21 octubre 2010

bellezas

la he visto de lejos, en los interminables túneles que unen línea 3 con línea 5 y he pensado: de dónde ha salido ésta? pero entre la multitud que se reúne de 6 a 7 de la tarde para retarse con empujones diplomáticos, miradas poco conciliadoras y carreras de corta distancia, le he perdido la pista y no he podido reparar en ella tal y como hubiera deseado. casi mejor. este tipo de personas (de bellezas, en realidad) me desconcentran de los habituales monólogos que organizo conmigo misma.
llega el metro y entro en el vagón junto a un grupo de diez o doce. veinte, quizás y... tachán! allí está. a dos centímetros de mi. compartiendo la misma barra para que no nos caigamos una encima de la otra, lo cual consideraría como una señal evidente. sé que incluso observándola de reojo, con mi no convincente disimulo, va a darse cuenta, pero no puedo evitarlo. primero le echó un par de miradas fugaces, como quien, levantando un poco la cabeza, está buscando a un amigo en la lejanía o un poco de oxígeno renovado en un vagón donde hay de todo menos oxígeno. ni renovado, ni sin renovar. después, la contemplo sin disimulos, buscándole defectos y no encontrando ninguno.

la primera idea que me viene a la cabeza es cogerla en brazos para que no se ensucie, ni se canse y llevarla a mi casa. la pondría encima de la estantería y la admiraría día y noche, como si fuera un botticelli. y le taparía la boca. por si le da por hablar y la fastidia.

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