12 diciembre 2011

planes

gloria se ha sentado en la mesa de al lado de la ventana, en el mismo lugar donde se sienta casi siempre. es la que mejores vistas tiene y la que queda más apartada de la barra, a estas horas, casi vacía. el camarero le ha servido el café bien caliente como le gusta a ella y un vaso de agua para después. espera impaciente. le gusta llegar con tiempo, observar a la gente, los que emprenden el viaje, las novias que se despiden con gesto compungido, los abrazos, pero sobre todo le gustan esos minutos previos en los que sin nada que hacer aparte de mirar, empieza a sentir ese hormigueo y ese nerviosismo que se repite sin excepción a pesar de que su historia dejó de ser novedosa hace meses. quizá por este motivo le gusta y no le importa en absoluto que su vida gire alrededor a esos fines de semana furtivos en los que él consigue escaparse y pueden estar juntos. 

recuerda bien cómo se conocieron y es en estas horas muertas cuando se recrea en evocar su primera noche en la habitación del hotel, después de una conferencia sobre mercados emergentes en la que el experto, un hombre joven poco acostumbrado a hablar en público, se limitó a tartamudear un discurso insustancial y tedioso. ellos estaban sentados uno al lado del otro y fue él quien inició una conversación que terminó con la moqueta del dormitorio de ella un poco manchada. luego pasaron a la cama y después al baño. decidieron no asistir a las ponencias de la mañana siguiente y aprovechar la habitación y todos los rincones que no habían probado la noche anterior. desde el principio conectaron y a gloria le asustó un poco que no sólo fuera una persona interesante, con la que se podía hablar de cualquier tema, sino que además se entendieran también cuando dejaban de conversar y se desplomaban en la cama, en silencio, satisfechos, jadeantes y empapados en sudor y semen. 
horas antes de separarse después de su primer encuentro, un poco turbado y con cierto temor, él le explicó que quería volver a verla y que tenía esposa. se miraron y partieron en direcciones opuestas. 
durante el viaje de vuelta gloria contempló el paisaje de campos helados y árboles deshojados y cuando llegó a casa sintió que sus miedos se habían disipado. le dolían un poco las rodillas y los arañazos en la espalda, pero todo lo demás había sido digerido y decidió que ella también quería verle otra vez. tardó apenas dos días en llamarla. al escuchar su voz ella no pudo reprimir un sonrojo adolescente y mientras él le contaba lo mucho que la echaba de menos, a ella le vinieron a la cabeza las imágenes de sus manos grandes recorriendo cada milímetro de su cuerpo, sus labios mordisqueando su piel pecosa y su creciente erección suplicando que se abriera de piernas. para él empezaron las mentiras, para ella los calendarios con días marcados en rojo en los que su único plan era encerrarse en casa con él. 

se veían cuando él podía y gloria nunca le recriminó su complicada predisposición en función de las comidas familiares y las barbacoas con amigos que él decía que no soportaba. tampoco objetaba nada cuando mencionaba a su mujer, los continuos problemas que tenían y la necesidad de solucionarlo de alguna forma u otra. gloria escuchaba y callaba. era un tema que no le incumbía; al fin y al cabo no era ella quien debía dormir en la misma cama todas las noches, ni la que debía verle la cara cuando volvía de follarse a otra. de hecho, gloria sentía una especie de agradecimiento cuando después de dos días, él se marchaba del piso. era una mezcla de pena por terminar algo que no sabía cuándo podrían reanudar y alegría por recuperar su espacio y reiniciar su vida a solas, pendiente de una llamada, un email, un ramo de flores que alegraba sus despreocupados días. 

el tren de las doce y diez llega con veinte minutos de retraso. el camarero se acerca a gloria y le informa de que van a cerrar. tiene cara de cansado y antes de levantarse e irse se asegura de dejarle una buena propina. posiblemente, en otro momento no lo haría pero hoy es un día marcado en rojo y cualquier minucia le dibuja una sonrisa en la cara. aparte de dos guardas de seguridad que pasean distraídos y un grupo de jóvenes empujándose unos a otros, la estación está desierta y gloria busca con la mirada algún sitio donde poder sentarse y resguardarse del aire fresco. descubre un banco un tanto incómodo cerca de una anciana vestida con harapos que busca comida en la papelera. los segundos se eternizan. 
“llego en diez minutos. quítate las bragas.” 
gloria suelta una carcajada al leer el mensaje. le gusta su forma de ser directa, sin rodeos, de ordenarle, incluso, y admite que a veces querría poder espiarle en su día a día para comprobar si realmente es así o sólo actúa de esta forma para ella. no le gusta desobedecer este tipo de órdenes y camina hacia uno de los baños de la estación, pero como suponía, a estas horas ya está cerrado. quizá si pregunta a los de seguridad… siguen dando vueltas por la estación y cuando se acerca a ellos, los hombres interrumpen su conversación y el más joven desvía la mirada a su escote. 
-hola. 
-buenas noches – contesta el más mayor. 
-no sé si podrán ayudarme, espero que sí. necesito ir al baño urgentemente pero está cerrado con llave y bueno… 
 -no se preocupe, yo le abro ahora mismo – soluciona el otro sin dejar de mirar sus pechos. 
-oh, perfecto – dice ella – acaban de salvarme la vida. 
-si todo fuera tan fácil, ¿verdad? – dictamina el joven. 
los tres ríen y se dirigen hacia los baños en silencio. el hombre más mayor le aguanta la puerta y ella se escabulle rápidamente. con todo el ajetreo imagina que él ya está en el arcén, buscándola, y se impacienta todavía más. se sube la falda, se quita los tacones, las medias y finalmente las bragas, que guarda en un pequeño bolso. decide guardar también las medias, a pesar de que el tiempo no acompañe. 
tiene tantas ganas de verle que cuando sale ha olvidado a los guardias que esperan fuera, ni tampoco les agradece el detalle que han tenido con ella. su móvil suena de nuevo. lee “tengo una sorpresa para ti”. si pudiera gritar sin pasar por una loca, lo haría ahora mismo. al alzar la vista de la pantalla, él está bajando del tren. espera de pie, quieta, inmóvil, sin saber qué hacer con las manos mientras él avanza hacia ella. se ha cortado el pelo y parece más joven. camina rápido, seguro, alegre y cuando por fin la alcanza, se abrazan y se besan largamente. el corazón de gloria palpita tan rápido que casi le da vergüenza que él lo pueda notar. cuando se separan se miran y sonríen como si en el mundo no existiera nadie más a parte de ellos dos. lo primero que él pregunta es si lleva bragas y gloria, sin demasiado disimulo, conduce su mano helada hacia su húmeda entrepierna. él introduce un dedo y lo chupa al sacarlo. se besan, se tocan. ella adivina sus deseos. salen de la estación en busca de un taxi con un conductor discreto al que no le importe que continúen allí con los preliminares. cogidos de la mano, y atropellándose mutuamente con preguntas que quedan sin responder, esperan un par de minutos en los que, de repente, gloria recuerda la sorpresa que él ha mencionado y pregunta curiosa y divertida. él se detiene. ya no sonríe. aprieta su mano y clava sus ojos en los de ella. 
-he dejado a mi mujer. – informa señalando la maleta, más grande de lo habitual para sólo un fin de semana.
gloria mira la maleta y después a él. busca un gesto en su cara, en su expresión, que indique que se trata de una broma, pero no lo encuentra. le gustaría poder responder algo. le gustaría incluso poder pensar en algo, pero se ha quedado en blanco y por primera vez en todos los días marcados en rojo del calendario, sabe con certeza que ahora no está tiritando por la excitación, ni por el nerviosismo, ni por las ganas que tenía de él, sino por el frío que se cuela entre sus generosos muslos. 

2 comentarios:

  1. Me ha encantado este relato. Por la psicología, porque indaga en el interior de los personajes además de lo que les ocurre por fuera. Por el erotismo con el que me identifico perfectamente. Y el final da que pensar. Inesperado y ambigüo. Ese frío en la entrepierna me hace pensar que esa sorpresa no es tan buena. Bueno, yo me hago mi propia historia después de la tuya. Saludos.

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  2. Si conociera usted a la escritora no le haría falta interpretar nada.
    Se le saluda.

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