30 mayo 2012

A Jacques estaba segura de volver a verle en octubre y me despedí de él sin tristeza. Había sido suspendido en su examen de derecho y estaba un poco abatido. En su último apretón de manos, en su última sonrisa, puso tanto calor que me emocioné. Me pregunté ansiosamente después de haberme alejado si no habría tomado mi serenidad por indiferencia. Esa idea me desoló. !Me había dado tanto! Pensaba menos en los libros, en los cuadros, en las películas, que en esa luz acariciadora de sus ojos cuando yo le hablaba de mí. De pronto tuve necesidad de agradecérselo y le escribí una carta de un tirón. Pero mi pluma se quedó en suspenso encima del sobre. Jacques apreciaba enormemente el pudor. Con una de sus sonrisas llena de misteriosos sobrentendidos, me había citado en la versión de Cocteau la frase de Goethe: "Te quiero; ¿es que eso te concierne?"

Memorias de una joven formal, S. de Beauvoir

3 comentarios:

  1. Un bonito fragmento. Conciso y brillante. Si esta mujer escribió también "La mujer rota" la he leído. Hace mil años. Mejor ella que Sartre.

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  2. Estoy leyendo ese libro, y debo decir que amé este párrafo!!

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