14 mayo 2014

Me gustó porque se agitaba suspendida en un limbo de atractivo que variaba desde la convicción de ser beneficiaria de una belleza incontestable al temor irracional de resultar fea, me gustó porque le bastaba una hora para recorrer la escala completa del ánimo, porque un día dejaba de fumar, otro de beber, y al otro gastaba las suelas, se quemaba los labios, ponía a trabajar el hígado al límite. Me gustó porque estaba sentada sobre la juventud como si fuese una conquista y no un estado que nos quitan para empezar otro juego; la juventud era algo que iba a defender porque era tan suya como la mancha color café que le iba de una mejilla a otra venciendo el puente de la nariz. Me gustó porque me trataba como si yo perteneciese a una especie distinta, que ya nacía madura, que no sospechaba nada de las fuerzas y los sentimientos encontrados que la atravesaban a ella. Me gustaba cómo se las daba de estar al cabo de la calle sobre emociones cuya profundidad y dureza apenas intuía nada. Me gustó porque hay chicas de ojos sabios que saben más de lo que han vivido, y ella no era una de esas chicas. Me gustó porque es un lujo escuchar a una persona que todavía busca una justificación racional (¡ética!) a sus preferencias, convencida de que cada impulso brota de una decisión meditada, y que un día logrará armonizar el barullo cotidiano en una idea coherente de ella misma, y la besé porque todos los jóvenes son unos predicadores. La besé porque me gustan las personas y es maravilloso que sus vocecitas interiores no se apaguen nunca. La besé, aunque un beso le valía poco porque confundía la madurez sexual con un listado de "experiencias" eróticas organizadas según la dificultad: pruebas que atraviesas y superas y sueltas y dejas caer al suelo como una serpentina de papel para no volver a recogerla. Me gustó que me contase que perdió la virginidad a los quince años y tres meses, y que la premura del chico la forzó un poco y le dolió, que desarrolló sensaciones negativas hacia la penetración y que las fue superando para no quedarse fuera de la vida; y aunque ya era casi vieja (rozaba los veintidós) sabía que podía conseguir algo importante con su vida. Me gustó cómo me miraban sus ojos miopes cuando salían de la ducha, y me gustó porque entre todo ese caudal indefinido de mujeres y hombres decidió que prefería a los varones y entre todos los que pudo escoger para protagonizar la aventura de su vida se había decidido por mí.

Divorcio en el aire, G. Torné

5 comentarios:

  1. Me lo tomo como ejercicio de definición de personaje. A veces cuando me meto a crear ficción dudo de la realidad del individio-a ficticio que construyo. Este párrafo es un buen ejemplo de construcción concisa y verosímil de una personalidad que podría ser real o por lo menos convencernos de que lo es.

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  2. Me gustó que a él le gustase que ella fuera como realmente era, pura en su irracionalidad, densa en sus apreturas, libre en su pulso vital...

    Un placer siempre.

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  3. a mí me gusta, como se ha metido el narrador en su cabeza y como nos ha dejado conocerla, tan honda e internamente.
    un beso.

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  4. No sabía muy bien por donde preguntartelo, pero: ¿tu canal de youtube es http://www.youtube.com/user/HoliveiraHoracio?

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    1. hola. no, no tengo canal youtube, pero por lo que veo compartimos preferencia por los círculos con el señor álvarez y seguro que hay unos cuantos más por ahí.

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