21 octubre 2011

a veces me imagino que nos encontramos de nuevo. por la calle. en verano. un domingo. imagino que te soprendes, pero sonríes. nos acercamos con cautela y besamos las mejillas sin apenas tocarlas, como si fuéramos familiares lejanos. dices que te alegras de verme. imagino que lo dices de verdad. me preguntas si tengo prisa y si me apetece tomar algo. accedo y buscamos algún sitio donde sentarnos. localizamos una terraza, al lado de un parque con niños y ancianos y palomas. al principio no sabemos de qué hablar. tú toses y yo jugueteo con una servilleta entre las manos. disfrazamos el silencio que nos había acompañado otras veces y con el que siempre estuvimos cómodos. las cosas cambian. lo sé. lo sabes. imagino que remueves el café en sentido contrario a las ajugas del reloj y que le pides al camarero un cenicero porque no has conseguido dejar de fumar. lo intentaste dos veces, las mismas que yo. me preguntas por la familia y el trabajo. imagino que te digo que estan todos bien aunque en realidad no te importa mucho. tú querrías saber otro tipo de cosas. si sigo durmiendo en el lado derecho de la cama, si pienso en ti cuando escucho esa canción, si me arrepiento de esa conversación, pero somos adultos y sólo hablamos de lo que no remueve tiempos pasados. imagino que cada uno recrea una vida en orden, encarrilada, plena y se lo cuenta al otro sin suficiente convencimiento. los dos pretendemos creer y evitamos mirarnos. las cosas no siempre cambian. los niños pelean, alborotan y los ancianos se aferran a su banco de hierro oxidado. imagino que los minutos se alargan y que los temas se agotan. imagino mi impaciencia, la servilleta arrugada, las tazas vacías, las palabras superficiales.

imagino que después de despedirnos ando desprisa, cruzo en rojo y paso de largo cuando llego a casa. imagino que es como si no te hubiera visto, a pesar del hueco en el corazón y la vista nublada.

1 comentario:

  1. por desgracia lo que describes es bastante

    cotidiano.

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