08 octubre 2011

hoy tacones, otro gran invento

en mi gran capacidad para perder el tiempo ayer estuve documentándome sobre los zapatos de tacón.
así en resumen y para no aburrir, su origen se remonta al s. XV y su creación surgió por motivos meramente prácticos: encajar el pie en el estribo durante las maniobras con los caballos. hasta aquí bien: existía un problema y se buscó una solución al asunto. ¿no es fascinante el ser humano?
pero llegados a este punto, las teorías se diversifican: algunos investigadores sostienen que caterina maria romula di lorenzo de médici los puso de moda en su propia boda (a la razonable edad de catorce años) y de ahí su rápida popularización. otros se inclinan más por luis XIV, el rey sol (apodo que asocio a su pequeño y humilde ego, imagino), que con este tipo de calzado quiso poner punto y final a sus traumas de corta estatura. fuese quien fuese el precusor, los talleres artesanos dedicaron largas horas a la luz de las velas a experimentar, innovar y, sin que ellos fueran conscientes, a convertir los tacones en algo imprescindible para cualquier mujer que se precie del mundo moderno.
actualmente las cosas son así: por fortuna los métodos de transporte han evolucionado y los tacones son una puta mierda.

en mi gran capacidad para perder el tiempo, ya anunciada anteriormente, me he detenido a listar cinco concisos puntos por los cuales creo que debería instaurarse una institución, así en rápido se me ocurre algo similar a una inquisición pero en versión contemporánea (no serían necesarios los hábitos negros ni las cruces) para todas aquellas/os que persisten en usar este tipo de calzado. ahí van:

_aceptémoslo, los tacones son incómodos. no existen tacones cómodos de la misma forma que no existe la paz mundial, ni los cigarrillos light, ni el aprender inglés en tres semanas. yo no sé ustedes, pero a mi modo de ver de comodidad se refiere a zapatillas, rulos, pijama holgado o bata de boatiné si se tiene un sentido de la feminidad más acusado. y yendo un poco más allá también admitimos masajes como paradigma de confort. todo lo demás, y excusen mi intransigencia en este aspecto, es sufrimiento y suplicio a evitar.

_apoyar el 75% del peso del cuerpo en la punta del pie es algo antinatural como lo son los madrugones laborales, la castidad y las hamburguesas del mc donalds. reflexionemos: si dios nos hizo con los pies planos, estoy segura que no fue por capricho suyo. desafortunadamente, ahora me fallan las fuentes pero estoy casi segura que ningún otro ser de la creación anda de puntillas para desplazarse y ni mucho menos para llamar la atención a un miembro del sexo opuesto. de acuerdo, tendrán otros sistemas, pero (!carajo!) no implican dolencias de espalda, piernas ni rodillas porque son mecanismos ¡na tu ra les!

_no se nace sabiendo andar con tacones. no, no, no. para andar bien con ellos se requieren muchas horas, mucho sacrificio y sobretodo, mucha actitud (desarrollado en el siguiente punto). y los tacones, al igual que los perros, huelen el miedo. si una se sube a unos tacones con miedo no lo dudéis, se caerá. probablemente en el lugar más concurrido y en el momento menos propicio. ley de murphy. infalible. pues haber practicado más o haberte puesto unas bailarinas, lista.

_pocas cosas pueden ser más tristes en la vida que ver a alguien sin el dominio de los tacones. porque vamos a ver, la lógica es simple: los tacones se llevan en dos tipos de días: los días buenos y los días malos. los días buenos son aquellos en los que sabes que vas a comerte el mundo (aunque al final del día sólo te hayas comido un plato de espinacas pochas) y necesitas que todos se den cuenta de tu existencia. los días malos son aquellos que, bajo los efectos de la depresión pre-menstural, lloviendo a cántaros, en plena crisis de pareja y a falta de cuchillas afiladas a mano, decides hacerte valer. es decir, es cuestión de actitud y/o de dominio. así pues si tenemos la predisposición pero nos falta la práctica, el resultado acaba siendo siempre el mismo independientemente del tipo de día: rotura de espalda y doble de ración de chocolate al llegar a casa porque el mundo sigue ignorándote.

_sí, los tacones estilizan. en esto estamos de acuerdo. perfilan la pierna, el culo y hacen los andares más interesantes. y además resuelven el tema de luis XVI, sarkozy y hitler. el tema de la estatura, quiero decir. incluso yo me pararía a mirar una señora poco agraciada si llevara unos tacones de 15 cm. (y supiera andar con ellos). ¡oh pequeños fetichistas! pero... ¿qué hacemos cuando se los quita? porque desafortunadamente esto no es como una buena inyección de silicona, que mantiene lo que debe de mantener erguido por los siglos de los siglos. ¡ai, esa idolatría relegada a unas pantorrillas gruesas y fofas que descansan despreocupadas bajo unas pantuflas rosas de la hello kitty! !ai, ese gracioso paganismo que nos hace todavía más cómicos y mortales (y del que nunca aprenderemos)!

hasta aquí mi diatriba sin sentido para reflexionar cada vez que divisen unos tacones por la esfera cósmica. me despido rápidamente y sin genuflexiones (por una vez, disculpen mi mala educación); debo practicar un par de horas más… esta noche tengo una cita y no quisiera fastidiarla con unas bailarinas de mera aficionada.

1 comentario:

  1. Ja! Tendría usted que conocer a mi nueva vecina. Mide 1,80 e insiste en llevar tacones de 10 cm. No tiene la psicomotricidad muy desarrollada que digamos... y la estampa resulta esperpéntica.
    Ella se cree muy glamurosa. Todas las chicas de la oficina la detestan y se rien de sus andares.
    Ni que practicara un par de años (como hemos hecho todas) lograría caminar con dignidad.
    Pero, no se engañe. Sus tacones llevan de cabeza a todos los hombres del lugar y alrededores.
    Se le saluda

    ResponderEliminar