15 octubre 2011

lucidez

la mujer mira las sábanas y piensa que debería cambiarlas. las manchas de sangre cuestan el doble de quitar cuando se han secado. definitivamente es la última vez que pone unas sábanas de color claro. la semana pasada, con las verde oscuro que compró de oferta en el centro comercial, el cambio de color quedaba más disimulado, aunque claro, también tuvo que limpiarlas. estas van directas a la basura. como el colchón. cada vez resulta más difícil mantenerlo limpio pero tirarlo ahora mismo es inviable. viviendo en un quinto y en un edificio de cuatro pisos por planta, sería casi imposible no cruzarse con algún vecino indiscreto que preguntase o peor aún, que quisiera ayudar. claro, relfexiona, que también podría envolverlo con alguna tela... no, definitivamente no, así llamaría todavía más la atención y no quiere jugársela con estas tonterías. deberá seguir limpiándolo a conciencia como ha estado haciendo hasta ahora.
se ha lavado la cara y las manos en el baño y entra de nuevo en la habitación. el aire está condensado y necesitaría abrir la ventana, pero tampoco puede. a sus pies un charco de sangre oscura y espesa que llega hasta la cama, unos metros más allá. todavía está tibia, como el cuerpo, que yace panza arriba, con la boca abierta, los ojos como platos y el cuchillo en vertical, clavado a la altura del estómago. se acerca depacio intentando no resbalar, aparta el brazo derecho del cadáver y lo coloca encima del pecho inerte. se sienta a su lado con cuidado para no mancharse de nuevo, coge el paquete de encima de la mesilla y enciende un cigarrillo. observa el cuerpo con cierta curiosidad, como si fuera la primera vez que viese algo semejante. tenía unos buenos abdominales y un bonito pelo oscuro. incluso le gustaron las historias que contó la noche anterior en el bar, probablemente ni una cierta, pero eso tampoco importaba demasiado. lo que no toleró fue que, ya en casa, mientras él le arrancaba la ropa y la besaba, prometiera entre susurros una noche inolvidable y que un par de sacudidas después se diera la vuelta y cayera en un profundo sueño. ella se levantó de la cama, fue hacia la cocina y decidió que sería él quien no olvidara esa noche.
no, en algunos temas no soportaba que le mintieran.

3 comentarios:

  1. Pero señora... no quedarían hombres en el planeta!!

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  2. ni hombres ni mujeres. todos fuera que total, para lo que hacemos...

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  3. Bueno, pues avíseme con tiempo para planear el sucidio colectivo.

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