05 septiembre 2013

la primera vez fue una tormenta de verano. 
una comparación típica y facilona, sí, 
pero así fue; 
nubarrones negruzcos que avanzaron más rápidos
que sus propios pasos
truenos que silenciaron sus razones 
gotas que en segundos 
empaparon sus ropas estivales 
sus pieles curtidas de agosto 
sus cabellos salados de mar 
su tiempo ilimitado. 
los huesos, los huesos permanecieron intactos
y cálidos. 
el sol salió poco después 
y con la misma rapidez, se secaron 
rieron 
se abrazaron 
un mal entendido 
una estupidez. 
el recuerdo, casi agradable, de la hierba húmeda a sus pies. 
esa fue la primera vez. 

la segunda fue más rumiada, menos abrupta 
el viento otoñal empujaba el fin de un verano 
ya tibio 
no bastó con desnudarse y esperar que la ropa se secara 
tampoco bastó un abrazo 
temblaron de frío y desconcierto 
se sintieron frágiles, decepcionados 
temerosos de mirarse 
y continuar con quejas y críticas. 
quebrarse. 
en silencio, con la cabeza gacha 
los hombros caídos 
y el decreciente eco de una sarta de insultos. 
una manta vieja abrigó sus cuerpos calados 
debajo, una improvisada reconciliación 
encima, una lluvia fina 
impalpable 
invisible 
incesante. 

perdieron la cuenta. 
con cubos anchos bajo las grietas 
se habituaron al sonido de un goteo 
premonitorio 
y cuando el líquido turbio rebosaba los márgenes 
lo vaciaban, resignados, por un desagüe 
infecto. taponado. 
en ese intervalo, en esa espera, 
en ese tiempo escueto y tenso 
se creían ligeros, liberados. 
dispuestos a comenzar, otra vez, 
mil veces, 
de cero. 
y otra gotera. mil goteras. 
se cansaron. 
se cansaron de verter el pasado 
de parchear derrames 
de saltar charcos 
de retirar fango y evitar granizo. 
se cansaron. 

naufragaron. 

ahora, a la deriva 
aferrados a restos y añicos 
entumecidos, sin voluntad, 
se dejan llevar y se hunden 
poco a poco. juntos.

4 comentarios:

  1. Qué mal rollo me da esa deriva del final. Porque todo lo demás es negativo, desde la primera tormenta pero el final es lo peor. Ese vagar por un mar silencioso sin tierra a la vista ni previsión de alcanzarla por más que se nade. Otro brillante poema sin título o nombre pero legítimo en cualquier caso.

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  2. A mí me fascina el mar, desde siempre, y todo lo que tenga que ver con él. Y me gustan, no me importa que vengan a ser recursos sobados, las metáforas marinas. Naufragar, hundirse, la deriva...

    Me recordó aquel poema de Cristina Peri Rosi

    "ojalá esta vez la tormenta
    te arrastre a ti también"

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  3. No hay que llegar ahí nunca... yo lo veo así, se cortan amarras y viento en popa a surcar los vientos de la vida en solitario, lo tengo clarísimo.
    Has dibujado un perfecto paisaje, de lo habitual de llegar al hastio juntos, terrible.

    Mis besos a montones para ti pochola y preciosa y eterna en mi.

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