28 diciembre 2010

deshielo

se detiene en seco al verlos juntos, sonrientes, cogidos de la mano y paseando como si en el mundo no existiera nadie más. el corazón le da un vuelco y su pulso se acelera de forma incontrolada. pensaba que tardaría un poco más de tiempo en encontrar a otro, pero es una chica lista y guapa. parece ser que lo tiene todo.

por suerte diciembre acarrea las primeras nieves y el frío se convertirá en su mejor excusa para no salir de casa y evitar así que la evidencia abofetee su cara una vez y otra. para que el dolor remita y para autoengañarse temporalmente, decide que cuando llegue la primavera, la llamará. quizá le conceda una segunda oportunidad, quizá acaben siendo buenos amigos, como lo fueron durante un tiempo. aunque también es probable que ella no conteste a su llamada. en ese caso, quizá lo mejor sería que no llegara nunca la primavera y el aislamiento fuera infinito.

en marzo sigue haciendo frío, en los picos de las montañas la nieve se resiste a desaparecer, pero él se siente mejor: ha vuelto a entrenar, habla con la gente y a veces se ríe. de vez en cuando cree verla por la calle, pero es sólo su imaginación jugueteando y divirtiéndose. se pregunta qué haría si la viese y siempre obtiene una respuesta distinta.

el mes de mayo lo pasa preparando su primer viaje sólo. se ha vacunado, tiene un nuevo pasaporte y ha alquilado su habitación a un estudiante de erasmus. está asustado y feliz.
pocos días antes de marcharse, recibe la llamada de ella. ver su nombre parpadeante en la pantalla del móvil le trastoca más de lo que hubiera deseado. al principio, la conversación es lenta y forzada. las palabras se eligen con extremada prudencia y los silencios se esquivan a toda costa. después, se torna imposible: ella lloriquea, rememora el pasado con nefasta insistencia y confiesa haberse equivocado.
cuando cuelga el teléfono sigue asustado y feliz. asombrosamente feliz.

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