04 octubre 2011

luz no se lo ha contado a nadie, pero los sábados por la mañana después de desayunar, se masturba pensando en ese hombre que conoció hace tiempo y que le rompió los esquemas y el corazón. luz se acuerda de él cada día. ahora ya no molesta, no provoca dramas ni llantos, pero sigue ahí metido: en sus recuerdos, en su rutina y en su coño. ha asumido que por mucho que transcurran los años, por muchos hombres que conozca a lo largo de su vida, ese hombre habitará en ella y podrá aparecer en el momento más inesperado; cuando bañe a su futuro hijo, cuando acompañe a su madre al médico, cuando folle con su futuro marido algún viernes por la noche, cuando se apunte a un curso de pintura, cuando fume su primer cigarrillo tres años después de haberlo dejado.
sí, ese otro hombre vivirá siempre con ella y yacerá en el mismo ataúd de madera oscura barnizada, a su lado; y como cuando era pequeña y jugaba con su amigo imaginario antes de quedarse dormida, luz cogerá su mano fría, le mirará a los ojos y dirá:
-ahora sí, por fin solos los dos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario