27 enero 2013

Un poeta muerto ya no puede escribir. De ahí la importancia de seguir vivo.

Este razonamiento tan simple, os resultará a veces difícil de mantener. En particular durante los periodos de prolongada esterelidad creativa. Ese manteneros con vida os parecerá, en tal caso, dolorosamente inútil: de todas formas, ya no podréis escribir...

A eso, una única respuesta: en el fondo, no lo podéis saber. Y si os hacéis un examen honesto, tendréis que darme la razón. Casos más extraños se han visto.
Si ya no podéis escribir, puede que sea el preludio de un cambio de forma. O de un cambio de tema. O de las dos cosas. O puede que sea, efectivamente, el preludio de la muerte de vuestra creatividad. Pero no podéis saberlo. No conoceréis nunca con exactitud esa parte de vosotros mismos que os empuja a escribir. Sólo podréis conocerla bajo formas aproximativas y contradictorias. ¿Egoísmo o devoción? ¿Crueldad o compasión? Todo podría sostenerse. Prueba de que, finalmente, no sabéis nada; así que no os comportéis como si lo supieseis. Ante vuestra ignorancia, ante esa parte misteriosa de vosotros mismos, permaneced honestos y humildes.

No es sólo que los poetas que llegan a viejos produzcan, en conjunto, más, es que la vejez es sede de particulares procesos físicos y mentales que serían una lástima perderse. 
Por lo demás, sobrevivir es difícil en extremo. Se podría pensar en adoptar una estrategia a lo Pessoa: encontrar un trabajito, no publicar nada, esperar apaciblemente la propia muerte.
En la práctica, nos encontraremos con dificultades importantes: sensación de perder el tiempo, de estar fuera de lugar, de no ser estimados en lo que valemos... pronto, todo eso se volverá insostenible. Será difícil evitar el alcohol. En resumidas cuentas, al final de ese camino se encuentran la amargura y al acritud, seguidas rápidamente por la apatía y la completa esterilidad creativa.
Por lo tanto esta solución tiene sus inconvenientes, pero, por lo general, es la única. No hay que olvidar a los psiquiatras, que disponen de la facultad de firmar bajas laborales. Por el contrario, habrá que descartar la estancia prolongada en un hospital psiquiátrico: demasiado destructiva. No se utilizará más que como último recurso, como alternativa a la mendicidad.

Los mecanismos de la solidaridad social (subsidio de desempleo, etc.) deben utilizarse en su totalidad, así como el apoyo económico por parte de amigos más acomodados. No desarrolléis demasiada culpabilidad a ese respecto. El poeta es un parásito sagrado.

El poeta es un parásito sagrado. A semejanza de los escarabajos del antiguo Egipto, puede prosperar sobre el cuerpo de las sociedades ricas y en descomposición. Pero también hay lugar para él en el seno de las sociedades fuertes y frugales.

No tenéis que pelear. Pelean los boxeadores, no los poetas. Pero, en cualquier caso, sí que hay que publicar un poco; es la condición necesaria para que pueda tener lugar el reconocimiento póstumo. Si no publicáis un mínimo (siquiera algunos textos en una revista de segunda categoría), pasaréis desapercibidos en la posteridad; tan desapercibidos como en vida. Aunque seáis el más perfecto de los genios, tendréis que dejar algún rastro, y confiar en que los arqueólogos literarios exhumen el resto.
Puede salir mal; sale mal a menudo. Deberéis repetiros al menos una vez al día que lo importante es hacer lo que se pueda. Estudiar la biografía de vuestros poetas favoritos os podría ser útil, debería permitiros evitar determinados errores.
Meteos en la cabeza que, por lo general, no hay ninguna buena solución para el problema de la superviviencia material, pero las hay muy malas.
La cuestión del sitio donde vivir, en general no se os planteará: id a donde podáis. Tratad simplemente de evitar tener vecinos demasiado ruidosos, capaces ellos solos de provocar una muerte intelectual definitiva.

Una pequeña injerencia en el mundo profesional puede aportar ciertos conocimientos acerca del funcionamiento de la sociedad, eventualmente utilizables en una obra posterior. Pero un periodo de vagabundaje, en el que uno se sumerja en la marginalidad, aportará otros saberes. Lo ideal es alternar.
Otras realidades de la vida, como una vida sexual armoniosa, el matrimonio, o el hecho de tener hijos, son a la vez beneficiosas y fecundas. Pero casi imposibles de lograr. En el plano artístico, son terrenos prácticamente desconocidos.

Por lo general, iréis dando bandazos entre la amargura y la angustia. En ambos casos, el alcohol os ayudará. Lo esencial es obtener aquellos momentos de remisión que os permitan realizar vuestra obra. Serán breves; esforzaos para asiros a ellos.

No temáis a la felicidad: no existe.

Poesía, M. (ilustrísisimo) Houellebecq
 

4 comentarios:

  1. :) Qué ganas de escribir, buen maestro.

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  2. Pues claro, cómo no iba a reconocer un texto de Houellebecq al que sólo puedo releer. Su ironía no está exenta de lucidez y verdad. Me encanta ese descaro a la hora de pedir bajas y convertirse en parásito desacomplejado. Las cosas tienen un nombre y por ese nombre se las ha de llamar.

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  3. Vaya.

    Fdo: ladrón de mandarinas.

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  4. Le va de maravilla este texto a mi entrada de hoy, como ves, te leo y releo y vengo y me recreo, con tiempo, disfrutando, vi este, que me sorprendió no haberlo comentado, luego pensé y eran navidades, estaba fuera, bueno, nunca es tarde, si la dicha es buena.

    Beso grande, y buena semana querida, me llevo algunos textos a mi reducido e íntimo círculo de google, ahí estarán casi en familia, para si alguien de mis amigos le apetece leer maravillas, iré subiéndolos poc a poc.

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