18 enero 2013

deshechos

durante mucho tiempo fuimos deshechos. 
nos alimentábamos de crítica y pena 
bebíamos demasiado 
fumábamos hierbas podridas 
dormíamos en colchones manchados de tragedias pasadas 
que intentábamos dejar atrás. 
buscábamos en la basura y sólo encontrábamos 
basura 
disfrazada de mentiras, miserias,
hedor y óxido. 
de laberintos minados, 
de mujeres de risa fácil 
que abracé tibiamente 
después de noches obscenas, 
o de hombres suplicantes 
que rogaban con la mirada 
desvestirla con premura 
y que ella había aprendido a rehuir. 
vagabundeábamos por el mundo 
con el feliz convencimiento 
de no creer en nada 
de no esperar a nadie 
de no. 

yo había olvidado escribir 
ella había olvidado sentir. 
nos encontramos. 

durante unos días, unos meses, 
un tiempo impreciso 
hubo mañanas soleadas, sábanas arrugadas y húmedas 
hubo yemas, dedos, manos, temblores 
hubo palabras 
hubo música 
hubo silencios tácitos 
hubo 
hambre. 
volvimos a creer, a esperar 
a descubrir. a descubrirnos 
temerosos primero, ávidos después. 
y aceptamos atrevidos y exultantes 
las confusas reglas de una partida 
de la que sólo habíamos oído hablar. 

fuimos valientes. 
a nosotros no iban a derrotarnos. 
fuimos insensatos. 
fuimos. 

desde hace unos días he vuelto a escribir. 
relleno las horas de trazos ilegibles, 
ideas vacuas y tramas delirantes 
que releo por la mañana 
rectifico por la tarde 
y termino borrando 
siempre. 
salpico las hojas en blanco 
de furia, rabia y fracaso. 
todo es cuestión de tiempo. 
la cura. 
las letras. 
la muerte. 
todo. 
tarde o temprano saldrá, me digo. 
dejaré de romper y negar. lo sé. 

de ella… 
de ella, nada. 
ella ocurrió y terminó. 
algunos aseguran que en ese tiempo impreciso 
ella también sintió. 
sí, aseguran, repiten, 
e intentan convencerme, 
como a un niño crédulo y dócil, 
sin saber que su consuelo 
aviva más aún mi demencia. 
ella sintió, reiteran. 
yo escribo. 

7 comentarios:

  1. Y con las letras de destila el horror y los fracasos y las miserias de nuestras vidas. No siempre sale algo perfecto ni nos gana la felicidad pero al menos nos mantiene todavía entre los vivos y hasta nos cura. En mitad de la fiebre de la escritura nos olvidamos de la otra fiebre, la del fracaso o la de los sentimientos que a veces duelen.

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  2. hostias qué bárbaro!!!

    qué fuerza tiene esto!!!

    hay más escritores en ti, pero no van a conseguir domarte.

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  3. Que ritmo Hilia, no lo he leído, me lo he bebido, así a lo bestia, y me provoca colocón, brutal, niña... vuelvo a leerlo, y te como.

    Beso

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  4. Y vuelvo a leerte ¿cuántas? dos, tres, veinte, cien, mil... veces.

    Beso

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