20 enero 2011

advertida quedas, nena

la avisé una vez y otra: "no te cuelgues de mí por que lo pasarás mal". pero sira no me hizo caso, no. ella a lo suyo: a llamarme una vez y otra, a mariposear a mi alrededor, a organizar encuentros casuales y claro, al final me vi en la obligación de hacerle un favor. después vinieron unos cuantos más porque la chica era mona y se abría bien de piernas.
la cuestión es que había pasado ya un año y a pesar de seguir viéndonos con cierta regularidad y hablar casi a diario, yo tenía mis otras historias. ella lo sabía y si le importaba o no, ya no es asunto mío. las cosas eran así y nunca pregunté, ni le pedí permiso para hacer o deshacer a mi gusto. de vez en cuando notaba que estaba como apagada, triste y me miraba de forma un tanto ausente. solía coincidir para cuando le contaba mis líos con las demás, pero a mí, sus estados de ánimo me daban bastante igual siempre y cuando continuara abriéndose de piernas.


un día, estando en la playa, en pleno mes de agosto, dijo que no podía verme más. contesté que de acuerdo y fui a darme un baño. estaba sudando como un cerdo y me vino bien remojarme. desde la boya, a pocos metros de la orilla, vi a un par de rubias que jugaban a las palas. me llamó la atención una de ellas, especialmente: rondando los veinte, delgada, con una perfecta delantera al descubierto y un culo sin rastro de celulitis. al volver y pasar por su lado nos miramos y me sonrió. me puse cachondo.
sira seguía sentada en la toalla, fumando un cigarrillo detrás de otro. le dije que nos íbamos y que se viniera un rato a mi casa, a modo despedida. era lo mínimo que podía hacer por ella. accedió. me pareció ver que una lágrima asomaba por el marco de sus gafas de sol, pero también hubiera podido ser algo de sudor. creo que ese día estábamos a treinta y tres grados y si no fuera porque me apetecía follar, era un día ideal para pasarlo en el agua, viendo a rubias de pechos perfectos jugando a las palas.

nos subimos a su coche y condujo en silencio hasta mi piso. me gusta esta ciudad en agosto por que queda vacía; todo el mundo se larga a otro lugar igual de sofocante y además sobre masificado.
hay gente para todo.
al llegar a casa, abrí una cerveza que me bebí en menos de dos minutos y ella fue a ducharse. no soporto ni las migas, ni la arena en las sábanas de la cama. después me duché yo y se me puso dura pensando en la rubia de la playa.

sira esperaba desnuda, tumbada en la cama. observé su cuerpo, todavía húmedo y un poco rojo por el sol, para no tener que ver su compungida mirada. me salté los preliminares y se la metí sin demasiados miramientos, pero ver sus ojos, abiertos de par en par, contemplando como giraba el ventilador del techo, me desconcentraban así que le di la vuelta, la puse a cuatro patas y se la volví a meter, esta vez, más cómodo.
me corrí rápido y volví a ducharme.

-en fin – dije cuando salí del baño y la vi vestida, a punto para marcharse

-te da exactamente igual, ¿no?

-nena, no empecemos.
-claro. no empecemos.


cuando me quedé solo abrí la segunda cerveza. de nuevo estaba sudando como un cerdo.


5 comentarios:

  1. Tu blog está pasando del género pseudopoliciaco-urbabita al erótico-estival, ponle un letrero de neon por si se lee en horario infantil.
    Él puede ser un cerdo redomado, pero ella una ilusa de tres pares de calcetines....
    Besos.

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  2. ¿Calcetines?
    Sí. Ponle un letrero de neon, anda...

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  3. Si, ¿pero no sabes que la inocencia se mide en calcetines?

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  4. No queé pasoó aqui,
    sublime,
    me encanta.

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