27 octubre 2010

caso clínico: angustia vital y tremendismos varios

el mundo está lleno de peligros. en esto estamos de acuerdo: que si bombas, ataques suicidas, atentados terroristas, violencia de género, accidentes de tráfico, catástrofes naturales, etc. pero para los pacientes que sufren de angustia vital y tremendismos varios (at/tv, para abreviar) esta afirmación se queda corta. cortísima. es como decir que pillarse unas vacaciones a irak puede acarrear algunos inconvenientes insignificantes o que saltar a la vía, cuando faltan veinte segundos para que aparezca el tren, no es una idea brillante. a no ser que uno tenga unas tremendas ganas de desaparecer indefinidamente.

los aquejados de at/tv no conciben la vida sin peligro, desgracias, tragedias, amenazas, enfermedades, dramas o plagas. de hecho, la vida es esto: una fatalidad detrás de otra, acechando a una desvalida víctima que ha venido a esta vida a sufrir. vamos, como una versión moderna de los antiguos griegos, siempre a la merced de sus juguetones dioses y siempre perdiendo todas las batallas porqué eran sólo esto: indefensos títeres, desgraciados y mortales.

la angustia vital, como el resto enfermedades, tiene distintos niveles de padecimiento. hay quienes, a pesar de temer siempre lo peor, siguen haciendo su vida con más o menos normalidad. salen de casa por la mañana y miran la carretera tres o cuatro veces antes de cruzar. en el trabajo no se exponen a peligros innecesarios como grapadoras, máquinas de café o jefes cabreados y al llegar a casa por la noche, comen bocadillos fríos para no encender el gas y provocar una explosión. los que padecen este transtorno de forma más grave, no salen de casa bajo ningún concepto y acaban sus días muertos de inanición pero agradecidos por no haber sido violentamente apaleados por el ku kux klan, aún perteneciendo a la raza aria.
ni que decir tiene que las terapias y el apoyo familiar pueden ser una ayuda incomesurable, pero no nos engañemos, las penalidades siguen allí. y es que los at/tv siempre tienen amigos, conocidos, amigos de amigos, vecinos o primos lejanos a los que les ha pasado algo terrible. es inexplicable cómo un enfermo de este tipo puede tener tantos allegados que, en un malogrado día u otro, fueron víctimas de una fatal adversidad. y claro, ante tal evidencia se hace más complicado convencerlo de que la vida es bella. o llevadera, por lo menos.

hay personas con más propensión que otras para contraer tal dolencia; e aquí los tres grupos con más números: los nacidos en los meses de diciembre y enero (también conocidos como capricornio en los círculos astrológicos), los que poseen una imaginación peculiarmente tortuosa y sobretodo, las madres.
éstas últimas son, sin lugar a dudas, las reinas de la angustia vital y los tremendismos varios. no hay más que hacer la prueba: díganle a cualquier madre del mundo que su hijo va a salir esa noche.
en primer lugar su cara experimentará un cambio de expresión conocido como “no-aprobación” e inmediatamente una serie de preguntas-trampa acosarán al pobre vástago que sólo quería ir al cine. no hay respuesta válida. todas serán erróneas y causa de máxima preocupación. y es que la susodicha madre ya ha visualizado esa noche y sabe qué sucederá exactamente: nada bueno. y pensarán que es lógico que una madre se preocupe por sus hijos. bien cierto. pero una cosa es la preocupación dentro de los límites aceptables y otra bien distinta, la preocupación sin sentido basada en hechos no-reales.
sí, las entradas se pueden agotar, puede incluso que la película sea mala, que los espectadores salgan mosqueados de la sala y que a raíz de ésto, estalle la tercera guerra mundial (esa misma en la que sólo sobrevivirán las cucarachas y los tremendistas previsores), pero ya lidiaremos con todo ello cuando ocurra realmente.

así que madres del mundo y angustiados en general…

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