09 diciembre 2011

caso clínico: yo es que soy (pseudo) artista

quizá sea casualidad o quizá sea que me muevo por círculos equivocados, pero he observado que en los últimos tiempos por cada tres personas nuevas que conozco, tres son artistas.
a mí me gustan los artistas. siempre me han gustado: son gente abierta de mente, creativa, con ideas locas, con vidas interesantes y estoy segura que de algún modo hacen bien a la humanidad. gracias a tracy emin por ejemplo, cada mañana que salgo de mi casa disparada al trabajo, sin tiempo para hacer la cama, siento que estoy aportando mi minúsculo grano de arena al maravilloso mundo del arte contemporáneo:














(mi cama de tracey emin, obra seleccionada para el turner prize en 1999 aunque, oh, vaya fatalidad, no resultó ser la obra ganadora.)

y de verdad que aprecio al músico experimental que compone a base de los sonidos que emite su gato en el momento del parto en una melancólica tarde de invierno. de verdad que sí. pero es que curiosamente, también he observado que de cada tres personas nuevas que conozco, tres no son artistas, sino más bien pseudo-artistas, y bueno, este es otro cantar. y es que un pseudo-artista, y ojo que ahora viene la definición y en este punto nos jugamos bastante, no es un artista. de hecho está a años luz de ser artista, y no es porque no tenga talento, ni haya expuesto en ninguna sala, ni haya publicado, ni haya producido un bonito disco de su gato pariendo. no. es porque el pseudo-artista es más bien una actitud. una fachada. un farol. un quiero-pero-no-me-molesto-porque-mi-corte-de-pelo-is-too-cool.

el pseudo-artista pseudo-crea, aunque pueda dar la falsa impresión de que crea (sin el pseudo). a veces, entre inauguración y fiesta, escribe un haiku trascendental o toca el ukelele un par de minutos o hace una carta de color con los pantones de moda, pero eso es todo. como el resto de seres humanos, a no ser que además de pseudo-artista tenga mega-mecenas, después de “crear” se dirige a su trabajo de mierda que al fin y al cabo es el que le da para costearse el flequillo in.
y mi pregunta es: ¿qué ha pasado con las profesiones de toda la vida? ¿que hay de malo en ser panadero o secretario o dependiente o mecánico? por qué ahora todos son actores o dj o fotógrafos (o el top de los tops: artista multidisciplinar) a pesar de que pasen más horas en la oficina repasando facturas, barriendo el suelo o repartiendo cartas que en un estudio? llámenme romántica, o anticuada, pero a mí siempre me gustó imaginarme al señor kafka terminando una penosa y agotadora jornada laboral en la empresa de seguros donde trabajaba, llegar a su casa y pasar la noche escribiendo, dudando de si valía o no la pena continuar con su gesta. pero es obvio que a los pseudo-artistas no les son necesarias estas incertidumbres. ¿para qué dar rodeos pudiendo ser, desde el principio, un pseudo-artista? ¿para qué ser mortal pudiendo ser divino? y lo más importante: ¿qué tiene un pseudo-artista que no tengamos el resto de humanos?
pues más o menos, esto:
* no dormir. padecer insomnio y pasar la noche en vela “creando” es lo más y hacerlo saber es un must.
* no comer. pseudo-artistas gordos es una auténtica aberración. ah, y la causa de la delgadez son los buenos genes, nunca las dietas.
* auto propaganda. nada como hablar de uno mismo a todas horas porque al fin y al cabo en ningún sarao habrá nadie tan interesante como el propio pseudo-artista.
* drogas. sin límites ni restricciones, pero nada de agujas que esto ya no se lleva.
* sexo. mucho mejor si es con ambos géneros, si ha probado todas las prácticas habidas y por haber y, como no, alardea de ello.
* nada de sol. apariencia sanota, no gracias. más bien todo lo contrario: caras pálidas y ojeras, muchas ojeras.
* escoger una especialidad artística. en realidad este punto es lo de menos. se puede ir modificando en función del vestuario que vayan a ponerse para la fiesta de esa noche. magenta para directores artísticos, blanco roto para coreógrafos, negro para chefs, por ejemplo.

* su círculo de amistades no incluye a gente normal que desempeña tareas corrientes, aunque tampoco se contemplan otros pseudo-artistas más interesantes que ellos mismos. el ego es el ego y debe mantenerse intacto y en la cumbre.
* mentir. cuanto más inverosímil sea su propia historia, mejor.
* creerse su propia ficción.

moraleja de todo esto: señor kafka, esté donde esté, manifiéstese pronto porque mis musas me han comunicado que prefieren ser coolhunters y creo que voy a llorar.

1 comentario:

  1. Creía que ya no había pseudo-artistas de estos pero era ingenuo pensarlo. El ocio los potencia. Casi todo el mundo quiere ser algo en el mundo del arte y si ve que no puede o no le sale a la primera intenta darle un empujón mediante la apariencia y esos puntos que señalas. Pero el verdadero artista ni siquiera se plantea si lo es. Le gusta hacer arte porque primero respeta y admira el de otros. También están los artistas mediocres pero a estos, pobres, sólo les falta perspectiva de lo que hacen.
    Buena reflexión en la que estoy totalmente de acuerdo.

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