06 julio 2010

sin título

tirar, en general, le producía un placer difícil de explicar. deshacerse de cosas de las que por fin podía prescindir y con las que ya no asociaba ninguna idea, ningún recuerdo o ningún olor la convertían, al menos así lo creía ella, en una persona más desprendida, más ligera, más libre en definitiva.
primero empezó por cosas sin importancia: ropa vieja que no usaba, facturas de hacía años, libros que no tenía intención de leer y tazas rotas que pensaba pegar algún dia. después continuó con regalos que nunca le habían gustado y guardaba por compromiso, invitaciones de bodas y bautizos, cartas de amigos que ya no existían y notas recordatorias que había olvidado qué recordaban exactamente.
notaba como los cajones, los armarios, la casa quedaba más desocupada poco a poco y en consecuencia crecía en espacio. le gustaba.
un dia se soprendió cuando al abrir uno de los muebles del comedor descubrió que estaba completamente vacío. abrió el contiguo: las estanterías de dentro soportaban sólo el polvo acumulado de los últimos días. sonrió. fue hacia la cocina: no tenía tenedores, ni platos, ni tostadora, ni el cuenco azul que utilizaba para comerse las cerezas. en la nevera había sólo una manzana que lavó y mordisqueó sin muchas ganas.
volvió al comedor y se sentó en el suelo. había empezado el otoño pero durante las horas del mediodía el sol todavía calentaba y apetecía estar fuera. decidió que saldría a dar una vuelta y ya de paso comprar una nueva tostadora para poder hacerse las tostadas del desayuno a la mañana siguiente.

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