30 agosto 2011

caso clínico: no es culpa mía y el arte de la excusa

estudios de prestigiosas universidades demuestran que en alguna ocasión la mayoría de personas han sufrido en mayor o menor medida este trastorno conocido como "no es culpa mía". los casos más precoces aparecen a la temprana edad de uno o dos años cuando el pequeño, sin todavía tener la capacidad del habla totalmente desarrollada, es capaz, a través de gestos y lloriqueos, de señalar al hermano mayor cuando el jarrón de la estantería aparece en el suelo hecho añicos. qué rico es el pequeño y qué torpe el hermano mayor, confirma la familia. al pequeño se le recompensa con una tierna carantoña y doble ración de papilla y al mayor se le castiga a su habitación sin internet en el mejor de los casos. así, con este simple ejemplo, se empieza a gestar un desorden que puede conllevar consecuencias fatales.

de todos es sabido que los humanos sólo están preparados para responsabilizarse de sus propios actos cuando el resultado de éstos es exitoso. cuando por el contrario deben enfrentarse al fracaso, el humano tiende a vender a su propia madre (si se llegara al caso) para poder salir indemne de la situación. sería complicado y sobretodo interminalbe explicar el por qué de tal comportamiento. algunos estudiosos hablan de madurez mental, otros de sentido de la supervivencia y una minoría aluden a adbucciones extraterrestres que por desgracia no han sido probadas. sea como sea, esta desviación debe entenderse de la misma forma que se entiende y se acepta como algo normal el hecho de que posean dos piernas, dos pulmones y en algunos casos, un cerebro.

el modo con el que el humano puede obviar sus propios fracasos se conoce como "echar la culpa" y aunque pueda chocar a los que no pertenezcan a esta raza, pocas cosas son tan naturales para ellos como lo es inculpar a otro y quedarse en la gloria de feliz y tranquilo. hay que tener presente, sin embargo, que para llevar a cabo dicha practica se requiere un arte que no todos han desarrollado en la misma medidad. y es que para echar la culpa a otros, no basta con decir: "te echo la culpa". no. los humanos no son así de simples. la clave de todo radica en culpabilizar sin que sea evidente que se culpabiliza. es en esta evidencia, o mejor dicho, en esta falta de evidencia donde reside el triunfo de una echada de culpas con cara y ojos. el recurso por el cual el humano transforma una evidencia manifiesta por una realidad exculpadora se llama excusa.
vamos a poner un ejemplo para clarificar conceptos: imaginemos que soy humana y tengo una hipoteca, pero no puedo pagarla. bajo amenaza de dormir al raso, me dirigo al banco para explicarles las razones por las cuales he decidido dejar de pagar sus desorbitados intereses que un día de euforia firmé sin prestar atención. después de unos minutos de charla distendida pero no llegando a ningún acuerdo, zanjo la conversación con un:
- !la culpa es suya por ser unos chupasangres de mierda!

error. hay dos graves fallos en esta oración que nunca deben salir a la luz si tratamos de eximirnos de algo. para empezar nunca debemos utilizar lo de "la culpa es". hagan desaparecer esta palabra de su vocabulario si quieren convertir el arte de la excusa en un verdadero arte y no en el estribillo típico de un niño de cuatro años. en segundo lugar, recordemos que nadie quiere acarrear la culpa de los otros (a no ser que se trate de un nuevo jesucristo), por lo tanto, si se quiere culpar, ante todo disimulo y discreción; adórnenlo, jugueteen, usen la imaginación, pónganlo del derecho y del revés, pero nunca señalen directamente con el dedo porque queda feo y además es de mala educación.

- no voy a pagar la hipoteca porque me lo ha dicho dios en sueños esta noche.

error. la excusa debe ser sólida. en el primer ejemplo ser un chupasangre de mierda no se considera una excusa suficientemente elaborada. convincente, sin duda, pero a veces es necesario algo más. en el segundo enunciado, aunque exista un amago de excusa, sólo un banquero devoto y creyente podría admitir su visión nocturna, sonreír, romper el contrato de la hipoteca y regalarle un coche y un par de bolígrafos. y los reyes magos existen.

queda claro entonces que una buena excusa es la clave para sortear culpas y fracasos. atentos a expresiones como: me lo ha dicho x, no te creerás lo que me acaba de pasar o iba borracho/drogado. cualquier oración que se inicie con alguna de estas expresiones es sinónimo de "voy a meterte una pirula delante de tus narices". de ustedes dependerá ser píos y creer.


3 comentarios:

  1. ¿¿¿por qué no puedo acceder al texto "solía llevar una navaja en el bolsillo..."??? Has vuelto con ganas!!!

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  2. porque soy torpe y le di a publicar por error y todavía falta hornearlo un par de días más. !perdón!

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  3. Te perdono si vuelve (jejejeje, me gusta entrometerme).

    Ma cansan los quejicas que nunca asumen sus responsabilidades y siempre culpan al mundo mundial de sus males (curiosamente sus aciertos son solo suyos).

    Y si, si te excusas hay que hacerlo bien.

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