02 agosto 2011

nos gustaba levantarnos después del mediodía y follar en los baños de los bares. al salir nos parecía que todos nos miraban, pero nos daba igual. siempre decías que algún día nos pillarían, pero no por eso dejamos de hacerlo. tus predicciones solían cumplirse. como cuando dijiste que conducía como una loca y no miraba y algún día tendría un susto y dos días después ese coche me embistió. tuvimos que tirar la bici y curaste mis rodillas ensangrentadas con alcohol y mercromina naranja. me escocía tanto que soplaste hasta marearte. esa noche follamos con cuidado, en el sofá y con la luz apagada. ahora tengo una cicatriz alargada y blanquecina en la rodilla derecha. a veces si la presiono fuerte con el dedo todavía noto algo que no sé si es dolor o cosquilleo. mi mala memoria te sacaba de quicio y te asustaba mi buena predisposición para olvidar las cosas importantes. por eso me recordabas a menudo que sería yo quien encontraría a otro; porque no me acordaría de que estaba contigo. creo que incluso nos jugamos algo. te gustaba fantasear con terceros. lo hacía todo menos trágico para el día que sucediera realmente.

hoy he estado mirando fotos de nosotros. en casi todas sonreímos pero tú pareces mayor y yo triste. los dos sabíamos que los esfuerzos estaban siendo colosales y no nos quedaban ni ganas ni energías. habíamos quemado toda la pólvora. las hicimos esa tarde que fuimos al campo, se puso a llover y perdimos el tren de vuelta a casa. esperamos una hora para el siguiente en una estación gris y vacía. caminaste por las vías, incluso te tumbaste en ellas un rato esperando que yo me inquietara. pero no dije nada y te molestó. cuando llegamos a casa, cansados y en silencio, había salido de nuevo el sol pero las sábanas que habíamos dejado fuera estaban empapadas y manchadas de barro. como nuestro día en el campo. tomaste un baño sin mí y te fuiste a la cama a leer ese libro que te había regalado dos días antes. te gustó, dijiste al terminarlo y escribiste la fecha en la primera hoja: 2 de agosto. tu letra pequeña y nítida, casi en cursiva. tus ojos grandes y claros. el café cargado y el olor a tabaco en la cocina. las revistas de cómics y las últimas noches fingiendo dormir.

tenías razón: tenía mala memoria para lo imporante y te relegué a detalles. detalles de los que no consigo desatarme.

5 comentarios:

  1. me gustaba eso de los bares.

    Hay veces ¿verdad? en que todo va bien pero intuimos que no sera eterno.

    Y de tanto saberlo nos volvemos fatalistas y cuando llega no luchamos.

    Luego quedan los detalles y valoramos lo que teniamos.

    Las miradas tristes dicen mucho.

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  2. Si pasas el detalle izquierdo por debajo del detalle derecho, a lo mejor se suelta el nudo y, si no, una buena navaja con un par de vodkas libera las partes y el todo (con cuidado de no manchar las sábanas, que luego la sangre no sale en la lavadora...). Vacaciones???

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  3. Es triste y precioso. Al final sólo quedan los detalles y cuando estos desaparecen... la nada. Me ha encantado.
    Saludillos

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  4. Está bien triste esto, justo como me gusta. Comparto lo de la mala memoria, por eso la obsesión con tomarle foto a todo. (Todos)

    (No quería un comentario anónimo pero esto no me dejó otra opción: Me niega el acceso a mi cuenta de Google.)

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  5. para guille: esas intuiciones que a veces pasamos por alto… qué razón tienes (como siempre).

    para dormido: en tres líneas has mencionado mis dos palabras favoritas: vodka y vacaciones. ¡sí a las dos! (¡en brevísisisimo!). y que sepas que cuando tenga problemas de nudos, te llamaré.

    para puck: muchísimas gracias. detalles y nada, tú lo has dicho. aunque queda la experiencia, de la que se supone que tendríamos que aprender. creo que algunos lo consiguen.

    para domingo: a veces tener mala memoria puede ser una gran ventaja. ya no eres anónima, tranquila.

    muchas gracias a todos.

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