03 mayo 2013

caso clínico: los jefes

no se me ocurre nada mejor en este post-post-día del trabajador (trabajador, esa palabra que empieza a sonar lejana, como de otra década) que hablar de los jefes (que al fin y al cabo también son trabajadores, claro, pero con las sillas más mullidas). y es que sin intención de tomar partido, ser jefe no tiene que ser nada fácil: tomar decisiones importantes, ser ecuánime, motivador, generar beneficios, sobrellevar el estrés, el buen sueldo, el audi nuevo recién estrenado. por no hablar de la soledad que conlleva el éxito. estar en la cima, solo, nadando en billetes de quinientos, y sabiendo que nadie te va a querer por lo que eres, sino por lo que tienes. un drama, en serio. por eso hoy quiero rendirles un homenaje a los jefes, porque también son personas, con su corazoncito y sus sentimientos. y su audi. 

helos aquí, catalogados según sus anheladas aptitudes y sus envidiables facultades: 

el jefe ejemplar: 


el jefe ausente: 
es ese jefe que existe, y sabemos que existe porque tiene un despacho muy grande, con una silla muy cómoda y un cuadro muy caro, pero que nadie ha visto jamás. esta ausencia hace, como todas las ausencias de la vida en general, que se le mitifique de forma exagerada y que por los pasillos de la oficina corran todo tipo de gestas relacionadas con él: que si tienes tres cabezas, que si está casado con la hija del presidente, que si tiene cámaras en su casa para controlar al personal, y como no, el siempre clásico “para eso, ya podrían darme el despacho a mí, que lo aprovecharía mejor. y el sueldo, el sueldo también”. evidentemente, lo mejor de este tipo de jefe es que nos permite mucho margen para trabajar a nuestro ritmo, sin presión, alargando los veinte minutos del café, los treinta del cigarrito, los cuarenta de flirtear con la recepcionista, sentarnos en su cómoda silla a última hora de la tarde, disfrutando de los colores anaranjados del atardecer, comprobando que la silla gira con suavidad y luego, un poco mareadillos, levantarnos y volver a nuestro puesto, convencidos de que el mundo es un lugar maravilloso. 

el jefe amigo: 
los jefes amigos no existen. de hecho, en el diccionario de la rae, y en todos los demás, como antónimo de jefe debería constar como primera opción, el término “amigo”. así que mucho ojo con ese hombrecillo amable, de aspecto afable y paternal, que asiente comprensiblemente cuando uno le cuenta lo apurado que llega a fin de mes y él le responde con una palmadita en la espalda y afirma que si de él dependiera, si él pudiera tomar este tipo de decisiones, pero claro… no es así, ¿lo comprendes, no? en los tiempos que corren… bastante es tener un empleo, pero lo tendré en cuenta, claro, claro, y ya de paso, ¿el informe que te pedí esta mañana lo tendrás listo en media hora? oh, y por cierto, el día ese que me pediste de vacaciones… es que justo coincide que vienen unos clientes importantes, y claro… lo entiendes ¿no? buen muchacho, toma una galletita. 

el jefe anclado: 
el jefe anclado es ese que llega a la oficina a las nueve menos diez, desea los buenos días a su secretaría con el mismo tono neutro todos los días, los lunes viste de gris oscuro y corbata granate, los miércoles con traje azul marino y camisa rallada, los viernes de gris azulado y sin corbata, usa la misma colonia en los últimos veinte años, se sienta en su cómoda silla y lee la prensa antes de abrir el correo, tranquilo, reposado, sabiendo que nada ni nadie conseguirán que esa onda en el pelo, que le ha costado medio litro de fijador y media hora en el baño, se vaya a mover lo más mínimo en todo el día. al jefe anclado, como bien indica su nombre, no le gustan los cambios, ni las nuevas tecnologías, ni las medio nuevas, ni que haga mucho calor ni mucho frío, ni sobre todo que se tomen decisiones si no está él allí para derogarlas. el jefe anclado siempre tiene la razón y su voz, grave y sonora, se asegurará de demostrarlo en cualquier ocasión que se preste. es experto en opinar, sea de lo que sea ya que entiende de todos los temas (todos los temas que él considere importantes, claro), y en descatalogar categóricamente todo aquello que implique abrir un poco la mente. por supuesto, no habla inglés, ni se le conoce ninguna titulación específica, ni falta que le hace, y después de escuchar algunas de sus valoraciones más épicas, es lógico preguntarse cómo ha llegado hasta ahí. pues dejen de preguntar y pónganse a trabajar. 

el jefe genio: 
el jefe genio nació para vivir encerrado en la torre más alta del castillo y pensar y crear y crear y pensar. las mejores ideas de toda la compañía salen de esta mente privilegiada y es admirado (y cómo no, envidiado) por su originalidad y brillantez. de hecho, la empresa sabe de sobras que si se marchara, el negocio no aguantaría ni dos días, y por eso le miman y le permiten y le malcrían con todo lo que pueda solicitar y más. pero no dejen deslumbrarse. el jefe genio sólo sirve para eso. una vez sale de su burbuja creativa, no sabe relacionarse, no sabe gestionar, no sabe dónde están los baños, ni qué es un teléfono ni cómo actuar cuando suena, lo cual convierte a sus trabajadores en profesionales de tareas que no les incumben en absoluto tales como hacerse cargo de pasar la itv de su coche, mandar flores a su esposa el día de su cumpleaños, matricular al hijo a taekwondo, acordarse del día que le toca médico a la suegra y todo un sinfín de quehaceres cotidianos que a él le sobrepasan y por los que no ha nacido para hacer. déjenme que les dé un consejo si les toca este tipo de jefe: cambien de departamento o de trabajo. no pueden ni imaginarse lo difícil que es encontrar un buen curso de taekwondo infantil que esté a la altura de un jefe genio. 

el jefe nuevo: 
el mayor problema de un jefe nuevo es que de una forma u otra va a querer hacer patente, a sus trabajadores y a sus superiores, que ha llegado un nuevo sheriff a la ciudad y que ahora las leyes son distintas. así que en los primeros días, o semanas, no se sorprendan si ven la maceta cambiada de lugar, o la temperatura del agua de la fuente ligeramente más fría, o lo mejor de todo: recolocación de mesas y armarios con el consecuente recoger archivos, empaquetar archivos, recolocar archivos y agradecer con una sincera sonrisa el haber ido a parar al puesto de justo debajo del chorro de aire siberiano del aire acondicionado. la cuestión es dar por saco y cambiar por cambiar, aunque las cosas ya estuvieran bien en su lugar inicial. a continuación, y ya de forma oficial, vendrá la típica reunión balsámica en la que el nuevo jefe asegura que todo va a ir bien, que tiene muchas y grandes ideas (una de las cuales era el divertidísimo traslado de mesas) para formar el mejor equipo de profesionales que bla, bla, bla, sopor. como dice un sabio proverbio: tiempo al tiempo. el jefe nuevo, tarde o temprano deja de ser nuevo y deja de mover cosas y deja de crear equipos. tarde o temprano se da cuenta de lo cómoda que es su silla de despacho e intenta pasar allí tantas horas como sea posible, con la puerta cerrada. y tarde o temprano contrata a un asistente que le solucione todos los frentes que un día, hace ya mucho, inició con ilusión y ganas. 

la jefa: 
antes de empezar con las jefas, quisiera dejar claros dos puntos. punto número uno: en el mundo deberían haber más jefas. punto número dos: con el mismo sueldo que el de los jefes. dicho esto, qué hijas de puta son las jefas. qué poco sentido del humor, qué forma de marcar el territorio, qué retorcidas, maquiavélicas y vengativas. que sí, que tal vez por eso de haber pocas deben demostrar su valía el doble de veces, que quizá se las juzga más por el tono caoba de su pelo que por su capacidad y que igual deben de soportar mucha más presión que un jefe, pero aun así, ¿es necesario ir por el mundo con semejante mala leche? o igual es que yo he tenido muy mala suerte y me he topado siempre con las que sufrían de los trastornos de personalidad más agudos. aprovecho este momento, si me lo permiten, para saludar a mi ex jefa s., de la que aprendí a esconderme debajo de la mesa cada vez que comenzaba con su espectáculo de llamaradas de fuego por los ojos, espuma por la boca, su variada y siempre extensa gama de insultos y lanzamiento de objetos y la que también me introdujo a las plegarías y a creer en un dios todopoderoso que se la llevara lejos. muy lejos. aunque luego también tuve una jefa buena, tan buena que la despidieron por quedarse embarazada y es que claro… o una cosa o la otra, a ver si se va a tener la intención de tenerlo todo ¿no?

feliz día de lo que toque hoy. ni que sea por lo de viernes. 

2 comentarios:

  1. Antes de empezar con las jefas, quisiera dejar claros dos puntos. punto número uno: en el mundo deberían haber más jefas. punto número dos: con el mismo sueldo que el de los jefes. dicho esto, qué mal lo he pasado con las dos jefas que he tenido en mi vida así que estoy esperando a tener la jefa tuya embarazada. De los otros también he tenido y aún un jefe del estilo sobón que era el terror de las chicas aunque a mí no me afectaba salvo porque las chicas me comentaban día a día sus problemas. El mundo del trabajo da muchísimo juego y hay que aprovecharlo ya que parece un mundo en extinción.

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  2. No sé qué decir, me toca un poco de pleno; en todo caso diré que es otro de tus textos geniales y también que depende mucho del sector donde trabajes y de la autoestima de cada uno; y el no ir cada día predispuesto a vengarte del mundo y a plantar tus posaderas y dejar tu impronta per seculorum, que te recuerden y se acuerden de tu santa madre, sino a intentar que las cosas mejoren y a alcanzar objetivos, pero no a costa de los demás, sino, al lado.
    No es tan imposible.

    Beso grande

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