08 octubre 2010

le despiertan a las ocho de la mañana, pero la mayoría de días hace ya horas que está despierto. se queda quieto en la cama, esperando que alguien vaya a buscarle. algunas veces tardan un poco más y en esos casos, no puede aguantar y se mea encima.

la habitación es pequeña y sencilla, pero está limpia y ordenada. en un rincón está la cama, estrecha y corta, al lado una mesilla con algunas fotos de él cuando era joven, un sofá azul con un cinturón para atarle cuando se pone nervioso y un televisor colgado de la pared, permanentemente encendido y demasiado moderno comparado con el resto del mobiliario.
la ventana da a la calle, pero las cortinas están siempre corridas. dice que le molesta la luz del sol, aunque su vista cansada apenas le permite ver más allá de los dos metros de modo que sólo escucha sonidos. a veces los puede asociar a un coche que pasa o a un niño que llora. otras, cuando su mente se queda parada, no los relaciona con nada.
a menudo pregunta a las chicas de bata blanca cuando podrá volver a su casa y ellas, siempre muy animadas, contestan que no se preocupe, que allí esta mucho mejor. que allí le cocinan, le limpian y no tiene que preocuparse por nada. él, todavía sin entender, insiste en saber si está en un hospital pero las chicas se ríen, le acarician las mejillas y no responden.
algunas veces tiene visita. ellos dicen que son sus hijos, pero él está seguro de no haber tenido nunca hijos. al principio se sentía incómodo con esa gente que ocupaba su habitación, le miraban con tristeza y le preguntaban estupideces como qué había cenado. no se acordaba. al final se ha acostumbrado y también a ellos les pregunta dónde está y cuando podrá volver a casa.
-¿pero no ves que aquí te cuidan muy bien? estás en una residencia. ya te lo dije la semana pasada – responden.
-¿en una residencia? ¿de un hospital?
-no, no estás en ningún hospital, papá.
-¡ah! – contesta turbado pero aliviado – y tu padre, ¿cómo se encuentra? es muy buen vecino, ¿sabes? algún día tengo que pasar y saludarle.
-sí, es una buena idea. seguro que se alegrará de verte.
después se queda en silencio un rato, agotado y mirando esa pared blanca que parece haberse convertido en su inamovible y único punto de referencia.
cuando vuelva a casa, debe acordarse de contarle a su vecino el detalle que ha tenido su hijo, un buen chico, sin duda. se pregunta si quizá mañana, podrá marcharse ya.



2 comentarios:

  1. Muy triste para ser viernes pero muy bonito. ¡Que tenga un muy buen fin de semana Señorita!

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  2. la vida es triste, así que ríase ud mucho! y muy buen fin de semana también

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