29 febrero 2012

En un ensayo titulado Writting Short Stories, Flannery O'Connor habla de la escritura como un acto de descubrimiento. Dice O'Connor que ella, a menudo, no sabe a dónde va cuando se sienta a escribir una historia, un cuento... Dice que se ve asaltada por la duda de que los escritores sepan realmente dónde van cuando incian la redacción de un texto. Habla ella de la "piadosa gente del pueblo", para poner un ejemplo de cómo jamás sabe cuál será la conclusión de un cuento hasta que está próxima al final:
"Cuando comencé a escribir el cuento no sabía que Ph. D. acabaría con una pierna de madera. Una buena mañana me descubrí a mí misma haciendo la descripción de dos mujeres de las que sabía algo, y cuando acabé vi que le había dado a una de ellas una hija con una pierna de madera. Recordé al marino bíblico, pero no sabía qué hacer con él. No sabía que robaba una pierna de madera diez o doce líneas antes de que lo hiciera, pero en cuanto me topé con eso supe que era lo que tenía que pasar, que era inevitable."

Cuando leí esto hace unos cuantos años, me chocó el que alguien pudiera escribir de esa manera. Me pareció descorazonador, acaso un secreto, y creí que jamás sería capaz de hacer algo semejante. Aunque algo me decía que aquel era el camino ineludible para llegar al cuento. Me recuerdo leyendo una y otra vez el ejemplo de O'Connor.
Al fin tomé asiento y me puse a escribir una historia muy bonita, de la que su primera frase me dio la pauta a seguir. Durante días y más días, sin embargo, pensé mucho en esa frase: Él pasaba la aspiradora cuando sonó el teléfono. Sabía que la historia se encontraba allí, que de esas palabras brotaba su esencia. Sentí hasta los huesos que a partir de ese comienzo podría crecer, hacerse el cuento, si le dedicaba el tiempo necesario. Y encontré ese tiempo un buen día, a razón de doce o quince horas de trabajo. Después de la primera frase, de esa primera frase escrita, una buena mañana, brotaron otras frases complementarias para complementarla.
Puedo decir que escribí el relato como si escribiera un poema: una línea; y otra debajo; y otra más. Maravillosamente pronto vi la historia y supe que era mía, la única por la que había esperado ponerme a escribir.

Escribir un cuento, R. Carver

2 comentarios:

  1. Sí, casi siempre surge a partir de un instante mental y no lo sacas del pensamiento, hasta que no lo haces letra.

    Saludos

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  2. En una coferencia que ví hace años Luis Goytisolo decía que no le gusta empezar un viaje sabiendo a dónde le llevará en relación a lo que escribía. Vila Matas dice más o menso lo mismo y mcuhos escritores. De hecho puedes tener una idea bien atada en la mente y luego ver que los personajes te llevan por otro camino. Yo escribo mi novela con una idea general pero casi todo va surgiendo por el camino. Mi único miedo, como el de Vila Matas, es el de no saber qué escribiré mañana, una vez resuelto ese tema ya estoy tranquilo. No necesito saberme todas las páginas que escribiré, sólo la situación que tengo que narrar al dia siguiente. Eso no significa que de vez en cuando me guste tener una idea tan segura que me evite la leve angustia de si sabré resolverla bien.
    La frase que se te apareció y quisiste continuar es otro ejemplo de los que no ha pasado a muchos que escribimos antes.
    Personalmente la escritura me hace descubrir e imaginar más que el mero pensamiento. Cuando paseo tengo ideas y a veces escribo en esos paseos pero casi siempre ideas o frases sueltas. El mejor destilado de lo que imagino me surge frente al ordenador o el blog de notas.
    P.D. Seguro que nos faltan todavía muchas costumbres excéntricas de escritores por conocer. Tú procura adaptarte a las que te vayan mejor. Si nunca te pondrías el traje de un escritor con otra talla tampoco es necesario que te pruebes sus maneras. De momento creo que te va muy bien.

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