13 abril 2012

segunda residencia

-!mallory, querida! !hacía una semana que no te veía! 
-!hola grace! sí, he estado ocupadísima. 
-ay, estas amas de casa que nunca paran... estás guapa, ¿has perdido peso? -¿tú crees? 
-sin duda, cielo, sin duda. 
a grace se le da de maravilla mentir. mallory no ha perdido peso. es más, hoy que lleva una falda floreada hasta las rodillas, puede observar sus pantorrillas inmensas y fofas que soportan un culo de dimensiones descomunales y una tripa que sin duda obstaculiza la visión de sus propios pies. ha comprobado, sin embargo, que cuando les dice esto a las clientas, ellas compran más en la tienda y al fin y al cabo esto son ganancias para su negocio. sin embargo, mallory es una buena clienta y suele gastarse cantidades considerables de dinero en salsas, pastas, sopas en lata y agua embotellada. alguna vez, piensa grace, le gustaría preguntar a dónde va a parar tanta comida, ya que aunque su perímetro sea escandaloso, es prácticamente imposible que su marido y sus dos hijas consuman tanto en tan poco tiempo. 
mallory se mueve por la tienda con dificultad. los pasillos, a pesar de conocerlos de memoria, son estrechos y suele ser habitual que entre el carrito y su patoso contoneo rompa algún tarro o tiré al suelo alguna bolsa de verdura. mallory se disculpa a gritos y grace le responde desde la caja registradora que no se preocupe, que ella lo recoge en cuanto termine de la compra. en realidad piensa que con lo torpe que es, se caería al recogerlo y que con su propio peso acabaría por romperse un tobillo y sería ella quien la tendría que levantar del suelo, o peor aún, llevarla al hospital. mallory le da las gracias, entre risas y más disculpas, y sigue con su compra, descubriendo nuevas salsas para acompañar los filetes y sintiendo un delicioso placer cuando ve las tartas de chocolate rellenas de chocolate imprescindibles para su desayuno. 
al llegar a la caja su carro está a rebosar. grace sonríe: 
-caray, mallory… ¿celebráis algo? – al terminar de pronunciar sus palabras se arrepiente. para nada querría enemistarse con la gorda de mallory, pero ella, sorprendida y bienhumorada, contesta: 
-¿celebrar? oh no, no. 
-ah, vaya. sólo lo decía por las salsas y porque como ahora viene el tiempo de las barbacoas creí que tal vez tú y ted ibais a organizar alguna. por cierto, ¿cómo están las niñas? 
-las niñas bien, ya sabes, creciendo. la pequeña acaba de entrar en el equipo de animadoras y está encantada. tendrías que verla, ensayando en el jardín, con los pompones arriba y abajo. !dadme una a, dadme una r! y así todo el santo día. 
-vaya, eso está muy bien. – responde grace y empieza a pasar los productos por la banda magnética. 
las dos mujeres se quedan en silencio unos segundos. grace no quiere meter más la pata y cuando está a punto de comentar el calor que hace, mallory se adelanta. 
-verás… - empieza asegurándose que están a solas en la tienda – ¿te puedo contar algo? 
grace deja el bote de pepinillos agridulces en la cinta. pocas cosas le gustan tanto como las confesiones, los rumores y los cotilleos. su tema preferido son sin duda las infidelidades, pero mallory está demasiado gorda como para tener un lío con otro. tal vez sea su marido ted. sí, podría ser ted que por fin hubiese descubierto las ventajas de un cuerpo menos deforme que los de su esposa. 
-claro, querida mía. 
-debes prometerme que no se lo contarás a nadie. 
 -mallory por el amor de dios, soy una tumba. ¿qué ha pasado? 
-bueno – estira de nuevo su cuello rechoncho hacia los pasillos – quizá esto te parecerá extraño, pero toda esta comida… 
-¿sí? 
grace está a punto de explotar, aunque empieza a sospechar que no se trata de un asunto de cuernos y sus expectativas se desinflan un poco. 
-es para nuestro búnker. 
grace da un pequeño salto, como si de repente alguien le hubiera dado una patada en el culo y se tapa la boca con la mano derecha. ha escuchado bien, pero prefiere que se lo repita una o mil veces, hasta que comprenda a qué se refiere exactamente. 
 -¿cómo dices? ¿qué quieres decir? ¿un qué? 
mallory abre una bolsa de patatas fritas que grace todavía no ha cobrado. coge un puñado con su rolliza mano y las mastica ruidosamente hasta que traga la masa y con la boca vacía empieza a hablar: 
-imagino que estarás al corriente ya, a estas alturas, de que el fin del mundo es algo inminente. habrás leído sobre ello. lo dicen todas las revistas especializadas. hace tiempo que ted y yo hemos estado informándonos, leyendo libros, yendo a conferencias y charlas. fue en uno de estos cursos de iniciación y preparación donde conocimos a ray perkins, quizá hayas oído hablar de él. es un reconocido físico que dejó su trabajo para dedicarse en cuerpo y alma a adoctrinar a todos aquellos que desearan salvarse del apocalipsis. ha escrito centenares de libros, todos un éxito. es un hombre inteligentísimo, cercano y digno de admirar y fue él quien nos recomendó hacernos construir un búnker para nuestra familia y amigos y estar tranquilos por el resto de nuestros días. hace ocho años que lo tenemos y desde entonces voy comprando poco a poco los abastecimientos para vivir allí el tiempo que sea necesario. cielo, el mundo es una amenaza constante y nunca se sabe quién nos bombardeará primero. 
grace siempre fue una mujer parlanchina, pero ahora mismo no puede más que exclamar un discreto “oh!” que mallory interpreta como un “por favor, cuéntame más”. 
-hacía tiempo que quería comentártelo porque, querida, yo siempre te he tenido como a una buena amiga, pero ya sabes… estas cosas son delicadas y mucha gente no nos comprende y dice que estamos locos y demás tonterías, pero ahora que lo sabes, no sé, quizá puedas venir a tomar el té en el búnker un día de estos. es un lugar precioso, nada frío ni impersonal. lo estoy arreglando para que quede como un auténtico hogar. ¡fíjate en lo bien que tiene que estar que a veces las niñas van a pasar allí los fines de semana! con esto te lo digo todo. 
-¿y dices que es seguro? 
-oh nena, seguro como que el fin del mundo está cerca. 

cuando la gorda de mallory sale por la puerta, grace se queda pensativa un rato. da una vuelta por los pasillos de la tienda, repletos de comida, recoge las latas del suelo que ha dejado mallory por su paso y piensa en cuánto tiempo podría sobrevivir ella y joe a un ataque nuclear en su casita de madera y siente un escalofrío a lo largo de su huesuda espalda. la campanilla de la puerta de entrada le devuelve a la realidad. la señora cauffman saluda con la mano.
-¿os ha llegado ya la levadura? – pregunta. 
-al fondo. al lado de la harina y los cereales. 
la observa desde lejos, sin que se dé cuenta y cuando la señora cauffman se dispone a pagar, grace juraría que ha comprado más de lo que suele ser habitual en ella y su escaso presupuesto semanal. podría preguntarle si va a celebrar algo, si espera visita de familiares, si cree que el enemigo está al acecho, pero no tiene tanta confianza como con mallory y, en realidad, no está preparada para otra confesión inesperada. mientras coloca las cosas en la bolsa de papel, se fija en que todos los productos están enlatados y envasados al vacío. empieza a sentirse incómoda y nerviosa. mira el calendario detrás de la caja que con letras rojas señala un mes de abril tocando a su fin. 

al salir la última clienta, apaga todas las luces, cierra la tienda y llama a su marido, que a estas horas imagina que seguirá metido en la fábrica. el teléfono suena un par de veces y después contesta uno de sus empleados. 
-¿qué? 
en circunstancias normales grace le replicaría al chaval que esas no son formas de contestar el teléfono, pero ahora mismo tiene otras prioridades mucho más importantes. 
-¿está joe? 
-¿quién le llama? 
-su esposa. 
 joe tarda siglos en ponerse al teléfono. sospecha que si fuera un nuevo cliente no le haría esperar ni la mitad del tiempo y se enfurece todavía más. 
-grace, ¿qué pasa? – dice él sin perder el tiempo. 
-oye cariño, ¿cuánto dinero tenemos en la cuenta? 
 -¿qué? ¿por qué me preguntas esto? 
-joe, necesito una cifra exacta. 

joe se sienta encima de la desordenada mesa de su despacho y escucha las palabras atropelladas de su esposa que al cabo de unos minutos terminan confundiéndose con el atronador ruido de las máquinas. 

2 comentarios:

  1. Perfecto juego el que haces con el cuento(a estas alturas sólo espero calidad). Puede ser cierto lo del fin del mundo o no. Puede ser ciencia ficción o no. Lo hayas pensado o no, yo como lector me lo puedo tomar como quiera. Y desde luego eso es lo de menos. Lo que importa es el ambiente de angustia que hay detrás de todo eso. Esta semana con retraso(mira quién habla) pero bien. Saludos.

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  2. Ha oido usted hablar de una película llamada "Take shelter"? Creo que le gustaría .Verdi Park, por si les interesa. Quizás se inspiró usted en la película?

    Por cierto, 3 días intentando intervenir y nada. Empiezo a sospechar de nuevo.

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