vaya mierda, joder. llevo dos semanas con esta historia en la cabeza, pero cuando abro la página del word no hay forma. la he empezado tres veces y al medio folio pienso que es una mierda y borro todo.
lo que quiero contar es la historia de una pareja. los nombres ya los tengo: ángela y félix. ángela es un nombre que siempre me ha gustado. si algún día tengo una hija es posible que la llame ángela, aunque suena a señora mayor que se carda el pelo y usa mucha laca. o sara. sara también me gusta mucho y suena a chica joven. félix me da bastante igual. los nombres masculinos son aburridos y siempre que debo escoger uno, elijo el primero que me viene a la cabeza, sin pensar. jorge, javier, jose-luis, manuel, roberto. aburridos. aunque félix me recuerda a un profesor que tuve en la universidad del que estaba un poco enamorada. historia del cine, nos enseñaba. los lunes a primera hora. no falté a ni una clase en todo el semestre que duró la asignatura. llegaba puntual, con sus notas, sus diapositivas que nunca se atascaban y su discurso bien preparado y decía cosas inteligentes que muchas veces no escuchaba porque estaba fantaseando con su vida privada. le había imaginado viviendo en un ático con bonitas vistas a la ciudad, acompañado de una novia joven, muy mona y culta que fumaba cigarrillos de liar, pero tuve celos y al final me decanté por pensar que prefería a los hombres.
pues ángela y félix son amantes. ángela tiene un marido que es médico, con un cargo importante y no uno de esos de cabecera que receta aspirinas para todos los males, y también es bastante más mayor que ella. no se sabe muy bien por qué están juntos. supongo que se quieren, aunque no tienen hijos. hay algo extraño en su relación, porque ella es muy guapa y el muy viejo y no, no es el dinero. debo pensar bien lo que es. o dejar que el lector se lo imagine. ¡no haré yo todo el trabajo!
luego está félix, que también está casado con carlota o claudia. tengo que decidirme por el nombre. me gusta más carlota porque claudia suena a pija relamida y no quiero que la esposa de félix sea una pija, aunque tampoco es la protagonista y sólo la mencionaré un par de veces en el relato. félix sí tiene hijas. dos niñas. preciosas. tengo que asegurarme de usar este adjetivo cuando me refiera a ellas. no les pondré nombre porque no son necesarias para la historia. lo siento chicas, tal vez más adelante.
bien, pues ángela y félix tienen una historia desde hace años. tres o cuatro, por ejemplo. vamos, que son amantes de esos que se encuentran en una habitación de hotel y hacen lo que deberían hacer con sus respectivas parejas, pero que pasan de hacerlo con ellos porque ya se han cansado. y les va muy bien así. o sea, que no se complican con romanticismos, ni pierden tiempo poniendo el lavavajillas, ni comen en casa de los suegros los domingos. follan, comparten el cigarro de después, se duchan, follan en la ducha, se vuelven a duchar (esta vez sin follar) y se largan cada uno a su casa hasta la próxima cita. pero claro, llevan ya un tiempo así e inevitablemente hay algo más entre los dos. quiero decir (y ahí debería detenerme un rato y os aseguro que no me sale como expresarlo sin que suene muy empalagoso, ni muy superficial) que después de tanto tiempo, algo habrán tenido que hablar y los dos se dan cuenta de que a parte del sexo, que es fantástico, pues oye, también se caen bien y se gustan un poco y nos les importaría ir un día al cine y compartir las palomitas, así, sin más. pero vaya, están los respectivos y como siempre tuvieron claro que lo suyo era solo un polvo, pues así han continuado y ninguno de los dos ha querido arriesgarse más. y bueno, tampoco os creáis que son muy infelices así. que al menos se ven, practican sexo y luego las neuras se las comen en sus casas, por separado, sin molestar al otro. tampoco es mal plan, digo yo.
sigamos.
todo lo dicho hasta ahora sería a modo de introducción y pienso que hasta aquí sería suficiente. no más de una página que luego nos aburrimos con detalles que no tienen nada que ver con la narración. no a los detalles superficiales, como decía otro profesor que tuve bastante después de félix, aunque de éste ya no me enamoré porque para esa época salía con nacho, alías el serpiente. un día os contaré de él.
luego resulta que un día, uno de esos días en los que quedan, (atención, he vuelto a la historia) ángela sale de su casa nerviosa porque debe decirle algo a félix. en este punto debería detenerme un rato para enganchar al lector para que siga leyendo y desee saber qué tiene que contarle y no se vaya a tomar un cola-cao (con grumos, siempre con grumos). así que ella llega antes al hotel y durante la espera da vueltas a la habitación y fuma cigarros y se muerde las uñas y piensa en cómo debería contárselo. porque estas cosas pasan y porque ya sabían que tarde o temprano alguien tendría que decir adiós. ¡ah, enganchados! ¿no?. félix se presenta veinte minutos después, agotado de su trabajo pero con ganas de verla. porque ángela, además de follar bien, es guapa. lo tiene todo. incluso marido y algo que contar. así que antes de empezar a arrancarse la ropa y dejarla tirada en el suelo bien arrugada, ella le dice que se siente y que escuche, y él, que es un hombre obediente, obedece. total, que al marido de ángela a quien no he puesto nombre por todo el rollo de los nombres masculinos que ya he dicho antes, le trasladan a otra ciudad. no, mejor aún, a otro país. a la otra punta del mundo. cuánto más lejos, mejor. y en tres meses. lo cual se traduce a una separación inminente de los dos protagonistas. vaya putada. pero es que la vida es así, una de cal y otra de cal doble. y después de semejante notición los dos se quedan un poco tocados, para que engañarnos, pero como se supone que lo suyo era solamente sexo, pues siguen con sus citas, aunque ya no es exactamente lo mismo… hay más abrazos, y más miradas lánguidas, y más suspiros y ángela llora a escondidas y félix está más de mal humor y carlota no sabe lo que ocurre pero es tan pánfila que sigue sin enterarse. (carlota es un nombre demasiado bonito para un carácter tan anodino, acordarme de revistar este punto). y así van pasando los días. tic tac tic tac tic tac. aquí es posible que no sepa qué contar para alargar el suspense y acabe hablando de alguna anécdota de los dos amantes cuando todavía desconocían su desenlace y vivían sin preocupaciones. o algún capítulo sexual. el sexo vende y si no vende, al menos gusta de leer. o bien escriba sobre el tiempo. ¿mucho frío no estos días? aquí en mi pueblo temperaturas glaciales. mierda de invierno, joder. a ver si pasa rápido y vuelve el verano con sus treinta y tres grados a la sombra y sus chiringuitos cutres y sus playas saturadas de humanidad.
buenas noticias: la escena final la tengo bien tramada. se me ocurrió el otro día hablando con una compañera de trabajo mientras tomábamos té. ella estaba contándome algo super interesante acerca de la diarrea de su hijo y de pronto me vino, así, sin más. qué cosas, ¿eh?:
es el último día antes de que ángela y su marido se trasladen a otro país. el encuentro entre los dos es bastante funesto y se acuestan con más sentimiento que pasión, algo que ya no les sorprende en absoluto, pero ninguno de los dice nada y actúan siguiendo el ritual de los últimos años. ángela teme romper a llorar en cualquier momento y piensa que quizá en el último minuto él le suplicará que se quede. félix evita mirarla a los ojos demasiado tiempo y bromea con estupideces para alegrar unos ánimos que no hay forma de levantar. antes de salir de la habitación, ella le regala el camisón negro que se había comprado para la ocasión y se da cuenta que es el primer regalo que le hace después de tantos años. piensa que ahora, de haber sabido que no se verían más, le hubiera hecho muchos más regalos. él lo agradece, sonríe, acerca la prenda a su nariz y aspira. huele a ella y a todo el tiempo que han pasado juntos. dice que debe marcharse, que ya es tarde, que le esperan. ella hubiera deseado no escuchar esto y él se da cuenta de su metedura de pata. no es momento de recordar que en otra casa hay otra mujer esperándole, pero tampoco es momento de molestarse y montar un número porque apenas les quedan minutos juntos. se desean mucha suerte. se miran, se evitan, se miran de nuevo y se abrazan. ella llora. él la aprieta más a su cuerpo y se quedan unos instantes así, quietos y en silencio.
de camino a casa félix camina despacio y piensa en cómo será su vida sin ángela a partir de ahora y en cómo será la de ella en otro país, con otra gente, en otra habitación de hotel con otro que le sustituya. al llegar a la esquina de su casa, saca el camisón del bolsillo del abrigo, lo acaricia y lo huele otra vez. la intensidad del olor a ella se ha disipado ligeramente. se acerca a un contenedor de basura, empuja la tapa hacía arriba y tira la prenda dentro, junto a restos de comida podrida, botellas vacías y periódicos caducados. después de todo este tiempo, reflexiona, tampoco sería inteligente que a estas alturas, cuando ha conseguido mantener su historia en secreto durante tanto tiempo, un simple recuerdo del pasado arruinara su inmaculado futuro.
es el último día antes de que ángela y su marido se trasladen a otro país. el encuentro entre los dos es bastante funesto y se acuestan con más sentimiento que pasión, algo que ya no les sorprende en absoluto, pero ninguno de los dice nada y actúan siguiendo el ritual de los últimos años. ángela teme romper a llorar en cualquier momento y piensa que quizá en el último minuto él le suplicará que se quede. félix evita mirarla a los ojos demasiado tiempo y bromea con estupideces para alegrar unos ánimos que no hay forma de levantar. antes de salir de la habitación, ella le regala el camisón negro que se había comprado para la ocasión y se da cuenta que es el primer regalo que le hace después de tantos años. piensa que ahora, de haber sabido que no se verían más, le hubiera hecho muchos más regalos. él lo agradece, sonríe, acerca la prenda a su nariz y aspira. huele a ella y a todo el tiempo que han pasado juntos. dice que debe marcharse, que ya es tarde, que le esperan. ella hubiera deseado no escuchar esto y él se da cuenta de su metedura de pata. no es momento de recordar que en otra casa hay otra mujer esperándole, pero tampoco es momento de molestarse y montar un número porque apenas les quedan minutos juntos. se desean mucha suerte. se miran, se evitan, se miran de nuevo y se abrazan. ella llora. él la aprieta más a su cuerpo y se quedan unos instantes así, quietos y en silencio.
de camino a casa félix camina despacio y piensa en cómo será su vida sin ángela a partir de ahora y en cómo será la de ella en otro país, con otra gente, en otra habitación de hotel con otro que le sustituya. al llegar a la esquina de su casa, saca el camisón del bolsillo del abrigo, lo acaricia y lo huele otra vez. la intensidad del olor a ella se ha disipado ligeramente. se acerca a un contenedor de basura, empuja la tapa hacía arriba y tira la prenda dentro, junto a restos de comida podrida, botellas vacías y periódicos caducados. después de todo este tiempo, reflexiona, tampoco sería inteligente que a estas alturas, cuando ha conseguido mantener su historia en secreto durante tanto tiempo, un simple recuerdo del pasado arruinara su inmaculado futuro.


Buenísimo tu ejercicio metaliterario. Literatura dentro de la literatura o literatura en obras pero solo aparentemente. Porque me ha encantado cómo parece que anotas un borrador sobre una historia que vas a contar y sin embargo la cuentas como si ya estuviese acabada. No es una excusa para no hacerlo, es un engaño porque la historia se lee al completo. Lo que ocurre es que la leemos como sin darnos cuenta. De mis preferidas. Puede que la mejor pero eso es relativo y va a gustos, claro.
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