veintisiete de diciembre.
con los años decidió dejar de festejarlos: a nadie le apetecía comer tarta, ni comprar más regalos después de las orgías navideñas y además, llegó a la sabia y cruda conclusión de que en realidad, tampoco había mucho que celebrar: nacer, al fin y al cabo, no había sido cosa suya y lo consideraba un acto totalmente circunstancial.

se devinculó tanto de esa fecha que cuando alguien le preguntaba qué edad tenía, debía pensarlo durante unos segundos. la mayoría de veces mentía deliberadamente para no tener que hacer el esfuerzo de sumar, añadir y darse de bruces con la realidad, porque a pesar de su ficticio olvido, el tiempo sí se acordaba y se lo recordaba cada día, pero especialmente todos los veintisiete de diciembre.

21 diciembre 2010

buenas vistas

alkas camina un par de pasos por delante de m y de mí. hace un frío de la hostia pero estamos tan nerviosas que apenas lo notamos. en otras circunstancias aprovecharíamos para quejarnos, pero hoy, no. de vez en cuando él se gira para comprobar que le seguimos, aunque con nuestros gritos y risas no sería necesario que lo hiciera. deja que hablemos descontroladamente en español, sin saber si hablamos de él y de cómo le sientan esos pantalones nuevos que estrena hoy. creo que tampoco le importa en absoluto entendernos o no. a él sólo le preocupa llegar pronto y por eso, de vez, en cuando interrumpe nuestro parloteo y vocifera un “hurry up you two. its fucking freezing.” mientras una serpenteante columna de vaho se escapa de su boca. él también está inquieto. yo creo que es por nosotras: no está acostumbrado a lidiar con chicas y menos si no las entiende cuando hablan. aunque imagino que esto no siempre es problema de idioma. alkas es un tipo extraño. habla poco y cuando lo hace suele ser en monosílabos y onomatopeyas que susurra en voz baja. apenas sonríe, apenas come y sospecho que apenas folla. tampoco pienso que nada de esto le preocupe demasiado. no es un tipo que se preocupe, en general. nació en delhi pero su familia se mudó a londres cuando él tenía un año, así que tiene de indio lo que yo de griega. se pasa el día callejeando y fumando marihuana mientras sus padres creen que está en la universidad sacándose la carrera de derecho para que cuando ellos sean mayores, él pueda mantenerles. es lo que se estila por sus lejanas y olvidadas tierras, pero alkas ni sabe por dónde cae india, así que sus padres lo tienen jodido y realmente espero que tengan algún otro hijo con el que asegurar su incierto futuro. los viernes le compra el material a un colega suyo de kilburn apodado “el negro” y se le pierde la pista hasta el lunes o el martes, día en el que vuelve a su casa con los ojos como platos y las neuronas fritas. después duerme hasta el jueves por la noche y el viernes vuelta a empezar. a veces me pregunto cómo puede aguantar su cuerpo enclenque este ritmo de vida, pero a día de hoy, nunca ha enfermado, aparte, claro, de algún resfriado mal curado. 
hacemos un trío peculiar: un indio-británico-antisocial-anoréxico con dos-almas-perdidas-sobreexcitadas e irresponsables, deambulando por king's cross a las dos de la mañana, a diez grados bajo cero con un par de latas de cerveza en la mano, farfullando y deseando que no termine la noche. las idas son cojonudas, pero las vueltas, a las siete y media, en manga corta y con los oídos sordos, gloriosas. la cola, como siempre, es espectacular. cualquier diría que la entrada es gratis o barata: veinte libras y sin consumición, pero nosotros, que ya somos habituales y sabemos cómo acaramelarnos al de seguridad, nos metemos en la corta. delante nuestro, inglesitas al límite de la congelación absoluta, con sus pieles translúcidas, sus vestidos de verano y sus tacones imposibles. nos encantan, sobre todo cuando pierden toda su dignidad y buenas formas, a eso de las tres de la mañana y se arrastran por los pasillos suplicando un poco de agua, o un abrazo, o un taxi hasta su casa. m es la que suele hablar. a mí no me entienden por mi acento cerrado y a alkas es mejor mantenerlo alejado del público en general. 
-hi guys, we're on the list. - dice con su perfecto acento de oxford. 
-which list? – contesta el tipo de la puerta, abrigado hasta las orejas y con muy pocas intenciones de sonreír. lógico, no le pagan por esto. 
-lisa's list. – dice ella con soltura. 
-m plus two? 
-that's us. 
el tipo tacha nuestros nombres, nos mira y mueve la cabeza en señal de aprobación. 
-enjoy the night. 
-im sure we will. 
pasamos como si fuéramos los tres putos reyes de oriente, pero en la cola de registro no hay vips y nos cachean a gusto, aunque no tanto como para encontrar lo que escondemos en lugares tan obvios como los calcetines y los sujetadores. nos dejan pasar y respiramos tranquilos. nunca nos han pillado, pero siempre tememos que algún día lo hagan y nos jodan los noches de los viernes. alkas, que sigue por delante, nos espera en la puerta y cuando por fin llegamos nosotras, nos sujeta las puertas del peor antro de king's cross para que pasemos primero. la música, a más decibelios de los legalmente permitidos, el calor humano y la peste a humo, nos dan la bienvenida y nosotros, que ya conocemos el ritual, nos dirigimos al baño, donde de momento sigue habiendo papel higiénico y esto siempre es un punto a favor, especialmente para m y sus puntuales ganas de cagar, debido a la excitación. alkas nos acompaña hasta dentro, asegurándose de que no le vea ninguno de seguridad, rebusca en su bolsillo y saca una bolsita arrugada y transparente con unas diez o doce pastillas. nos miramos con impaciencia, nos da una a cada una, sonríe y suelta: 
-you girls, behave. 
y sale del baño disparado antes de que alguna fémina le pegue bronca por entrar en lugar sagrado. hemos aprendido a tomarlas sin líquido y aunque cueste un poco más de tragar, lo importante es que hagan efecto: rápido y eterno, a poder ser. una pena que los fabricantes no puedan disimular ese desagradable sabor amargo por el de fresa ácida o hierbabuena, como los chicles vamos, pero sin el subidón ni el globazo. 
-anda sal, que me estoy cagando. – dice m una vez hemos tomado las píldoras. 
-yo no lo entiendo, de verdad. no ha llegado tiempo a llegarte al estómago y ya te cagas. 
-joder, no son las pastillas, son los nervios. 
-¿nervios? cualquier diría que es tu primera vez. 
-cada vez es un como una primera vez. nueva experiencia, nuevo viaje. -ommmmmm - me cachondeo yo, juntando las manos y cerrando los ojos como si estuviera en una clase de yoga. 
-¿quieres salir ya y discutimos este fascinante tema más tarde? 
las inglesitas también han llegado al baño. la mayoría se están empolvando la nariz, literalmente. se ríen, gritan, se critican, se morrean, se empujan y se llaman bitch las unas a las otras. son adorables. yo sonrío también, no porque note los efectos sino porque siempre me ha gustado observarlas y ver sus rituales delante del espejo. 
-menuda panda de focas, joder - grita m cuando sale del baño. 
-algún día, alguna de ellas te va a entender y te partirá la cara. 
-you fucking bitch – responde bien alto para que se den todas por aludidas.
salimos bien desahogadas, en casi todos los sentidos. ni rastro de alkas, como de costumbre. 
-¿para dónde tiras tú? - le pregunto a m. 
-voy a ojear la sala de abajo.
-bien, yo voy a saludar a ariel. 
-¿nos vemos a las cinco en la sala de lisa? 
-allí estaré. si necesitas algo, ya sabes, me das una perdida y aparezco, como la virgen. 
es lo maravilloso de ir con m y alkas: entramos juntos y la mayoría de veces salimos juntos, pero durante las siete horas que permanecemos dentro del antro, cada uno se larga al mundo que le venga en gana y sólo recurrimos a uno u otro cuando nos hemos quedado sin agua o necesitamos tomar otra pastilla. 
ariel pincha en la sala grande, que a estas horas ya está completamente descontrolada. no le gusta que suban a la cabina mientras trabaja, pero algunas tenemos bula. dos chicos más parecen tenerla también, lo cual me extraña porqué normalmente los privilegios sólo los otorga al público femenino y si tienen una buena delantera. 
-boluda, - saluda, con su acento argentino que no ha perdido a pesar de los años que lleva en londres 
-¿nunca descansas? 
-ya sabes que si no te veo al menos una vez a la semana, mi vida deja de tener sentido. 
-cómo me gustaría creerte. 
mira, te presento a un par de amigos de manchester que han venido a verme. no me entero de los nombres, ni de lo que dicen a continuación porqué entre la música y el griterío es difícil mantener una conversación, pero me quedo con la cara de uno de ellos. bueno, y el cuerpo. lleva una camiseta con el número 78 y cuando le pregunto si tiene algún significado especial, contesta que es el número de veces que piensa comerme la boca esa noche. buena respuesta, oh yes, that's the attitude, baby. nos reímos y me dice si he venido con alguien. imagino que se refiere a alguien de sexo masculino, a una pareja celosa que tal vez se interponga en sus planes. le digo que no, que estoy con unos amigos y contesta que perfecto, que le gusta oir esto. ariel me aparta un momento, besa mi frente, ya sudada aunque todavía no haya pisado la pista y me lleva a un rincón de la mesa donde tiene los platos. a un lado hay un par de rayas cortadas, largas y gruesas, esperándome. 
-aliméntate linda, que te estás quedando en los huesos. 
me agacho un poco y esnifo primero con un nasal y luego con el otro. noto la picazón en el tabique y en la garganta y después un agradable cosquilleo bajando por el cuello. 
-joder, ariel. ¿de dónde has sacado esta mierda? 
-yo siempre tengo lo mejor para mis amigos, ya lo sabes. 
-te quiero. 
-lo sé. vete a divertir. y cuidado con mi amigo. 
-no te preocupes, nos portaremos bien. 
-preferiría que no. 
-entonces, nos portaremos terriblemente mal. 
me despido de ariel y mientras bajo las escaleras hasta la pista, empiezo a tener la sensación de que mis pies no tocan el suelo. mi corazón bombea con escandalosa fuerza y tengo la imperiosa necesidad de agitarme y desprender energía, sudor o lo que sea. con algunos empujones de más, cruzo la sala y llego hasta donde está uno de los altavoces que escupe ruido y ritmos repetitivos. un par de inglesitas rubias y culonas se contonean sin ninguna gracia encima de él. es una pena que nadie las enseñe a bailar bien, pienso. subo con un poco de dificultad porque mis brazos se han convertido ya en dos inútiles extremidades, sin capacidad para sostener ningún peso, y me sitúo en medio de las dos. intuyo que no les gusta mi presencia, por sus caras serias y su actitud altiva, pero no me podría importar menos. desde arriba veo manos en alto, mandíbulas desencajadas, auténticos abrazos químicos, al chico de la camiseta del 78 que me mira expectante, a alkas entrando en trance y a m que se aproxima, levitando casi, con una sonrisa extensa, franca y radiante. no podría tener mejor panorámica. 

19 diciembre 2010

nunca en el momento justo
jamás en el lugar adecuado.
es sano, terapéutico.
orgásmico, casi.

16 diciembre 2010

déjà vu

no sé muy bien cómo se nos ocurrió la idea. bueno, en realidad fue idea mía y josé me acompañó porqué se lo pedí. el pobre es tan bueno, que nunca dice que no.
la encontré vía internet y me gustó su foto y su anuncio. aseguraba discreción, seriedad y unas tarifas que me podía permitir. llamé al número y contestó una voz femenina, suave y tranquila.
- gabinete de la señorita nun, ¿dígame?

- hola. quisiera pedir una cita.
- de acuerdo. mañana o tarde?

- tarde mejor.

- veamos… ¿viernes a las siete?
- perfecto.

- ¿y qué quiere consultar exactamente?

me quedé en blanco. no esperaba resumir todas mis dudas y frustraciones en diez segundos, por teléfono y a una total desconocida.
- umm… pues bueno, supongo que cómo me irá en el futuro.
- ¿a un año vista, va bien?
- sí, esto estaría muy bien.

- pues viernes a las siete. la sesión es de cuarenta minutos y son ochenta euros.
pensé que tenía que ser buena porqué era lo siguiente que quería preguntarle.

esperé justo a la noche anterior a la visita para contárselo a josé. se puso hecho una furia: que si esto era una pérdida de tiempo y de dinero, que no debería creer en estas cosas, que se aprovecharían de mí y de mi buena voluntad. después le di un masaje en los pies y se calmó.


llegamos a la consulta diez mintuos antes. la señorita nun, que en realidad era una abreviación de anunciación y tenía más de señora que de señorita, nos recibió sonriente. era una mujer pequeña y delgada, de pelo negro, liso y exageradamente largo que vestía de púrpura de la cabeza a los pies. el piso olía a incienso y estaba iluminado con velas.
mientras josé se quedaba en la salita de espera, nosotras entramos a su consulta. previsiblemente a lo que mi imaginación había pronosticado, había más velas, más incienso, cartas del tarot y libros de astrología. faltaba la bola de cristal que no vi por ningún lado.
nos sentamos alrededor de una pequeña mesa redonda y sin ni tan siquiera avisar, puso su mano en mi frente. así permanecimos unos segundos: ella con los ojos cerrados y yo nerviosa, sintiendo el sudor frío de su palma.
- lo primero que debes saber – susurró – es que estás en cinta.


después de cuarenta minutos exactos salí de la habitación. josé seguía donde le había dejado, jugueteando con su llavero de madera.

- tienes mala cara. ¿qué ha pasado? – preguntó.

- me ha dicho que estoy preñada.
- ¿qué? ¿embarazada?

- eso ha dicho.

- pero esto es imposible, ¿no? porqué tú y yo nunca hemos... a no ser que tú hayas...

- ¿dudas de mí?

- ¡no! !claro que no dudo de ti, mi amor! pero a ver cómo explicas esto…

- podría haberse equivocado.

- ¡ay jesús! la que vas a liar, maría.

14 diciembre 2010

preparación

desconectó el teléfono
cerró la puerta con llave
se desnudó
se metió en la cama
y se hizo de noche. que fueran las tres de la tarde era lo de menos.

tuvo un sueño; empezaba así



cuando despertó se sentía tranquilo

a oscuras

preparó un café cargado
jugueteó con el cuchillo más afilado
y decidió que esa noche
no sería exigente.
cualquiera podría tener el honor
de convertirse en su próxima
víctima.

13 diciembre 2010

- ¿quieres un café?
- no, quiero música. quiero amor y belleza.
quiero conocimiento y sorpresas. quiero curiosidad, ideas, certeza, improvisación. quiero páginas en blanco. quiero flores y quiero tiempo.
- ¿de verdad que no quieres un café?


10 diciembre 2010

intro

el problema es el sexo: ya no me gusta follar con mi novio. más bien me aburre tremendamente y activa mi mal humor; es como recitar la tabla de multiplicar del cero: predecible y sin cambios en el resultado final. y yo siempre fui de letras.
sé qué va a hacer a cada segundo, qué me va a pedir que le haga y cuanto va a tardar en terminar su mediocre actuación. sé incluso qué palabra va a exclamar cuando se eche a un lado de la cama, diez minutos después, extenuado, como si hubiera participado en todas las pruebas de unos juegos olímpicos: perfecto.

¿perfecto? hay que ver la abismal distancia que nos separa en lo que se refiere a la idea de perfección.

la solución al problema sería cambiar de especímen masculino o bien hablar con el que tengo ahora. algún listillo iluminado dijo que la comunicación es la base del entendimiento. supongo que esto también puede aplicarse al mundo de las parejas. bien, de acuerdo, pero sabiendo que él no parece tener ningún problema con nuestra vida sexual, ¿cómo le hago entender que cuando está encima mío, jadeando y empujando, yo estoy deseando que acabe para poder tomarme una ducha y saciarme con chocolate? no encuentro la manera, ni el momento.

hoy, sin embargo, con toda mi buena voluntad y mis ganas de establecer algunos cambios para que la relación tire para adelante, he comprado un vibrador. la chica del sex shop me ha asegurado que estos funcionan muy bien, que se están vendiendo de maravilla, que ella tiene uno exactamente igual y está encantada. por un momento pensé que me contaría algún detalle más íntimo, pero al ver mi cara de asombro, se ha callado de repente y simplemente ha preguntado si quería que me lo envolviese. me he quedado con ganas de decirle que me lo llevaba puesto, pero parecía la típica persona que se toma su trabajo demasiado en serio y no estoy segura que hubiera entendido la gracia. o quizás le hubiera parecido muy obvia. he contestado que no hacía falta.
no es muy exagerado, ni tampoco tiene las venas marcadas, ni tiene velocidades, ni está coloreado: no quería presionar, ni impresionar a mi novio con impecables penes de película que además duran y duran y duran.
lo que ya no tengo tan claro es cómo va a reaccionar cuando lo vea. es probable que me lo tire por la cabeza acompañado de alguna exclamación mal sonante, o bien que me lo meta por el… um... bueno, en tal caso, ya habríamos avanzado un poco.

06 diciembre 2010

final feliz

mara se despertó de repente por el codazo que acababa de recibir en plena cara. abrió los ojos, giró la cabeza y vio al chico que tenía a su lado: tenía el rostro aniñado y el pelo corto y claro, ocupaba toda la cama y dormía profundamente sin apenas moverse para respirar. notó los primeros martilleos en la cabeza nada más abrir los ojos y a los pocos segundos notó cómo se acrecentaban y cómo las primeras arcadas que subían con fuera por su garganta. tragó un poco de saliva pero tenía la boca seca. no sabía dónde estaba, ni cómo había llegado hasta allí, ni quién era el tipo que estaba a su lado, pero al menos seguía con las bragas puestas, aunque esto tampoco era prueba concluyente de nada en concreto, y una camiseta agujereada que no reconoció como propia. levantó un poco su pesada cabeza. también le dolía el cuello y le costó girarlo a un lado y otro. la habitación era grande, estaba vacía, desordenada y olía a humo y a colilla ce cigarro mal apagada, pero al menos no se escuchaba ningún ruido de personas, ni música, ni de la calle, lo cual agradeció mucho en su estado. en el suelo reconoció su ropa arrugada y esparcida que había llevado la noche anterior. volvió a dejar reposar su cabeza en la almohada maloliente y cerró los ojos. no podía ser que estuviera de nuevo en esa situación: desubicada, con ese martilleo insistente y medio desnuda en una cama que no era la suya. el chico se dio la vuelta y le dio una patada en la rodilla. 
-me cago en todo – murmuró. 
se apartó, se levantó muy lentamente y con cuidado y se sentó en el borde de la cama. sentía que la cabeza iba a explotarle de un momento a otro. necesitaba un par de aspirinas, algo para beber y un cigarrillo. aunque antes de todo esto, debía despertar al chico, preguntar lo de siempre, recoger sus cosas y marcharse de allí cuanto antes. no le apetecía verle despierto, ni saber mucho más de él. sin moverse de donde estaba y de espaldas a él, dijo: -!eh! el chico no se inmutó. 
-oye,!eh! – repitió alzando la voz. esta vez consiguió despertarlo. 
-¿qué coño pasa? – respondió él de malas maneras. 
-¿hemos follado? 
-¿qué? 
-¿que si follamos ayer? 
-joder tía, tú estás fatal. déjame dormir. 
-¿pero sí o no? 
-joder. que me dejes dormir te digo. 
-de puta madre. 
se levantó de la cama, se quitó la camiseta agujereada y la tiró encima de él en un amago de despertarle, pero él ni lo notó y siguió inmóvil en el centro del colchón, de espaldas a ella. se vistió con la máxima rapidez que le permitía su dolorido cuerpo y cuando estaba a punto de abrir la puerta de la habitación, vio la cartera del chico, en el suelo, junto a un paquete de malboro y las llaves. recogió el paquete en busca del primer cigarrillo del día, pero estaba vacío. 
-maldita sea. vaya mierda de día. – masculló. 
después recogió la cartera, la abrió y sin pensarlo dos veces retiró el billete de veinte euros que había dentro y se marchó asegurándose de dar un portazo bien sonoro. siguió por el pasillo estrecho, oscuro y de techo alto y llegó a lo que parecía ser el comedor de la casa, una sala igual de vacía y con la misma penumbra del pasillo. una chica más mayor que ella, con albornoz y una toalla enroscada en el pelo estaba mirando dibujos animados en la televisión y removiendo su taza de café con una cucharilla de plástico. 
-¿por dónde se sale de aquí? – le preguntó sin saludar ni presentarse. 
la chica señaló hacia la derecha sin apartar la vista de la pantalla. 
-gracias. oh, ¿no tendrías un cigarro, por casualidad? – dijo, utilizando un tono de voz más amistoso esta vez. 
-no fumo. 
-joder. 

salió del piso y esperó a que llegara el ascensor. tampoco hubiera tenido la suficiente energía como para bajar las escaleras a pie. le pareció que tardaba una eternidad y una vez dentro, no pudo evitar mirarse en el espejo: estaba pálida, despeinada, tenía ojeras, el rímel corrido y los labios agrietados. tampoco hizo ningún intento por salir a la calle con mejor aspecto. aparte de las aspirinas y la dosis de nicotina, sus otras dos prioridades en ese momento eran descubrir dónde se encontraba y cómo llegar a su casa. fuera hacía un día espléndido, brillaba el sol y la temperatura era ideal para pasear y tomar una cervezas en alguna terraza tranquila y soleada. no reconoció el nombre de la calle cuando leyó el cartelito de una de ellas y se inquietó un poco porque pensó que quizá no estaba ni en su propia ciudad. caminó desorientada diez minutos, esperando toparse con alguien a quien poder preguntar, pero a esas horas parecía que todos estaban en sus casas preparando la comida dominical, hasta que vio una farmacia y un bar abierto justo al lado. “caray, a lo mejor termina siendo mi día de suerte, al fin y al cabo”, pensó. tuvo tentaciones de entrar primero al bar, pero pensó que ya había cometido suficientes estupideces en lo que iba de día y se dirigió hacia la farmacia. abrió la puerta pesada haciendo sonar el móvil metálico que estaba justo encima y esperó hasta que apareció la farmacéutica. 
-buenas tardes – saludó una mujer sesentona de uñas largas pintadas de rojo y luciendo todo el surtido de joyas que poseía. 
-hola. necesitaría la píldora del día después – informó. 
-ahá. 
desapareció detrás de unas cortinas de mimbre y volvió a los pocos segundos con la familiar cajita blanca con letras azul marino que mara reconoció de inmediato. 
-¿sabes cómo funciona? – preguntó la farmacéutica. 
-sí. 
-pues son diecisiete euros. 
-oh, y también necesitaría aspirinas. 
-¿aspirinas?… vaya nochecita... 

el bar estaba totalmente vacío, iluminado con un molesto fluorescente parpadeante, las mesas y las sillas eran de plástico, el suelo estaba pegajoso y las paredes mal decoradas con pinturas de paisajes de color pastel, y bodegones sin ninguna gracia. el camarero estaba entretenido leyendo un periódico deportivo que celebraba la victoria del equipo local. cuando vio a mara, lo dobló y la saludó como si hiciera días que no hablaba con ningún ser humano. 
-hola guapa, ¿qué te pongo? 
mara sonrió agradecida por el piropo, aunque sabía que no lo merecía en absoluto. al menos ese día. 
-mmm… un gin tónic. sin hielo, por favor. 
-!marchando ese gin tónic sin hielo! 
-¿vendéis cigarros? 
-la máquina se estropeó ayer. a ver si vienen a arreglarla pronto. 
-vaya. qué mala suerte tengo hoy. en fin, está claro que todo son señales para que deje de fumar. 
-no hay mal que por bien no venga, o eso dicen por ahí. 
se sentó en uno de los taburetes de la barra, abrió las dos cajas y sacó tres aspirinas y la píldora. las colocó en fila, una detrás de otra, después las desordenó y esperó a tener la bebida para tomarse las cuatro de un solo golpe. con el primer sorbo, notó como ardía su garganta y la tripa rugía, se encogía y se revolvía. con el segundo saboreó el regusto amargo de la tónica. con el sexto, los martilleos en la cabeza remitieron y con el décimo, se sentía lista para el siguiente sábado. 

04 diciembre 2010

- Por qué nos miran con tanto desprecio? - preguntó Chloé - Como si trabajar fuera bueno.
- Siempre les han dicho que era bueno - dijo Colin -. En general, se considera que es bueno. De hecho, nadie se lo cree. Se hace por costumbre y a para no pensar en ello, precisamente.
- En cualquier caso, es una tontería hacer un trabajo que podrían hacer las máquinas.
- Hay que construir máquinas -dijo Colin -. ¿Pero quién lo hará?
- Claro, para hacer un huevo hace falta una gallina - dijo Chloé -, pero una vez que se tiene la gallina se pueden tener montones de huevos. Así que mejor empezar por la gallina.
- Habría que ver - dijo Colin - quién impide que se hagan máquinas. Debe de faltar tiempo. La gente pierde el tiempo viviendo, así que ya no les queda tiempo para trabajar.
- ¿No será al revés? - dijo Chloé
- No -dijo Colin -. Si tuvieran tiempo para construir las máquinas, después ya no tendrían que hacer nada más. Lo que quiero decir es que trabajan para vivir, en lugar de trabajar para construir máquinas que les ayudarían a vivir sin tener que trabajar.
- Resulta complicado - estimó Chloé.
- !Qué va! - dijo Colin -, es muy sencillo. Tendría que producirse progresivamente, por supuesto. Pero se pierde tanto tiempo en hacer cosas que se desgastan...
- Pero ¿no crees que preferirían quedarse en casa y besar a su mujer, e ir a la piscina y a divertirse?
- No - dijo Colin -. Porque no piensan en eso.
- Pero ¿qué culpa tienen ellos si creen que trabajar es bueno?
- Ninguna - dijo Colin -, no es culpa suya. Lo hacen porque les han dicho: "El trabajo es sagrado, es bueno, es agradable, es lo principal, y sólo los trabajadores tienen derecho a todo." Lo que pasa es que se las apañan para hacerles trabajar sin parar y entonces no pueden sacar ningún provecho.
- Pero ¿qué pasa?, ¿son tontos? - dijo Chloé
- Sí, son tontos - dijo Colin -. Por eso están de acuerdo con los que les hacen creer que el trabajo es lo mejor del mundo. Eso les impide pensar e intentar progresar para no trabajar más.
- Hablemos de otras cosas - dijo Chloé -, que esos temas son agotadores. Dime si te gusta mi pelo.
- Ya te he dicho...
Y la sentó sobre sus rodillas. Se sentía de nuevo completamente feliz.
- Ya te he dicho que te quería mucho, al por mayor y al por menor.
- Pues entonces pormenoriza - dijo Chloé dejándose llevar entre los brazos de Colin, mimosa como una culebra.

La espuma de los días - B. Vian


28 noviembre 2010

es lo que tienen las grandes metrópolis: uno puede pasear y en las cuatro horas de caminata no repite calle, el estruendo del asfalto evita escuchar conversaciones trascendentales, ningún rostro es familiar y el reguetón de los vecinos nos despierta a las cinco de la mañana, pero en vez de ponernos de mala leche, danzamos en pijamas de ositos volátiles y nubes de peluche. o era al revés.
y qué más da que no me guste el reguetón? vivo en la ciudad y cuando toque mudarse a otra mayor, más tráfico caótico, más rostros anónimos, más conversaciones triviales y más reguetón.

urbaniteándome. cada día más y mejor.

24 noviembre 2010

lo bueno del edificio donde vivo es que tiene once plantas y cuando coincido con ella en el ascensor el viaje se hace perfectamente largo. yo vivo en la novena, ella en la séptima.
siempre sujeto la puerta y la dejo pasar primero. sé que le gusta porqué sonríe, levanta un poco la cabeza y me mira a los ojos agradecida, como si le hubiera salvado la vida en un terrible accidente. después entro yo, me situo a su lado y permanecemos en silencio. no es un silencio incómodo. es uno de esos silencios sin trampa, que explican más que cualquier palabra sobrante.
cuando el ascensor se pone en marcha, ella se acerca lentamente y apoya su cabeza en mi hombro. su cabello oscuro y despeinado me da cosquillas en el cuello y siento el peso de su día. no siempre es ligero. a veces espera que sea yo quien me aproxime. en esos casos, cojo una de sus manos y la aprieto suavemente para que no se escape. siempre las tiene heladas, sea invierno o verano.
nunca hablamos.

hoy ha venido ella. mirándome sin pestañear, ha colocado su mano dentro de mi bolsillo de la chaqueta. quería abrazarla pero no lo hice. notaba como su corazón latía pausado y su respiración le seguía el ritmo. tenía una mirada alegre aunque no he sabido descubrir qué significaba, si es que tenía algún significado.
cuando hemos llegado al séptimo ha retirado su mano y me ha dicho adiós. es la primera vez que he escuchado su voz. inmediatamente después he puesto la mano en mi bolsillo. había dejado una nota arrugada, con letra pequeña y redondeada, como quien está aprendiendo a escribir: “ojalá vivas todos los días de tu vida”, decía.

19 noviembre 2010

desviaciones curriculares

era la tercera que tenía esa semana y esto hacía que se sintiese afortunado. la mayoría de personas, tal y como estaba la situación en el país, no conseguían ni una al mes, ni una al año, probablemente. sentado en uno de los cómodos sillones de piel de la sala de espera, memorizaba las respuestas que había ido repitiendo en las dos últimas ocasiones, en otras salas de espera, con sillones más o menos del mismo estilo. 
-sr. molina, ¿no es así? bien, bien… ¿veo que estudió usted en la universidad de boston? ¿y trabajó también allí, en boston? ¿en silver & morgan ltd? bien, bien… esto es muy interesante. ¿y cuáles eran sus funciones exactamente en silver & morgan ltd? ¿y por qué quiere cambiarse ahora de trabajo? ¿qué cree que puede usted aportar a nuestra empresa? ¿ha oído hablar alguna vez de nuestra compañía? 
para él se había convertido en una tarea muy fácil, bastaba con enchufar el piloto automático y soltar las explicaciones que ellos deseaban escuchar: sí, cinco años en boston. trabajando y estudiando al mismo tiempo. era un tipo responsable. ocupando un puesto de alta responsabilidad que incluía el siempre bien visto trabajo en equipo, dotes de mando, organización, competitividad, don de gentes y sus aportaciones a la empresa serían ésta y ésta otra y sí, por supuesto que conocía la compañía. ¿y quién no? de hecho, hacía mucho tiempo que les conocía y había leído y escuchado grandes excelencias de ella, no sólo por sus acciones sino por los profesionales que las llevaban a cabo. por este mismo motivo sería una enorme oportunidad para él poder unirse al grupo y aprender y mejorar en su carrera laboral y también como persona. en ese momento tenía comprobado que la cara del entrevistador solía dibujar una discreta y boba sonrisa, orgullos y privilegiado por pertenecer ya al selecto grupo y tener la decisión final para ofrecer la posibilidad a otros de formar parte de la élite. esta era su táctica, y junto a su historial plasmado en un currículum inmaculado, solía funcionar. perfectamente trajeado, repeinado hacia atrás, con la manicura recién hecha y un poco de perfume fresco y ligero, fantaseó en cómo sería trabajar en esa compañía y si tendría un despacho con vistas a la ciudad, si habría alguna compañera que le alegrara la vista o si su jefe sería un despota. también tendría que ir pensando a qué compañía les decía que sí. sin duda con las otras dos anteriores entrevistas había causado una impresión inmejorable y sabía con certeza que el puesto era suyo. él sin embargo, tenía especial interés en esta tercera, mejor remunerada y con mejores condiciones, así que debería ofrecer su mejor perfil, hacer hincapié en su capacidad para… la recepcionista entró en la sala y le despertó de sus ensoñaciones. él enderezó su espalda y se saludaron. con una sonrisa entrenada para estos casos, la chica le pidió que le acompañara y él se levantó de inmediato y la siguió hacia un pequeño despacho. no pudo evitar fijarse en sus bonitas piernas, largas, morenas y bien torneadas. a ahí tenía la chica que le alegraría la vista por las mañanas. decidió que cuando le ofrecieran el puesto, tal vez la invitaría algún día a tomar una copa, o mejor aún, a su casa. 
-ahora mismo vendrán para hacerle la entrevista – dijo ella dejando entrever una dentadura torcida y amarillenta. 
-muchas gracias. 
-¿desea un café? 
-no, gracias, no hace falta – contestó él apartando la vista de sus dientes y descartando la posibilidad de invitarla a ninguna parte. 

el despacho era pequeño y estaba desprovisto de cualquier elemento que pudiera distraer la atención; una mesa redonda de madera oscura ocupaba el espacio central, un teléfono encima, un fluorescente frío e impersonal, un calendario con fotos de paisajes colgado en la pared y un par de sillas forradas con piel alrededor de la mesa eran el único mobiliario. estaba bien acostumbrado a este tipo de situaciones y por lo tanto no notaba los típicos nervios en el estómago, ni las manos sudadas, ni las dudas de si su currículum estaría suficientemente bien detallado. de hecho, era más bien lo contrario, le gustaban las entrevistas de trabajo: uno podía hablar de sí mismo eternamente, mientras el otro asentía y anotaba sus impresiones en el margen de los folios. era como ir al psicólogo pero sin pagar, pensó, aunque él tampoco había ido nunca al psicólogo. no le hacía falta. él siempre estaba bien y los problemas tenía que arreglarlos uno mismo. 
esperó cinco minutos hasta que entró en la habitación un hombre mayor, de unos sesenta años, bajito, de tripa prominente, con gafas, el semblante serio y el pelo canoso. se presentó como el señor alejandro rojas, jefe de recursos humanos. tenía una voz grave y dedujo por su presentación directa y escueta que no le gustaba perder el tiempo en nimiedades. estrecharon la mano, se sentó enfrente de él y echó una ojeada rápida a las hojas que había traído consigo. 
-bien, bien, bien… señor álvaro molina – dijo alzando las cejas y mirándole con cierta curiosidad - ¿veo que estudió usted en la universidad de boston? -sí, así es. 
 -¿y estuvo también trabajando allí una buena temporada? 
-cinco años. 
-bien, bien. ¿supongo que fue una buena experiencia? 
-sin duda, la mejor. 
-lo imagino. y nada más y nada menos que en silver & morgan ltd… cuando yo tenía su edad también estuve una época viviendo en el extranjero. en nantes. 
-qué interesante – mintió. 
-sí, fue una época bonita - se quedó mirando el muro unos instantes, rememorando los años en nantes, una ciudad que odió desde el primer día en el que aterrizó y a la que se prometió no volver jamás en su vida. – recuerdo el frío que hacía en invierno y que a la cuatro de la tarde ya era negra noche. desde luego creo que nunca podría acostumbrarme a eso, pero tenían buenos quesos, eso sí. 
-vaya, algo es algo. 
álvaro molina cruzó su pierna derecha y el señor alejandro rojas adivinó su impaciencia por retomar la entrevista. 
-en fin, no estamos aquí para hablar de mí, sino de usted. 
los dos hombres sonrieron y el señor alejandro rojas volvió a repasar la información de los folios. era obvio que no se había tomado la molestia de hacerlo hasta el momento de la entrevista y a álvaro molina le pareció un detalle muy poco profesional. pasó un minuto y después otro. las manos de álvaro molina comenzaron a sudar. se preguntó si el hombre no estaría ya un poco senil para ese puesto. el señor alejandro rojas continuó un rato más en silencio con los ojos pegados al papel. finalmente carraspeó, se pasó la mano por la frente y miró al joven por debajo de sus gruesas gafas. 
-bueno… - dijo dubitativo y con un tono de voz que trataba de ser amigable y conciliador – aquí leo algo que no sé muy bien cómo tomarme… 
-dígame. 
-no sé si se tratará de un error. es algo poco común, la verdad. – declaró sin atreverse a decirlo de una vez. 
álvaro molina se secó las manos con los pantalones, sin ningún disimulo. hizo un rápido repaso mental a su currículum y a su trayectoria profesional. no sabía muy bien a qué se debía tanto misterio y hubiera deseado poder beber un poco de agua. 
-verá… - continuó - aquí pone… aquí pone que… que le gusta a usted… vestirse de mujer – y esta vez no se atrevió a levantar la vista. 
-¿cómo dice? -me sorprende más a mí que a usted. sinceramente… no he podido evitar comentárselo. tampoco sé si se es un error o una broma y desde luego me gustaría pensar que se trata de lo primero porque con los tiempos que corren no estamos aquí para perder el tiempo ni usted ni yo. 
-sin duda tiene que ser un error. un grave error. este no es mi currículum - respondió álvaro molina alzando la voz más de la cuenta. 
el señor alejandro rojas se quitó las gafas y las dejó encima de la mesa. estaba acostumbrado a lidiar con la desesperación de los que hacía meses que buscaban trabajo y no encontraban, con los que no tenían suficiente preparación, con los que tenían demasiado, con los que le hacían perder el tiempo y con los que creían saberlo todo. decidió que álvaro molina estaba en el último grupo y que además era un cretino. con pausada calma y un suspiro suficientemente alto para que álvaro molina se percatara de su malestar, alargó las hojas impresas a lo largo de la mesa oscura y señaló con su índice el apartado de “otros datos de interés”, donde explicita y claramente se declaraba que al sr. álvaro molina, de treinta años, soltero, licenciado en economía, viviendo y trabajando en boston durante cinco años y con un nivel alto en inglés y alemán, le gustaba vestirse de mujer. álvaro molina le arrebató la hoja y releyó la frase un par de veces hasta que se le nubló la vista. notaba que le apretaba la corbata, le molestaba la chaqueta y le faltaba el aire. pasaron unos segundos más en los que no se le ocurrió nada qué decir, ni tan siquiera levantar la mirada del maldito currículum. 
-la verdad – declaró derrotado al final - es que no sé cómo ha llegado esto aquí. 
el señor alejandro rojas respiró aliviado. quizá no era tan cretino como había imaginado, aunque a él tampoco le quedaba claro como alguien que parecía tan profesional y preparado hubiera cometido un error tan torpe. 
-no se preocupe. estoy seguro de que no se dio cuenta cuando escribía su currículum. estas cosas pasan. - mintió también él. 
-sí... desde luego, una equivocación. estaría pensando en… bueno, da igual. lo siento muchísimo. puedo reescribirlo de nuevo y enviárselo hoy mismo. 
-creo que no hará falta. ignoremos este contratiempo y si le parece bien, continuemos con la entrevista. 
álvaro molina hubiera querido replicar que no era necesario. que mejor se marchaba a su casa y se olvidaban de todo el asunto, que habrían otras personas más preparadas que él y que en realidad ya no deseaba entrar en la empresa. ya sólo quería salir a la calle, aflojarse la corbata, respirar aire fresco, secarse las manos de nuevo y beber un poco de agua. 
-por supuesto, continuemos - mintió por segunda vez.
el resto de la entrevista fue un breve formalismo en el que el señor alejandro rojas intentó concentrarse y escuchar con atención las respuestas inconexas y balbuceantes que álvaro molina iba aportando, pero cada vez que le miraba, a través de sus gruesas gafas, no podía evitar preguntarse cómo le sentarían unos tacones de diez centímetros. 

17 noviembre 2010

no me vas a gustar

esta noche, mi madre y su nueva pareja vienen a casa a cenar. es noche de presentaciones oficiales. se conocieron hace unos tres o cuatro meses, en la cola del fnac. después él la invitó a un café y la cosa siguió su curso habitual.
ella asegura que me va a gustar, que es un buen hombre, inteligente, con un buen trabajo y afirma que nos llevaremos bien. le he dicho que estoy segura que así será y que si ella es feliz, yo soy feliz. qué gran frase! no quería ponerla más nerviosa de lo que ya debe estar. pero sé que no me va a gustar. de hecho, probablemente acabe odiándole. da igual que haya leído millones de libros, que colabore con alguna asociación benéfica, que su sueldo triplique el mío y que además quedara finalista en el concurso de mister mundo. no va a gustarme porqué cuando vea su cara, también veré la de mi padre: solo, viejo, sentado en el sofá de un comedor vacío, mirando alguna estupidez en la tele y carcomiéndose por dentro, pensando una y otra vez qué falló y porqué no se dio cuenta antes.

así que mamá, aunque lleve toda la mañana en la cocina y haya comprado flores y os anime a hacer ese viaje del que tanto hablais y sonría durante toda la velada, no me va a gustar tu nueva pareja. y no lo voy a sentir.

12 noviembre 2010

siempre había sido puntual. solía llegar a las citas dos o tres minutos antes de la hora. salía de casa con el tiempo bien cronometrado; lo justo para no correr, ni para estar esperando mucho tiempo. me molestaba tener que esperar. me parecía una falta de respeto grave y alguna vez, si a los diez minutos no había aparecido la persona con la que había quedado, me marchaba sin remordimiento alguno. esperar me parecía una actividad tediosa y sin sentido, una pésima manera de mal gastar un tiempo que no producía nada.
sin embargo un día salí un buen rato antes de casa. al llegar al punto de encuentro con mi cita descubrí, algo turbado, que todavía faltaba una hora para que ésta llegara y, a pesar de mi reticencia inicial, decidí esperar. me senté en un banco, al lado de dos abuelas, de pelo violáceo, que parecían ejercer de forma profesional la misma actividad en la que me iniciaba yo. de vez en cuando las miraba por si tal ocupación precisaba de algún extra como cacarear o recitar poesías a pleno pulmón, pero observé que no era así. esperar sólo consistía en esperar. como mucho, cada cierto tiempo, una de ellas comentaba alguna trivialidad como que si esa chica llevaba una falda muy corta, que si su nieto era lo más rico del mundo o que si tenía el colesterol por las nubes. la otra asentía solemne. en mi caso, sin interlocutor a quien informar y no queriendo intervenir en los comentarios de mis vecinas para no parecer entrometido, esperaba solamente.

a partir de ese día, todo cambió. primero comencé con periodos breves de diez o quince minutos, pero después lo alargué a media hora y más tarde a cuarenta o cincuenta minutos.
ahora suelo presentarme a mis citas dos horas antes, como mínimo. cuando llegan y me preguntan si hace mucho que estoy esperando, contesto que no el suficiente. ellas piensan que soy cortés y ellos se ríen de mi broma repetitiva.
esperar: tener esa inquieta sensación de que algo va a ocurrir, de que alguien va venir a mi encuentro, de que algo va a alterarse. o quizás no. quizás sea simplemente una gran pérdida de tiempo.

09 noviembre 2010

En un estudio publicado en 1895 en la revista Cincinati Medical Journal, el Dr. L.M. Phillips reflexionaba sobre la siguiente cuestión: "¿Qué influencia ejercen sobre mentes susceptibles las esculturas de desnudos expuestas en nuestros museos públicos y en el teatro fin-de-siecle?" Su respuesta fue un intento de aclarar el misterio de esta particular perversidad sexual por medio de su cuantificación. Excepto el caso de los artistas, a quienes se les había enseñado que la desnudez no era lasciva, y el 1% de la población que jamás había experimentado excitación sexual, todo el resto de la población, según creía el Dr. Phillips, sentía fuertes deseos sexuales cada vez que se enfrentaba a esas imágenes. Al 60% de la población, sexualmente sano, no le sucedía nada anormal. Pero al otro 39 por ciento la impresión que causaban estas estatuas era tan extraordinaria que perduraba mucho tiempo después. De hecho, la vista de esta desnudez causaba tal trastorno mental que podía conducir a la ninfomanía.

Una historia de la ninfomanía - Carol Groneman

05 noviembre 2010

01 noviembre 2010

¿día de los muertos?



anita berber. según los libros, bailarina, actriz, exhibicionista, prostituta, musa... no crean todo lo que está escrito en los libros. ni en los blogs.

29 octubre 2010

carta a los señores de por las mañanas

apreciados señores,

desde hace ya unos meses que cada día (bueno no) de lunes a viernes, nos vemos a las ocho, ocho y diez, según vayamos tarde o temprano y aunque no hayamos hablado nunca, les he cogido cariño. verles cada mañana, sentados en fila en el bordillo de la acera, esperando a que les pasen a recoger, comentando las noticias, o el fin de semana, o simplemente bostezando y aspirando el primer cigarrillo del día, hace que mis inicios de día sean menos insípidos.
primero eran dos o tres, pero imagino que su empresa ha ido creciendo (en tiempos de crisis, me pregunto a qué se dedican exactamente) y ahora ya son… seis? siete? por cierto… de dónde ha salido el último? sí, el chico joven, el que menos disimula. sí, sí, me he dado cuenta! o qué se pensaban? que yo no miro? pues claro que lo hago! pero tienen que entenderme, son seis contra uno e intimidan un poco. especialmente en esos días en los que una preferiría pasar desapercibida. aseguro que son pocos, pero haberlos haylos y me molestan más a mí que a ustedes. prometo trabajar este problema mío de auto estima balanceante.
la cuestión es que hoy me han decepcionado y de aquí el motivo de esta carta.

nos hemos visto a unos veinte metros de distancia, cuando cruzo y tiro por gran vía para arriba a coger el autobús. hasta aquí, nada nuevo. para mí es más fácil, lo reconozco: al venir a su encuentro no debo voltear cabezas, ni torcer cuellos, ni desviar miradas, ni hacer gestos extraños. aunque tampoco creo que este tema les preocupe mucho. a estas alturas, ¿para qué fingir?
así que hemos empezado el ritual matutino: se giran, murmuran, se avisan entre ustedes (hay qué ver lo majetes que son, de verdad. ¿trabajarán para alguna oenegé?), me da la risa floja, consigo controlarla, me pongo seria, hago como que miro algo fascinante que capta toda mi atención en la otra punta de la calle, me concentro para que la sensación de sentirme minuciosamente examinada disminuya y paso por delante del grupo como un auténtico florero primaveral! y justo en ese preciso instante, otro florero pasa entre ustedes y yo. y no sé si serán imaginaciones mías o la perjudicial tendencia que tenemos a mal pensar, pero es que me ha dado la sensación que en ese preciso instante ha habido una sobre exposición de crisantemos.

así que señores de por las mañanas, si a partir de ahora esta es la relación que vamos a mantener ustedes y yo, si a partir de ahora va a haber dos floreros en la misma franja horaria, voy a verme en la obligación de cambiar de ruta y buscarme nuevos jarrones.

atentamente,

27 octubre 2010

caso clínico: angustia vital y tremendismos varios

el mundo está lleno de peligros. en esto estamos de acuerdo: que si bombas, ataques suicidas, atentados terroristas, violencia de género, accidentes de tráfico, catástrofes naturales, etc. pero para los pacientes que sufren de angustia vital y tremendismos varios (at/tv, para abreviar) esta afirmación se queda corta. cortísima. es como decir que pillarse unas vacaciones a irak puede acarrear algunos inconvenientes insignificantes o que saltar a la vía, cuando faltan veinte segundos para que aparezca el tren, no es una idea brillante. a no ser que uno tenga unas tremendas ganas de desaparecer indefinidamente.

los aquejados de at/tv no conciben la vida sin peligro, desgracias, tragedias, amenazas, enfermedades, dramas o plagas. de hecho, la vida es esto: una fatalidad detrás de otra, acechando a una desvalida víctima que ha venido a esta vida a sufrir. vamos, como una versión moderna de los antiguos griegos, siempre a la merced de sus juguetones dioses y siempre perdiendo todas las batallas porqué eran sólo esto: indefensos títeres, desgraciados y mortales.

la angustia vital, como el resto enfermedades, tiene distintos niveles de padecimiento. hay quienes, a pesar de temer siempre lo peor, siguen haciendo su vida con más o menos normalidad. salen de casa por la mañana y miran la carretera tres o cuatro veces antes de cruzar. en el trabajo no se exponen a peligros innecesarios como grapadoras, máquinas de café o jefes cabreados y al llegar a casa por la noche, comen bocadillos fríos para no encender el gas y provocar una explosión. los que padecen este transtorno de forma más grave, no salen de casa bajo ningún concepto y acaban sus días muertos de inanición pero agradecidos por no haber sido violentamente apaleados por el ku kux klan, aún perteneciendo a la raza aria.
ni que decir tiene que las terapias y el apoyo familiar pueden ser una ayuda incomesurable, pero no nos engañemos, las penalidades siguen allí. y es que los at/tv siempre tienen amigos, conocidos, amigos de amigos, vecinos o primos lejanos a los que les ha pasado algo terrible. es inexplicable cómo un enfermo de este tipo puede tener tantos allegados que, en un malogrado día u otro, fueron víctimas de una fatal adversidad. y claro, ante tal evidencia se hace más complicado convencerlo de que la vida es bella. o llevadera, por lo menos.

hay personas con más propensión que otras para contraer tal dolencia; e aquí los tres grupos con más números: los nacidos en los meses de diciembre y enero (también conocidos como capricornio en los círculos astrológicos), los que poseen una imaginación peculiarmente tortuosa y sobretodo, las madres.
éstas últimas son, sin lugar a dudas, las reinas de la angustia vital y los tremendismos varios. no hay más que hacer la prueba: díganle a cualquier madre del mundo que su hijo va a salir esa noche.
en primer lugar su cara experimentará un cambio de expresión conocido como “no-aprobación” e inmediatamente una serie de preguntas-trampa acosarán al pobre vástago que sólo quería ir al cine. no hay respuesta válida. todas serán erróneas y causa de máxima preocupación. y es que la susodicha madre ya ha visualizado esa noche y sabe qué sucederá exactamente: nada bueno. y pensarán que es lógico que una madre se preocupe por sus hijos. bien cierto. pero una cosa es la preocupación dentro de los límites aceptables y otra bien distinta, la preocupación sin sentido basada en hechos no-reales.
sí, las entradas se pueden agotar, puede incluso que la película sea mala, que los espectadores salgan mosqueados de la sala y que a raíz de ésto, estalle la tercera guerra mundial (esa misma en la que sólo sobrevivirán las cucarachas y los tremendistas previsores), pero ya lidiaremos con todo ello cuando ocurra realmente.

así que madres del mundo y angustiados en general…

21 octubre 2010

bellezas

la he visto de lejos, en los interminables túneles que unen línea 3 con línea 5 y he pensado: de dónde ha salido ésta? pero entre la multitud que se reúne de 6 a 7 de la tarde para retarse con empujones diplomáticos, miradas poco conciliadoras y carreras de corta distancia, le he perdido la pista y no he podido reparar en ella tal y como hubiera deseado. casi mejor. este tipo de personas (de bellezas, en realidad) me desconcentran de los habituales monólogos que organizo conmigo misma.
llega el metro y entro en el vagón junto a un grupo de diez o doce. veinte, quizás y... tachán! allí está. a dos centímetros de mi. compartiendo la misma barra para que no nos caigamos una encima de la otra, lo cual consideraría como una señal evidente. sé que incluso observándola de reojo, con mi no convincente disimulo, va a darse cuenta, pero no puedo evitarlo. primero le echó un par de miradas fugaces, como quien, levantando un poco la cabeza, está buscando a un amigo en la lejanía o un poco de oxígeno renovado en un vagón donde hay de todo menos oxígeno. ni renovado, ni sin renovar. después, la contemplo sin disimulos, buscándole defectos y no encontrando ninguno.

la primera idea que me viene a la cabeza es cogerla en brazos para que no se ensucie, ni se canse y llevarla a mi casa. la pondría encima de la estantería y la admiraría día y noche, como si fuera un botticelli. y le taparía la boca. por si le da por hablar y la fastidia.

20 octubre 2010

La prohibición de fumar se amplía por primera vez a espacios abiertos.

No se podrá consumir tabaco en patios de institutos, en parques infantiles ni en el entorno de hospitales - El Congreso prevé que entre en vigor el 2 de enero.

España va a ser -con la excepción de California y otros estados de EE UU- el primer país en prohibir fumar no solo en todos los locales públicos cerrados, sino también en algunos sitios al aire libre. Es una de las medidas consensuadas por los grupos parlamentarios en la ponencia de la Comisión de Sanidad del Congreso que estudia la reforma de la ley antitabaco de 2004...

El País, 20 octubre.

* prohibir, prohibir, prohibir, prohibido, prohibir, prohibir.
** ¿señorita, puedo ir a mear?
*** je pense que je veux être française.

19 octubre 2010

odiamos el aburrimiento y jugar está bien. es divertido. nos entretiene y nos hace pasar el rato cuando estamos cansados de leer o de pasar el polvo. pero es que últimamente parece que siempre pierdo yo y he decidido que voy a dejar de jugar. un tiempo al menos.
y no es que tenga mal perder, es que ya no me divierto contigo.

18 octubre 2010

fin de

menudo fin de semana hemos pasado. yo lo empecé el viernes. me telefonearon desde la guardería porque violeta tenía fiebre y debía ir a recogerla. al dejarla por la mañana ya la había notado un poco más callada de lo habitual, pero pensé que tendría más sueño que otros días, sin sospechar que estaría pillando algo. estos críos. llamé a mi marido, no sé muy bien porqué. al fin y al cabo sabía que era yo quien debía hacerme cargo de la niña. 
-hola ana, ¿dime? 
-nacho, hola. acaban de llamarme de la guardería. violeta tiene fiebre y voy a recogerla. 
-ya… ¿y? 
-¿podrías ir tú ir a recoger a pablo a las cinco? no sé si va a darme tiempo y... 
-¿a las cinco? !imposible! tengo una reunión a las seis y no sé ni a qué hora llegaré a casa. 
-vaya… bueno… da igual. ya me apañaré sola, como siempre 
-ana, de verdad, ahora no puedo discutir eso. te llamo luego. 
-está bien, está bien, déjalo. ya hablamos después. 
salí disparada del trabajo y de mal humor, aunque también es cierto que no era culpa suya si tenía una reunión justo cuando pablo salía del colegio. llegué a la guardería y aparqué en doble fila porque a esas horas era imposible encontrar un hueco, ni tampoco tenía el tiempo para hacerlo. corrí hacia su aula y al ver a mi hija sola, en un rincón del aula, abrazada a un osito de peluche, me rompió el corazón. la chica de la guardería me informó que había pasado toda la mañana lloriqueando, vomitando y que no había comido nada en todo el día. !con lo glotona que es mi violeta! ni se alegró de verme, ni reaccionó cuando le dije que nos ibamos a casa. pobrecilla. toqué su frente y me pareció que estaba a cuarenta como mínimo así que decidí pasar por urgencias antes de ir a casa. al salir un guardia estaba anotando mi matrícula, pero le supliqué que olvidara el asunto, y que no volvería a ocurrir. fue inútil y me puso la multa igualmente. estuvimos dos horas en la sala de espera de urgencias, junto a otros niños que tenían los mismos síntomas que violeta. cuando por fin nos llamaron para entrar en la consulta, el doctor, un hombre mayor con prisa por empezar su fin de semana, le diagnosticó una gastroenteritis sin complicaciones que se curaría con mimos y una dieta suave a base de arroz hervido. algunas veces me pregunto si son necesarios tantos años de universidad para acabar recetando obviedades. 
salí del hospital malhumorada y con el vómito de violeta encima de mi blusa blanca. durante el trayecto a casa violeta no paró de llorar. desde mi asiento delantero intentaba calmarla y hacerle olvidar su dolor de tripa, pero la niña me ha salido revoltosa, todo lo contrario que su hermano, y tuve que aguantar sus berridos los treinta minutos que duró el trayecto hasta casa. pensaba que me iba a estallar la cabeza de un momento a otro, pero, no sé cómo, conseguimos llegar. eran las tres de la tarde. yo no había comido nada en todo el día a parte del café de las diez, en dos horas pablo salía del colegio y nacho no me había llamado todavía para decirme si podría o no irlo a recoger. metí a violeta en su cama y se quedó dormida inmediatamente. por fin se había callado. bajé a la cocina, abrí la nevera y un par de armarios. me decidí por una bolsa de patatas fritas con sabor a jamón que devoré como si hiciese semanas que no hubiera probado bocado y una lata de cerveza bien fría. justo cuando daba el último sorbo, sonó el teléfono. era nacho: 
-¿ana? oye siento lo de antes. me pillaste en mal momento. 
-no pasa nada. ¿más tranquilo? 
-sí, bueno no, pero da igual. ¿cómo está violeta? 
-no muy bien. fui a recogerla y luego al médico. dice que tiene gastroenteritis. ahora etá durmiendo. 
-bueno, será una pasa que ha cogido en la guardería. mañana ya estará bien. -eso espero. 
-ana... no podré ir a recoger a pablo. la reunión de esta tarde… tendrás que ir tú. 
-¿y cómo lo hacemos? perdón, ¿cómo lo hago? no puedo clonarme todavía, ¿sabes? ¿despierto a la niña con fiebre, la meto en el coche, que me vomite encima otra vez y a hacer kilómetros? 
-llévala a la vecina. será sólo un momento. nena, de verdad, me es imposible.
-no me gusta llevarla a la vecina y lo sabes. bastante tiene con lo suya. 
-pues yo no puedo. 
-esto es increíble, de verdad. 
colgué el teléfono y lo tiré encima del sofá, sin hacer mucho ruido por si la niña se despertaba. fui a por otra cerveza aunque sabía que tendría que coger el coche de nuevo en una hora y me la bebí sin apenas respirar. cuando me calmé, fui a casa de laura, nuestra vecina. me abrió con el delantal puesto y con un gemelo en cada brazo. sabía que no era una buena idea, pero no me quedaba otro remedio. 
-ana, hola, pasa dentro. estaba preparando la merienda para estos dos. 
-no, no, sólo será un momento. odio tener que hacer esto, sé que vas a mil por hora, pero necesito que te quedes con violeta. sólo será un momento. el tiempo justo para ir a recoger a pablo... está enferma. 
-oh, pobrecilla. 
-no te lo pediría si no fuera algo importante. 
-no te preocupes. nos apañaremos. ve tranquila, que yo me quedaré con los tres. 
 -te lo agradezco muchísimo. 
-quizá a la vuelta no nos encuentres vivos! – bromeó. 
me reí con ella, aunque no me hizo ninguna gracia. 
de nuevo en la carretera, con lo que odio conducir y lo nerviosa que me pongo al volante. llegué justo cuando pablo salía del colegio, sucio, sudado y feliz porque era viernes y sabía que tenía dos días para mirar la televisión, jugar a la consola e ir a dormir tarde. dicen que es igual que yo: tranquilo, callado, patoso y con la cabeza en las nubes. tiene siete años. violeta dos. son polos opuestos y ya ahora se pelean a todas horas. no quiero ni pensar cómo será cuando crezcan y sean adolescentes, pero de momento prefiero no pensar en ello.
pablo corrió hacia el coche, subió, cerró la puerta y me miró como si fuera la peor madre del mundo. algo no iba bien. 
-!hola guapo! ¿no le vas a dar un beso a tu madre? 
-no 
-¿qué te pasa? – pregunté.
rompió a llorar. con esto también se parece a mí: esa tremenda facilidad para llorar por cualquier cosa. 
-ei, ¿qué ha pasado? ¿porqué lloras? - insistí 
-martín me ha dicho hoy en el recreo que los reyes son los padres. yo le he dicho que no es verdad. a qué no es verdad, ¿mamá? 
-!claro que no! !por supuesto que no! !martín no sabe lo que dice! 
no sé si deberíamos seguir con esto. a sus siete años todavía sigue ilusionado el día de reyes y ni su padre ni yo queremos fastidiarle el momento. tal vez empezaría a ser hora de contarle la verdad, lo sé, pero en ese momento no me vi con energía para darle explicaciones de porque sus padres decidieron mentirle sobre un asunto tan serio. fuera como fuera mis palabras le tranquilizaron y se pasó el viaje canturreando y contándome qué había hecho en la escuela. 
 nacho apareció por casa a las diez y media de la noche. mientras, a mí, me había dado tiempo de jugar con pablo, entretener a violeta, bañar a los dos, prepara la cena, la papilla, recoger la cocina, poner a dormir a la niña y quedarme frita en el sofá con el niño en brazos. 
-ah, !por fin apareces! 
-sí, yo también empezaba a pensar que no lo conseguiría – no tenía ganas de que le tomara el pelo y desistí en continuar. 
-¿has cenado ya? hay pescado en el horno. 
-no. no tengo hambre. tengo un dolor de cabeza terrible y estoy hecho polvo. me voy a dormir. 
y a continuación se quitó los zapatos, la camisa, lo dejó todo desparramado por el salón y subió a la habitación. me entraron ganas de pegar un grito bien fuerte, pero pensé que despertaría a los críos y tendría el doble de trabajo para dormirlos otra vez, así que me quedé callada y con las mandíbulas bien apretadas para no ponerme a llorar. 
esa noche me levanté tres veces. las mismas que los lloros de violeta me despertaron y las mismas que tuve que cambiar de sábanas su cama y ponerle un pijama limpio debido a sus vómitos. 

sábado. 
a las ocho de la mañana me desveló el ruido de la televisión y me levanté. fui a ver a violeta que dormía placidamente pero pablo ya estaba mirando los dibujos y tenía hambre. desayunamos en silencio, enfrente de la pantalla, viendo como una esponja parlante se peleaba con un gato volador en forma de globo. así pasamos una hora y a pesar del alboroto que montaba la esponja con sus amigos, tuve la sensación que esa sería la única hora de sosiego que iba a tener en todo el día. no me equivoqué en absoluto. a las nueve desperté a violeta y intenté que comiera algo. parecía más animada que el día anterior y quiso levantarse. después fui a ver a nacho porque tenía que ir a hacer la compra, pero seguía durmiendo en el centro de la cama. 
-son las nueve ya. tendrías que levantarte y ayudarme con... 
-tengo una jaqueca terrible y me encuentro fatal. – se dio la vuelta - cierra la puerta cuando salgas, ¿vale? 
me pasé el día con los críos, para arriba y para abajo, los llevé al parque, hice la compra y limpié los baños. a nacho no le vimos el pelo hasta la hora de cenar, cuando bajó todavía en pijama, sin duchar y con el pelo revuelto. pidió silencio durante la comida porque aún le dolía la cabeza y cuando terminó su plato volvió de nuevo a la cama. cuando subí yo, dos horas después, estaba despierto y de buen humor. me metí en la cama, agotada, e inmediatamente adiviné a qué se debía su buena cara. se acercó y me abrazó. me aparté. 
-ya te encuentras mejor, ¿no? – dije en un tono irónico que no pareció adivinar. 
-sí, mucho mejor. necesitaba un día entero para dormir. 
-ya veo. pues yo no dormí nada ayer y estoy reventada. - contesté, apartando su brazo de encima mío. 
-lo que quiere decir que hoy no habrá sexo. 
-lo que quiere decir que estoy harta de que no me ayudes en nada, simplemente. 
-siempre estás igual, ana, joder. 
-no, joder no, nacho. yo así no puedo más. y ahora, si no te importa, quiero dormir.
me di la vuelta. él se levantó y se marchó de la habitación dando un portazo.

domingo. 
violeta con ganas de corretear y comer me despertó a las siete y media. me aseguré de que su sábana estaba limpia, la vestí y fui al comedor donde ya estaba pablo mirando los dibujos. nacho dormía en el sofá, abrigado con toallas y chaquetas. los zapatos y la camisa que había dejado el viernes seguían allí. lo recogí, puse una lavadora con su ropa del trabajo y después otra con la ropa de los niños. con el alboroto se despertó y supongo que sintiéndose culpable por la discusión de la noche anterior, se llevó los niños al parque. aproveché para preparar la comida y quitar el polvo de los muebles. comimos en silencio, escuchando las noticias. a mi marido no le gusta que se hable mientras están las noticias puestas porqué dice que no se entera de las cosas importantes que pasan en el mundo. nadie mencionó lo bueno que me había salido el asado y pablo dejó la mitad porque prefería macarrones con queso.
por la tarde aparecieron sus dos hermanos, con sus respectivas parejas. nadie me había avisado de su visita, pero no quise darle importancia. saqué licores y galletas aunque nacho propuso ir a tomar algo fuera, por hacer algo diferente. yo contesté que con los críos era imposible y él respondió que era una aburrida y que siempre ponía pegas a todo. uno de sus hermanos intentó quitarle hierro al asunto pero él sentenció que era una auténtica aguafiestas y que estaba obsesionada con los horarios y la limpieza. nos quedamos callados los seis, mirando cada uno para un lado diferente, evitando así cruzar miradas incómodas. 
al final se fueron ellos y yo me quedé con los niños. pablo se enfadó conmigo porqué le prohibí ir a casa de su amiga y violeta empezó a lloriquear porqué no había echado la siesta y estaba cansada. a las nueve la puse a dormir y después cené con mi hijo, esta vez sin las noticias, pero igualmente callados. a las once y media, por fin, después de dos días, la casa estaba en silencio. mi marido no había llegado todavía y tampoco me importaba en absoluto. fui a por una cerveza y me fumé un cigarro en el sofá. no acostumbro a fumar, y mucho menos dentro de la casa, pero decidí que me lo merecía. estuve pensando sobre ese fin de semana, el anterior y los que vendrían a continuación. no estoy muy segura de si esto es lo que imaginé cuando me casé hace ocho años. creo que no, pero a lo mejor es que así es como son las cosas y no hay que esperar mucho más. o a lo mejor es que hace tanto tiempo que ni me acuerdo de lo que imaginé exactamente. 

15 octubre 2010

09 octubre 2010

previsión meteorológica

nubes y tormentas para el fin de semana. así lo han anunciado los hombres del tiempo. qué bonito nombre! hombres del tiempo: como la fruta o como si el resto fuéramos hombres intemporales.
aislamiento voluntario, interminables horas contemplando como cae la lluvia y humeantes tazas de té con galletas de chocolate. no se me ocurre un plan mejor.

a veces la nada puede ser el todo.

08 octubre 2010

le despiertan a las ocho de la mañana, pero la mayoría de días hace ya horas que está despierto. se queda quieto en la cama, esperando que alguien vaya a buscarle. algunas veces tardan un poco más y en esos casos, no puede aguantar y se mea encima.

la habitación es pequeña y sencilla, pero está limpia y ordenada. en un rincón está la cama, estrecha y corta, al lado una mesilla con algunas fotos de él cuando era joven, un sofá azul con un cinturón para atarle cuando se pone nervioso y un televisor colgado de la pared, permanentemente encendido y demasiado moderno comparado con el resto del mobiliario.
la ventana da a la calle, pero las cortinas están siempre corridas. dice que le molesta la luz del sol, aunque su vista cansada apenas le permite ver más allá de los dos metros de modo que sólo escucha sonidos. a veces los puede asociar a un coche que pasa o a un niño que llora. otras, cuando su mente se queda parada, no los relaciona con nada.
a menudo pregunta a las chicas de bata blanca cuando podrá volver a su casa y ellas, siempre muy animadas, contestan que no se preocupe, que allí esta mucho mejor. que allí le cocinan, le limpian y no tiene que preocuparse por nada. él, todavía sin entender, insiste en saber si está en un hospital pero las chicas se ríen, le acarician las mejillas y no responden.
algunas veces tiene visita. ellos dicen que son sus hijos, pero él está seguro de no haber tenido nunca hijos. al principio se sentía incómodo con esa gente que ocupaba su habitación, le miraban con tristeza y le preguntaban estupideces como qué había cenado. no se acordaba. al final se ha acostumbrado y también a ellos les pregunta dónde está y cuando podrá volver a casa.
-¿pero no ves que aquí te cuidan muy bien? estás en una residencia. ya te lo dije la semana pasada – responden.
-¿en una residencia? ¿de un hospital?
-no, no estás en ningún hospital, papá.
-¡ah! – contesta turbado pero aliviado – y tu padre, ¿cómo se encuentra? es muy buen vecino, ¿sabes? algún día tengo que pasar y saludarle.
-sí, es una buena idea. seguro que se alegrará de verte.
después se queda en silencio un rato, agotado y mirando esa pared blanca que parece haberse convertido en su inamovible y único punto de referencia.
cuando vuelva a casa, debe acordarse de contarle a su vecino el detalle que ha tenido su hijo, un buen chico, sin duda. se pregunta si quizá mañana, podrá marcharse ya.