29 diciembre 2012


Si uno no cree en la predestinación, tiene al menos que admitir que las circunstancias de un encuentro, que por comodidad atribuimos al azar, son de hecho el resultado de una incalculable serie de decisiones tomadas en cada encrucijada de nuestra vida y que secretamente nos han orientado hacia él. No se trata de que hayamos buscado, ni siquiera deseado, aunque sea en el fondo de nuestro inconsciente, todos nuestros encuentros, incluso los más importantes. Más bien, cada uno de nosotros actúa como un artista o un escritor que construye su obra mediante una sucesión de elecciones; un gesto o una palabra no determinan indefectiblemente el gesto o la palabra que sigue, sino que, al contrario, obligan a su autor a una nueva elección. Un pintor que haya dado una pincelada de rojo puede optar por extenderla yuxtaponinendo otra de violeta; puede hacerla vibrar con un trazo de verde. A fin de cuentas, por más que se haya puesto a trabajar con una idea del cuadro en la cabeza, la suma de todas las opciones que haya escogido, sin haberlas previsto todas, producirá un resultado distinto. De este modo dirigimos nuestra vida, por medio de un encadenamiento de actos más deliberados de lo que estamos dispuestos a reconocer -porque sería un fardo excesivamente pesado asumir toda la responsabilidad de los mismos-, y que sin embargo nos ponen en el camino de personas que no pensamos que se dirigían hacia nuestro encuentro desde hacía tanto tiempo.

Celos. La otra vida de Catherine M. - C. Millet 

3 comentarios:

  1. No es esta una escritora de la que tenga buen recuerdo pero si lo he leído he olvidado este magnífico fragmento que sí me gusta y bastante. Porque efectivamente hay esa relación entre la manera en que ordenamos la vida y la que ordenamos nuestra vida. Y además en nuestra vida repetimos errores y circunstancias porque es nuestro estilo y nuestra conducta las produce sistemáticamente. Interesante.

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  2. fue más valiente escribiendo su vida, ella, con el prestigio profesional que tenía, que viviéndola, aunque escribir la vida se parece a vivir una metavida, ¿no?

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  3. Palabra de Dios (Hilia vs C. Millet y viceversa).

    No creo en el destino, sí en el azar, o era al revés... no creo en el azar, sí en el destino...
    Calla calla, no estoy muy segura, realmente, creo en casi nada.

    Aprovecho para desearte una noche vieja especial, una noche como tú, plena de luna llena, de buenos augurios para el 2013 y todo eso que creo que te llevo deseando siempre, desde que me di ese golpe contra la pared, al leer tu primera prosa, la mejor de la blogosfera, venir aquí o sentirte allí, es canela para mi.

    Un beso casi de amor

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