18 noviembre 2012


Un día que me encontraba en el campo con un amigo, hablábamos del vértigo; mi amigo no lo conocía.
Le hice varias demostraciones del vértigo sin obtener el más mínimo resultado. Mi amigo no podía apreciar la angustia que se puede sentir viendo a un hombre trabajar en un tejado. A todas las observaciones que le prestentaba, mi amigo se encogía de hombros, lo que no es muy cortés ni muy amable.
De pronto vi un mirlo que acababa de posarse en el extremo de una rama, una rama alta, una rama vieja. La posición del animal era de lo más peligrosa... El viento hacía oscilar la vieja rama, que el pobre bicho apretaba con sus crispadas manitas.
Entonces, volviéndome hacia mi compañero, le dije: 
-Mire, ese mirlo me pone la carne de gallina y me da vértigo. Deprisa, traigamos un colchón bajo el árbol, pues si el pájaro pierde el equilibrio, seguro que se rompe la crisma.
¿Saben lo que me respondió mi amigo?
Fríamente,... simplemente: -Es usted un pesimista.
Convencer a la gente no es fácil.

Memorias de un amnésico y otros escritos, E. Satie

2 comentarios:

  1. Ya se sabe, el vaso medio lleno, medio...

    La imagen me da pavor.


    Un beso grande, sol

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