02 octubre 2011

- eres un maldito cabrón.
- espera, te lo puedo explicar.

- no es necesario.

- no es lo que parece, de verdad.
¿quieres escucharme?
- no, no quiero escucharte. ya lo veo por mí misma. al menos podrías haber tenido la delicadeza de limpiarte el carmín de la camisa antes de entrar en casa. y ese olor a perfume barato. ¿cómo has podido hacerme esto?


la mujer, fuera de sí, da un portazo y desaparece. él sonríe, se quita la chaqueta y se afloja el nudo de la corbata; por primera vez en las últimas cuatro semanas le ha dirigido la palabra, se ha dado cuenta de que seguía existiendo. temía haberse convertido en otro mueble del salón, pero no. recuerda cuando tuvo que fracturarse una pierna por el mismo motivo. de esto hace un año, pero ya está recuperado y vuelve a andar bien. al menos esta vez se ha librado del dolor, aunque deberá solucionar lo del carmín. y regalarle otro perfume a su madre que no ha querido preguntar cuando su hijo ha insistido en ese beso extraño.

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