20 mayo 2011

yo quería escribir un libro y al final acabé redactando discursos políticos. si estos días se han entretenido en escucharlos, algunas de sus palabras las pensé yo unas semanas antes. es un trabajo como cualquier otro. al prinicipio cuesta, especialmente si no estás de acuerdo con la filosofía del partido, pero más tarde, al ver el cheque, se te pasan las tonterías y sigues escribiendo sobre tijeretazos en la enseñanza y la sanidad, prohibición de matrimonios homosexuales o retrasos en la edad de jubilación. no me considero más vendido que cualquier otro trabajador que, por ejemplo, esté en contra de la esclavitud infantil pero supervise las producciones en fábricas del cuarto mundo con trabajadores semidesnudos que no sobrepasan los trece años.
también hay gente que cuando sale del trabajo tiene facilidad para desconectar; no es mi caso. cuando creo que mis discursos están terminados, los leo y los releo, los corrijo y busco sinónimos para no repetirme. y me rió mucho. también voy a ver cómo los políticos los dramatizan delante de su fiel audiencia. a menudo cambian alguna palabra o hacen pausas donde yo no las había marcado. supongo que es cosa del directo o de la intensidad de las ovaciones y los aplausos. aquí no me meto porque yo sólo invento discursos y que los votantes (y los miembros del partido) los conviertan en credo universal, ya no es asunto mío.

también escribo discursos para bautizos, bodas y funerales. en estos me río menos.

5 comentarios:

  1. ¡menuda sofffista estás hecha! ya lo sabía yo

    ResponderEliminar
  2. deja, deja, que tuve que gooooglear lo de sofffista...

    ResponderEliminar
  3. Pues yo conozco a una persona que se dedica a esto... y no crea usted, le va muy bien en la vida.

    ResponderEliminar