12 enero 2013

caso clínico: la primera cita

siempre he sido de la opinión que los humanos somos seres muy complicados. de las mujeres esto ya se sabía, viene de serie en los genes y hay que asumirlo cuanto antes para evitar sorpresas, pero creo que los hombres tampoco se quedan cortos. quizás en algunos temas las cosas son más de blanco o negro, sin términos medios. se me ocurre por ejemplo el fútbol: te gusta un equipo, otro, o prefieres leer mientras el mundo se detiene durante los noventa (noventa, ¿no?) minutos que dura el partido. no hay muchas más opciones, ni muchas dobles interpretaciones que aportar. con la religión pasa más o menos lo mismo: o se es ortodoxo o se es mormón o se decapita a los que no creen. fácil. bien. pero claro, no todo iba a ser así de sencillo. alguien muy lúcido y con mucho sentido del humor inventó las primeras citas previo paso a otra gran broma de la vida (el enamoramiento), y ahí nos jodió a todos. hombres y mujeres. y ojo, que yo soy muy partidaria de lo uno y de lo otro porque estoy convencida de que si el mundo sigue girando es gracias a la religión y al fútbol. así que sí, hoy hablaremos de las primeras citas: qué hacer, qué no decir, cómo proceder a preguntas trampas, cuándo huir y no sólo esto, a modo de bonus extra, me aventuraré a dar las dos versiones de la historia, masculina y femenina, a pesar de desconocer absolutamente las dos.

antes que nada debemos comprender que la presión de una primera cita nos agilipolla a todos bastante. es lógico y normal. debemos impresionar a esa persona que nos gusta y al mismo tiempo vamos a vernos sometidos a una observación minuciosa y exhaustiva en la que un mínimo desliz, un comentario, un gesto o una miga de pan pegada al labio, puede echar a perder toda la tarde de peluquería e interminables horas de máquinas y pesas. hay que evitar que esta presión nos engulla y nos domine. ¿cómo? pues bien simple: drogarse o dejar de idealizar. las drogas son caras y pueden causar adicción, pero funcionan de inmediato. la idealización se cae por su propio peso después de veinticuatro horas. ustedes verán. 
una vez nos hemos calmado y tenemos el control de nuestros pensamientos: 

¿qué me pongo?


no nos engañemos: la belleza está en el exterior y quien diga lo contrario es que es feo de cojones. el objetivo es causar una buena impresión y para eso hay que mirarse ni que sea un solo segundo delante del espejo. ¿se gustan? ¿quedarían ustedes con ustedes mismos si pudieran desdoblarse? y no estoy hablando de nada especial… a veces no se imaginan lo que puede hacer una duchita rápida o cepillarse los dientes, de verdad. si la respuesta es afirmativa, sí, quedaría conmigo mismo/a sin dudarlo (siendo tan objetivos como les sea posible), adelante. salgan por esa puerta y muéstrenles al mundo lo que son capaces de hacer. 
ella: cuidado con los tacones altos, el exceso de maquillaje, la exposición de tetas gratuitamente, esa falda es muy corta, esos pantalones demasiado ceñidos, pareces una cualquiera. entra a casa y vuelve a probar, a no ser que tengas los objetivos de la cita muy claros. en ese caso, me callo y aplaudo. 
él: cuidado con los escotes, la depilación de las cejas, las uñas, el afeitado, el color de los calcetines, la coordinación de colores en general, los piercings, el perfume, el aliento, la zona abdominal, la suciedad de los zapatos, el blanqueamiento dental, los tatuajes, el nivel de colesterol, el corte de pelo, el libro que estás leyendo, la música que escuchas habitualmente, la película preferida, la sensibilidad exagerada o nula, las últimas vacaciones, historial laboral, historial sentimental, antecedentes criminales, hábitos alimenticios, adicciones, enfermedades graves y/o leves, estado de la cuenta corriente, planes de futuro y de momento eso es todo. 

el encuentro


este es el momento más difícil: nos vemos, nos reconocemos, sonreímos, nos acercamos, nos damos dos besos en la mejilla pero sin rozar mucho, hola, qué tal, bien, y tú, también bien y silencio. silencio. silencio. silencio. qué le digo ahora. silencio. no se me ocurre nada. silencio. joder, algo tengo que decirle. silencio. ¿has llegado bien? sí. silencio. silencio. silencio. silencio. ¿dónde vamos?. a mí me da igual, donde quieras, elige tú. silencio. pues no sé, déjame pensar. silencio. silencio. me va bien cualquier sitio, de verdad. silencio. silencio. ¿aquí te va bien? vale. silencio. ¿esa mesa del rincón? vale. silencio. nos sentamos. sonreímos. silencio. vaya. sí. silencio. llega el camarero y por fin escuchamos más de tres palabras encadenadas "hola, ¿qué os pongo pareja?". nos miramos. rubores, acaloramientos. a mí una coca-cola. para mí una cerveza. silencio. silencio. está bien este sitio. sí. silencio. miro por la ventana. nos miramos de reojo. silencio. silencio.
ella: deja de pensar que estarías mejor en casa. 
él: deja de mirarle las tetas, por-el-amor-de-dios. 

nudo


lo importante es estar cómodos y encontrar un tema que les interese a los dos. cine, mormones o luteranos, música, lo que sea. seguro que hay alguno, porque en algún momento anterior a esa primera cita sospecharon que algo tendrían en común, y que por algún inexplicable motivo les apetecía saber más de esa persona, así que búsquenlo y dejen que la conversación fluya. el tema de las/los ex queda totalmente prohibido, el móvil debe mantenerse apartado, por muy tediosa que esté siendo la velada, eviten fijarse en otros hombres/mujeres del local que no sean su acompañante y por favor, nada de monólogos intrascendentes. por el contrario es de vital importancia saber leer las señales que el otro nos está enviando mientras fluye lo que tenga que fluir. y es aquí donde empieza la diversión porque en algunos casos las señales son evidentes, pero en otras, están tan escondidas que es muy probable que uno acabe leyendo algo completamente distinto. a ver, por poner un ejemplo facilito: si le pone las tetas en la cara y le pide que se las lama, le gusta. si dice que tiene que ir al baño y no regresa, no quiere volver a verle jamás en la vida. 
entremedio hay un millón de posibilidades: que hace una caída de párpados mientras se miran, sí. que tamborilea los dedos encima de la mesa, no. que sugiere ir un día al cine, sí. que dice que mañana tiene que madrugar, no. que hace diez años decidió el nombre que le va a poner a sus hijos y que todos los domingos come con sus padres, huya, querido lector, huya. 
ella: sí, llevas bien el pelo. no te preocupes ahora por esto y sí, a tu mejor amiga le encantará saber que él tiene un perrito llamado max. 
él: deja de imaginar si se lo traga o no, por-el-amor-de-dios. 

sexo


bueno, bueno, bueno… hemos pasado un rato agradable. nos hemos reído, le hemos pedido al camarero una botella de vino que nos hemos bebido sin darnos cuenta y luego nos hemos ido a cenar y oye, pues muy bien. pero… ¿y ahora qué? ¿qué hacer después de la cena y las copas? ¿hay que follar en una primera cita? 
ella (versión 1): no. luego no me respetará y creerá que soy muy fácil y que si me he acostado con él a la primera también lo he hecho con todos los demás y pensará que soy una zorra y yo de eso no tengo nada. si quiere algo conmigo y le gusto de verdad, deberá trabajárselo un poco más. quizá un pico. un piquito se lo puedo dar, pero nada más. bueno, y un poco de roce. va, y un morreo. bueno, que igual le apretujo los huevos en un portal oscuro y me dejo manosear un poco y después ya igual le hago una paja en el coche y que si me baja las bragas y me mete la lengua pues también. pero de ahí no pasa. nada más. 
ella (versión 2): ah, ¿es que no íbamos a eso? 
él: ah, ¿es que no íbamos a eso? 

la huida


aunque también puede darse la malograda circunstancia de que a la media hora de cita lleguemos a la conclusión de que no lo soportamos. de que esa persona que parecía hecha a nuestra medida se ha convertido de repente en un traje apolillado y sólo deseemos perderlo de vista cuanto antes. bien. no lo alarguemos más. 
hay dos métodos para una huida: directo o indirecto. como bien indica su nombre, en el directo miramos fijamente a los ojos de nuestro acompañante y decimos "perdona, pero esto no funciona y creo que voy a irme". parece fácil, pero créanme, es la manera menos usada porque aun siendo educados y correctos sabemos que podemos herir la autoestima del pobre desdichado/a que ya nos había dedicado un par de caídas de párpado y fantaseaba con un paseo romántico por el centro comercial un sábado por la tarde cualquiera. y claro, como tampoco somos seres despreciables, utilizamos la vía indirecta que es una forma mucho más retorcida y agónica de decir lo mismo pero con evasivas, pretextos y excusas, esperando que el otro sea suficientemente espabilado como para pillar nuestra intención de escaqueo. hagan lo que hagan van a decepcionar a esa personita, así que nada... ánimo y que la vida es muy dura.
ella: no te pongas a llorar mujer, que tampoco hay para tanto. ojo, cuidado con el vaso. no, ¡el vaso no! !puedes hacerle daño! ¡no, espera!
él: exacto, hoy tampoco follas.

tiempo prudencial 


han pasado un par de días y desde la primera (y última) cita no se nos va esa sonrisa idiota de la cara. diríamos que hemos pensado en él/ella más de lo habitual, que hemos llamado ya a nuestro mejor amigo para detallarle todo lo que pasó ese maravilloso día. diríamos incluso que nos morimos de ganas de volver a verle/la, pero que no queremos parecer pesados, así que dejamos pasar unos días más, pensando que tal vez, mientras tanto, él/ella nos vaya a contactar. pero no hay llamada. ni email. y pasan los días y comenzamos a dudar. ¿y si no fue tan bien como habíamos imaginado? ¿y si en realidad él/ella se aburrió como una ostra? ¿y si el sexo fue pésimo a pesar de habernos corrido tres veces? y pasan más días. y de nuevo leemos las señales, pero esta vez a la inversa, es decir, en negativo: que si me dijo que le gustaban mis ojos sólo para quedar bien, que si todas son iguales, que sólo me quería por el sexo, que no lo entiendo, que qué hice mal, que por qué siempre me pasan a mí estas cosas, que ya estoy harto/a, etc. 
ella: deja pasar cuatro días. cuando está a punto de coger el toro por los cuernos y llamarlo, su mejor amiga le aconseja que no lo haga, que si de verdad le interesa, él llamará. ella se fía de su mejor amiga, que para eso es mejor amiga, así que pasa una semana muerta de pena e incertidumbre, comiendo más chocolate de lo habitual. el día que le salen dos hermosos granos en plena frente se topa con su ex que le asegura que está muy guapa y por si eso no fuera poco, la llama un día después. ¡un día, damas y caballeros, un día!. acaban teniendo tres niñas cuyos nombres son lo que ella había pensado diez años atrás y veranean todos los agostos en un pueblo de albacete de cuyo nombre no quiero acordarme. 
él: deja pasar cuatro días. cuando está a punto de coger el toro por los cuernos y llamarla, su perrito max le recuerda que no ha salido a pasear en todo el día meándose en el pasillo. mientras friega el pis, se dice a sí mismo que a la vuelta la llama sin falta. en el parque conoce a una muchacha feúcha pero simpática que también tiene un perro. hablan durante largo rato (de perros, de fútbol y de mormones) y cuando anochece ella le invita a su casa. él la deja al cabo de tres años. el perrito max muere atropellado por una furgoneta que transportaba muebles para el salón de esa chica con la que un día tuvo una primera y última cita y de la que obviamente, no recuerda el nombre. 

7 comentarios:

  1. Queda muy claro que la culpa es de "la vía indirecta que es una forma mucho más retorcida y agónica de decir lo mismo pero con evasivas, pretextos y excusas, esperando que el otro sea suficientemente espavilado como para pillar nuestra intención de escaqueo."
    O también podría ser culpa de la misma culpa en sí misma, una culpa infinita, una metaculpa. Metaculpa que puede ser culpa de la religión. O del fútbol. Del fanatismo. De la idealización. Del chá chá chá. No sé. No sé la verdad, ¿por qué comento como anónimo?. En plan, no dar la cara. Permanecer seguro bajo la batamanta del anonimato. Podría dejar una rúbrica. Un: "un besito (nombre)". Pero no, creo que mejor me voy a callar e ir caminando hacia atrás despacio, sonriendo y asintiendo, cada vez más lejos, y un poco más lejos y enhorabuena por tu blog. :)

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  2. Me reiría con tu minucioso repaso sobre la primera cita de cualquiera pero los escalofríos, el sudor frío y el horror no me dejan. Es que leyéndote ya no queda más que decir sobre el asunto. Yo por ejemplo pongo a Dios por testigo que no quiero ni una sola primera cita más. Incluso me hace plantearme las citas a lo seguro pero la naturaleza no me deja ser célibe. No entiendo el sentido de estas citas que son como interpretar una obra de teatro vanguardista dónde no te sabes el papel y tienes que improvisarlo dependiendo de la respuesta del público. He visto películas de terror menos horribles que eso. Pues menos mal que dices desconocer sobre el tema.

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  3. Con lo guay que está tocar las tetas de una desconocida
    sin haber escuchado su voz
    llorar luego en un blog acerca del desamor
    esa a la que siempre tienes ganas de ver
    y no solo porque folle bien
    cagarte en las primeras, segundas y todas las citas y demases
    mientras te pones una vez más Todas las canciones hablan de ti
    que no es una buena peli, pero es que estás en el momento
    todo te toca la fibra, pareces poeta
    y hasta descubres que empiezas a hablar con esa chica tan mona que siempre se interesó por ti
    de la que pasaste, hasta ahora
    esa que por su sencillez no te atraía
    y que ahora te recuerda qué es eso de sentirse deseado
    para luego pasar de todo, salir de fiesta tú solo
    las drogas lo hacen mucho más fácil, adiós idealización
    hola resaca, cómo tú por aquí otra vez
    qué ha pasado entre tanto, no recuerdo ná
    un sms, ¿te propuse sexo yo?
    debería reírme quizá, aún soy capaz de sorprenderme
    voy a ponerle de comer al gato, jugar con él que me entiende
    ya no me pregunto por qué, de repente, pasa de mi compañero de piso y viene conmigo a dormir
    el otro día estaba yo llorando en la habitación
    música puesta, sollozos en silencio
    que no me escuche nadie, joder
    y mierdas me caló, que en la puerta estaba
    arañándola, queriendo pasar
    hola Pulgui, gracias por estar ahí
    escribir, escribir, escribir
    refugiarse en uno mismo
    recordar qué es eso de pasárselo bien sin el apoyo de quien siempre estaba ahí
    ¿una primera cita?
    había dicho que les den, pero no sé
    quizá deba, me despejará
    aunque no sé si tengo ganas
    venga, iré
    pero no me arreglaré
    querida, no lo puedes saber
    pero este apático que tienes ante ti
    con ganas de matar, reír y follarte por detrás
    no te va a impresionar
    si quieres una cita romántica, vete al videoclub
    la peli que va a comenzar en 3, 2, 1
    no tiene épica,
    al final acaba
    con uno de los dos, destapado
    mientras el otro tiene toda la manta para sí
    y fin, aquí está el Pulgui otra vez
    cortándome la escritura automática,
    su ronroneo, creo
    dice que ya está bien

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  4. Ufff Hilia, que complicado lo pones, he leído tres veces esta entrada desde ayer. Lo cuentas con maestría, como siempre, con esa fina ironía que te caracteriza y que a mi me chifla. No sé, no me voy a mojar mucho en esta entrada, pero si te diré, que si se da, es increíble, yo sé que tú sabes, que me entiendes aunque no nos miremos a los ojos ¿verdad?.

    Besos preciosura

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  5. Me has matado !!! Jajajaja
    Besote niña !

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  6. Te dejo mis risas enlatadas por aquí, porque no he podido.

    Nunca supe que era de una cita hasta hace poco. Creo que las adoro por lo mal que pueden acabar. Las risas del después - del mucho después - son igual (o incluso mejores, me atrevo a decir) que esta entrada.

    Un saludo.

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  7. Jaja, sí, es así. Quisiera que yo, ella, en fin, escapáramos de todos esos tópicos, pero temo que de una u otra forma los acabamos visitando, aunque sea tangencialmente. No somos especiales.

    Leyéndote, recordé aquel diálogo de Annie Hall: "Me encanta que me reduzcan a un estereotipo cultural"

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