10 noviembre 2012

hoy hace justo un año. sí, creo que fue justo hoy cuando me desperté a media noche y le oí llegar a casa. escuché cómo cerraba la puerta con cuidado, cómo dejaba las llaves encima de la mesa y tropezaba con el mueble del comedor y maldecía en susurros la esquina angulosa y cómo sus pasos cortos y silenciosos llegaron hasta la habitación. apartó las sábanas, se metió en la cama y noté sus manos frías en mi cintura, un beso suave en la nuca y un bisbiseo cansado de buenas noches. a quién quiero engañar. no. no fue así, no sé por qué miento. fue todo al revés. no estaba dormida. hacía días que no dormía. cómo conseguirlo esa noche también. hacía horas que yacía con los ojos abiertos, mirando las grietas del techo, contando los segundos, enumerando los motivos, acallando los latidos coléricos de mi propio corazón y ahogando las ganas de llorar sobre su almohada vacía. hace un año ya. no hubo un buenas noches, ni unas manos frías, ni un roce, ni un beso, ni un triste murmullo. pero sí hubo un tropiezo, sí hubo una puerta que se cerró de golpe y un silencio agónico que resonó en mi cabeza durante toda esa noche eterna. hoy hace un año que me mordí los labios hasta hacerlos sangrar, rememoré peleas, abrazos, silencios y risas. hace un año que aullé su nombre y lo maldije millones de veces como si eso fuera a servir de algo. tiré sus camisas, pisoteé sus discos, despedacé sus libros, quemé sus escritos, borré su número y descolgué esa estúpida foto de la pared. no hubo alivio, ni paz, ni consuelo. no hubo ni tan siquiera un premio de consolación. sólo desorden, cenizas y pedazos desperdigados que reconstruí el día después.
no, espera. tal vez tampoco ocurriera textualmente así. quizá después del beso en la nuca, me rodeó con sus brazos fuertes, repasó los lunares de mi espalda con su lengua húmeda, mordisqueó mis nalgas y pronunció mi nombre al deslizar su mano fría entre mis muslos. sí, fue así. ahora lo recuerdo bien. estoy segura. olí su ropa. olía distinto. no era su perfume. tampoco el mío. esperé. horas. días. semanas. estás loca, dijo finalmente, estás completamente loca. buenas noches, respondí con voz adormilada cuando consiguió despertarme con las yemas de sus dedos sobre mi piel. él no contestó y se concentró en el lento y serpenteante camino hasta mi sexo. separé las piernas. cerré los ojos. respiré hondo. noté un cosquilleo familiar. apreté los puños. gemí. sólo un poco. comencé a buscar más pistas. supongo que me obsesioné. notas, números, citas, descuidos. todo me valía y todo me daba la misma respuesta. obvia, certera y enfermiza. creo que esa fue la primera vez que le noté muy cerca. más cerca. más próximo. más adentro. tal vez hubo más caricias que arañazos, más tiempo que arrebato, más amor que... puede, sí. ya no te quiere. hay alguien más. más afortunada, más interesante, más deseable. cómo no haberme dado cuenta antes. esto no tiene ningún sentido, repitió mil veces. hubieran podido ser diez mil. no me convenció, claro. reposamos agotados, satisfechos, entrelazados, sabiendo que algo habíamos hecho diferente. sin buscarlo ni ser conscientes. estas cosas pasan. algunas veces solamente, pero pasan. nos dormimos con el ruido del tráfico y las sirenas de las ambulancias, ajenos al resto del mundo, a la luz pálida del amanecer, al calor sofocante del mes de agosto, a los recelos, a las sospechas. a todo lo que no fuera nosotros dos. me voy a ir, vivir así es insoportable y no lo aguanto más. podría traer mis cosas, quedarme unos días, sólo por probar. sí, eso dijo. y yo temblé y asentí. dio un portazo brusco. los vecinos se quejaron del estruendo de la noche anterior. abrí la puerta. los vecinos preguntaron por el nuevo inquilino a la mañana siguiente. rompí sus cosas con rencor y rabia. hice un hueco en los cajones, ilusionada y dichosa. tiró sus llaves encima de la mesa y resbalaron al suelo provocando un sonido metálico y hueco. observé los dientes oxidados y pensé que ya no habría que hacer otra copia. compramos macetas con flores de colores brillantes para las ventanas. dijo que lo había jodido todo. a veces sonreíamos sin motivo. no hubo más de él. ni de nosotros. las flores continúan en la ventana, alegrando la vista de quien las quiera ver. 

de todo esto hace un año. sí, ahora me acuerdo bien. así fue exactamente cómo sucedió todo. un año, ya. un año entero. un año sin mucho. no, tampoco. un año de nada. 

13 comentarios:

  1. A partir de la octava línea, contuve la respiración...

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  2. Lo he leído dos veces... hoy es mi último día de vacaciones de este año, me habían invitado a cenar a casa de unos amigos, he declinado la invitación, me he quedado en casa, estoy sola, leyendo a Martí i Pol y escuchando música, te relato todo mi periplo, porque quiero que sepas el escenario en que me encuentro y necesito decirte, que me duele, me duele lo que he leído, tanto como si fueras mi hija, o mi hermana, mi mejor amiga o mi amor; me falta la piel, cogerte una mano o abrazarte, para notar el temblor. Pasé por algo similar hace unos años, me encoge Hilia, te siento y lo siento, y hoy no me fijo en lo bien que está escrito, ni te digo que eres la mejor, que lo eres, hoy, y aunque no te conozco, ni probablemente te conozca nunca personalmente, siento que te quiero, y aunque cabe la posibilidad que sea ficción, no me importa nada, solo el sentimiento que por ti me ha brotado mientras te imaginaba, solo eso me vale ahora mismo y con ello me quedo.

    No sigo muchos blogs, ni comento tampoco demasiado, pero leí a Núria, que también escribió algo muy emocional, y me caló, porque me sentí también muy cerca, habla de sus abuelos y los recuerdos, narrado con mucho corazón y ahora ésto... presiento que va a ser una noche llena de luces y de sombras.

    Te abrazo

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  3. Cuando crees que ya no puedes leer nada diferente pero doloroso al mismo tiempo, llegas tú, hilia; Siempre llegas tú.

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  4. Ojalá pudiera sacar de mi historia, al menos, algo tan bonito como esto.

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  5. Qué tristemente realista(aunque la palabra realista no me guste). Ese año entero de nada es perturbador pero para mí lo es más la imagen de unas macetas que se pusieron con tan buenas intenciones y ahí se han quedado. Como siempre un relato que leo concentrado pero esta vez tocándome de cerca en un Sábado bastante gris.

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  6. Yo ya. Eres respiración entrecortada, Hilia.

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  7. Impresionada de tu manera de escribir. Me ha encantado y estoy más que segura que ese año ha pasado a base de días en los que las manecillas del reloj lo convertían en eterno. Un saludo.

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  8. Un año...tres años....eterno.
    Beso, niña.

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  9. "Ya no se respira igual pero vivir, vives". Feliz año. Beso, grande.

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